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14.7- Diagnóstico filosófico de la pandemia a partir de los discursos del Gobierno de España

Actualizado: 9 dic 2022

por José Manuel Sánchez Ribas


Resumen: Un análisis filosófico de los retos contemporáneos no puede ignorar el acontecimiento de la pandemia provocada por la COVID-19. Este trabajo es una investigación que sirve para reflexionar sobre las consecuencias filosóficas, politicas, morales y éticas de la crisis sanitaria a partir del análisis de los discursos públicos del Gobierno español. He realizado esa tarea a través de un análisis crítico de dichos discursos tratando de ver su mensaje visible, pero sobre todo el mensaje oculto que se transmitía en los mismos con el fin de desvelar los problemas sociales relacionados con el poder y su abuso que estaba implícito en ellos.


Palabras clave: Pandemia, discurso público, acciones politicas, análisis crítico, diagnóstico filosófico.



I. Introducción


I.1. El acontecimiento: la pandemia.


La pandemia provocada por la COVID-19, es un acontecimiento singular, contingente, que pudo o no haber sucedido, pero que estamos sufriendo. Hemos de estudiarlo como producto más que como efecto de determinados elementos previos; y hemos de estudiar lo que ha ocurrido durante la pandemia para tratar de prever lo que ocurrirá, o no, después de la misma.


Digo que es un acontecimiento remitiéndome a Manuel Arias Maldonado[1], quien explica que estamos ante una categoría rehabilitada en las ciencias sociales y las humanidades tras décadas de desprestigio, pues se prefería tratar estructuras y procesos, creyendo ver algo amateur en el análisis del acontecimiento.


Podemos decir, con Maldonado, que retorna el acontecimiento, como vemos en la pandemia, y como tal acontecimiento podemos decir que si bien ha sido imprevisto, no era imprevisible. No podíamos verlo con anticipación, ni conocer o conjeturar por algunas señales o indicios lo que iba a suceder ni cuándo ocurriría. Pero se podía prever que iba a ocurrir dada la larga relación de los seres humanos con las epidemias.


Si tenemos el acontecimiento, constatamos que existe y lo identificamos con criterios científicos, hemos de pensar además que lo es porque afecta a la subjetividad de los contemporáneos del mismo, es decir, porque modifica nuestra relación con el mundo, pues si no lo hace, no habría tal acontecimiento. El acontecimiento muestra de ese modo que se producen hechos en el tiempo que no controlamos, nos afectan y por ello provocan reacciones muy diversas en nuestras sociedades; reacciones que hemos de conocer y estudiar.


I.2. Diagnóstico filosófico.


La pandemia ha cambiado la realidad de nuestro mundo. Lo más evidente es la crisis sanitaria, junto con las crisis económica y política, con su coste social, sobre el bienestar ciudadano y sobre la propia estabilidad del sistema. En paralelo se desarrolla otra pandemia, la de los problemas psicológicos y psiquiátricos. Por último, hay una crisis de ideas y valores. Lo ocurrrido no ha dejado indiferente a nadie y ha provocado discusiones y reflexiones sobre los problemas desarrollados alrededor de la pandemia.


Por eso, la pandemia reclama su propio diagnóstico filosófico. Todo ello se refleja en los diferentes discursos públicos planteados desde esos ámbitos en relación con la crisis del coronavirus, siendo preciso descubrir las ideas y las tendencias desarrolladas en los mismos y que necesariamente han de relacionarse con las acciones derivadas de ellos.


Podemos decir que existe ya una filosofía de la pandemia, como la denomina Dulcinea Tomás Cámara[2]. Y esta supone una oportunidad para pensar sobre los significados profundos que arrastra consigo la pandemia y sobre el impacto que esta ha ejercido contra nuestra forma de existir y de pensar. Ha de ser entendido ese impacto y hemos de hacerlo desde un punto de vista filosófico.


I.3. Discurso y acción.


La pandemia provocó que nuestra sociedad fuera recluida y nos encontrásemos a merced de los discursos transmitidos por medios y redes a diario y a toda hora. Nuestra realidad ha sido la que veíamos y escuchábamos a través de las pantallas que nos rodean. Así, una pandemia vírica se transformó en una pandemia mediática constituida por el conjunto de los discursos emitidos. Gran parte de lo ocurrido en nuestras sociedades derivó de esos discursos, y su estudio puede ayudar al entendimiento de lo ocurrido.


La pandemia ha provocado que vivamos un periodo de emocionalidad contagiosa al hablar de grandes grupos poblacionales. Las personas han pasado a moverse por criterios derivados de imágenes y sentimientos y no por la racionalidad, provocado en gran parte por los distintos discursos desarrollados.Aunque no podemos ignorar que hay teorías que defienden que las emociones tienen un papel político importantísimo, y que son parte de la racionalidad. Lo hace en ese sentido Martha Nussbaum, por ejemplo.[3]


Hemos de tener en cuenta que los políticos, en la práctica de sus discursos, consideran las emociones, pues muchos ciudadanos llegan a través de ellas al proceso argumentativo y discursivo.


En otro sentido decía Gustavo Bueno que “instalados en el reino del discurso, la racionalidad y la filosofía habrán de conocer también, sin duda, las cosas del reino de las decisiones, pero sin bajar a la arena, porque esto sería salirse de las fronteras de lo racional”[4]. Es lo que pretendo con este trabajo: analizar los discursos públicos emitidos desde el Gobierno de España durante el tiempo de la pandemia, demostrando que los discursos y las decisiones durante la misma están relacionados.


Consideraba Bueno como algo propio de la ideología de la tolerancia, el “desplazar las ideas de racionalidad y de dialéctica hacia el “reino de los discursos” que pueden tener lugar en la ciudad metafísica” y que eso supondría “establecer una disociación entre el reino de los discursos (que es, sin duda, un mundo real) y un reino de las decisiones”.[5] El objetivo de este trabajo es mostrar la relación existente entre el discurso emitido por el Gobierno de España y las acciones consecuentes, tratando de entender el substrato filosófico que subyace a ambos. Por eso, entiendo con Bueno que, supuesta la disociación indicada, corresponde “la racionalidad (y la filosofía) al reino de los discursos, un reino que comprenda, como provincias suyas, no sólo a los discursos de la escuela, sino también a los del Parlamento, a los discursos y debates de los periodistas y de las tertulias privadas o públicas en los medios”[6], sin que eso suponga que la racionalidad (o la filosofía) se destierre con esto del mundo de las decisiones, pues se pueden “disociar los discursos y las cosas que en ellos están implicadas, como si los discursos, las palabras y los pensamientos, no estuviesen ellos mismos entre las cosas, entre sus estructuras y procesos”[7]. Las decisiones tomadas desde diciembre de 2019 y los más de dos años de pandemia transcurridos desde entonces, nos han mostrado que estas están íntimamente unidas con los discursos emitidos, en los cuales hemos de buscar la racionalidad y la filosofía que han inspirado las primeras.


Por otro lado, vemos que estamos hablando de un tipo especial de discurso, el discurso político. Y que conforme nos indica Teun A. van Dijk, el discurso es acción y decisión, y de hecho habla del discurso político como acción política, idea plenamente coherente con lo que pretendemos demostrar en este trabajo.[8] Precisamente por ello el análisis de los discursos ha de realizarse entendiendo el contexto político de los mismos, lo que obliga a examinar las normas predominantes, ideologías y actitudes oficiales, etc., pues las estructuras detalladas de los discursos se confrontan con los contextos en los cuales se realizan.


Defiendo que el discurso ha de ser entendido como una forma de acción y que analizar todo discurso que circula en la sociedad es analizar una forma de acción sociopolítica y filosófica. Para vivir en el mundo, el ser humano se transforma necesariamente en un ser de y en acción. Por eso, la acción y el discurso son la esfera de lo propiamente humano e indisociables ambos. Es así como hemos de analizar los discursos desarrollados durante la pandemia para relacionarlos con las acciones producidas o que se pretendían activar. Trabajo a partir de la idea de que la acción es inseparable de la palabra y de que sin ese discurso que acompaña necesariamente a la acción, tampoco habría vida humana ni historia, y por tanto resultaría imposible de entender lo ocurrido durante la pandemia. Decía Hannah Arendt que: “La acción sin discurso ya no sería acción, porque no habría actor, y éste, el agente de los hechos, solo es posible si, al mismo tiempo, pronuncia palabras. La acción que él inicia, se revela humanamente por la palabra”.[9] El discurso, por tanto, es lo que nos va a explicar lo ocurrido. Al fin y al cabo, el lenguaje es el medio donde se manifiesta el pensamiento, que sirve a aquel no sólo para expresarse, sino para ponerse en movimiento. Y uno de los modos de pasar del pensamiento a la acción son los discursos públicos, sin que olvidemos que la acción es realmente política por la palabra, por el discurso. Analizando de ese modo los diversos discursos públicos desarrollados durante la pandemia, podremos desvelar lo invisible u oculto a partir de lo visible en los mismos.


I.4. El objeto de la investigación.


El objetivo principal de la presente investigación es examinar cómo los portavoces del Gobierno de España presentaron a través de sus discursos públicos el nuevo coronavirus a la opinión pública en relación con su acción política y sus ideas, en especial durante sus primeros meses de existencia.


La investigación crítica de dichos discursos parte del concepto de análisis crítico que nos explica Teun A. van Dijk: “Un análisis crítico tiene como objetivo fundamental evidenciar, a través del análisis del discurso, problemas sociales y políticos. (…) nuestro interés es evidenciar los problemas sociales como el poder y la desigualdad a través del discurso”.[10]


El análisis crítico del discurso trata en ese sentido de la dimensión discursiva del abuso del poder, de la injusticia y la desigualdad que resultan de éste. Resulta evidente para todos la relevancia que determinados discursos han tenido durante la pandemia, pues han sido el modo de legitimar determinadas acciones, que posteriormente vimos convertidas en estrategias de dominación plasmadas en las decisiones gubernamentales.


El análisis crítico planteado se centra en el Gobierno de España, en quienes tienen poder y en el uso que se ha hecho de dicho poder durante la pandemia, pues los grupos dominantes son los que tienen acceso a la manipulación y al uso de estructuras discursivas de dominación, de desigualdad y de limitaciones de la libertad como las sufridas.


La pregunta principal planteada en la investigación es la siguiente: ¿Qué discursos públicos se han construido por el Gobierno de España acerca de la pandemia?


El discurso define un modo de actuar a partir del hecho de controlar un poder que permite controlar los actos de los demás. Es a lo que se refiere van Dijk cuando habla de “control mental a través del discurso”, es decir, se trata de controlar las acciones a partir de los discursos públicos planteados. Analizo los discursos gubernamentales a partir de la idea de que el discurso y la comunicación se convierten entonces en los recursos principales de los grupos dominantes que buscan determinados fines y tratan de conseguir determinados cambios.


En la crisis del coronavirus es importante que consideremos no solo qué se ha comunicado sino cómo se ha hecho, señalando el papel de los emisores, las estrategias planteadas, la indefinición detectada, la falta de una estrategia única y definida así como la resultante de todo, que es una crisis de comunicación del Gobierno de España. “La Global Alliance for Public Relations and Communication Management[11], apunta que en tiempos de la COVID-19, donde el consumo de información ha aumentado extraordinariamente en estas últimas semanas, antes de comunicar, se tiene que pensar en el impacto del mensaje, sin ocultar el impacto de la pandemia. Es importante que los mensajes provengan de fuentes oficiales, que sean realistas, basados en hechos, con un lenguaje sencillo y con palabras de esperanza, que no dramaticen la situación, identificando y legitimando las emociones de las personas y evitando compartir noticias falsas”[12]. Analizo si esto ha ocurrido o por contra, se ha desvelado un panorama comunicativo en el que se ha improvisado, ha faltado criterio y se han fijado unos objetivos erráticos que derivaron en una crisis de comunicación.


II. Coronavirus e ideología dominante


Al hablar de ideología dominante me remito a Karl Marx y Friedrich Engels, quienes indicaban: “Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante”[13]. E indicaban en otro texto: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante.”[14] Trataré de ver cuál es esa ideología dominante evidenciada durante la pandemia, dado que condicionó tanto el discurso gubernamental como sus acciones desde el momento en que legitimó, justificó y promovió el sistema social imperante desde las estructuras mismas del poder. Y lo hizo a partir del discurso público, tras el cual había un discurso “oculto”, como evidenciaremos.


El primer contagio por COVID-19 fue identificado en China en noviembre de 2019; en febrero de 2020 llegó a Europa y en marzo fue declarado pandemia por la OMS. El Gobierno de España aprobó el 14 de marzo de 2020 declarar el estado de alarma en todo el territorio nacional por un periodo de quince días, que acabo siendo ampliado hasta el 9 de mayo, para afrontar la situación de emergencia sanitaria. ¿Fue imprescindible un estado de alarma y el confinamiento de la población como algo inevitable y necesario o hubo factores que agravaron la situación de modo tal que se multiplicaron los contagios y los fallecidos y condujeron a esa declaración? En este trabajo muestro mis dudas acerca de las hipótesis planteadas en torno a la génesis y evolución de la pandemia y planteo una crítica política y filosófica razonada al discurso y la acción del Gobierno.


Demuestro, al estudiar el discurso gubernamental, que el feminismo, con su estructura política, asociativa y comunicativa, constituye hoy la ideología dominante en nuestra sociedad y ha impuesto sus ideas, propuestas y conceptos a la política, las leyes, la universidad, los medios de comunicación, las empresas[15] (y) [16], y que eso se concretó especialmente en el hecho de que obligó a aplazar las medidas que se presentaban como necesarias. No es propósito de este trabajo realizar un ataque a los feminismos, sino exponer que la relevancia que el Gobierno de España pretendía otorgar a las marchas del 8 de marzo de 2020, supuso que la pandemia alcanzase una expansión rápida y descontrolada agravando la crisis con sus decisiones, o con la falta de estas, al priorizar el discurso de la ideología dominante sobre las necesidades sanitarias y al animar las aglomeraciones del 8M que imprudentemente no prohibió. Para conseguirlo, el discurso público gubernamental se basó en tranquilizar a la población, negar lo que ocurría, ocultar datos y aplazar decisiones hasta después del 8M.


Hubo un discurso público, centrado en la tranquilidad, el control de la situación, la ocultación de datos y la manipulación informativa, superpuesto sobre otro discurso público no evidente centrado en priorizar una agenda empeñada en alcanzar a toda costa el 8M y sus celebraciones.

La ideología dominante, en su expresión pública, es la que se conoce con mayor facilidad, pero a veces se presenta a través de lo que hemos denominado anteriormente discurso oculto, donde ya no hay ocultamiento de intereses y se encuentra lo que aparece como inconfesable, que para el objeto de este trabajo consiste en haber priorizado los intereses ideológicos sobre los sanitarios, mostrando de ese modo los intereses de dominación que sostiene toda ideología dominante.


Ser capaces de ver la ideología dominante es clave en el análisis de las ideas y por ello, debemos encontrar los momentos en los que el discurso ideológico oculto sale a la luz. El discurso ideológico público trata de esconder el discurso ideológico oculto y sus intereses. El poder se sostiene en el apoyo, ocultamiento, manipulación y engaño necesarios para establecer su dominio, tanto en las ideas como en los hechos.


Los datos demuestran lo grave de anteponer el discurso ideológico dominante frente a la sensatez sanitaria. Un estudio demostró que el número de infectados se habría podido reducir muy significativamente si se hubiera decretado el estado de alarma y el confinamiento una semana antes, el 7 de marzo, justo un día antes del 8-M.[17]


Hemos repasado el discurso gubernamental y su relación con los hechos producidos, pero la extensión del análisis impide incluir ese detalle en este artículo que resume un trabajo más amplio. No obstante, se evidencia una estrategia de ocultación de la realidad de lo que ocurría y una pretensión tranquilizadora a la población. Durante más de dos meses esa fue la estrategia discursiva.


A partir del 9 de marzo todo cambió y la realidad se impuso sobre la ideología dominante. Acabada la manifestación feminista, se comenzaron a conocer los datos de contagios y muertos.


