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9.2- Capítulo primero: Razones contra el separatismo catalán

Actualizado: 8 sept 2021

Por David de Quevedo (1)


Resumen: Vamos a empezar fuerte: Cataluña no es una nación. Jamás lo fue, hoy no lo es ni

tampoco lo será. Muy desafortunadamente es común en España encontrarnos errores

historigráficos en libros de dicha materia, tales como la existencia de poblaciones

«catalanorromanas» o el famoso e inexplicable «reino catalano-aragonés». No sólo la lectura

nos trae esto, también podemos escuchar prodigiosas historias dignas de las novelas de

Chrétien de Troyes, en las que se relatan cómo Cataluña en el s.XI ya fundó una Sociedad de

Naciones, que Cervantes era catalán y no de Alcalá de Henares, que «El ingenioso Hidalgo

Don Quijote de la Mancha» fue escrito en catalán y no en castellano, que los catalanes siempre

actuaron y operaron al margen de Castilla y de Aragón desde los orígenes de su historia, que

Rafael Casanova luchó por una Cataluña libre de España o, que la población catalana llega a

tener un genotipo superior al del resto de la península debido a sus antepasados fieros y

guerreros. Cabe preguntarnos pues, ¿de dónde viene todo esto? ¿Quién trabaja en la

fabricación de las mentiras? ¿Por qué Cataluña no es una nación y España sí? ¿Realmente

todo esto son mentiras?


Palabras clave: Cataluña, separatismo, Historia, España, falsificación.


I. Razón I. Definición de nación.




A lo largo de los textos que podemos consultar, así como las distintas teorías de nación a las

que podemos acudir, voy a centrarme en una de las definiciones más precisas y trituradoras

que podemos encontrar en todo el mundo literario filosófico y antropológico: la teoría

materialista de nación de Gustavo Bueno Martínez. Este apartado que ustedes van a comenzar

a leer sólo puede definirse precisando contra quién va dirigido, a saber; a los que consideran

que Cataluña es una nación. Siempre se dan múltiples motivos para pretender validar que

Cataluña lo es, pero nadie en esos artículos elaborados, en esos discursos separatistas o en esos programas políticos define qué es y qué no es una nación, por lo que el tema no es

carente de importancia: si no definimos qué es una nación y, uno se fia de lo que le dice el

político de turno o se deja llevar por la opinión colectiva poco reflexionada resultante de un

descontento popular puntual en la historia o extendido en base a actos irracionales de creencia

«y punto», errará seguro. Ni el idioma ni cuatro bailes culturales ni un puñado de características

gastronómicas son suficientes para determinar si una región es una nación. Si nos basamos en

ese malentendido, entonces Madrid y Toledo son dos naciones apoteósicamente diferentes. En

una palabra, este apartado lo defino contra quienes van validando a las naciones con ejemplos

vacuos, insustanciales y altamente erróneos categorialmente, para lo que nos valdremos, como

he dicho, de una teoría bastante correcta o por lo menos, competente y de alta potencia

dialéctica.


Antes que nada, un breve comentario. Muchos de nuestros lectores marxistas pensarán: «¿y

qué hay de la idea de nación que ofrece Stalin? Es realmente certera». No nos vamos a valer

de ella puesto que en realidad contiene graves errores. Rápidamente, la idea de nación de

Stalin es unívoca. Esto quiere decir que según ella sólo hay una única forma de entender el

concepto de nación a lo largo y ancho de la historia, lo que no es muy preciso. La nación es un

concepto análogo, es decir, hay una explicación para entender sus distintas formas pero que,

entre ellas, existen vasos comunicantes que relacionan esas formas con las anteriores y

posteriores, y por ende, quedan explicadas debidamente. Cabe decir también que el concepto

de nación de Stalin es una respuesta al concepto de nación de Otto Bauer, representante del

movimiento austromarxista (no hablaremos aquí de Hilferding, Springer ni Adler). Bauer

relaciona el concepto de carácter nacional con el «destino», y esto a su vez, lo encadena con lo

étnico.


Bauer afirma: "Nación es el conjunto de hombres unidos en una comunidad de carácter sobre

la base de una comunidad de destinos".


Stalin advierte de la importancia que la concepción de Bauer comienza a poseer en el ámbito

internacional, y la contrarresta así:


" (...) no existe, en realidad, ningún rasgo distintivo único de la nación. Existe sólo una suma de rasgos, de los cuales, comparando a unas naciones con otras, se destacan con mayor relieve el carácter nacional, el idioma, el territorio o las condiciones económicas. La nación es la combinación de todos los ragos, tomados en su conjunto... Bauer, evidentemente, confunde la nación, que es una categoría histórica, con la tribu, que es una categoría étnica." (Stalin, 1913).

De esta afirmación Stalin elabora sus famosas siete características que ha de tener

obligatoriamente una nación para considerarla como tal:


1) La nación es una comunidad humana estable.

2) Es una comunidad históricamente formada.

3) Es una comunidad surgida sobre la base de un idioma.

4) Es una comunidad de territorio.

5) Es una comunidad de vida económica.

6) Es una comunidad de psicología.

7) Es una comunidad de cultura.


Esta definición de Stalin, sirvió como contrapeso a la definición de Bauer, ya que esta suponía

una amenaza para el materialismo histórico en general, y para la perspectiva del comunismo

ruso antes de los años veinte en particular, por lo que, la de Stalin, es una definición que vino

bien para la época, y contra una definición dañina que podría arruinar al comunismo ruso. Sin

embargo esta concepción no es acertada, puesto que entonces y por mero ejemplo, podríamos

llamar nación a pequeños grupos organizados dentro de otra más grande y que se han sabido

ganar un espacio, o a un gueto bien estructurado que hace suyo un territorio entre otros

ejemplos posibles; lo que crea cierta discordia en la seriedad de la conceptualización de nación

y carece de relevancia política y antropológica. Habiendo explicado esto, pasamos a Bueno.


Prestemos atención a esto: una nación no surge de la nada o, lo que lo mismo, no es un creatio

ex nihilo. No flota en el aire. No es un fenómeno político, sociológico o histórico que podamos

inventarnos mañana por la tarde con un café encima de la mesa. La nación como fenómeno se

va construyendo mediante hechos materiales e históricos de peso, de unión, de colaboración.

La nación se conforma a partir de materiales previos, materiales que incluyen ideas anteriores,

un paradigma material anterior y unas ideas anteriores de las que surgen las nuevas en cocordancia. De la misma forma que en la naturaleza se emplean clasificaciones para entender

sus campos del saber, en la antropología también debemos de aplicarlas. Entonces, para

entender bien la idea de nación, tenemos que emplear una taxonomía adaptada a la evolución,

que la divide en los siguientes tres géneros: nación biológica - nación étnica - nación política.

Estos tres géneros no son elementos, repito, flotantes en el aire. Estos tres géneros responden

adecuadamente a realidades objetivas, antropológicas, y que van sucediéndose unas a otras

de forma que el género más contemporáneo recoge los ecos de los anteriores. O lo que sería

lo mismo, las primeras se van involucrando en las que le siguen próximamente. De nuevo, es

una taxonomía adaptada a la evolución.


I.1 Nación biológica.


Este género de nación es el más elemental de todos y, tras explicarlo, veremos la relación que

tiene con el mundo de la política (porque el término en sí no es político, su adherencia al

enfoque político viene posteriormente). La nación biológica contiene implícita en ella misma tres

acepciones: la nación biológica como organismo equivale al término "naturaleza", de donde

nace un individuo o por extensión un grupo de individuos en el sentido literal, es decir, la famila

o la estirpe. Estos individuos tienen en común un origen que queda plasmado, representado en,

ya sea, la antigua cédula personal antes de 1951 u hoy en el Documento Nacional de

Identidad. Tenemos que la nación biológica supone expresamente el lugar de nacimiento en el

sentifo familiar, específico y topográfico, fuera de concepciones posteriores. Un ejemplo: Marco

Terencio Varrón hablaba de "buena nación" de las crías de los animales domésticos ya

conformados y, por ende, desprendidos del claustro materno. Aún hoy en algunas zonas de

España se le sigue llamando "nación" a las crías de la vaca o de la yegua.


La nación biológica como parte del organismo es la segunda acepción de la nación biológica.

Esto es simple y llanamente el proceso de formación de una parte específica del organismo: la

nación de los pechos en las adolescentes, la nación del vello facial del hombre o el nacimiento

de los dientes (natio dentium) son tres ejemplos. En cuanto a este último, desde un plano lógico

sólo tiene sentido si nos situamos desde la plataforma del diente ya conformado y desde ahí,

en retrospectiva, nos referimos al momento de su nacimiento, ya que si nos centramos en el momento en el que la encía está abultada por contención del diente, no podemos hablar de

diente morfológico, pues aún no ha nacido.


La nación biológica como grupo de individuos hace referencia a grupos en el sentido zoológico.

Puede consderarse así a grupos de humanos en forma de camadas o estirpes.


Añado otra forma de entender este género de una manera más plausible, más práctica: Sabino

Arana es el ideólogo del nacionalismo vasco (del que hablaré bastante en mi futuro artículo

llamado "Capítulo Tercero: Razones contra el separatismo vasco"), nacido en Abando, Bilbao.

Este sujeto introduce en sus textos la siguiente afirmación: "que la república vasca

independiente de la pérfida y afeminada España ha de estar compuesta por individuos de raza

euskérica". Esto significa introducir un concepto plenamente biológico, relativo a las anteriores

tres explicaciones. Y sí, podemos catalogar aquí, de la misma manera, a la teoría racial del

Tercer Reich, ya que la raza está en primer lugar y el resto es secundario. No me malentienda

el lector, estos dos ejemplos anteriores son meras explicaciones de cómo una política se puede

valer del concepto de nación biológica aplicado a ideologías (de ahí que se señale claramente

que tanto Arana como la política racial de la Alemania Nazi introduzca elementos biológicos,

valores biológicos), no que el concepto de nación biológica guarde en su seno una conducta

discriminatoria. Arana o el Tercer Reich hicieron uso del aspecto biológico de nación; en

cambio, no es el aspecto biológico de nación el que tiene intrínseco en su aserción un

fundamento discriminatorio. Aclarado esto, pasamos al siguiente punto.


I.2 Nación étnica.


En este género no sólo tiene que ver lo biológico sino que se introduce el aspecto antropológico

y cultural humano, y por lo tanto, es más complejo. Nación étnica implica nación biológica, pero

no al revés. Esto ocurre debido a que la nación étnica emerge de la biológica, porque los

individuos nacidos topográficamente en la primera generación de nación comienzan a

relacionarse entre sí, creando unión, desunión, comercio conjunto, guerras, cultura, etc. Es

decir, comienzan a crearse grupos diferenciados de otros. Ejemplo: tenemos los grupos V, H y

Z. Cada grupo se ve a sí mismo como uno frente a los demás, lo que ocurre exactamente igual, al contrario: el grupo V se define frente al H y al Z, el H frente al V y al Z, y el Z frente al V y al

H. Se reconocen a sí mismos y estos reconocen a sus semejantes fuera de su propio grupo, y

a su vez, unos se definen como grupo propio porque sus semejantes les reconocen como

ajenos y no como propios. Todos estos grupos diferenciados entre sí, obedecen a las mismas

leyes complejas de la forma de sociedad humana posible y existente debido a la pertenencia de

una misma especie, lo que desde el punto de vista natural y antropológico les limita y a su vez

les engloba en un comportamiento común, relativo a esta. La nación étnica también supone

que se ha fundado en un lugar concreto, en el sentido de localización, territorial, geográfico.

Quien nace en ese lugar tiene un linaje localizado (o no, en el caso de los linajes nómadas).


Una nación étnica hace referencia al lugar de origen, es decir, a grupos formados ya,

históricamente, y que conservan unas pecualiaridades determinadas y que están integrados

dentro del Estado; y es aquí donde hago un parón y apelo a vuestra maxima atención, ya que

en este punto muchísimos pensantes cometen un grave error: hemos dicho que están

integrados dentro del Estado, pero NO en un sentido político. Abogar por el sentido político, al

cual aún no hemos llegado, es hacer referencia precisamente a la Nación Política, la cual es el

próximo género de nación. Aún estamos en la explicación de la Nación Étnica, por lo tanto, no

se puede hacer pasar una nación étnica, por una nación política, ya que estaríamos ante un

anacronismo. Hago especial insistencia en esto, porque el confundir Nación Política con Nación

Étnica es algo que sólo vale para dos cosas: para no entender el proceso material de la

formación de una nación, y para justificar que Cataluña, País Vasco, Andalucía o Galicia no son

España. No se puede aplicar ya, un motivo de nación étnica para justificar la no adherencia o el

desligue de una región de su propio país formado conjuntamente y en comunidad, pues vivimos

en nación política.


