6.9- Argentina, el país que agoniza en la dependencia

Actualizado: 28 de dic de 2020

Por Joel Flores.


Resumen: Este artículo continúa el anterior del mismo autor, publicado en esta revista, titulado "Argentina, ¡hay vida después del coronavirus?". En este artículo se analizan las consecuencias de continuar profundizando el camino del liberalismo en Argentina. La faz progresista del gobierno actual no obstaculiza, sino más bien facilita, la senda liberal que el Estado argentino adoptó a partir de 1976. Esto se está profundizando ampliamente por los cambios producidos a escala global, tanto en la esfera de lo económico como de la política. El contexto mundial de pandemia está siendo aprovechado para aplicar una reforma laboral de hecho en el país, mientras que se excluye y aísla pronunciadamente a los sectores de trabajadores que el modelo liberal, vigente en Argentina, desplaza a la marginalidad permanente. La cuarta Revolución Industrial golpea a la Argentina y a su clase trabajadora de un modo brutal. Esto debido a la subordinación absoluta a los esquemas económicos de la división internacional del trabajo planteada por los grandes Estados y organizaciones internacionales del comercio, finanzas, salud, etc. Las consecuencias de este derrotero pueden ser nefastas en grado sumo para la salud y vida de los argentinos. Intentaremos demostrarlo.


Palabras clave: Argentina, coronavirus, deuda externa, dependencia, salud pública.





I. Introducción: El rol ejemplificador de una Argentina sometida.


Como decíamos en el anterior artículo publicado en esta misma revista, ¨Argentina: ¿Hay vida después del coronavirus?¨(1), Argentina está siendo utilizada como caso testigo de lo que se viene preparando en el mundo: La necesidad de un reseteo económico fue planteada ya en Enero de 2016, en el Foro de Davos. Allí se planteaba que, en cinco años, se iban a perder entre 5 y 7 millones de puestos laborales con la Cuarta Revolución Industrial. Los líderes acordaron allí la necesidad de un gobierno mundial (usando la frase “liderazgo holístico”) y, entre otras cosas nefastas que se plantearon, la simpática Melinda Gates dijo: “Los objetivos son solo deseos, a menos que tengas un plan”. (2)


Con estos eufemismos no tan eufemísticos, se planteaba casi directamente lo que hoy estamos viendo ocurrir en el mundo. Si, como muy atinadamente plantea Santiago Armesilla, estamos en medio de una Guerra Fría (3), dicha guerra está siendo ejecutada, a nivel de lucha de clases, de un modo desigual, y es la población “de a pie” la que sufre pasivamente sus peores consecuencias en todos los aspectos: Pérdida de puestos laborales, deterioro de estado de salud física y psíquica, encierro, pauperización absoluta de toda la población, depresión y suicidios.


Esto tiene un trasfondo económico complejo pero que, a los fines de este artículo, podríamos resumir en un gigantesco efecto económico producido por la enorme especulación financiera de los últimos años. Si bien en 2008 se produce una crisis financiera de proporciones, a partir del endeudamiento y la burbuja inmobiliaria; lo que tiene de especial la crisis del año 2020 es que se emplea la inteligencia artificial a la hora de especular. En la actualidad se trata de dinero virtual que va de un lugar al otro siguiendo unos algoritmos, los mercados dependen de programas informáticos que siguen unas variables predeterminadas. (4)


En resumidas cuentas, tanto si se analiza el funcionamiento del capitalismo actual, con su exacerbada inclinación a crear burbujas que tarde o temprano se pinchan, como si leemos la postura política de sus principales ejecutores (la oligarquía financiera), se hace muy notorio que este sistema no daba para más y que la propia elite que lo usufructúa ha decidido cambiarlo y/o resetearlo. Se plantea la hipótesis de que Argentina está en el centro (o al menos es uno de los centros) de dicho proceso de reseteo económico.


II. Argentina, de semicolonia al desguace de su Estado.


Las razones por las cuales le ha tocado a Argentina ser ese caso testigo para el mundo pueden ser muchas y variadas. Entre ellas, que se trata de un país con una potencialidad tremenda si tenemos en cuenta su extensión (casi cuatro millones de km2), su condición de país bioceánico o sus riquezas mineras aún por aprovechar en la inmensa cordillera de los Andes.


Respecto de esto último, es curioso que siendo la cordillera de los Andes la línea divisoria entre Argentina y Chile; sea este último país quien valore y extraiga un 10% de su PIB anual, mientras que en el caso de Argentina, apenas si se obtiene un 1% del PBI de ese recurso que es tan preciado en el mundo. Esto puede explicarse simplemente por el ridículo porcentaje de regalías que se recaudan (las provincias tienen libertad de cobrar el 3% o menos de lo que las compañías mineras declaran haber extraído) llevándose toda la riqueza en litio, oro, plata etc. compañías disfrazadas de canadienses, australianas, pero en realidad británicas.