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15.6- Conceptos fundamentales del Materialismo Político (IV)

por Mariano Utín


Resumen: Las relaciones de Producción son relaciones circulares entre sujetos (personas) a través de términos, objetos físicos-corpóreos objetivos, concretos e históricos, denominados: mercancías. Junto a las mercancías, funcionan instituciones económicas estatales y supraestatales, de la vida político-económica, entre ellas la moneda (dinero). En el campo económico, las relaciones de producción permiten, la Symploké entre este campo y otros campos extraeconómicos, en los ejes del espacio antropológico, conectado a su vez, con los ejes del espacio gnoseológico de la Teoría del Cierre Categorial. Es en el campo antropológico-cultural donde se dan las relaciones económicas que, en los sistemas económicos y políticos complejos, Marx llamó relaciones de producción.


Palabras clave: Relaciones de producción, Marx, marxismo, producción, valor.



1. Las relaciones de producción

Para Marx habría 4 ramas que se desprenden de las Relaciones de Producción, a las que nosotros, desde el MatPol, agregaremos una 5ta. Estas son: 1-La producción, 2-la distribución, 3-el cambio (que se da en la escala de la Dialéctica de Clases, dentro de las sociedades políticas), 4-el Intercambio (que se da a escala entre sociedades políticas, es decir, a escala de Dialéctica de Estados) y 5-el consumo.


Más allá del análisis de la mercancía como unidad primera, núcleo esencial de la economía capitalista, Marx entendía a la Producción como algo común a todas las sociedades políticas históricas. Y que estas sociedades políticas se diferenciaban entre sí, según las épocas y el grado de desarrollo de sus fuerzas productivas, por sus diversos modos de producción, que han existido y que actualmente existen.


Ninguna producción puede entenderse sin instituciones, sin herramientas, sin instrumentos de producción. Ninguna producción es posible sin trabajo. Si no existe producción en particular (esto es: Proceso de Trabajo o Producción en sí) tampoco existirá Producción general, es decir, planes y programas generales y específicos de producción económica que engloben a las primeras. La Producción en sí siempre será una rama o un subcampo particular de la Producción en general, ya sea esta producción ganadera, agrícola, industrial, científico-técnica, de servicios, etc.; que a su vez estará englobada dentro del Proceso de Producción total dentro de un Estado o sociedad política.


En el campo económico, la Producción es un conjunto de operaciones técnicas y tecnológicas, racionalizadas e institucionalizadas, que permite, en el espacio antropológico, como marco de vida política, relacionarse entre sí y con su entorno, primordialmente entre cosas que también son mercancías.


En lo que respecta a la Symploké o entretejimiento entre la Dialéctica de Clases y de Estados y las relaciones de producción, esto nos lleva a considerar que una sociedad política llegaría al apogeo de su producción, y por tanto, a su apogeo histórico, en cuanto se convierte o bien en una sociedad política ejemplarista (como la República Popular China) o bien en sociedad política Imperialista, sea depredadora (EE.UU. o Reino Unido) o generadora-civilizatoria (Imperio Español, U.R.S.S.). Un Estado llegará a su apogeo productivo cuando lo principal para él no sea la Ganancia, sino, el GANAR. Y el “ganar” es ganar tanto externamente (Dialéctica de Estados, llegando al ejemplarismo o al imperialismo), como internamente (en Dialéctica de Clases y estabilidad recurrente de la sociedad política).


La forma en que se relaciona la producción con la distribución, el cambio, el intercambio y el consumo, tanto a nivel micro como macroeconómico, conlleva que los miembros de las sociedades políticas hagan que los productos del eje radial (productos o elementos de la naturaleza inorgánica) sean apropiados y conformados para su circulación en el eje circular del Espacio Antropológico, por lo que la Producción permite la apropiación cultural de la naturaleza para las necesidades humanas, conformando y elaborando diversas mercancías y demás instituciones económicas y extraeconómicas. La Distribución determinará la proporción en que los sujetos, las Clases y los Estados en los mercados mundiales, participan de los productos producidos, es decir, cómo y en qué proporción se los reparten. El Intercambio determinará la proporción en que las mercancías y las demás instituciones, incluida la moneda, se mueven, circulan, se acumulan entre los Estados, en relación a la porción en que los sujetos, las Clases, y los Estados han participado en la elaboración de esos mismos productos. El Cambio sería la misma dinámica que el Intercambio pero a escala interna de las sociedades políticas, es decir, a escala de la Dialéctica de Clases en el marco de los Estados, y determinaría cuantos sujetos pueden consumir. Y por último en el Consumo los productos se convierten en objetos de compra a cambio de una cantidad monetaria, de apropiación individual en un marco social siempre comunitario y colectivo, y determinaría cuántos sujetos efectivamente consumen.