La Nación Étnica es característica de la Edad Media, de un contexto en el que la soberanía

política no residía en el pueblo, sino en el monarca o en la casa dinástica de turno. En la Edad

Media, los comerciantes se distribuían por naciones (en el sentido étnico, claro, no en el

sentido político. Ya vemos a alguno leyendo estas líneas y apuntando a una supuesta

contradicción por mi parte y, alteradamente, diciendo que sí que existen naciones asturianas o

gallegas), así como los estudiantes también. Según los Estatutos de la Universidad de

Salamanca, se hablaba de estudiantes de la nación soriana, gaditana, vasca, navarra, toledana, etc. Hoy en día, según esta acepción de nación, podemos hablar de la nación de los gitanos,

puesto que suponen alrededor del millón de personas en España, siendo un pueblo diferenciado, pero que no exigen un Estado o un territorio para sí. La Nación Histórica es una especie de la Nación Étnica que es necesario explicar: la Nación Histórica como Nación Étnica supone una nación ya dada como realidad histórico-política, es decir, supone una maduración histórica ampliamente formada, frente a otras. España, Francia o Inglaterra se conforman como naciones históricas muy tempranamente. Son naciones en sentido étnico ampliado, ya que de

cara a los de fuera presenta unos rasgos de absoluta semejanza y de uniformidad bastante

precisos. Recordamos: estas aún no son sociedades políticas, sino étnicas. España en los

siglos XVI y XVII ya está más que resuelta y bien clasificada como «España» desde los de

fuera, desde las potencias que están más allá de nuestras fronteras. Más concretamente, se

percibe a España como una unidad perfectamente delimitada desde Francia o Inglaterra. En

esta unión, por supuesto, ya estaba presente Cataluña o el Señorío de Vizcaya (hoy País

Vasco) como buenas y sustanciales regiones españolas que ayudaron y aportaron a esa

cohesión nacional. Una característica gráfica de esta época, como elemento de curiosidad, son

las banderas. Las banderas en el Antiguo Régimen no representaban naciones políticas, no

representaban países como hoy los conocemos. Representaban a dinastías monárquicas, sus

familias y los dominios que les pertenecían, ya que no existía el concepto de ciudadanía ni la

sobernaia recaía en el ciudadano, sino en el monarca. Que la bandera represente a un país

como lo entendemos ahora, es producto y resultado del desarrollo de la Nación Política, a la

que vamos a dar paso en breves momentos. España fue una Nación Étnica tanto en el sentido

amplio como en el sentido no amplio, debido a que en su historia y en su suelo se han llevado a

cabo procesos históricos conjuntos (Nación Histórica como especie de Nación Étnica) más

complejos y a gran escala, gobernada por monarcas, en la que coexistieron diferentes reinos y,

posteriormente tras la unión de estos (Castilla, Aragón, Navarra y la conquista del Reino Nazarí

de Granada), se cohesionan para así ser vista como unidad histórica desde fuera. Recordamos

que las entidades no sólo se definen por lo que son, sino por la manera en la que los de fuera

las clasifican. España fue una Nación Étnica cohesionada y unida de norte a sur y de este a

oeste. Tenemos ya en este punto, una comprensión clara de lo que es una Nación Étnica y de

por qué España lo fue. Pasemos a la Nación Política.


I.3 Nación Política.


La Revolución Francesa es la causante del proceso de transformación de la Nación Étnica en

la Nación Política. Este proceso da lugar a la aparición del concepto de «ciudadanía», y es

entonces cuando será la nación y no el rey, el nuevo sujeto soberano. Podemos afirmar que

dejamos de ser súbditos y pasamos a ser ciudadanos, todos iguales ante la ley y regidos por

un marco constitucional, que es el que transforma el modelo político y cívico. Este nuevo

concepto de nación es un hecho revolucionario, puesto que supuso el cambio del Antiguo

Régimen al Nuevo Régimen, y una completa transformación y nueva organización de las

relaciones de poder. Vuelvo a apelar a vuestra atención, ya que esto es de obligado

entendimiento: la Nación Política es la Patria. Aquí, es donde el concepto de «patriotismo»

cobra un fuerte sentido político, relativo al país de origen y, las Naciones Étnicas NO

desaparecen con la conformación de la Nación Política, sino que quedan absorvidas por ella

como confromación en una entidad política nacional. «Ya no somos bretones, galos o francos,

ahora somos franceses», se gritaba durante la Revolución Francesa. Decir o afirmar que la

Nación Política no es posible hasta la Revolución Francesa, no significa de ninguna manera

que no existiese anteriormente Estado o Sociedad Política o instituciones políticas. Tenemos

esta fórmula: Estado/Sociedad Política ≠ Nación Política. Nación NO es lo mismo que Estado.

La nación en el sentido político es siempre posterior al Estado y no al revés, y esta (la nación),

para transformar al Estado en uno de naturaleza política, necesita servirse de uno previo, como

el del Antiguo Régimen. El Estado del Antiguo Régimen se transforma en un Estado Político

mediante unos procesos históricos necesarios para brindarle a esa susodicha sociedad, la

categoría política acorde con su nuevo modelo de conformación. Entender esto es de vital

importancia, puesto que lo voy a ir repitiendo a lo largo de todos los artículos contra los

separatismos perfiéricos y haré mención de estos tres géneros materialistas de nación, y para

ello es necesario que el lector lo haya comprendido. No es difícil.


El proceso de transformación de Nación Étnica en Nación Política de España sucede con la

Constitución de Cádiz de 1812, en la que España da el salto del Antiguo Régimen al Nuevo

Régimen, dentro del marco de dicha constitución. Cabe aquí mencionar que en ella, se afirma

en su artículo 1o lo siguiente: «La Nación española es la reunión de todos los españoles de

ambos hemisferios», así como en su artículo 3o: «La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes

fundamentales». Se percibe perfectamente la transformación del modelo político que

desencadenó un acontecimiento histórico como la invasión francesa de 1808, por la que

España entera se revolvió y tuvo que dar el salto a una constitución que le otorgase la plena

soberanía a la Nación y no al monarca. En las Cortes de esta primera constitución, por parte de

Cataluña fueron 15 diputados, 3 por las Provincias Vascongadas y otros 15 por Galicia, así

como 12 por Andalucía. A excepción de las Provincias Vascongadas debido a su pequeño

tamaño geográfico, curiosamente el resto de regiones donde hoy existen movimientos

separatistas fueron las que brindaron un mayor número de diputados para la conformación de

España como entiedad política, cosa que hoy ellos mismos ignoran por desinterés político, a

pesar de ser una clarísima evidencia del peso que tenían dichas provincias para España como

nueva Nación Política. Para finalizar, tenemos que la Nación Política es la reunión de todos los

habitantes del territorio en el que han conformado un legado conjunto y que comparten un

mismo lugar de nacimiento y una colaboración histórica conjunta, definida por sus propios actos

en la historia y definida por otras potencias desde el exterior. De tal forma que Cataluña, País

Vasco, Andalucía y Galicia, fueron, son y serán, territorios relativos a la realidad española, a su

historia conjunta y, que aportan a la cohesión nacional a través de la fundación de la Nación

Política (de nuevo, un gran número de diputados de dichas regiones a excepción de las

Provincias Vascongadas por su reducido tamaño), hoy aportan impuestos autonómicos y

relativos a la Seguridad Social. De esta realidad obtenemos una plataforma donde, dentro de lo

que cabe, el trabajador se vale a través deñ ámbito nacional en forma de Bienes de Dominio

