El coronavirus, la violencia policial y el auge de la Gran Burguesía.

Editorial

La pandemia global de la COVID-19, derivada del virus SARS-Cov2, una variante del coronavirus, ha azotado el mundo de una manera no registrada en nuestro planeta desde hacía un siglo, con la gripe de 1918. Con casi 7 millones de contagiados, más de 400.000 muertos y cerca de 3,4 millones de recuperados en todo el mundo, el xenófobamente llamado “virus chino” por el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, ha destapado un montón de fenómenos que parecían ocultos a los ojos de muchas personas. El último de ellos es el de la violencia policial institucionalizada en el corazón del Imperio, tras el asesinato de George Floyd, ciudadano estadounidense afroamericano a manos del policía Derek Chauvin, que ha llevado a masas ingentes de la población a manifestaciones masivas, con altas dosis de violencia, incluyendo saqueos, por decenas de ciudades del país. 

A las personas que se manifiestan, tratando infructuosamente de derribar a Trump del poder, no hay partido político de vanguardia que las dirija, las organice y las discipline. Más allá del grupo anarquista ANTIFA (que Trump va a meter en la lista de grupos terroristas perseguidos por el Estado), los hacktivistas Anonymous y del apoyo explícito a los manifestantes de empresas capitalistas como Nike, Nickleodeon, YouTube, Google, Facebook o Snapchat, no hay alternativa no ya comunista, sino meramente reformista en EEUU que reoriente la ola cuyos lemas “Black Lives Matter” (las vidas negras importan) y “No Justice, No Peace” (No hay justicia, no hay paz”), parece que serán aprovechados por el Partido Demócrata en los comicios que este año enfrentaran a su candidato, el exvicepresidente con Obama, Joe Biden, contra Trump. 

Se trata del enésimo enfrentamiento entre la gran burguesía dueña de los medios de producción de la riqueza social en todas las ramas de las relaciones de producción (producción de mercancías, distribución, intercambio, cambio y consimo) a través del proceso de financiarización, contra la burguesía productiva que Trump representa, y que trata infructuosamente de realizar medidas proteccionistas contra un globalismo que utiliza a los Estados, grandes y pequeños, para asegurar cada vez más su poder. Mientras el conservadurismo ideológico representa a ese capital productivo en proceso de repliegue y desaparición, la gran burguesía hoy, proveniente del capital financiero, desplaza aquella a través de la doble hegemonía ideológica progresista y liberal. Ante esta dialéctica, los trabajadores quedan desamparados, pues la desaparición de la burguesía proteccionista contra la gran burguesía financiera les deja con cada vez menos armas de lucha. La dialéctica de clases, Estados e Imperios, cada vez más implacable, está teniendo gracias a la pandemia global del coronavirus, una de sus etapas más históricamente decisivas.

De todo ello tratamos en este número cuatro de La Razón Comunista. Desde la dialéctica EEUU-China en lo que ya podemos denominar Segunda Guerra Fría, a los efectos científicos del estudio de la misma, pasando por su impacto en el mundo laboral, las analogías con la Peste Negra y el mundo derivado de aquella, la ingeniería social que se produce debido a todo lo que está sucediendo o la profundización que en el proyecto de la Europa federal se va a producir a partir del fin de la pandemia. Nuestra revista, al ser trimestral, tiene siempre que lidiar con lo frenéticos que son los procesos históricos. Por ello, esta editorial está dedicada al marco de las protestas en Estados Unidos contra el asesinato de George Floyd, en plena pandemia que está teniendo a aquel país como el más castigado por ella.

Solo el tiempo dirá si los efectos sociopolíticos y económicos de la pandemia seguirán siendo graves a escala global. De lo que estamos seguros es que el mundo no será ya el mismo después de este año 2020.

 

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