En pocos días se pasó de la tranquilidad a llenar los tanatorios y a encerrar a los ciudadanos en sus domicilios ante la gravedad de la situación. La situación se dio la vuelta y lo que se ocultaba pasó a primer plano. Las manifestaciones del 8M fueron un riesgo evidente y lo peor, para animarlas, se impidió tomar medidas y suspender actos. Se condicionó todo un plan sociosanitario a la agenda ideológica dominante; se impuso como prioridad la agenda feminista evitando tomar las medidas que desde semanas antes demandaba la evolución del coronavirus. Todo ello a pesar de que las marchas del 8-M se celebraron en contra del criterio del Centro europeo para el Control y Prevención de Enfermedades[18]


Se actuó con la imprudencia que sólo la ceguera ideológica puede imponer cuando se ignora a la ciencia. De hecho, hasta la OMS actuó del mismo modo, dado que el feminismo es uno de los protagonistas ideológicos de la agenda globalista, esperando al 11 de marzo para declarar la pandemia[19].


El Gobierno ocultó información clave que hizo percibir el riesgo real del Covid solo a partir del 8-M, pues tenía registros relevantes que la opinión pública y la prensa desconocían según un informe publicado en “International Journal of Communication”[20]. Por lo que respecta al objeto de nuestro trabajo destacamos de dicho informe, respecto del discurso gubernamental lo siguiente: “El Gobierno contaba con informaciones que señalaban los problemas que la entonces nueva enfermedad podía provocar en la Sanidad española y, a pesar de ello, arengó a la población a mantener la normalidad e incluso a acudir a las marchas feministas” [21].


El discurso gubernamental permite seguir un rastro de ocultación de los datos para llegar al 8M ante todo. El objetivo del discurso gubernamental tenía como prioridad la agenda ideológica dominante feminista, pero tras el 8M se aceleró la necesidad discursiva de mostrar la realidad de lo que ocurría y se había estado ocultando. La ideología dominante se impuso sobre la necesidad social, la prioridad sanitaria sobre lo que la situación demandaba, lo cual supuso decenas de miles de contagios y de muertes así como una mayor destrucción del tejido económico tras el más duro confinamiento de Europa[22].


III. La muerte ocultada


La pandemia ha supuesto que hayamos sido abrumados por las cifras de muertos, las referencias a la muerte, los miedos que todos hemos sufrido por nuestras vidas. Filosóficamente ha supuesto mucho más y por eso hemos de ver que, si para los ciudadanos la pandemia ha supuesto un frenazo y una amenaza sobre su salud y sus vidas, para el Gobierno de España ha supuesto algo bien diferente. Como afirmó Pedro Sánchez: “La pandemia no ha sido un freno, sino un acelerador para el Gobierno de España”[23], lo que hemos de entender como un acelerador a la hora de impulsar proyectos ideológicos, incluido uno relacionado directamente con la muerte en plena pandemia: la aprobación de la Ley de regulación de la eutanasia. Quizá sin pandemia ese proyecto hubiera conllevado un debate social que el coronavirus evitó en una sociedad aturdida.


A pesar de que cada día durante meses hemos recibido cifras de muertos, la muerte se ocultó. Únicamente vimos una foto en el diario El Mundo, que publicó en su portada del 8 de abril de 2020 la fotografía con los féretros de las víctimas del coronavirus alineados en la morgue habilitada en el Palacio de Hielo de Hortaleza (Madrid)[24]. Esa foto congeló la estrategia gubernamental, que hasta esa fecha e incluso después, jugó con la confusión de datos y minimizó las muertes para ocultar su mala gestión. De hecho, seguimos sin conocer los datos reales de muertos o si las cifras estaban infra o sobredimensionadas.[25] Seguimos sin saber cuántos muertos lo son de/por COVID o con COVID, lo que debería resultar un escándalo y pasa desapercibido. Apenas ha recibido atención en los medios el informe que publicó The Lancet afirmando que los muertos “reales” por Covid-19 en España triplican la cifra oficial.[26] La propia Sanidad admitió el caos del recuento.[27]


El presidente del Gobierno afirmó en el Congreso el 22 de abril de 2020, al solicitar la prórroga del estado de alarma: “Quiero asegurar aquí, ante todos ustedes, la Cámara de la soberanía española, que la sociedad española no olvidará a sus muertos"[28]. Pero no sólo los ha olvidado (él), sino que no ha sido capaz ni de decirnos cuántos han sido, puesto que no sabemos cuántos muertos se han producido como consecuencia de la pandemia y se ha tenido un reiterado discurso de ocultación de las víctimas. De hecho, en ese discurso, antes de hablar de los muertos habló de los “recuperados”, curioso término que buscaba positividad frente a la negatividad de la muerte. Y en el mismo discurso, de 36 páginas, sólo mencionó una vez la palabra muertos y ninguna la palabra muerte, lo que no muestra que se recuerde a los fallecidos sino todo lo contrario, que se los oculta.


En la Declaración institucional del 13/03/2020 del presidente del Gobierno anunciando el estado de alarma[29] no aparece ni una vez la palabra muerte, muertos o fallecidos; en la Comparecencia del presidente del Gobierno sobre nuevas medidas frente al COVID-19 el 04/04/2020 se habla dos veces de fallecidos; en la Comparecencia ante el Congreso de los diputados para solicitar la prórroga del estado de alarma el 09/04/2020[30] se cita una vez la palabra muerte y de modo genérico (“muerte en soledad”) y dos veces la palabra fallecidos (se dice “fallecidos en todo el mundo”, como para alejar la idea de la muerte de su gestión y la realidad española; y otra genérica de “fallecidos diagnosticados”; una vez menciona “120 fallecidos”, tras auto alabarse por la dureza del confinamiento). Resulta evidente la elusión política del propio concepto de muerte.


Para no hablar de la muerte, incluso se recurre al equilibrismo dialéctico de utilizar cifras de salvados. Ocurrió el 16/06/2020 en la Sesión de control al Gobierno en el Senado[31], donde se afirmó por el Presidente: “El estado de alarma ha servido para que en España se hayan salvado 450.000 vidas. Hemos salvado 450.000 vidas". El dato partía de un informe del Imperial College London.[32]


Pero si no conocemos el número de muertos, tampoco nuestras comunidades pudieron velarlos, por eso Achille Mbembe afirmaba: “no hay comunidad sin poder despedirse de los que se fueron, organizar funerales. La pregunta es: ¿cómo crear comunidades en tiempos de calamidad?”[33]. No fue posible crear esas comunidades a que se refiere Mbembe, pues durante la pandemia se cerraron los templos de la Iglesia católica, las mezquitas, las sinagogas y las iglesias evangélicas.[34] ¿Dónde hacer el duelo y despedirse de los muertos? Se prohibieron los velatorios en todo tipo de instalaciones y se pospuso la celebración de cultos religiosos o ceremonias civiles fúnebres hasta la finalización del estado de alarma. Nos enfrentábamos a la muerte aislados, sin contacto social, encerrados en nuestros domicilios.


El Gobierno se vio sobrepasado por el número de muertos. La cremación pareció ser el método más eficaz, pero hasta eso se saturó y las funerarias se vieron sobrepasadas. Se redujo el tiempo para enterrar o incinerar en menos de veinticuatro horas desde el fallecimiento.[35] Los cadáveres incomodaban al Gobierno, tanto por lo que desvelaba de su gestión, como por lo que tiene de enfermedad y también “porque nos confronta con un miedo originario: la posibilidad de la propia muerte”.[36] Es decir, nos encontramos con que “se niega el derecho a enterrar y velar a los difuntos”, “se prohíben el duelo y la despedida”, “el rito y el funeral, tan centrales en cualquier organización social y cultural, quedan en suspenso”[37], como afirma Jaime Santamaría, quien además nos explica: “Estamos frente a una administración biopolítica, pero no sobre poblaciones de vivos, sino sobre grandes poblaciones de cadáveres”. Y por eso defiende el autor que “si aceptamos que los ritos funerarios están en la base de lo que nos hace humanos y también de lo que ha hecho posible la vida en comunidad, entonces las consecuencias de las citadas decisiones socavan los fundamentos mismos de cualquier organización comunitaria. No hay comunidad sin rito, no hay comunidad sin despedida.”[38] El gobierno de España, prohibiendo las despedidas, atentó directamente contra estructuras comunitarias básicas.


Se ha ocultado a la sociedad española el sufrimiento y la muerte. Se ha tratado de evitar con ello que se piense, que se sienta, que se medite, hasta que se crea o se rece en un momento tan difícil. El objetivo era negar lo que ocurría, ocultar el drama y la tragedia, minimizar los hechos, ignorar la realidad.


Sin embargo, o precisamente por ello, la pandemia fue utilizada para aprobar la Ley reguladora de la eutanasia[39] sin debate alguno dado el colapso social y político pandémico, siendo ocasión para imponer una legislación central en el discurso ideológico gubernamental. En ese sentido, el presidente del Comité de Bioética de España, Federico De Montalvo, lamentó que esa ley se haya tramitado "con poca o prácticamente ninguna participación de otros actores más allá de los diputados y senadores", siendo una ley con un "impacto enorme en la sociedad".[40]


El objeto de esa ley resulta central en el debate filosófico: qué es la vida y quién y cómo puede acabar con ella, pero se eludió todo análisis a sabiendas de que una sociedad temerosa ante tanta muerte no entraría en la discusión. El presidente del Comité de Bioética indicó que “la ley nace por un motivo muy ideológico, no nace con objeto de resolver un problema social de muchos ciudadanos sino como la conquista de una reivindicación de cierto sector de la población"[41]. En otra entrevista indicó: “El trámite de la nueva ley se ha hecho en una situación pandémica (…) en la que la sociedad no se puede manifestar contra esta normativa”.[42]


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tuiteó que la aprobación de la eutanasia supone “una gran conquista social” para España y un “avance en libertad, en derechos civiles y dignidad”[43]. La terminología como vemos, elude el debate ético, evita hablar de la muerte e incluso de la vida y su significado, e inserta el discurso y la acción en la agenda global progresista como un asunto más de la misma en su carta de los llamados nuevos derechos, aunque como ha señalado el Comité de Bioética de España[44], la eutanasia no es un derecho subjetivo, ni un signo de progreso, sino de regresión. El presidente del Comité de Bioética, lo explica así: “Consideramos que ni ética ni legalmente hay derecho a morir. Derecho y libertad son cosas distintas”. Y alerta de un riesgo que no podemos ignorar: “(…) legalizar la eutanasia podría derivar “en que acaben perdiendo los de siempre, los más vulnerables”. En la misma entrevista afirma: “El principal problema es que la ley pueda “abrir camino a la muerte” y que se acabe “aplicando a personas que no la han pedido”. El presidente del Colegio de Médicos de Madrid, Manuel Martínez Sellés, afirmó, en línea con esa preocupación, que la pandemia del Covid-19 hubiera tenido consecuencias "más graves" si hubiera estado ya aprobado la ley de eutanasia, a la vez que indicaba que se usaba la crisis sanitaria como promotora de la eutanasia. [45]


Se ha elaborado un discurso gubernamental que ignoró la muerte y que por eso ignoró la vida, ocultando que la muerte no es otra cosa que la culminación de la vida. La pandemia, sin embargo, nos ha acercado a aquello que se ha escondido desde el Gobierno en su pretensión de ocultar sus propias responsabilidades e incompetencias: la muerte. Como nos ha explicado Ignacio Carbajosa[46], la crisis de esta pandemia nos muestra qué pequeños y frágiles somos, cómo nos creemos casi dioses y no lo somos, pero tampoco reflexionamos sobre el Dios que nos espera. Y nos muestra cómo preferimos vivir en el nihilismo y la ignorancia, esconder la cabeza, negar nuestras propias responsabilidades al decidir cómo vivimos y cómo morimos. En ese comportamiento social encajan el discurso y la acción gubernamentales durante el periodo pandémico.


IV. Justicia intergeneracional


El 13 de junio de 2021, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, afirmó que: “(…) no es lo mismo que muera una persona de 95 años que una de 20”.[47] No podemos ignorar las consecuencias que esta aterradora afirmación supone, pues la filosofía debe arrojar luz conceptual sobre problemáticas centrales de la existencia. Eso es lo que puede hacer en esta pandemia, por ejemplo al reflexionar sobre los problemas éticos.


Ya conocimos antes aquello de “tener en cuenta el valor social de la persona enferma” para decidir el ingreso en la UCI de un enfermo infectado de coronavirus[48] . Era un modo de aplicar la ley del más fuerte ante una crisis sanitaria. Nuestros mayores tenían todas las de perder y se dio carta de naturaleza a la desigualdad y al sacrificio de muchos.


No podemos ignorar lo ocurrido con las personas mayores, en especial aquellas que vivían en residencias. Su vida ha sido declarada de menor valor que la de los jóvenes, en un discurso gubernamental. El impacto de la pandemia en las personas mayores ha sido sistemático, profundo y desproporcionado, al punto de restar valor a su propia vida.


La COVID-19 ha mostrado la importancia del factor generacional como elemento diferenciador. No sólo para las personas mayores, pues los jóvenes han sufrido un olvido similar, aunque con otras consecuencias. La protección de la salud de unos sectores generacionalmente determinados ha exigido que otras generaciones hayan tenido que sacrificar sus derechos y sus intereses, hasta su propia vida en el caso de los ancianos.


Si hablamos de nuestros mayores, su sacrificio no ha sido imprescindible, además de que debemos considerarlo injusto.


Amnistía Internacional describía en un informe de un modo claro lo ocurrido: nuestros mayores fueron abandonados a su suerte[49]. De hecho, consideraron que la gestión realizada ha sido ineficientes e inadecuada y que se han vulnerado al menos cinco derechos humanos de las personas mayores residentes: “el derecho a la salud, a la vida y a la no discriminación de las personas mayores. Además, las decisiones de las autoridades han impactado también en el derecho a la vida privada y familiar y en el derecho a tener una muerte digna”[50], según Esteban Beltrán, director de A.I. España.


En este contexto, Concha Roldán, centrada en el análisis de los más débiles, constata que “ancianos y ancianas están siendo los más afectados” y no están siendo tratados en igualdad de condiciones, lo que ya hemos demostrado. Si hemos de velar por el futuro, Roldán nos dice que “la justicia intergeneracional demanda igualmente ocuparse de las generaciones que nos preceden y han posibilitado nuestra propia existencia”. No lo hemos hecho durante la pandemia de la COVID-19.


Irene Gómez Franco nos remite al concepto de justicia intergeneracional, que se refiere a las obligaciones y responsabilidades que tenemos en relación con los efectos de nuestras acciones y desde el punto de vista de las capacidades[51], animándonos a responder a la pregunta de qué debemos a las generaciones futuras, pero también a las que nos preceden. Pasado y futuro se unen en la búsqueda de la justicia y nos obligan, dado que las personas tienen unos intereses que trascienden sus vidas.


Miles de mayores murieron durante la pandemia, tanto por COVID-19 como por otras enfermedades no debidamente atendidas por el colapso sanitario. Sufrieron graves violaciones de sus derechos, no se les prestó la necesaria asistencia sanitaria, no se han cuestionado los protocolos que impidieron la derivación de miles de personas a hospitales en los momentos más duros de la pandemia. Ellos y sus familias siguen sin tener justicia, pues no se investiga lo ocurrido durante todo este tiempo. Se ha deshumanizado el trato a los ancianos en la crisis del COVID-19. Hasta se les ha negado, junto a sus familiares, comunicarse o despedirse de sus seres queridos una vez fueron hospitalizados. Pasaron a ser considerados números y estadísticas en vez de personas con familia y sentimientos. Se les dejó morir solos.


La pandemia magnificó la discriminación hacia nuestros mayores. Pero no son los únicos que sufren esta discriminación, pues también afecta a los jóvenes, que han sufrido de otro modo la injusticia generacional. Lo ha explicado Joseba Zalacaín Hernández[52]: “Las consecuencias de la pandemia han sido demoledoras desde el punto de vista del acceso a la educación y al empleo, de la socialización, de la salud mental o del acceso al ocio y a la cultura”. Nos muestra la injusticia generacional sufrida al exponer que “muchos de los mecanismos de protección frente a la pandemia –al menos los relacionados con el ámbito sociolaboral− están pensados para personas adultas relativamente bien insertas en el mercado de trabajo, y en mucha menor medida para quienes están iniciando su trayectoria laboral”. Y lo confirma más adelante: “una de las principales consecuencias de la pandemia sobre las personas jóvenes se refiere al ensanchamiento de las brechas generacionales que caracterizan de forma creciente nuestra estructura social. La COVID-19 ha vuelto a mostrar la cada vez mayor importancia del factor generacional como elemento diferenciador”.


