2º Editorial

7 de Diciembre del 2019

 

¿Un movimiento comunista español?

Editorial

En redes sociales, pero también en diversos textos programáticos de partidos autodefinidos como “comunistas” en España, tanto extraparlamentarios como parlamentarios (el Partido Comunista de España es el único con representación electoral en el Congreso de los Diputados, si bien disuelto en Izquierda Unida, a su vez disuelta en Unidas Podemos), suele apelarse a un inexistente “movimiento comunista español”, para desde él realizar la transformación política de España hacia no se sabe qué. Una de las características claras de este no-movimiento “comunista español” es la ausencia de un proyecto político definido respecto de España, más allá de los tópicos heredaros de los tiempos de influencia nefasta de la Komintern, bajo el liderazgo de Dimitrov, Stepanov y Manuilski, consistente en trocear España mediante un copia-pega de la construcción nacional del Imperio Ruso de los Zares a una nación política española que, para 1921, año de nacimiento del PCE, no era ya un Imperio intercontinental, sino una nación de base europea con algunos territorios en África (Canarias) y colonias y protectorados también en este continente. En realidad, lo único que define a este no-movimiento “comunista español” es su completa falta de comprensión de la Historia y de la realidad nacional española. Y de ahí que, en realidad, el único rasgo que compartan tanto el PCE como el resto de Partidos extraparlamentarios autodefinidos como “comunistas” en España es su defensa del “derecho de autodeterminación” para España.
Lo lamentable del asunto es que, salvo honrosas excepciones personales que militan en estos partidos, el mal llamado “movimiento comunista español” (en el que englobamos al PCE, al PCPE, al PCTE, al PML-RC-Frente Obrero y al PCOE sobre todo; excluimos a los partidos trotskistas de dicho “movimiento” y también a partidos que consideramos más socialdemócratas que “comunistas” como Somos España), y más desde la caída de la Unión Soviética, solo conservan del comunismo del siglo XX la simbología y ciertas ceremonias institucionales propias de dicha izquierda definida a nivel organizativo (cierto centralismo democrático, a veces más centralista que democrático, y a veces más democrático que centralista) es más una izquierda indefinida, extravagante, divagante y fundamentalista que otra cosa. Todos estos partidos coinciden en un proyecto federal o confederal, con “derecho de autodeterminación” en base a naciones que nunca han sido tal (como demostró Santiago Armesilla en El marxismo y la cuestión nacional española, libro publicado por El Viejo Topo en 2017), y carecen de estrategia geopolítica clara. Por no hablar de su incomprensión de la realidad de la dialéctica de clases, Estados e Imperios actual, en la que China tiene un papel preponderante. No se han enterado todavía de que la Unión Soviética cayó hace ya 28 años, y que cayó, entre otras cosas, precisamente por defender lo mismo que ellos defienden respecto a la organización territorial y a la nefasta comprensión de la cuestión nacional que siempre arrastró la URSS. Sin referentes claros, se convierten en partidos marginales, alejados de los trabajadores, e incapaces de superar las inercias del siglo pasado, por mucho que haya intentos en todos ellos de alejarse de ello (sobre todo en el PCTE y en el PML-RC-Frente Obrero). Solo la ORS (Organización para la Restauración del Socialismo), que seguramente sea muy minoritaria, parece en sus análisis entender que es necesario superar las inercias políticas que tanto lastre causa para la necesidad, no ya de reconstruir, sino de construir un MCE (Movimiento Comunista Español) que, sin un proyecto definido respecto de España, que abandone la idea de autodeterminación, el federalismo, el confederalismo, la sinofobia y que tenga un proyecto geopolítico claro, potente, seguirá siendo lo que es hoy, una risión.
Evidentemente, dicha construcción requiere otras cosas. Mayor presencia en el movimiento obrero y sindical, en los barrios con los movimientos vecinales, en el movimiento estudiantil (sobre todo en Institutos de Bachillerato y de Formación Profesional, más que en la Universidad), un discurso potente tanto anti-derechista como antiprogre, mayor presencia en el campo español (en la España vaciada), y rodaje vital. Esta construcción no se improvisa, y requerirá de décadas para lograr consolidarse. Pero una hoja de ruta clara, unida a una dialéctica de la construcción teórico-política que se enfrente a todo aquello que se sabe constriñe dicha construcción (separatismo, liberalismo, feminismo, postmodernismo, europeísmo, revisionismo, etnicismo, identitarismo, etc.), podrá llevar al éxito de dicha construcción. Si pensar es pensar a la contra, lo que le falta a las “cabezas pensantes” del no-movimiento “comunista español” es pensar, precisamente, a la contra de todo aquello que, durante décadas, han asumido como propio cuando, realmente, es ajeno a los postulados básicos del materialismo histórico. Si en el camino de dicha construcción una de estas fuerzas se alza con la victoria sobre las demás, o si son destruidas todas ellas, sea.

 

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