Aplicando el esquema de capas genéricas podemos ver que dentro del proceso de Producción tendremos un núcleo (el proceso de trabajo o de producción en sí), un curso que será el conjunto entretejido de las ramas de distribución, intercambio, cambio y consumo, y elementos de un cuerpo en las relaciones antropológico-institucionales dentro de esas mismas ramas.


Esto evidencia que, en el marco de las relaciones de producción, la Producción es en sí consumo, y el consumo es, asimismo, Producción de manera inmediata. Producción y Consumo son ambas variables, o términos, determinantes-determinados que se co-determinan entre sí.

Al nutrirse de alimentos, el hombre produce su propia evolución fisionómica. Toda clase de consumo por parte del hombre permite la producción del hombre mismo tanto en lo biológico como en lo antropológico-cultural (la producción de la verdad es la verdad de la producción).


La Producción es el inmediato opuesto al consumo y viceversa. Ambos tienen lugar en una serie de movimientos que los unifican, dialécticamente, que en el campo económico son las relaciones de distribución, intercambio y cambio. Al mismo tiempo, la producción es mediadora del consumo, cuyos materiales conforma y sin los cuales el consumo no tendría finalidad. Y además el consumo es mediador de la producción en tanto conforma al sujeto consumidor de esos productos. Sin producción no hay consumo, y viceversa, sin consumo, no hay producción.


El consumo realiza a la producción, en tanto que todo producto, se hace producto, al ser consumido. (el vestido solo “es” cuando alguien lo lleva puesto).


A diferencia de los objetos extraeconómicos del eje radial, la mercancía se afirma como tal solo en el consumo, no en cuanto actividad objetiva, sino más bien como objeto para el consumo actuante. Además, el consumo produce a la producción en tanto que genera la necesidad de nueva producción, de la re-producción, y por ello produce la finalidad de la producción, que es su opuesto (el consumo), pero a la vez su supuesto.


La producción produce el objeto, la forma y el impulso de consumir. A su vez, el consume produce la disposición del productor a producir, teniendo éste que determinar la finalidad de la producción.


En definitiva, la producción es:


“(…) el verdadero punto de partida y por ello también el momento predominante. El consumo como necesidad es el mismo momento interno de la actividad productiva. Pero esta última es el punto de la realización y, por lo tanto, su factor predominante, el acto en el que todo proceso vuelve a repetirse. El individuo produce un objeto y, consumiéndolo, retorna a sí mismo. De este modo, el consumo aparece como momento de la producción.” (Marx, Manuscritos, 1857-58)

La mayoría de los sujetos en el campo económico participan en las relaciones de producción bajo la forma tradicional de TRABAJO ASALARIADO, recibiendo un salario, según el campo profesional en que se encuentren, a cambio de su papel en la recurrencia de esas mismas relaciones de producción. Frente al individuo aislado, la distribución aparece de manera natural como una ley social que condiciona su puesto en el seno de la producción.


En un comienzo, el sujeto trabajador no posee ni capital ni propiedad territorial. Está destinado al trabajo asalariado desde su nacimiento (a pesar de la movilidad laboral), en virtud de la distribución social del valor-trabajo. Ahora bien, el hecho mismo de estar destinado a ello es consecuencia de que el capital y la propiedad de la tierra (en tanto capital) son los agentes “autónomos” realmente existentes de la producción. También lo es el Estado, cuyo papel en el desarrollo de las relaciones de producción y en el reparto de la propiedad queda también claro en Marx:


“Un pueblo conquistador divide el país entre los conquistadores e impone así una determinada repartición y forma de propiedad territorial; determina, por consiguiente, la producción. O bien reduce a los conquistados a la esclavitud y convierte así al trabajo esclavo en la base de la producción [imperio depredador]. O bien un pueblo, mediante la revolución, fragmenta la gran propiedad territorial y da un carácter nuevo a la producción por medio de esa nueva distribución [imperio generador]. O bien, la legislación perpetúa la propiedad del suelo en ciertas familias o reparte el trabajo como privilegio hereditario para fijarlo así en un régimen de castas. En todos estos casos –y todos ellos son históricos- la distribución no parece estar determinada por la producción, sino, por el contrario, es la producción la que parece estar organizada y determinada por la distribución.” (Marx [1857-58])

La distribución no es solo de mercancías de consumo primario, también lo es de herramientas productivas que son, a la vez, mercancías. También la fuerza de trabajo se distribuye nacional e internacionalmente. La distribución es determinante en la organización de la producción. Ya que la distribución (como primer momento de la producción), precede a la producción de mercancías. Así, determinará el rol de cada uno de los agentes económicos en el proceso de producción.