El sistema se olvidó de la población joven a la hora de fijar muchas de sus medidas, el sistema falló por este lado también a la hora de establecer unos parámetros de justicia intergeneracional. Las mismas medidas que se determinaban en el discurso gubernamental como destinadas a proteger la salud de las personas adultas y, especialmente, de las personas mayores han sido las que han impactado más claramente en las oportunidades de los jóvenes. Probablemente la COVID-19 no ha sido otra cosa que una forma de perpetuar una injusticia estructural previa sobre las generaciones más jóvenes.


Por ello Daniel Innerarity defiende[53] que debemos exigir a las sociedades democráticas que integren en nuestro modo de pensar la idea de justicia generacional.


Hemos de buscar cómo tener una relación sana y justa con nuestros semejantes: no viéndolos como una mera mercancía de la que obtener algún valor o beneficio, sino como algo valioso en sí mismos. Y teniendo en cuenta que esos otros son, es cierto, vulnerables, pero justamente por ello merecedores de ser estimados por nosotros.


V. Cuestión de preposiciones


Todo discurso se construye en primer lugar sobre la sintaxis.[54] Recordemos que van Dijk afirmaba que "Una teoría del discurso no sería completa sin una explicación de las funciones sociales del discurso en la comunicación"[55]. Por eso, la elección de una u otra preposición, de/por o con, cambia radicalmente el sentido y muestra la función social y política diferenciada que tiene un discurso que se basa en elegir una u otra de dichas preposiciones.


¿Hospitalizados y muertos con COVID o por/de COVID? He ahí la cuestión. Hay enfermos, hospitalizados y muertos por COVID-19 (de COVID-19) y con COVID-19. Los primeros son pacientes cuya causa de ingreso es la enfermedad causada por el SARS-CoV-2, mientras que, en los segundos, el desarrollo de esta patología es incidental y secundario al motivo de ingreso. Es esencial hacer esta distinción porque las decisiones sobre la pandemia se basan actualmente en los datos derivados de la misma, pero durante meses no se ha distinguido entre ambas formas de expresión. Los casos notificados eran los casos con COVID-19, lo que imposibilita conocer el impacto real de la pandemia y la relevancia del virus en los fallecidos notificados. No sabemos a fecha de hoy los muertos con COVID y los muertos de/por COVID. Por tanto, ¿cómo podemos determinar la relevancia de la pandemia, lo ocurrido y el impacto social y sanitario si han sido confundidos los datos? En mi opinión resulta imposible.


Hemos de interpretar ese uso de los datos como algo intencionado, y si así lo era debía tener una finalidad. No se me ocurre otra que dar unas cifras mayores de enfermos de las reales, pues recordemos, contagiado no significa enfermo con síntomas, y además se podía estar enfermo y hasta morir por cualquier otra enfermedad pero uno pasaba a las listas de enfermedad y muerte de la pandemia por el solo hecho de hacerlo con COVID-19 aunque este no fuera determinante en la enfermedad, su evolución y la muerte. Esto impide saber la penetración real de la pandemia en la sociedad.


Trascurridos largos meses de pandemia observamos que “los servicios sanitarios han empezado a emplear los conceptos de covid primaria para referirse a aquellos casos en que la causa primaria de la hospitalización es la covid, y de covid incidental para referirse a aquellos ingresos con un resultado positivo en PCR o antígenos, pero en los que la covid no es la causa de la hospitalización. Covid primaria significa que ingresan por COVID; covid incidental significa que ingresan con COVID, pero no por COVID”.[56]


El motivo no puede ser otro que, siendo utilizadas las preposiciones indicadas de un modo u otro en el discurso público gubernamental, tuviese el claro sentido de justificar las restricciones y medidas de control más enérgicas e intervencionistas y explicar en ese contexto y con el argumento de las cifras, las limitaciones a la libertad personal y comunitaria producidas durante todo este periodo. El discurso público gubernamental se elabora, incluso con el uso de una u otra preposición, teniendo clara la finalidad política buscada y convirtiendo por tanto el discurso, incluso la mera elección de la preposición, en un acto político discursivo.


VI. La pandemia como guerra


Explicaba Mariano Dagatti que: “La metáfora más utilizada en este escenario mundial ha sido la de la pandemia como guerra y la de la enfermedad como enemigo”.[57] Dolores Ruiz Berdún, en esa misma línea explicó: “Desde que ha comenzado la emergencia sanitaria nos hemos acostumbrado a oír y a utilizar un lenguaje propio de un escenario bélico. Del personal sanitario y los cuerpos de seguridad decimos que están en “primera línea” o en “las trincheras”. Los pacientes y personal sanitario “luchan” contra la enfermedad. Otras personas están “en la retaguardia”. “Esta es una batalla que vamos a ganar”, se oye decir muchas veces. Y los periodistas nos dan “partes de guerra”.[58]


No es inocente este uso, pues guerra supone miedo, lo que forma parte de toda estrategia bélica. En el caso de la pandemia, se pasa de considerarla como acontecimiento, a catástrofe y luego asimilarla a la guerra. Así se consigue el pánico según Alejandro Escudero Pérez, lo que supone encontrar una ventana de oportunidad por parte de las tentaciones autoritarias. El mismo autor expone: “ (…) la metáfora de la guerra estimula un conjunto de estrategias de cuño reaccionario”; y también cree que: “(…) en la comparación de este acontecimiento con una guerra se alienta en el fondo, un autoritarismo de la seguridad; en este, con el señuelo de la eficacia por cualquier medio concebible, se estipula, por ejemplo, que para garantizar la seguridad poco o nada importa, entre otras cosas, la suspensión de los derechos ciudadanos constitucionalmente garantizados en un estado de derecho”.[59] Estamos ante un panorama como el que describe Patricia Simón: "Si tenemos miedo es más fácil gobernarnos, someternos y explotarnos".[60]


Detrás de esa apelación metafórica directa a la guerra se escondería lo que Foucault denominó “biopoder” o “biopolítica”[61], para referirse al proceso a través del cual se despliegan las técnicas disciplinarias de espacialización del poder en la modernidad. Para Giorgio Agamben es fundamental el concepto de “bioseguridad”, una actualización de la “biopolítica” de Foucault. De hecho defiende Agamben la idea de que esta bioseguridad es el paradigma de gobierno resultante de la conjunción entre la nueva religión de la salud y el poder estatal con su estado de excepción, precisando que “la bioseguridad supera en eficacia y capacidad de penetración a todas las formas de gobierno de las personas que hayamos conocido”.[62]


Las metáforas bélicas construyen un discurso que se traduce en acciones politicas. Julen Orbegozo Terradillos y Marian González-Abrisketa han realizado un estudio sobre este uso de las metáforas bélicas por parte de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, en el que concluyen que “La guerra es, pues, uno de los principales vehículos de transmisión que emplea el presidente del Gobierno de España”, precisando que “cuanto mayor es el número de víctimas y contagiados por la COVID-19, mayor es el «peso bélico» de la retórica del presidente del Gobierno”. Los autores tienen clara la finalidad de este tipo de discurso bélico: “Apelar a la guerra, (…), genera miedo y alarma social, lo que propicia una coyuntura más adecuada para disciplinar y gobernar a una determinada población”, lo que coindice con nuestras apreciaciones anteriores. De nuevo, vemos reflejado en esto nuestra tesis de que tras todo discurso, encontramos una determinada acción política y una clara voluntad de intervención.[63]


El Gobierno de España con este “combate” estableció un campo de acción político-moral, cuando en realidad estaba ante un asunto ético, pues no se trataba de una lucha relacionada con el Estado o un asunto relativo al grupo, sino que, como explicaba Gustavo Bueno, tenía que ver con la supervivencia y la vida singular/individual[64]. Era un encuadramiento equivocado del discurso que no acertó a ver que la crisis médica lo era ética. Y no vio que esto no es una guerra, que no luchamos contra nadie, pues el virus está en nuestros propios organismos.


Elegir la metáfora de la guerra para explicar las acciones o la propia gestión gubernamental es una toma de postura, es una ideología, que se manifiesta a través del discurso. Quizá hace falta que la filosofía sea capaz de aportar modos e ideas que permitan elaborar discursos para construir nuestras sociedades y para el futuro que renuncien a esta retórica belicista.


VII. Del discurso de la guerra a la suspensión de la democracia


No dudo de la complejidad y la dificultad de luchar contra una pandemia. Pero la misma no hubo de abordarse bajo el planteamiento de estar ante una guerra. Como ha explicado José Antonio Pérez Tapias[65], la “metaforización bélica ha sido criticada por conllevar una antropomorfización de un factor patógeno que desenfoca los modos en que enfrentarse al desastre, con deslizamiento constatable hacia una indeseable militarización de las actuaciones”; deslizamiento que ocurre desde el ámbito del discurso al de la acción política.


Como hemos demostrado, los discursos belicistas gubernamentales pusieron de manifiesto una acción política claramente autoritaria. No se entiende esa deriva que excedía el debido tratamiento sanitario para pasar a suponer la aplicación de una tecnopolítica más allá de los comportamientos democráticos. Se pretendió justificar a partir de la crisis sanitaria un nuevo despotismo ilustrado, que alejado de las demandas ciudadanas se basaba en un discurso y una acción justificada en base a la alarma social y que permitía aplicar lo que fuese de espalda a los ciudadanos e incluso a su representación parlamentaria. Como explica Javier Echevarría, “el pluralismo democrático se ha difuminado, arrastrado por el imperativo de la unidad de mando”.[66] Y pone como ejemplo: “Hubo momentos (…) en que una alta autoridad militar declaró que “todos somos soldados frente al enemigo común”. Proponía así una militarización mental".


La imagen, que es también un modo de emitir un discurso, de ese proceso de militarización la tuvimos en las ruedas de prensa de Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, junto a representantes de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil o de la Policía Nacional. Y que esa militarización lo era mental, lo supimos al conocer la vigilancia que la Guardia Civil realizó en redes sociales para detectar actos de “desafección al Gobierno” durante el primer estado de alarma por COVID-19.El objetivo era “minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”[67], según expuso el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil. La democracia y la libre opinión ciudadana se convirtieron en un temor del gobierno, dado que afectaban a su propia gestión. Era lógico pensar que se estaba persiguiendo la mera discrepancia, lo que resultaba de extraordinaria gravedad.


En ese contexto de militarización mental hemos de entender igualmente la suspensión de la actividad parlamentaria. De hecho, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional la suspensión de la misma al inicio del primer estado de alarma. [68]


Por supuesto, no podemos ignorar que el Gobierno, animado por ese discurso belicista, que derivó en acciones autoritarias, violentó la Constitución con su declaración del estado de alarma y la posterior prórroga. Ambas fueron declaradas inconstitucionales por el Tribunal Constitucional [69], sin que podamos ignorar la gravedad de lo ocurrido en ese proceso de militarización mental, de suspensión de libertades y de elusión del control parlamentario democrático de las actividades del Gobierno.


Por eso, nos ha alertado Zizek[70] que el confinamiento de países enteros es la aspiración totalitaria más brutal hecha realidad.


El discurso gubernamental tuvo como consecuencia una acción que derivó en altísimas restricciones que supusieron en la práctica una suspensión o vaciamiento de los derechos fundamentales, y no una limitación, que no estaba amparada por la Constitución. Estaba pues, claro el objetivo: la acción gubernamental, derivada de su discurso militarizado, buscaba precisamente lo realizado, eludir el control democrático que debieran desarrollar las Cortes Generales.


VIII. La nueva normalidad


La clave no es una enfermedad sino el control y el poder. Un reflejo de todo ello aparece en la neolengua del discurso gubernamental y los términos utilizados para justificar sus acciones. Uno de los sintagmas más usados ha sido el de nueva normalidad. El presidente del Gobierno comenzó a usar el sintagma en un discurso realizado en una comparecencia el 23/05/2020 en estos términos: “la gran ola de la pandemia ha sido superada y toda España ha iniciado con pie firme la transición hacia la nueva normalidad”.[71] De hecho hasta puso fecha a esa nueva normalidad: “…el 21 de junio. A partir de este día se terminará el estado de alarma y comenzará esa “nueva normalidad” en España”.[72]


Resulta curioso el propio uso del sintagma, pues si la normalidad lo es, no puede ser nueva y ha de pasar desapercibida, no suponiendo ningún acontecimiento. Esta “novedad” en la normalidad lo que refleja es algo diferente: la excepción y la aceptación de los cambios que la misma supone, pero relacionándolos con la añorada situación anterior. A la vez, Sánchez muestra en su discurso que no es un camino al pasado sino al futuro, es decir, a una situación nueva, al unir “transición” y “nueva normalidad”. Además, el hecho de poner fecha a esa nueva normalidad, refleja muchas cosas, pero desde luego ninguna normalidad. También hemos de recordar que Sánchez utilizó otro término, el de normalidad provisional[73], pero dado que dejó de usarlo supongo que la nueva normalidad es ya permanente.


Lo que se nos ofrece es otro hecho: “remarcar que los periodos de necesidades excepcionales construyen normalidad de forma inadvertida”, como precisa Gonzalo Velasco[74]. Los periodos de excepción, según el autor, no necesariamente han de llevar a algo peor, aunque también cree que “el riesgo existe, (…), pero no estamos atrapados en su inevitabilidad”. Aunque también confirma el autor que la nueva normalidad no es neutra desde el punto de vista ideológico, pues el discurso de la nueva normalidad tiene unas derivadas necesarias en las acciones políticas. Velasco cree que esa situación genera nuevas oportunidades, pero a mi juicio peca de optimismo. No es tiempo de regresar al pasado prepandémico, pero lo que vemos que ha ocurrido después no es sino una mezcla de crisis de diverso perfil: sanitaria, económica, social y política. La añoranza del tiempo prepandémico casa mal con la realidad de lo que ocurre desde enero de 2020. La catástrofe dura, permanece, y ni volvemos a la normalidad anterior, ni encontramos una nueva normalidad, salvo que aceptemos que esta es la suma de las excepciones que llevamos viviendo.


Quizá hemos de asumir que el “estado de emergencia” que vivimos no es la excepción, sino la regla”, como decía Walter Benjamin.[75]


La nueva normalidad se convierte así en un estado de creciente excepción con visos de permanencia de la alerta y la amenaza; la nueva normalidad pasa a ser el nuevo modo de legitimación política de la estructura de la soberanía postpandémica donde la excepción se convierte en norma pasando del discurso a la acción gubernamental.


Así, como afirma Diego Fusaro en Golpe globale[76], el poder explota el miedo al contagio para reestructurar la sociedad, la economía y la política en un sentido oligárquico y autoritario de modo que:

  • la emergencia pandémica sea la nueva normalidad;

  • la próxima emergencia deba ser más grave que la anterior;

  • las medidas de emergencia no desaparecerán (son el fin y no el medio).

IX. Crisis de la comunicación: un ejemplo


La comunicación reflejada en los discursos públicos emitidos por el Gobierno de España ha sufrido una crisis evidente para cualquier ciudadano. Los mensajes han sido contradictorios, se aludía a expertos inexistentes, se referían a informes desconocidos, se argumentaba en un sentido y en el contrario ante un mismo problema, se carecía de una autoridad discursiva clara, etc. No se comunicaba bien, porque probablemente no se tenía claro qué comunicar o lo que se pretendía dependía de las circunstancias cambiantes, sin un objetivo claro, referencias seguras y mensajes ordenados. O porque se comunicaba aparentemente una cosa, pretendiendo que la acción respondiese a otra.


Hemos de tener en cuenta que ante un acontecimiento como la pandemia, el discurso y la comunicación deben contribuir a la construcción y la determinación de soluciones adecuadas al problema y la crisis planteada. Pero la comunicación discursiva que hemos observado no ha cumplido con los objetivos comunicativos, y por ello la mayoría de los ciudadanos no ha acabado de entender los discursos gubernamentales.


La comunicación de crisis es la forma en que un Gobierno comparte información con los ciudadanos en momentos críticos. El discurso gubernamental por tanto, forma parte de la propia gestión de la crisis y su objetivo debe buscar minimizar el impacto en un Gobierno y una sociedad de las consecuencias negativas de una crisis. Como ha explicado Toumader Chakour: “Si entendemos que la crisis es una situación complicada, excepcional, inesperada, urgente y perjudicial, las acciones que debemos tomar en materia de comunicación pasan, en primer lugar, por definir que los mensajes sean claros, ciertos y oportunos. Lo más importante de la comunicación en situaciones de crisis es preservar la credibilidad de quien comunica. Si esta se pierde, no habrá forma de recuperarla.”[77]


Por lo que respecta al ámbito del discurso y la comunicación, las crisis son circunstancias negativas que afectan al equilibrio de una institución, en este caso un Gobierno y, si no son abordadas adecuadamente, pueden desencadenar alteraciones en la percepción que tienen los ciudadanos sobre el mismo Gobierno, sus políticas, sus decisiones, recomendaciones y en general sobre la propia institución. Los ciudadanos desconfiarán de las recomendaciones gubernamentales si la comunicación sufre una crisis como la que describimos.