Público y Común, los cuales paga conjuntamente, independientemente de su zona de

nacimiento; tales como la educación, las pensiones, la sanidad, infraestructuras viales,

reservas naturales, etc. Abran bien sus ojos y lean: estos valores unen al obrero español, le

hacen valerse en el marco internacional frente a otras potencias y, es un seguro que le

garantiza el proseguimiento de su existencia y realidad en la que ha de operar para efectuar los

cambios políticos necesarios y así lograr una sociedad controlada por su clase social. Más

directamente, el obrero español se vale por su trabajo, sí, pero ese trabajo no flota en el aire,

sino que opera, tiene lugar en un marco nacional y político cohesionado que hace que nos

beneficiemos todos por igual, hayamos nacido en Madrid, en Algeciras, en El Hierro, en

Gerona, en Ceuta, en Éibar, en Vigo o en Ciudadela de Menorca. Un obrero de la industria que

viva en Andalucía es llamado a trabajar en la refinería de Tarragona y, gracias a su trabajo, su esfuerzo, su especialización y su tiempo, crea una producción que geográficamente se ubica

en Tarragona, sí, pero que supone un beneficio para toda España. Una mujer vasca, arquitecta

y jefa de equipo, es llamada a trabajar en Madrid, y por los mismos procedimientos, su trabajo

es un beneficio para toda la clase obrera y toda la población española, ya que no sólo queda

reflejado materialmente un trabajo, sino un pago a la Seguridad Social, base conjunta de todos

los trabajadores nacionales. El obrero sólo se tiene a sí mismo, le unen estatus económico e

intereses de clase en Sevilla y en Burgos, por lo que lo último que le interesa a esta clase es

separarse y fragmentarse. Por el contrario, la única salida que puede y debe conquistar, es la

de su triunfo mediante su unión. Una unión basada en todo lo anteriormente mencionado:

Seguridad Social, estatus económico, intereses de clase y realidad histórica nacional conjunta

por la que se vale y se define. La nación es, por tanto, un bien que se ha de preservar en unión

en base a la clase social y a sus intereses, porque por nuestro pasado estamos unidos,

independientemente de los movimientos que hayan surgido para convencernos de todo lo

contrario, así que, vamos a pasar a hablar un poco de historia.



II. Razón II. Nacimiento de Cataluña y su importancia comercial. La Marca Hispánica.




Vamos a centrarnos ya, en Cataluña. A pesar de que a muchos catalanes separatistas les

encanta basarse en Roma para ya ir legitimando la explicación de que los catalanes no son

españoles, no tocaremos dicha época histórica por falta de coherencia: para identificar hoy a

una nación, es absolutamente absurdo irse a la Conquista de Hispania o a la fundación de la

Tarraconensis. «Cataluña» o la preCataluña tiene un nacimiento concreto como entidad

defensiva en la llamada Marca Hispánica. Carlomagno es un personaje fundamental en lo que

posteriormente sería la organización de Europa. Este fue rey de los francos desde 768 y es

coronado como emperador en Roma en 800 por el Papa León III, para así procurar traer de

vuelta al Imperio Romano de Occidente, ya desaparecido desde hacía más de trescientos

años. Unos años antes de su coronación como emperador del por entonces llamado Imperio

Carolingio (Reino Franco), en 795, Carlomagno es plenamente consciente del riesgo que

supone tener a los Omeya cerca de sus fronteras. Recordemos que Al-Ándalus siempre supuso

una amenaza política y religiosa para los reinos y territorios cristianos, y donde finalizan los Pirineos para encontrarse con el Mediterráneo, existe un problema. En el este, la zona de paso

de Francia a España por la costa, a la altura de Figueras, se sucede un fácil acceso para los

musulmanes. Estos son conocedores de que por esa zona transcurre la Ruta de Aníbal, de la

Segunda Guerra Púnica, por la que Cartago cruza sin problemas los Pirineos y llega hasta la

Península Itálica. Debido a esa exposición, Carlomagno en 795 crea la conocida Marca

Hispánica como colchón ante un posible ataque musulmán y así tener bien defendido el Reino

Franco. Atención a esto, repito: la Marca Hispánica es una creación de Carlomagno, no es una

entidad política independiente, no lo olvidemos.


Carlomagno muere en 814 dejando su Imperio en un estatus realmente frágil, que acabó

dividido por luchas internas ente sus herederos. Tuvo varios hijos de los cuales sólo uno

sobrevivió, hablamos de Luis el Piadoso, el cual hereda el cargo de su padre, hasta que fallece

en 840, habiendo tenido exactamente diez hijos, de los cuales sólo nos centraremos en Carlos

el Calvo. Aquí cambia el rumbo de muchas cosas. En 843 se pacta el Tratado de Verdún, que

dividiría el Imperio en tres zonas: Francia Occidental (Carlos el Calvo), Francia Media (Lotario I)

y Francia Oriental (Luis el Germánico). Carlos el Calvo, al haberse hecho cargo de la Francia

Occidental, le quedó encomendada la Marca Hispánica, lo que construiría las primeras semillas

de la preCataluña. Insisto, por muchos que no quiera verse, la Marca Hispánica jamás fue una

entidad administrativa independiente; esta siempre fue subordinada de Carlos el Calvo. Aquí

viene algo importante: la Marca Hispánica fue repartida a condes de origen godo (que nunca

abandonaron la zona por la clara influencia del antiguo Reino Visigodo) y otros de origen

franco, dando lugar a condados diferenciados administrativamente, pero no económicamente,

ya que bebieron de sí mismos durante años. Naturalmente, aquí el Imperio Carolingio se

supone tan debil, que estos nuevos condados adquieren independencia política del Imperio tras

una rebelión de los condes. Encontramos como resultado, condados como el de Barcelona,

Urgel, Rosellón, Gerona, Osona, Ampurias, etc. Estos condes en rebeldía que ya nada querían

tener que ver con los carolingios, procuraron hacer sus cargos de carácter hereditario, pero

sólo Pamplona y Aragón lograron convertirse en reinos tras la disolución del Imperio Carolingio

por su éxito en transformar su estatus en herencia. El resto de condados no lo consiguieron.

Nos encontramos ante unos condados que no están unificados, hasta la llegada de Wilfredo el

Velloso, de linaje godo. Wilfredo entiende que la zona anteriormente tuvo un fuerte impacto

económico en los tiempos godos debido a que dos de la capitales del antiguo Reino Visigodo se encuentran a pocos kilómetros una de otra: la primera es Narbona y la segunda, Barcelona.

