8.6- Una reflexión antropológica sobre los medios de producción: el análisis marxista de Eric Wolf

Por Sergio Ruiz



Resumen: En antropología uno de los más aspectos que más son sometidos a estudio dado la vasta influencia que tiene sobre los procesos humanos en relación con su entorno es el de la productividad y el trabajo. Karl Marx fue posiblemente quien más incidió en las actividades materiales humanas, básicamente porque su concepción antropológica del hombre, es la del homo economicus, que transforma las condiciones materiales de la existencia mediante su trabajo. El hombre es una parte esencial del mundo que se ve abocado a enfrentarse con él, haciendo patente ese enfrentamiento con la puesta en práctica de la tecnología y la organización. Precisamente esta organización social es condicionante a la hora de plantear las formas de producción, ya que la naturaleza condiciona a su vez al hombre a que busque formas de resolver las restricciones que la propia naturaleza le impone. Los estudios realizados por el antropólogo Eric Wolf nos serán de gran ayuda para exponer esta reflexión.


Palabras clave: capital, organización social, parentesco, linajes, producción.



I. La introducción de lo social en el trabajo


A partir de Hegel se suscitó el plantear la transformación de las circunstancias de la humanidad, de manera que él lo hizo adjudicando el motivo al movimiento del Espíritu. Marx y Feuerbach reprodujeron esta visión historicista en la versión materialista, como sabemos. Sin embargo Marx definió la actividad humana de una forma más completa, es decir, no sólo como generadora de transformaciones sino también como perpetuadora de las condiciones sociales que permiten el proceso de transformación material. La sociedad pues, no sólo produce, sino que también reproduce. La tercera tesis sobre Feuerbach me parece un buen punto de partida a partir del cual orientar el presente análisis:

“La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad.” (Marx, 1845, III)

Por esto, a partir de la visión marxista de la realidad es ineludible que se introduzca la categoría de lo social cuando hablamos de la producción, porque ahora hablamos de trabajo social, de organización social, en tanto que la realización de la técnica humana se lleva a cabo en base al constructo de relaciones sociales necesarias que permiten no sólo que se organice el trabajo, sino también que las labores individuales sean intercambiables y se pueda satisfacer de mejor manera la demanda de los individuos.


La prueba más fehaciente de ello es que el dinero es el elemento que otorga un valor común de intercambiabilidad en la sociedad. No obstante, esto tan sólo es lo superficial del asunto. Wolf distingue tres modos de organización social a partir de los cuales se estructuran las formas de producción.



II. La fuerza de trabajo como producto en sí mismo: Modo capitalista


Wolf define este modo de producción como la división social entre propietarios de los medios de producción y los que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo al empresario para poder obtener una parte de su actividad productora, esto es, recibir un salario. Esto es así porque el propietario de los medios de producción obtiene la ganancia del excedente ya sea mediante la bajada de un sueldo o por el aumento de actividad productiva del trabajador. En términos marxistas es lo que conocemos como plusvalía, una magnitud que se cuantificaría en el número de horas de trabajo.


Por tanto el modo de producción capitalista implica naturalmente la división de las clases, entre los que poseen el capital y los medios para controlar la producción y los excedentes, y los asalariados que venden su fuerza productiva a cambio de una parte del coste de producción. De manera que en ese sistema los propietarios siempre se ven abocados a encontrar formas de producción que abaraten los costes y puedan seguir aumentando el beneficio. Un beneficio que en relación a la sociedad en general no implica otra cosa para Wolf que riqueza mercantil, por la cantidad de productos que se ponen sobre el mercado. Pero no es riqueza traducida en capital acumulado, ya que el grueso social es clase obrera, y por tanto no disfruta de ese patrimonio generado, pues como hemos dicho recala en el inversionista. La manera de conseguir que la riqueza generada recaiga sobre los productores sería en teoría la apropiación de los medios de producción por parte de las clases dominadas. Por supuesto este conflicto entre clases es intencionadamente prolongado por la clase dominante, mediante la retención de esos medios de producción amparada en el constructo social llamado “propiedad privada”.