Los discursos relacionados con la pandemia debieron ser claros, precisos, objetivos y eficientes a la hora de comunicar. No lo fueron y eso acabó provocando una crisis en la comunicación y una incredulidad ante el discurso gubernamental, ampliable a muchos otros aspectos y casos además del ejemplificado.


X. Conclusión


La pandemia provocada por la COVID-19 es un acontecimiento que marca nuestro tiempo, resultando necesario realizar un diagnóstico filosófico de la misma dado que está modificando nuestra relación con el mundo, que ante todo, ha de ser crítico y no complaciente o servil con lo ocurrido al modo que definía Gustavo Bueno:La filosofía se escribe contra alguien, contra algo. Es obligatorio en un mundo de apariencias donde la sensatez es sospechosa”.[78]


Son diversos los aspectos a analizar, pues estamos ante crisis múltiples, y desde diferentes puntos de vista se discute y reflexiona sobre los problemas desarrollados alrededor de la pandemia.


Como afirmó Giorgio Agamben, con este trabajo me he planteado la única pregunta que cuenta, y a la que he intentado dar respuesta, que simplemente es: ¿en qué punto estamos?[79]


No puede un trabajo como este, dadas sus limitaciones, analizar todos los aspectos planteables. Bernard Henry-Levy abrió el camino del trabajo con una pregunta: ¿el problema es el virus o el discurso en torno a él?[80] Es lo que me llevó a centrarme en el análisis de los discursos públicos del Gobierno de España para realizar ese diagnóstico que nos permitiera ver lo filosófico más allá de los sanitario.


Tras la pandemia, viviremos un nuevo mundo. ¿Cómo será en estos tiempos de agitación y desconcierto? Podemos preguntarnos: ¿Cómo va a cambiar la pandemia no ya nuestras vidas, sino la sociedad entera?, como hace Slavoj Zizek.[81] Para respondernos, no podemos quedarnos en una reflexión simple e ingenua y hemos de analizar los aspectos relevantes relacionados con nuestra vida. Para saber qué ocurrirá hemos de saber qué ha ocurrido.


Nos explicó Agamben que “cuando se declare el fin de la peste, si esto alguna vez llega a hacerse, no creo que sea posible, al menos para aquellos que han mantenido un mínimo de lucidez, volver a vivir como antes”.[82] Eso nos obliga a pensar desde el punto de vista de la filosofía, pues han ocurrido demasiadas cosas y demasiado relevantes como para no reflexionar.


Lo que ha ocurrido no ha sido sólo sanitario. He evidenciado cómo las acciones políticas responden a un discurso previo que en sí mismo es una forma de acción y a que un análisis del discurso es necesario para comprender las prácticas políticas desarrolladas y sus relaciones con el contexto político, social y filosófico. Se trataba de analizar el discurso para un mejor conocimiento de las politicas desarrolladas y de los objetivos pretendidos, que pueden no guardar relación con lo que es el objetivo aparentemente principal de un discurso. Los discursos se constituyen así en un recurso de poder para el Gobierno, pero también en un objeto de análisis para el estudioso del pensamiento al encontrar toda una filosofía en ellos.


Notas:


[1] (Arias Maldonado, 2020) [2] (Dulcinea Tomás Cámara (comp.), 2020). Pag. 18. [3] Y ¿dónde quedaron las emociones? una visión de la teoría de Martha Nussbaum. María Jesús Yáñez. https://beersandpolitics.com/y-donde-quedaron-las-emociones-una-vision-de-la-teoria-de-martha-nussbaum [4] (Bueno, 1999) Pag. 56. [5] (Bueno, 1999) Pag. 55. [6] Ibid, Pag, 55. [7] Ibid, Pag, 57. [8] (Teun A. van Dijk e Iván Rodrigo Mendizábal, 1999) Pag. 24. [9] Hannah Arendt. La condición humana. Ediciones Paidós. Barcelona, 2016. Citado en el artículo de Emilio Alonso: La acción y el discurso. La esfera de lo propiamente humano. https://www.elplural.com/autonomias/la-accion-y-el-discurso_201262102 [10] Análisis crítico del discurso http://padron.entretemas.com.ve/cursos/AdelD/unidad1/1-AnalisisCriticoDelDiscurso.htm [11] https://www.globalalliancepr.org/who-we-are [12] https://www.globalalliancepr.org/thoughts/2020/3/25/twelve-messages-for-covid-19-responsible-communication-by-the-global-alliance-for-public-relations-and-communication-management [13] (Karl Marx y Frederich Engels, 1981) Pág. 44 [14] Karl Marx y Friedrich Engels. Primer capítulo de La Ideología Alemana, página 30, localizado en: https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/I_capitulo_La_ideologia_alemana.pdf [15] Hasta Ana Patricia Botín, presidenta ejecutiva del Banco Santander, se considera feminista y anima a serlo, como explicó en un artículo en el Diario El País en 2018: https://elpais.com/economia/2018/08/19/actualidad/1534709488_687720.html [16] Open Society Foundations de George Soros financian por ejemplo a jóvenes líderes feministas https://www.opensocietyfoundations.org/newsroom/open-society-foundations-anuncia-jovenes-lideres-feministas-becarias/es [17] (Luis Orea e Inmaculada C. Álvarez, 2020) [18] https://elpais.com/sociedad/2020-03-12/las-marchas-del-8-m-se-celebraron-en-contra-del-criterio-de-la-agencia-europea.html [19] https://www.paho.org/es/noticias/11-3-2020-oms-caracteriza-covid-19-como-pandemia [20] From Ignorance to Distrust: The Public “Discovery” of COVID-19 Around International Women’s Day in Spain. International Journal of Communication 16 (2022), 409–436. Autores: Marta Martín-Llaguno, María Teresa Ballestar, Jorge Sáinz y Miguel Cuerdo-Mir. https://www.vozpopuli.com/espana/muertos-covid-sanidad-recuento.html [21] https://theobjective.com/espana/2022-01-10/gobierno-oculto-informacion-covid/ [22] https://www.huffingtonpost.es/entry/varios-paises-europeos-estan-en-confinamiento-pero-no-todos-por-igual_es_5e79fd5ec5b63c3b64974b5c [23] https://www.huffingtonpost.es/entry/sanchez-balance-2021_es_61cc40eae4b0d637ae920902 [24] https://www.elmundo.es/espana/2020/04/07/5e8cb73521efa0b1668b46a3.html [25] https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/disparidad-sanidad-ccaa-contar-muertes-con-covid-19_110227_102.html [26] Estimación del exceso de mortalidad debido a la pandemia de COVID-19: un análisis sistemático de la mortalidad relacionada con COVID-19, 2020-21 https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)02796-3/fulltext [27] https://www.vozpopuli.com/espana/muertos-covid-sanidad-recuento.html [28] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/Documents/2020/20200422%20PG%20CD%20Tercera%20pr%C3%B3rroga%20Estado%20de%20Alarma.pdf [29] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/Documents/2020/20200313%20PG%20Estado%20de%20Alarma.pdf [30] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Documents/2020/09042020_PresidenteProrroga.pdf [31] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/Paginas/2020/prsp16062020.aspx [32] https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2020/06/09/5edecaccfc6c8361308b4599.html [33] Entrevista al filósofo camerunés Achille Mbembe el 31 de marzo de 2020: La pandemia democratiza el poder de matar. https://lavoragine.net/la-pandemia-democratiza-poder-de-matar/ [34] Orden SND/298/2020, de 29 de marzo, por la que se establecen medidas excepcionales en relación con los velatorios y ceremonias fúnebres para limitar la propagación y el contagio por el COVID-19. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2020-4173 [35] Orden SND/272/2020, de 21 de marzo, por la que se establecen medidas excepcionales para expedir la licencia de enterramiento y el destino final de los cadáveres ante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-3974#:~:text=Ayuda-,Orden%20SND%2F272%2F2020%2C%20de%2021%20de%20marzo%2C,de%2022%2F03%2F2020. [36] (Dulcinea Tomás Cámara (comp.), 2020) Artículo: Tres reflexiones limite, de Jaime Santamaría. Pags. 135 a 150. [37] Ibid Pag. 149. [38] Ibid Pag. 149. [39] Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia. https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2021-4628 [40] https://www.europapress.es/sociedad/noticia-presidente-comite-bioetica-avisa-ley-eutanasia-confusa-manda-mensaje-peligroso-20210318203025.html [41] https://www.europapress.es/sociedad/noticia-presidente-comite-bioetica-avisa-ley-eutanasia-confusa-manda-mensaje-peligroso-20210318203025.html [42] https://www.eldiario.es/sociedad/ultima-hora-coronavirus-actualidad-politica-9-de-febrero_6_7204247_1062411.html [43] https://www.europapress.es/sociedad/noticia-pedro-sanchez-asegura-aprobacion-ley-eutanasia-gran-conquista-social-20201217185332.html [44] https://elpais.com/sociedad/2020-10-09/el-comite-de-bioetica-rechaza-considerar-la-eutanasia-como-un-derecho.html [45] https://www.eldiario.es/sociedad/ultima-hora-coronavirus-actualidad-politica-9-de-febrero_6_7204247_1062411.html [46] (Carbajosa, 2020) [47] https://www.ondacero.es/noticias/espana/fernando-simon-que-perdonen-mayores-pero-mismo-que-muera-persona-95-anos-que-20_2021061460c7b56f7d407d0001d6f745.html [48] Recomendación 23 de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) [49] Abandonadas a su suerte: La desprotección y discriminación de las personas mayores en residencias durante la pandemia de COVID-19 en España. Informe de Amnistía Internacional. https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/Issues/OlderPersons/AgeismAgeDiscrimination/Submissions/NGOs/Amnesty-International-Spain.pdf [50] https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/12/spain-older-people-in-care-homes-abandoned-during-covid19-pandemic/ [51] (Gómez Franco, 2020) [52] COVID19 y justicia intergeneracional, Joseba Zalacaín Hernández. Centro de Documentación y Estudios, páginas 140 a 143. https://www.gazteaukera.euskadi.eus/contenidos/noticia/pandemia_adituen_artikuluak/es_def/adjuntos/joseba_zalakain_c.pdf [53] (Innerarity, 2020) [54] Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española: https://dle.rae.es/sintaxis [55] (Dijk, La estructura y funciones del discurso, 2005) Página 106. [56] https://theconversation.com/volveremos-a-ponernos-mascarillas-si-aumentan-las-hospitalizaciones-con-covid-depende-182437?utm_medium=email&utm_campaign=Novedades%20del%20da%205%20mayo%202022%20en%20The%20Conversation%20-%202282422694&utm_content=Novedades%20del%20da%205%20mayo%202022%20en%20The%20Conversation%20-%202282422694+CID_a0ff7ef41b9661fa4589a3cf160feff4&utm_source=campaign_monitor_es&utm_term=Volveremos%20a%20ponernos%20mascarillas%20si%20aumentan%20las%20hospitalizaciones%20con%20covid%20Depende [57] (Dagatti, 2021) Pag. 36. [58] (Berdún, 2020) [59] (Dulcinea Tomás Cámara (comp.), 2020) Escolio 9. Reacción, catástrofe, acontecimiento. Alejandro Escudero Pérez. Pags. 173-187. [60] https://www.elmundo.es/papel/historias/2022/02/19/620f8e0321efa065648b4583.html [61] (Foucault, 2007) [62] (Agamben, 2021) Pág. 76. [63] (Orbegozo Terradillos, Julen; González-Abrisketa, Marian, 2021)file:///C:/Users/jmsrj/Downloads/377481-Article%20Text-574729-1-10-20220107.pdf [64] Gustavo Bueno: “La ética la definimos entonces como el conjunto de normas que tienen por objeto salvaguardar, fortalecer y preservar la vida de los individuos corpóreos, mientras que la moral tiene por objeto salvaguardar, proteger, etc., la vida del grupo como tal grupo”, en el siguiente vídeo: https://fgbueno.es/med/tes/t002.htm#:~:text=La%20%C3%A9tica%20la%20definimos%20entonces,del%20grupo%20como%20tal%20grupo. [65] (Dulcinea Tomás Cámara (comp.), 2020) Escolio 22. Alternativa: o “común-ismo republicano” o tanatopolítica. [66] (Dulcinea Tomás Cámara (comp.), 2020) Escolio 24. Desafíos filosóficos a partir de COVID-19-2020. [67] El Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil dice que trabajan para “minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno" https://www.antena3.com/noticias/espana/polemicas-palabras-jefe-estado-mayor-guardia-civil-trabajamos-minimizar-clima-contrario-gestion-crisis-parte-gobierno_202004195e9c6b4a7ea8b800018a3ff8.html [68] Sentencia del pleno del TC que declara que la suspensión de los plazos por la Mesa del Congreso durante el estado de alarma impide la función de control al poder ejecutivo https://www.tribunalconstitucional.es/NotasDePrensaDocumentos/NP_2021_094/2020-2109STC.pdf [69] Sentencia 148/2021, de 14 de julio de 2021, https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2021-13032 y Sentencia 183/2021, de 27 de octubre de 2021, https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2021-19512 [70] (Zizek, 2020) [71] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/paginas/2020/23052020_comparecencia.aspx [72] https://www.antena3.com/noticias/espana/pedro-sanchez-anuncia-que-la-nueva-normalidad-comenzara-el-proximo-21-de-junio_202005315ed3a644cd6f44000109f2f2.html [73] https://www.timejust.es/politica/pedro-sanchez-anuncia-nuevas-medidas-para-la-normalidad-provisional/ [74] (Dulcinea Tomás Cámara (comp.), 2020) Escolio 21. Mientras dura la catástrofe. Notas para un escepticismo constructivo. [75] Walter Benjamin, Tesis sobre el concepto de historia (Tesis VIII) [76] Diego Fusaro. Golpe globale. Capitalismo terapeutico e grande reset. Editorial: ‎Piemme. Italia, 2021. [77] Rodrigo Browne & Carlos del Valle, 2020) Artículo: El valor de la comunicación en los tiempos del covid-19 Toumader Chakour. [78] https://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20170801/235796420_7.html [79] (Agamben, 2021) Pág. 29. [80] (Lévy, 2020) [81] (Zizek, 2020) [82] (Agamben, 2021) Pág. 33.


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Sobre el autor:


José Manuel Sánchez Ribas nace en Santander, Cantabria, en 1966. Lleva escribiendo y a veces publicando, desde hace casi treinta años.


Es Máster de Filosofía para los Retos Contemporáneos de la Universitat Oberta de Catalunya/Universidad Abierta de Cataluña, Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid así como Diplomado en Asesoramiento financiero y Experto en Ahorro y previsión por Barcelona School of Management de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha obtenido el Certificate in Wealth Management by Chartered Institute for Securities and Investment y es Miembro asociado de CISI (Chartered Institute for Securities and Investmens, London, U.K.).


Su vida profesional se ha desarrollado en el sector financiero.


Preocupado por la Naturaleza, han aparecido colaboraciones suyas en las revistas Taray y Hojas verdes de Alcalá. A mediados de los años ochenta participó en la creación del grupo literario Vaivén, en Madrid, y posteriormente en la edición de la revista Vaivén, Cuadernos de poesía, de breve pero intensa vida. Se han publicado poemas suyos en la revista Zarabanda y en el Blog Palabras al viento, coordinado en su momento por Ramiro Pinto, dentro de la web (http://www.universidadsiglo21.es) , de la Universidad de León. En este mismo blog se publicó alguna reseña literaria. Han aparecido poemas suyos en la antología Con voz propia, publicada en 2003 en Rivas-Vaciamadrid. En la revista leonesa Sentimientos invisibles ha publicado, en los últimos años, colaboraciones en forma de narraciones cortas y poemas. Ha publicado artículos en las revistas Zarabanda, La Gaceta Cultural y Revista de Covibar. Este de Madrid ha sido otra revista donde han aparecido diferentes colaboraciones suyas, de diverso tipo, destacando la columna de opinión que durante casi diez años mantuvo bajo el título Cambio de sentido.


Muy activo en la red, mantiene el blog Cuaderno de literatura y pensamiento: Almáciga de olvidos (http://almacigadeolvidos.blogspot.com.es). En Twitter interviene como Don Quijote de Vaciamadrid @Dvaciamadrid

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