Al encontrarse semejante acción política entre dos capitales a tan pocos kilómetros durante

aproximadamente 220 años, y, teniendo en cuenta que las gentes de legado godo siguen

unidas, Wilfredo, siendo conde de Barcelona, logra unificar todos los condados de entidad

sustancial y consigue que sus sucesiones sean hereditarias. Esto le sirvió para crear cohesión

entre los condados, ya que la sangre de linajes concretos acabaría por extenderse entre todos

los condados, creando así una unión en altas esferas. Nace así la Casa de Barcelona como

dinastía creada por el propio Wilfredo el Velloso, quien ya regía hasta cinco de los grandes

condados. Estos quedan unificados, el comercio se sigue potenciando de acuerdo a las nuevas

necesidades materiales y militares, con los francos en menor medida por su mala situación y de

los que ya están independizados y, con los musulmanes, a los cuales se les sigue haciendo la

guerra en determinados momentos de razias. Desde 830 aproximadamente, la Marca

Hispánica comienza a fundar poderosos lazos con el Reino de Pamplona, con el Condado de

Aragón y con el Reino de Asturias, lo que significará una dependencia plena entre sí para

resistir a Al-Ándalus. La Marca Hispánica pierde bastante relación con el Reino Franco.



III. Razón III. Catalanes en la Reconquista.




Sí, los catalanes tuvieron un papel primordial en la Reconquista. Sí, muchos de ellos se

quedaron a vivir en lo que hoy es Andalucía. Y sí, esos catalanes más tarde, subieron hasta los

condados para recuperarlos de su entrega a Francia y devolverla a lo que hoy es España.

Vamos por partes.


Los ya Condados Catalanes (estamos alrededor de 1100 y 1190) siguieron en cierta medida

teniendo alguna relación con los francos. Esas relaciones no se romperían formal ni

jurídicamente, pero sí de facto. Mediante acuerdos matrimoniales, los condados se

subordinaron a otras potencias emergentes como la Corona de Aragón, lo que aplicó que los

condados quedaran bien integrados dentro de esta corona. Hago un parón y explico esto:

existe una diferencia categórica entre Reino y Corona. Pertenecer al Reino de Aragón

significaba estar subordinado directamente en materia judicial, territorial, económica y militar a

él. Pertenecer a la Corona de Aragón, en cambio, suponía la existencia de territorios autónomos, en materia administrativa y legal, como por ejemplo ocurría con los reinos de

Valencia o Mallorca. Los Condados Catalanes acabarían formando parte del Reino de Aragón

principalmente, y por ende subordinados a él en toda materia. Los Condados Catalanes más

orientales, a través de enlaces matrimoniales, acabaron incorporados al Condado de Barcelona

y formaron parte de la unión dinástica con el Reino de Aragón. De nuevo, los condados NO son

independientes en ningún momento, siempre están subordinados ya sea a los francos primero,

a los aragoneses segundo, y entre ellos jamás se vieron como una única entidad, ni si quiera

tras la unificación de Wilfredo.


Los Condados ya forman parte del Reino de Aragón, que tras el matrimonio entre Ramón

Berenguer IV de la Casa de Barcelona y Petronila de Aragón, posibilitó lo que sería la Corona

de Aragón (ya no Reino de Aragón). No es el primer enlace entre Condados Catalanes y

aragoneses o castellanos; veamos algunos datos: Berenguer Ramón I de Barcelona se casó

con Sancha Sánchez de Castilla, lo que hizo que la sangre castellana comenzase a correr por

las altas esferas catalanas. El Condado de Urgel fue regido por un vallisoletano: Pedro

Ansúrez, castellano que ayudó a la expansión del condado conquistando la ciudad de

Balaguer, su futura capital. Ramón Berenguer III de Barcelona se casó con una de las hijas del

Cid Campeador, castellana. Alfonso VII de Castilla en 1135 fue coronado en la Catedral de

León como «Emperador de toda España» (Imperator totius Hispaniae), a cuya ceremonia

acudió su coñado Ramón IV de Barcelona, García Ramirez de Navarra y, el conde Armengol IV

del Condado de Urgel. Esa significativa presencia «catalana» vale de reconocimiento de la

primacía «española» del rey de Castilla.


La Reconquista sirivió, entre otras cosas, para que los catalanes saliesen de sus condados e

inclusive para que llegaran a establecer colonias de catalanes por toda la Península. Corría el

año 1166 cuando un grupo de barones catalanes participaron en la primera reconquista de la

Villa de Alcántara, Extremadura. Acompañaban a su señor el Conde de Urgel, Armengol VII,

quien a su vez servía al rey de León, Fernando II. Enconramos nombres como Vilalta, Mediá,

Belvís o Sanahuja, cuyo reflejo hoy dan nombre a muchas localidades extremeñas en la

provincia de Cáceres como Monroy o Miravete, por poner un par de ejemplos. Fernando II donó

la localidad a Armengol VII por el excelente servicio llevado a cabo en Extremadura. Algunos

caballeros que acompañaron al conde catalán ocuparon puestos de alta relevancia en la administración de esos territorios conquistados por catalanes. El castillo de Bellvís de Monroy,

en Cáceres, se levantó en honor al caballero del que adopta el nombre. En la batalla de Navas

de Tolosa de 1212, los cronistas aragoneses eran catalanes, quienes asentaron este hecho en

las memorias historiográficas de Aragón. Esto no se queda aquí; entre las diferentes tropas

cristianas que acudieron a Navas de Tolosa, cuyo número final ronda los 20.000, el cronista y

arzobispo Rodrgo de Toledo deja escrito el explícito mérito y valor de las tropas catalanas y su

gran número. Según la Historia Gótica del obispo Ximénez de Rada, ante los musulmanes

quedaron «sólo españoles», entre los que se encontraban nobles catalanes y sus caballerías e

infanterías. Pierre Vilar, historiador francés y marxista, inicia su síntesis Historia de España

diciendo lo siguiente: «El Océano. El Mediterráneo. La cordillera Pirenaica. Entre estos límites

perfectamente diferenciados, parece como si el medio natural se ofreciera al destino particular

de un grupo humano, a la elaboración de una unidad histórica». Seguimos sin rastro de la

nación catalana ni de la supuesta no-participación catalana en las gestas de España.


