El "final" de Pablo Iglesias

Editorial

Tras las pasadas elecciones en la Comunidad Autónoma de Madrid, que colocó a Unidas Podemos en el último lugar como opción electoral a elegir por los madrileños, y tras colocarse como candidato para tratar de evitar la debacle de su partido (cosa que no consiguió), Pablo Manuel Iglesias Turrión dimitió de todos sus cargos y se retiró de la vida política activa por ahora. Iglesias se cortó el pelo y, aparentemente, dedicará sus próximos años a controlar Podemos desde la sombra, volver al mundo académico docente y, también, ejercer como presentador de televisión en un programa que el trotskysta y separatista catalanista Jaume Roures, administrador único de Mediapro y accionista del holding empresarial Imagina Media Audiovisual, propietario de Antena 3, Gol TV y La Sexta, le procurará para convertirse en el "nuevo Jordi Évole", uno de los grandes portavoces de la izquierda indefinida española.

 

No podemos descartar que las nuevas plataformas que Iglesias utilice no le permitan, con el tiempo, volver a la vida política activa. El hecho de haber abandonado el gobierno antes de la gran subida de la tarifa eléctrica en España hasta un 44% le ha librado de una cierta quema política que está afectando al PSOE y Unidas Podemos, grupo en proceso de renovación entre los partidarios de Ione Belarra y Yolanda Díaz. Una retirada a tiempo por parte de Iglesias, tal y como predijo el historiador y youtuber Andy, de Aventuras con Clío, permitiría a Pablo Manuel volver, cual Mao Tse Tung, para instaurar su particular "Revolución Cultural" en España, eso si su retirada política no es definitiva.

Tras dejar voluntariamente su trono como lugarteniente principal de Pedro Sánchez, los aspirantes a ser nuevo Pablo Iglesias en España se van a multiplicar. Bien sea en vertientes más "comunistas ortodoxas", en vertientes más "socialdemócratas clásicas", o en vertientes "verdes", se tratará siempre de opciones que tratan de recuperar tendencias políticas del siglo pasado que, si bien derrotadas o deformadas, siguen presentes pero en un mundo que ha cambiado bastante comparadas con aquellas circunstancias en que surgieron y vivieron su apogeo. Sin embargo, acabar con la hegemonía política, académica y cultural de la izquierda indefinida, cuyo verdadero baluarte y columna vertebral estatal es el PSOE, requiere mucho más que desenterrar a Enver Hoxha, a Salvador Allende o a Al Gore (un no-muerto político).

Para ello debemos comprender que la izquierda indefinida al carecer de proyecto político definido con relación al Estado acaba asumiendo en líneas generales la lógica del capital y se deja llevar por sus intereses, lo que ha tenido como consecuencia en el caso de la izquierda indefinida española que haya terminado defendiendo los intereses y programas políticos de las grandes transnacionales y del capital financiero, fundamentados en; La defensa de la autodeterminación, privilegio de secesión, la plurinacionalidad, el federalismo y la integración en la Unión Europea, fundamentado en el proyecto de las eurorregiones.

 

Desde La Razón Comunista, revista marxista-leninista, partidaria de la fusión nuclear del materialismo histórico de Marx y el materialismo filosófico de Gustavo Bueno en un nuevo sistema que denominamos materialismo político, abiertamente centralista respecto del Estado en forma de una República Democrática única e indivisible y geopolíticamente partidaria de la construcción de la Iberofonía para, desde ella, realizar la transición socialista al modo de producción comunista, respetando la soberanía nacional de cada nación iberófona, y tejiendo alianzas con la República Popular China, entendemos que todos los aspirantes a nuevo Pablo Iglesias tienen puntos acertados y otros desacertados. Pero que no basta con calcar y copiar referentes del pasado. Sino reconstruirlos críticamente desde el método del materialismo político partiendo de una doctrina política, hoy inexistente, que articule un proyecto político que, estimamos, ha de poder consolidarse para mediados del siglo XXI, empezando a funcionar desde ya. Por eso, aunque la batalla contra el podemismo es condición necesaria, es sin duda condición insuficiente para trabajar los retos que los trabajadores españoles y residentes tienen ante sí en este siglo.

 

El "final" de Pablo Iglesias, que entendemos no es tal, solo puede ser el comienzo real de construcción del proyecto político que España necesita.