La retención de estos medios de producción sería la primera característica para Wolf del modo capitalista. La segunda sería que la existencia de la propiedad privada implicaría la restricción del acceso a los medios de producción a los productores, viéndose éstos obligados a vender la fuerza de trabajo para obtener sustento. Y por último la acumulación de excedente, que exige constantes cambios en el modelo productivo.


Wolf considera que la riqueza no se convierte en capital hasta que no se lleva a cabo todo este proceso: control de medios de producción, compra de fuerza de trabajo y acumulación de excedente. La riqueza no puede estar al margen del proceso productivo, sino que tiene que intervenir constantemente en las condiciones de producción para que sea capital. El capitalismo se entiende como una dinámica que se desarrolla históricamente en aras de una constante expansión, o como Wolf dice, un “capitalismo-en-la-producción”.

“Únicamente cuando la riqueza se ha hecho de las condiciones de producción en las formas especificadas podemos hablar de la existencia o dominio de un modo capitalista.” (Wolf, [1982], 2006, p.104)

Dicho esto, el modo de producción capitalista exige que exista un sistema de clases, cuyas diferencias son remarcadas bajo la dialéctica de los victoriosos y los vencidos. Teniendo en cuenta que este modelo busca la renovación continua en busca de nuevas fuentes de excedentes el productor se encuentra en una situación susceptible de verse reemplazado y desempleado si el capitalista encuentra nuevas formas de producir a un menor coste.



III. La coerción estatal: El modo tributario


La siguiente forma de producción consiste en el control de los medios de producción por una élite política, es decir, el poder estatal. El poder político gestiona y orienta el trabajo social ofreciendo un acceso a los productores a cambio de un rédito compensatorio, en forma de impuesto o tributo. El poder puede estar centralizado o bien delegado en otros poderes locales al modo feudal. Estas dos vías de distribución del poder fueron definidas por Marx (1859) como el “modelo de producción asiático” y el “modelo de producción feudal”, a partir de las cuales surgirían dos circunstancias contrapuestas. En primer lugar, si la élite gubernamental tiene el poder concentrado en sus manos controlará sectores de producción estratégicos como por ejemplo las obras hidráulicas [1]. En segundo lugar, dispondrá de un dispositivo de coerción como por ejemplo un equipo militar, de manera que el monopolio de la violencia esté circunscrito al poder estatal. Establecido así el poder, la élite puede poner a su disposición a una serie de recolectores de tributos sin necesidad de que intermedien los poderes locales. La consecuencia de prescindir de la mediación de los poderes locales en el cobro de tributos es que su poder sobre los recursos se ve mermado, haciendo así que el señor local dependa económicamente del gobernante. Wolf también menciona que esto podría llevar a la disputa entre señores locales en busca de una posición más privilegiada en relación al ingreso obtenido por los poderes estatales (Wolf, [1982], 2006, p.. Por supuesto esto afecta también a los comerciantes, en tanto que su actividad comercial se ve limitada por la élite, logrando así que no tengan la capacidad de acceder a la financiación ni de productores ni de señores locales que tengan la intención de ir a contracorriente de los gobernantes.


Por otro lado, estos poderes locales pueden llegar a debilitar al poder centralizado, siempre que la propiedad de los elementos coercitivos y de los elementos estratégicos de producción esté en sus manos. Esta situación se puede llegar a dar en tanto que los señores locales al interceptar los tributos tienen la posibilidad de consolidar su poder sobre la tierra y los productores, dando lugar a alianzas directas a nivel local o regional. No obstante la formación de estas alianzas no sólo suponen un conflicto contra la centralización del poder sino también con el resto de divisiones de poder local, generándose así lo que Wolf llama “luchas faccionales” (Wolf [1982], 2006, p.106).


Entre estas dos formas de producción se establece una competencia por el poder que desemboca en un ambiente de presión política. Samir Amin (1973) ha definido como modo de producción tributario este conglomerado de variaciones del poder. Precisamente se ha generado una dialéctica sociopolítica en la cual se contrapone el modelo centralizado que es identificado en Occidente como un sinónimo de libertad, al modelo asiático feudal que es identificado como el poder más déspota. Wolf hace referencia a esto en las siguientes líneas: