9.11- Artículo extra: homenaje a Martín Licata - El feminismo de la nueva izquierda



Desde hace uno o dos años se viene escuchando en el feminismo la frase “Esto atrasa”, referida a alguna actitud “machista”, para presentar al movimiento de género como lo “nuevo” que viene a destronar a lo “viejo” (que “se va a caer”).


En realidad esta idea nace, o está desarrollada mejor dicho, en el materialismo dialéctico, se trata de “La fuerza irresistible de lo nuevo” como proceso inevitable del progreso dialéctico del mundo. Por ejemplo, la materia inorgánica, como la corteza terrestre, progresa a través del desarrollo de nuevas estructuras geológicas. La materia orgánica también evoluciona hacia cada vez más sofisticadas formas de vida. Lo mismo la sociedad: mueren los viejos regímenes y nacen unos nuevos y más progresistas.

El hecho de que lo nuevo supera a lo viejo, es verdad. Pero no siempre es así.

El filósofo soviético V. Afanasiev decía: “No se puede aceptar como nuevo cualquier fenómeno que aparezca ni cuanto se quiera hacer pasar por nuevo”, lo nuevo es irresistible cuando “…deriva del curso del desarrollo de la realidad y corresponde mejor a las condiciones objetivas. Se adapta mejor a las formas existentes. Soluciona la contradicción que está destruyendo a lo viejo.”

Algo es nuevo y revolucionario cuando responde a las necesidades e intereses de las mayorías sociales respecto a la vida económica, ya que éstas mayorías son las únicas capaces de transformar la materia, y las que están en contacto con los problemas reales de la sociedad. Para que una fuerza represente un valor progresista ante el contexto, no basta con reproducir ideas novedosas o esquizofrenias lingüísticas, sino que las ideas y sus formas comunicativas, deben ser comprendidas por las mayorías (se impuso el “macri la put.. que te pario” pero no el “macri la yuta que te pario”).

Hay épocas determinadas para que algunas ideas sean aceptadas, y también para consolidarlas. Por ejemplo si Smith y Ricardo hubieran tratado de exponer sus teorías a los mercantilistas ingleses, no los hubieran escuchado, porque en esa época no los hubieran comprendido.


¿Qué pasa con las teorías del feminismo postmoderno: son comprendidas por las mayorías o son rechazadas por ésta? ¿Van dirigidas a las mayorías o a ciertas minorías? ¿Las minorías pueden transformar la materia?

Atacar la cultura de los pueblos por representar un contexto concreto histórico, condena a la izquierda a la marginalidad. Quienes comprenden la época no son los que atacan, por ejemplo, a instituciones como la familia o la iglesia, sino quienes entienden el desarrollo cultural, psicológico y material de las mayorías sociales, que a su vez representan el único sector de la sociedad capaz de sustentar la lucha de clases y eliminar las contradicciones generadas por el capitalismo.

Cuando una fuerza se presenta como progresista pero en realidad es reaccionaria, no soporta la prueba de la experiencia y cae víctima de un movimiento de oposición.

El nacional-socialismo se presentaba como una fuerza nueva mientras escondía sus crímenes. Lo mismo sucede con el post-modernismo, donde todos los valores sólidos son atacados, incluso se cuestiona a las ciencias naturales, al mismo tiempo lo único que permanece como incuestionable es la fría lógica del capital. En un famoso pasaje del Manifiesto Comunista, Marx y Engels dicen: “Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás”.


Martín Licata, 28 de junio de 2018.