Terminamos con la Toma de Granada y un evento extra más. En 1482 acudieron 1.500

catalanes al cuartel de Córdoba en el comienzo de la campaña contra el Reino de Granada. En

la conquista de este reino también participaron las galeras reales de la Corona de Aragón que

partieron de Barcelona comandadas por capitanes catalanes como Francesc Torrelles o

Galcerán de Recasens, los cuales tomaron Málaga y posteriormente vigilaron las costas

granadinas y procuraron provisiones a las tropas cristianas. Todo esto está debidamente

relatado con todo lujo de detalles por Feliu de la Peña en sus Anales de Cataluña. Granada es

tomada por los cristianos, entre los que hay un enorme número de catalanes como soldados, y

unos cuantos miles como habitantes para repoblar el sur peninsular de los que hablaremos en

un momento. Presenten atención a esto que viene, porque no tiene desperdicio: en el Cerco de

Baza en 1489, las tropas castellanas se encontraban famélicas y muertas de frío, los víveres

escaseaban profundamente. En la crónica de Antonio de Nebrija, se dice que a ello acudieron

gran cantidad de nobles con sus ejércitos y también mercaderes aragoneses, valencianos y

catalanes así como castellanos para aprovisionar a las tropas de Castilla. Y de aquí hasta el

final de esta razón III, viene la madre del cordero: una vez tomada Granada, las tropas

catalanas se establecen en las nuevas tierras conquistadas. Se trata de los habitantes para la

repoblación de los que acabamos de hablar. Estos habitantes de origen catalán se hacen con

calles enteras, ocupan altos cargos en el territorio granadino e inclusive un catalán, Galcerán Albanell, alcanzó la mitra arzobispal granadina en 1620. Veinte años adelante en 1640 se

sucede la Guerra de Els Segadors: un tal Pau Claris le entrega el Principado de Cataluña al rey

de Francia, Luis XIII, lo que desencadena la reacción de la Monarquía Española y de los

propios habitantes españoles. ¿Adivinan los lectores quiénes fueron a recuperar Cataluña de la

traición de Pau Claris? Los propios catalanes llamados por Felipe IV. Sí, catalanes

recuperando Cataluña de las fauces de Francia para retornarla a España, como lo leen sus señorías. A primeros de enero de 1641 llegaba a tierras catalanas el millar de granadino-

catalanes censados como catalanes con 23.000 infantes del resto de España y 3.500 caballos comandados por el virrey de Cataluña, el Marqués de Velez. Los soldados granadino-catalanes

sufrieron grandes pérdidas y retrocedieron hasta Tarragona, permaneciendo cercados por los

franceses, hasta que, el 26 de agosto de ese mismo año, la flota castellana rompe el bloqueo

francés y libera a los granadino-catalanes. Finalmente, esta historia desemboca en que España

ha de cederle a Francia el Rosellón y tres zonas concretas más. Sin embargo, esta gesta es un

ejemplo magnífico lleno de valor, que muestra cómo Cataluña se revolvió contra Francia para

permanecer en su hogar: España.



IV. Razón IV. No fueron pocos los catalanes en el Imperio Español.




Uno de los argumentos favoritos de los separatistas consiste en enorgullecerse de que los

catalanes no participaron en la Conquista de América porque lo asocian a un «genocidio»

llevado a cabo por la malvada Castilla, o bien, que no participaron porque Castilla les excluyó.

Ni una ni otra son verdad. Uno de los ídolos del catalanismo, Víctor Balaguer i Cirera,

menciona:


La colonización de las indias es de todas las nacionalidades españolas (sentido étnico): de todas ellas son los misioneros, soldados y negociantes que luchan, descubren, fundan y pueblan. El descubrimiento de América se convirtió en la alianza y base de interés común, contribuyendo poderosamente a la unidad de España. No en vano Colón llamó Española, y no Castellana, a la primera isla ocupada.

Procedo a una inyección de datos, prepárese el lector: las tres primeras iglesias levantadas en

América por España estaban dedicadas a Montserrat, a Santa Tecla (patrona de Tarragona) y a Santa Eulalia (co-patrona de Barcelona). Colón arriva el 12 de octubre de 1492 desde el

primer viaje colombino, de los cuales habría hasta cuatro. Ya, desde el segundo viaje, vemos

huellas catalanas en América: fray Ramón Pané fue el primer etnógrafo europeo en América.

Miguel Ballester, catalán, fue el alcalde de la fortaleza de la Concepción de la Vega en la isla

de La Española, quien además elaboró el primer ingenio destinado a la producción de caña de

azúcar. Joan d'Espés, de la Diócesis de Urgell, firma unas capitulaciones con el mismísimo

Carlos V para el establecimiento de Nueva Andalucía en América. Otro catalán, Bartolomeu

Ferrer fue jefe de la expedición que marchó de Tehuanpetec en Oaxaca, México, hasta el

futuro estado de Oregón. Jaime Rasquí, valenciano de familia catalana, llevó a cabo una

expedición al Río de la Plata en 1550. Josep Alemany i Conill, de Vic, fue arzobispo en San

Francisco, California, y evangelizó el estado de Nevada y Utah. Miquel Doménech Veciana, de

Reus, fue misionero del Imperio en el actual estado de Misuri. Los jesuitas Josep Paramàs,

Bernat Ibáñez, Dídac González y Josep Solís evangelizaron a los indios guaraníes en Panamá.

Juan Grau de Toloriu, lugarteniente de Hernán Cortés, tras la conquista de Tenochtitlan se

casó con Xipahuazin, una de las hijas de Moctezuma, que se cristianizó con el nombre de

María. Con ella volvió a España y vivieron en el castillo de Toloriu. Tuvieron un hijo, Juan

Pedro, que adquirió los apellidos de 'Grau Moctezuma', Barón de Toloriu. Los descendientes de

esta familia catalano-mexicana reclamaron tierras en México durante generaciones. A lo largo

de América, en Perú, México, Argentina, Cuba y hasta Brasil, encontramos alusiones a

catalanes y a sus patronos. En Lima, Perú, hallamos el barrio de Montserrat. En Cuzco, Perú,

se venera la imagen de Nuestra Señora de Montserrat. En San Salvador lo encontramos de

nuevo, el barrio de Montserrat. En Puerto Rico encontramos la ciudad de Barcelona. En La

Habana, Cuba, encontramos la Ermita de los Catalanes sobre el monte que le da nombre: la

Loma de los Catalanes, y en dicha ermita se venera a la Virgen de Montserrat.


En Venezuela existió un territorio llamado «Nueva Cataluña», prueba clara de su influencia. En

1631 la Real Audiencia concedió a Juan Orpí el cargo de capitán conquistador y gobernador de

todo el territorio que ocupase la Venezuela occidental. Orpí establece en el valle de Aragua un

fuerte al que llamó San Pedro Mártir, donde posteriormente funda Nueva Barcelona. Años más

tarde, al este, funda Nueva Tarragona. A estos territorios se les conoció con el nombre de

Nueva Cataluña, nombre que ya no es oficial.


Pero si la presencia catalana se cacracterizó por algo en la zona venezolana, es por los

misioneros capuchinos catalanes. El Papa Inocencio X autorizó a los franciscanos españoles

la fundación de misiones en América, a las que acudirían muchísimos andaluces. Sin embargo,

la labor era tan ardua que se reclamó el apoyo de frailes navarros y catalanes. Los capuchinos,

entonces, cruzan el Atlántico. Se conocen a doce frailes catalanes que en 1686 llegaron a

Guayana, donde fundaron dos grandes poblaciones. Los capuchinos catalanes no pararon de

insistir, hasta que en 1722 cometieron una evangelización completa y fructífera gracias a

figuras como Tomás Santa Eugenia o fray Brú de Barcelona. Estos capuchinos avanzaron

hasta lugares recónditos de extremo difícil acceso en los que un europeo jamás había posado

ni la vista. La evangelización de la mayor parte de Venezuela, incluído el extremo sur,

predominado por el oscuro Amazonas, se debe exclusivamente a los capuchinos catalanes y a

sus métodos de persuasión de indios. En la época, la nobleza catalana estaba bien integrada

en la monarquía hispánica, y los comerciantes catalanes se dejaron caer por América. Frederic

Rahola en su obra Comercio de Cataluña con América en el siglo XVIII defiende que la

aparición de catalanes en la alta administración de América, se debe al prestigio alcanzado por

los capuchinos.


A principios del siglo XIX el Imperio Español comenzaba a desmoronarse. A pesar de ello

muchos españoles siguieron luchando por su superviviencia, en los que se incluyen bastantes

catalanes, hablamos, por supuesto, del Tercio de Miñones. Esta fue una unidad de infantería

creada mediante milicianos voluntarios nacidos en Cataluña, residentes en Buenos Aires y

Montevideo. Inglaterra planificó una invasión en el Virreinato de la Plata aprovechando el

declive español en 1806. El tercio del que acabamos de hablar se forjó en reuniones secretas

de catalanes que, decidieron pedir permiso a las autoridades españolas para crear este Tercio

de Miñones y defender el río de la Plata. La solicitud fue aprobada por el cabildo y por el virrey

Santiago de Liniers. Fue tan alto el número de voluntarios, que crearon un cuerpo militar

llamado Patriotas de la Unión. Liners, el virrey, instó a estas tropas dando un discurso que

decía así: « (...) vengan, pues, los invencibles cántabros y los intrépidos catalanes, los valientes

asturianos y gallegos, los temibles andaluces y aragoneses, en una palabra, todos los que

llamándose españoles se han hecho dignos de tal glorioso nombre».


La victoria fue para España.



V. Razón V. Rafael Casanova y Antonio de Villarroel en el 11 de septiembre, defensores de España y no de una «Cataluña libre».




Todos los 11 de septiembre, los separatistas se reúnen en torno al monumento a Rafael

Casanova en Barcelona con esteladas y otras parafernalias, abogando que Rafael Casanova

fue un libertador para Cataluña, un defensor de los valores catalanistas y por tanto, un

representante histórico de la «Catalunya lliure». Seamos serios, esto es una falsificación de la

historia como la copa de un pino. Su discurso se planta en esas tres afirmaciones, y mezclando

esto con vagueza por el estudio histórico y el seguimiento de rebaño, tenemos como resultado

un relato que tiene a todos embobados creyendo algo que nunca fue verdad.


Año 1714. Las murallas de Barcelona se están viniendo abajo. Las tropas austracistas se

encontraban en inferioridad sitiadas en la ciudad mientras que los borbónicos estaban a punto

de saborear la victoria. Rafael Casanova como Gobernador de Barcelona además de

Consejero en Jefe y Antonio de Villarroel como General Militar, pornuncian un discurso en la

propia Barcelona que dice así:


"Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo a su rey, la fe de su religión y sus privilegios. (...) como verdaderos hijos de la patria, amantes de la libertad, acudan a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España".

Cabe decir aquí que, al contrario de la creencia de los separatistas, en ese momento Casanova

no portaba la bandera catalana, sino el Pendón de Santa Eulalia, el cual representó durante

muchos años a la Ciudad Condal. Otra cosa a destacar de alta importancia: los separatistas se

jactan de decir que en el sitio de Barcelona sólo batallaron catalanes. Esto es falso. Acudieron

grandes tropas de castellanos, aragoneses, navarros y valencianos, a los que se les otorgó una

categorización de regimiento con el nombre de un santo concreto. Las Narraciones Históricas

de Castellví, recogen con todo lujo de detalles los acontecimientos y el espíritu de cruzada, españolismo, monarquismo y catolicismo con los que los catalanes, junto a castellanos,

navarros etc, defendieron heróicamente la ciudad de Barcelona. Vamos a ver si nos

entendemos, el 11 de septiembre se separa en dos bandos: austracistas y borbónicos, no

«catalanistas y españolistas». Los que se encontraban sitiados en Barcelona liderados por

Casanova y Villarroel lucharon y cayeron por una permanencia española con los austrias, ¿por

qué? Sencillamente porque a la burguesía catalana de entonces le interesaba seguir

disfrutando de sus privilegios económicos y sus facilidades económicas gracias al respeto de la

conservación de las leyes propias y los fueros con el que predicaban los austrias. Es más, ha

de saber el lector que este conflicto fue originado por la oligarquía de Vic, me explico: en

Cataluña hubo mucha población austracista, sí, pero también mucha borbónica. Felipe V

cuando llega a Barcelona a jurar las leyes catalanas en 1701 es aclamado allá a donde va. El

júbilo y la alegría de los catalanes es tan grande en dicho año que hasta los pocos

filoaustracistas reunidos en torno a «Academia de los Desconfiados» acabaron apoyándole

«por el bien de España». Francesc Brú en 1700 escribe "El rey es español por más que haya

nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna..." .


Sin embargo, tras el buen recibimiento por parte de bastantes, Cataluña se convertiría en un

escenario bélico. ¿Por qué? Els Vigatans fueron una burguesía rural cuyos antepasados

lucharon contra Francia y a favor de España tras la revuelta de Els Segadors (1640), lo que

explica que ya le tuvieran repulsión a los borbones. Los vigatans tenían enormes intereses

económicos con los ingleses debido a la exportación de vino y aguardiente. Bien, pues esta

burguesía de Vic cometió la gran temeridad de lanzar a Cataluña a la guerra. Celebraron una

conferencia clandestina en 1705 en la ermita de San Sebastián, cerca de Vic. Conocemos

todos los nombres de los que allí acudieron. Estos decidieron actuar al margen de las

instituciones catalanas que aún se mantenían borbónicas. Mitford Crowe, representante de la

reina Ana de Gran Bretaña, andaba por allí, haciendo de intermediario de los intereses

comerciales ingleses. El pacto de los Vigatans se internacionalizó y se convirtió en el Pacto de

Génova de 1705 entre la burguesía de Vic y el mismísimo Reino de Inglaterra. Abra los ojos el

lector: no fue la Generalidad de Cataluña la que declaró la guerra a Felipe V, sino un grupo

privado de comerciantes de campo con mucho dinero. El acuerdo se traducía en que los

Vigatans comenzarían a sublevarse armando a 6.000 hombres subsidiados por Inglaterra, así

como que esta haría desembarcar a 8.000 hombres más en las costas españolas. El fin de este pacto era el reconocimiento de Carlos de Austria como rey legítimo de toda España.



