6.6- Enver Hoxha y el PTA como paradigmas de la deshonestidad y el dogmatismo en su crítica a Mao

Actualizado: 28 de dic de 2020

Por Héctor B. M.


Resumen: Durante las siguientes líneas se realizará un breve análisis sobre las contradicciones en el pensamiento de Enver Hoxha y el Partido del Trabajo de Albania —a partir de ahora PTA—, centrándose en lo relativo a sus críticas a Mao Tse-tung y visualizando actitudes dogmáticas y oportunistas ubicadas fuera de todo contexto socialista científico. En esta crítica se demostrará que quien se erigió como paladín en la lucha contra el revisionismo utilizó su posición de manera deshonesta y dogmática, violando los principios más elementales de la ideología que decía defender. Sirva el siguiente texto para verificar que las figuras de Hoxha y el PTA trataron de ganar prestigio a costa de Mao Tse-tung mediante la distorsión de la realidad, la manipulación de diversas citas y la más descarnada mentira. Cabe señalar, asimismo, que no todos los aportes históricos de Enver Hoxha y el PTA son criticables por su posicionamiento dogmático y su desconexión del socialismo científico. Al contrario; el líder albanés demostró hilar muy fino en más de una ocasión, lo cual, no obstante, le pone aún más en evidencia. Prescindir voluntariamente de herramientas dialécticas a la hora de exponer una tesis —como constatar la verdad en los hechos— no sólo es un error; es una violación de los principios más básicos del socialismo científico y una demostración de oportunismo ideológico.


Palabras clave: Albania, Enver Hoxha, Dogmatismo, Mao, Marxismo.





I. El papel de la manipulación de citas dentro de la táctica de Hoxha respecto a la teoría de Mao Tse-tung.


Uno de los elementos más habituales de la argumentación de Enver Hoxha es la tendencia a descontextualizar, o directamente amputar y modificar las citas de sus rivales políticos para provocar un desequilibrio dialéctico a su favor. Este tipo de prácticas deshonestas desorientaron a muchos revolucionarios que deseaban descubrir la verdad en los hechos, facilitando aún más la fragmentación del Movimiento Comunista Internacional, y por tanto, la capacidad de la clase obrera para librarse del yugo imperialista. Desgraciadamente, la mayoría de los seguidores de Hoxha dieron por justas sus palabras sobre China sin analizar los hechos, y menos aún los textos originales en los que Mao Tse-tung desarrolló su teoría. Lamentablemente para todos, este abyecto manual de estilo ha sido incorporado a los principios de muchas organizaciones comunistas que, bien voluntariamente o por un déficit en su capacidad para crear teoría, analizan la realidad obviando los hechos históricos y se centran en el culto a las citas para argumentar sus críticas. Tal caracterización del debate político ha de ser denunciada por quienes defendemos los principios fundamentales del socialismo científico, y es que la apreciación de la realidad en torno a los textos no sirve de nada si estos carecen de elementos consustanciales a la verdad en los hechos. Es más, la historia nos demuestra que grandes maestros del socialismo científico como Stalin se equivocaron en algunos de sus análisis y posteriores directrices, idealizando situaciones en base a los informes que les llegaban de mano de sus colaboradores. Tal es el caso del telegrama enviado por la Komintern a la sección china en octubre de 1926, en el que se instaba a constreñir el movimiento campesino hasta que Shanghai fuera tomada. A pesar, e independientemente de que Stalin reconociera su error y que el telegrama fuera invalidado semanas después, el daño ya estaba hecho y los derechistas encabezados por Chen Duxui medraron dentro del PCCh provocando un auténtico desastre en las filas revolucionarias. En relación a esa misma cuestión, Mao teorizó sobre la táctica de cercar las ciudades por el campo. Esto merece nuestra atención para descubrir las manipulaciones de Hoxha en su crítica.


Durante la Revolución China de 1924 a 1927, los errores en la dirección del PCCh dirigido por Chen Duxui estuvieron a punto de aniquilar al Movimiento Comunista Chino. Ante la debilidad del proletariado urbano, Mao teorizó que las circunstancias de aquel periodo invitaban a organizar un repliegue que dotase al movimiento de diversas bases rurales desde las cuales el campo rodeara la ciudad. En ese aspecto, Mao admitió correctamente que el campesinado debía ser la principal —que no la dirigente— fuerza de la revolución democrática contra la autarquía y los traidores. El posterior aventurerismo de Wang Ming y su facción —los 28 bolcheviques— derivó en una aplastante derrota del movimiento popular en manos del ejército de Chiang Kai-shek. Tras la derrota, los líderes del PCCh, encabezados por Mao y Zhou Enlai organizaron lo que conocemos como La Larga Marcha. En su obra «El Imperialismo y la Revolución», Enver Hoxha nos traza un esquema que, lejos de ver la verdad en los hechos y admitir las debilidades del Movimiento Comunista en los núcleos urbanos, critica las decisiones de Mao tildándolas de nacionalistas y campesinas. En otras palabras: según Hoxha, la observación de las condiciones de China y el uso del socialismo científico para resolver tales condiciones es una actitud pequeñoburguesa y campesina. Aquí es donde Hoxha desata su deshonestidad y manipula las palabras de Mao descaradamente.


Veamos cuál es la opinión del líder albanés sobre la situación:

Mao Tse-tung expresaba esta teoría pequeñoburguesa en la tesis global «el campo debe asediar la ciudad». «...el campo revolucionario, escribía él, puede asediar las ciudades... el trabajo en el campo debe desempeñar el papel principal en el movimiento revolucionario chino, mientras que el trabajo en la ciudad debe desempeñar un papel de segundo orden». Mao ha expuesto esta misma idea cuando ha escrito sobre el papel del campesinado en el poder. Ha indicado que todos los partidos y demás fuerzas políticas deben someterse al campesinado y a sus puntos de vista. «...millones de campesinos se pondrán en pie, serán impetuosos e indomables como un verdadero huracán, escribía él, y no habrá fuerza capaz de contenerlos... Pondrán a prueba a todos los partidos y grupos revolucionarios, a todos los revolucionarios, con el objetivo de que acepten o rechacen sus puntos de vista». Según Mao resulta que es el campesinado y no la clase obrera quien debe ejercer la hegemonía en la revolución. (Hoxha, 1976). [1]

En estas líneas estamos presenciando una miserable manipulación de las palabras de Mao Tse-tung, así como una tremenda falta de entendimiento de las características de la sociedad china. En primer lugar, cabe señalar que Hoxha no entiende que los grupos comunistas estaban prácticamente aniquilados en la China urbana y que el repliegue de fuerzas debía culminar con la fortificación de un eje en el que los campesinos fueran la principal fuerza, y cabe repetir, no la fuerza dirigente —Hoxha no distingue lo cuantitativo de lo cualitativo. Lanzarse a tomar las ciudades no sólo hubiera sido un nuevo suicidio, sino la culminación del programa trotskista del ya difunto Chen Duxui. Asimismo; vamos a ver como la traducción de las obras escogidas de Mao Tse-tung al albanés relativas a este punto están absolutamente deformadas y distan de decir lo mismo que otras ediciones, como las traducciones al castellano o al inglés. Obsérvese las negritas de la cita anterior, las dos traducciones correctas y la parte más importante omitida a continuación para desenmascarar la tremenda manipulación.

En mi reciente viaje a Junán, he investigado sobre el terreno la situación de cinco distritos: Siangtan, Siangsiang, Jengshan, Liling y Changshá. Durante treinta y dos días, del 4 de enero al 5 de febrero, en las aldeas y capitales de distrito, reuní en conferencias de investigación a campesinos con experiencia y camaradas dedicados al movimiento campesino y escuché atentamente sus informaciones, lo que me permitió recoger abundante material. Muchos de los cómos y porqués del movimiento campesino resultaron ser exactamente lo contrario de lo que yo había oído decir a los shenshi en Jankou y Changshá. Vi y oí muchas cosas sorprendentes, de las que hasta ese momento no estaba enterado. Creo que cosas semejantes ocurren también en muchos otros lugares. Hay que poner término inmediatamente a todo comentario contra el movimiento campesino y corregir cuanto antes todas las medidas erróneas que respecto a él han tomado las autoridades revolucionarias. Sólo así se puede contribuir al desarrollo futuro de la revolución. Pues el actual ascenso del movimiento campesino es un acontecimiento grandioso. Dentro de poco, centenares de millones de campesinos en las provincias del centro, el Sur y el Norte de China se levantarán como una tempestad, un huracán, con una fuerza tan impetuosa y violenta que nada, por poderoso que sea, los podrá contener. Romperán todas las trabas y se lanzarán por el camino de la liberación. Sepultarán a todos los imperialistas, caudillos militares, funcionarios corruptos, déspotas locales y shenshi malvados. Todos los partidos y camaradas revolucionarios serán sometidos a prueba ante los campesinos y tendrán que decidir a qué lado colocarse. ¿Ponerse al frente de ellos y dirigirlos? ¿Quedarse a su zaga gesticulando y criticándolos? ¿Salirles al paso y combatirlos? Cada chino es libre de optar entre estas tres alternativas, sólo que los acontecimientos le obligarán a elegir rápidamente. (Mao, 1927). [2]

La misma cita, en su edición en inglés:

During my recent visit to Hunan I made a first-hand investigation of conditions in the five counties of Hsiangtan, Hsianghsiang, Hengshan, Liling and Changsha. In the thirty-two days from January 4 to February 5, I called together fact-finding conferences in villages and county towns, which were attended by experienced peasants and by comrades working in the peasant movement, and I listened attentively to their reports and collected a great deal of material. Many of the hows and whys of the peasant movement were the exact opposite of what the gentry in Hankow and Changsha are saying. I saw and heard of many strange things of which I had hitherto been unaware. I believe the same is true of many other places, too. All talk directed against the peasant movement must be speedily set right. All the wrong measures taken by the revolutionary authorities concerning the peasant movement must be speedily changed. Only thus can the future of the revolution be benefited. For the present upsurge of the peasant movement is a colossal event. In a very short time, in China's central, southern and northern provinces, several hundred million peasants will rise like a mighty storm, like a hurricane, a force so swift and violent that no power, however great, will be able to hold it back. They will smash all the trammels that bind them and rush forward along the road to liberation. They will sweep all the imperialists, warlords, corrupt officials, local tyrants and evil gentry into their graves. Every revolutionary party and every revolutionary comrade will be put to the test, to be accepted or rejected as they decide. There are three alternatives. To march at their head and lead them? To trail behind them, gesticulating and criticizing? Or to stand in their way and oppose them? Every Chinese is free to choose, but events will force you to make the choice quickly. (Mao, 1927). [3]

En estas palabras, Mao Tse-tung deja clarísimo que los comunistas deben «ponerse al frente de ellos y dirigirlos», y no «quedarse a su zaga gesticulando y criticándolos, o salirles al paso y combatirlos». Hoxha se pone en evidencia como un auténtico falsificador cuyo propósito no es el de criticar una línea incorrecta desde la camaradería; el líder albanés toma el camino de la difamación y la mentira para justificar su dogmatismo y aislamiento. Lo más curioso de todo es que Stalin, a quien Hoxha idolatraba de manera oportunista, observó la situación desde la misma perspectiva que Mao Tse-tung criticando duramente las decisiones de Wang Ming y el PCCh. En el siguiente fragmento Stalin refuta los planteamientos de Hoxha:

Yo sé que entre los kuomintanistas e incluso entre los comunistas chinos hay quienes no estiman posible el desencadenamiento de la revolución en el campo, temerosos de que la incorporación del campesinado a la revolución rompa el frente único antiimperialista. Esto es un profundísimo extravío, camaradas. El frente antiimperialista en China será tanto más fuerte y poderoso cuanto antes y más a fondo se incorpore el campesinado chino a la revolución. Los autores de las tesis, en particular Tang Pingsian y Rafes, están sobrados de razón al afirmar que una condición de todo punto imprescindible para el triunfo de la revolución china es satisfacer en el acto las reivindicaciones campesinas más apremiantes. Yo creo que es hora de acabar con la inercia y la “neutralidad” respecto al campesinado que se observa en los actos de ciertos elementos del Kuomintang. Yo creo que tanto el Partido Comunista de China como el Kuomintang, y, en consecuencia, el poder de Cantón, deben pasar sin más dilaciones de las palabras a los hechos y plantear el cumplimiento inmediato de las reivindicaciones más urgentes del campesinado. (Stalin, 1926). [4]

Es más que evidente que la táctica de Mao Tse-tung coincide con la de Stalin, por mucho que Hoxha trate de objetar que el primero planteó la hegemonía para el campesinado, cuando la verdad es que siempre dejó bien claro que la clase dirigente en las revoluciones chinas no debía ser otra que el proletariado. El estudio de las contradicciones e