La producción tiene sus propias características y condiciones, sus propios momentos históricos, antropológicos, político-económicos, técnico-tecnológicos y científicos. Estos momentos son los MODOS DE PRODUCCIÓN, los cuales se modifican incesantemente dentro de la producción misma, a través del paso de una “forma” de producir hacia otra “forma” más avanzada y eficiente de producir. Y esto, a su vez, realiza la reorganización y la reconfiguración de todo el proceso de producción y de las relaciones de producción, en cuanto a propiedad de los medios de producción, desarrollo del comercio nacional e internacional, aplicación de nuevas tecnologías a las distintas ramas de la producción, etc.


Así, la forma en que las relaciones de producción reciben la influencia de las condiciones históricas de producción, depende de la Dialéctica de Clases y de Estados, y la norma imperialista que puedan adoptar, o sufrir, esos Estados, bien de tipo depredador o de tipo generador.


A este respecto Marx escribe:


“Todas las conquistas suponen 3 posibilidades: el conquistador somete al pueblo conquistado a su propio modo de producción [imperialismo generador]; o bien, deja subsistir el antiguo y se satisface con un tributo [imperialismo depredador]; o bien, se produce una acción recíproca de la que nace una forma nueva, una síntesis [toda depredación conlleva generación, y toda generación conlleva depredación, pues generación y depredación no son dicotómicas; los imperialismos generador y depredador son tipos ideales, que si bien nunca se producen al cien por cien, sí pueden distinguirse, según la norma que sea predominante; ahora bien, si el imperio reproduce en la tierra conquistada sus instituciones, y también su modo de producción, antes que el mantenimiento de las instituciones propias del conquistado (las cuales pueden ser asimilables por la metrópoli), entonces prima la norma generadora, primando la norma depredadora cuando ocurre al revés].En todos los casos, el modo de producción (sea el del pueblo conquistador, sea el del pueblo conquistado, o la síntesis de los dos), es determinante para la nueva distribución que se establece. Aunque esta aparezca como un supuesto para el nuevo período de producción, no solamente de la producción histórica, sino de la producción histórica determinada.”

A su vez, las relaciones de producción también están entretejidas con la evolución y desarrollo de las capas y ramas del poder de los Estados. A través de las Leyes que dictan esos mismos Estados, se pueden perpetuar las propiedades sobre determinados instrumentos de producción entre ciertas familias o clases sociales. La Leyes influyen sobre las relaciones de distribución afectando a la producción, pero la evolución de la producción también afecta a las Leyes. Por otra parte, sin producción de valor económico no habría Leyes que el Estado pueda desarrollar y aplicar para redistribuir el valor producido y los instrumentos para producir dicho valor. Pero sin Estado tampoco habría valor económico y, por ende, no habría Teoría del Valor-Trabajo.


Hay que advertir que sin División del Trabajo no existiría ni cambio ni intercambio, y sin cambio ni intercambio no existiría la División del Trabajo. Y es más, sin el Estado no existiría ni cambio, ni intercambio, ni División del Trabajo, ya que todas estas relaciones presuponen, en el capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción protegida y garantizada por el Estado capitalista.


La Dialéctica de Clases, en su conexión con el intercambio internacional, se entreteje con la división del trabajo a nivel supraestatal, que no es sino, Dialéctica de Estados, en tanto hay Estados, o clases determinadas de Estados. Cada una de esas clases de Estados está, además, especializada en producir determinadas mercancías (Naciones que producen materias primas o materias ligeramente industrializadas con bajo valor agregado, u otras naciones que producen productos industrializados con alto componente elaborado y alta tecnología, con alto valor agregado), tanto para otras clases de su mismo Estado como para otras clases de estados.


En resumen, podemos decir que: Las distintas relaciones de producción no son iguales entre sí, pues se entretejen dentro de un sistema de relaciones. Es a partir de la producción, como el proceso de entretejimiento entre modos, medios y relaciones de producción, desde la cual ésta recomienza y se vuelve recurrente, circular. Distribución, Intercambio, cambio y consumo son momentos de la producción. La producción es una actividad en sí determinada (por factores históricos, políticos, económicos, geopolíticos, de dialéctica de clases y de Estados), que determina una distribución, un intercambio, un cambio y un consumo, también determinados, que a su vez determinan a la producción.


Sobre el autor:


Mariano Utín es médico-anestesiólogo, músico e ilustrador de Rosario, Argentina. Antiguo militante de la Corriente Peronista Descamisados (La Desca), actualmente se encuentra trabajando en la divulgación de los fundamentos del materialismo político y sus conexiones con la teoría de la insubordinación fundante de Marcelo Gullo. El dibujo que ilustra este artículo está basado en una idea del propio Mariano Utín reelaborada por su hijo, Leonardo.


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