VI. Razón VI. Los Borbones enriquecieron Cataluña. El Origen del Separatismo Catalán.




Naturalmente aquí no somos monárquicos, somos republicanos, pero al César siempre hay que

darle lo que es del César, y más en términos históricos. Tras 1714 con el reinado borbón, se

propició una paz que duró prácticamente un siglo, lo que permitió que la población catalana

creciera aproximadamente en un 20% más que la media española y casi un 50% más que la de

Castilla. Barcelona saltó de 40.000 habitantes a 130.000 en el siglo XVIII, los cultivos se

extendieron por toda Cataluña y las masías tuvieron un renacimiento impresionante. Cataluña

emergió con más fuerza que el resto de regiones españolas, aparecieron médicos de prestigio

internacional como Gaspar Casal, Salvà i Campillo o Antonio Gimbernat, también aparecieron

juristas notables como Lázaro de Dou, que presidió las Cortes de Cádiz en 1812.


Pierre Vilar en su obra Cataluña en la España Moderna dice así:


"El crecimiento observado en la parte principal de esta obra es en el siglo XVIII, el del grupo humano catalán: número de habitantes, extensión e intensificación de los cultivos, reconquista de antiguos medios de irrigación, reincoporación al trabajo de una masa antes inactiva, comercialización creciente de los productos, conquista de un mercado, nacional para algunos, colonial para otros (América), crecimiento de esos tipos de ingresos, inversiones productivas, (...) creciente peso de la región en el complejo español".

No parece demasiado cierto el argumento de los separatistas catalanes, cuando afirman que

con los borbones les fue peor, en contraposición de los Austrias. Miguel Artola, también

reconocido historiador vasco, afirma:


“El tratamiento fiscal impuesto [por Felipe V] a la corona de Aragón responde a una fórmula inédita que buscó, simultáneamente, la equidad tributaria y un mejor reparto de la carga entre los distintos estratos de la sociedad. El resultado [...] fue una fiscalidad más moderna y más justa que la que pervivió en Castilla".

¿Cuál fue exactamente la medida que emplearon los Borbones para que a Cataluña le fuese

tan bien, si tan encantados estaban con los Austrias? Como hemos dicho, los Austrias

respetaban las leyes propias y los fueros, cuyo final llegó con los Borbones. Cuidado con esto,

porque al final, la burguesía catalana agradeció cambiar de Casa Monárquica: los Borbones

establecieron leyes proteccionistas en Cataluña, y esto es lo que desencadena el

separatismo catalán. Estas leyes les permitía producir lo que en el resto de España no, les

permitía vender a precios a voluntad ya que no tenían competencias fuera del territorio catalán.

El proteccionismo ya existía antes de los Borbones, sin embargo, el aplicado por ellos trajo

suficiente dicha a Cataluña.


Y para finalizar este artículo respondemos ya, a la madre del cordero: ¿de dónde viene

entonces el separatismo catalán?


Cánovas aprobó la Ley de Presupuestos de 1890 que establecía la habilitación genérica al

gobierno para que modificase los aranceles de aduanas «en lo que convenga a los intereses

nacionales», haciendo así que la burguesía catalana perdiese sus privilegios en su

producción, precios y comercio con América. Se dio un mitin en el Teatro Arriaga de Bilbao a

favor del proteccionismo que reunió a catalanes y a vascos bajo el lema «España para los

españoles» en forma de protesta, no de separatismo. Cuando España pierde sus últimas

provincias en América y Filipinas en 1898, la burguesía catalana hace surgir el nacionalismo

catalán, pues debido a la pérdida de sus privilegios proteccionistas y a la crisis posterior en

España, pierden lo que alguna vez tuvieron y, a su vez, funciona como respuesta ante el

gobierno de Madrid. A pesar de esto, la burguesía catalana se aventuró a toda movida que veía

para desestabilizar el orden nacional para ver si así podrían volver a tener el esplendor que

alguna vez tuvo la clase burguesa en Cataluña. Esto es una fábrica de intereses: cuando a

España le iba bien, la burguesía catalana estaba encantada y con las facilidades comerciales,

más. Cuando a España no le fue tan bien, esta entonces prefería apoyar la sublevación de

Francisco Franco y los planes de José Antonio Primo de Rivera. El separatismo catalán tiene,

por tanto, un origen burgués, de clase, un origen sellado en el interés económico descarado y

que más tarde, en el siglo XXI, se intenta enmascarar con buenos motivos, con democracia,

con votos y con un supuesto derecho de autodeterminación que desafortunadamente muchos hoy se han creído sobre todo, por la extensión de la falsificación de la Historia de España y por

tirón familiar; esto es, creencia a ciegas en el separatismo sólo, porque tu entorno así te lo ha

transmitido, así como tu familia más directa.



VII. Conclusiones.


Pido una última atención en estas palabras que harán finalizar este extenso artículo. Muchos

separatistas leerán estas líneas, y somos conscientes de ello. Nuestro objetivo no es calentarle,

sino hacerle sabedor de la historia recogida en las fuentes oficiales que él mismo puedes

investigar y estudiar fuera de bandos y enemistades. No nos inventamos nada ni necesitamos

escondernos de nadie. Es entendible que cada persona procede de un origen político

determinado, ya sea en su hogar con su familia o en su entorno con sus amistades, pero eso

no puede contrarrestar la objetividad de la historia. Los catalanes, andaluces, vascos y gallegos

son principales actores en la ejecución de la cohesión nacional española. España, sin estas

regiones, no sería lo que es hoy y viceversa. Y en extensión, una España socialista ha de ser

entera, sin fraccionamientos, para que el valor nacional no se pierda ni en cincuenta habitantes.

Como he explicado al principio, la nación política bebe de todos sus habitantes como

ciudadanos de un modelo nuevo de país; ya no somos astures, castellanos, vascones o

catalanes como naciones étnicas, sino españoles en el sentido político, trabajando en unión por

nuestro bienestar y compartiendo los mismos intereses de clase en Barcelona, Madrid, Sevilla,

Santander o Melilla, ya que el obrero quiere lo mismo, exactamente lo mismo, en todas estas

partes de su país, que es España.


Bibliografía:


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• Vilar, Pierre (2018). Cataluña en la España Moderna, Vols.1 & 2. Barcelona, Editorial Crítica



Sobre el autor:


David de Quevedo es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Natural de Móstoles, Madrid, actualmente reside en Algeciras, Cádiz. Miembro de KFA España, ex-escritor de la parte económica de la revista SAENAL sobre Corea del Norte y ex-militante del Partido Comunista de España.


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