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El PSOE y España

Editorial

El PSOE original fundado en 1879 por Pablo Iglesias Posse fue el segundo partido marxista de Europa occidental, tras el SPD alemán. Su orientación marxista, centralista y patriótica nada tiene que ver con el PSOE fundado tras el Congreso de Suresnes, en Francia, en 1974. Aquel Partido Socialista Obrero Español buscaba instaurar una República Democrática en la que el proletariado español se hubiese elevado a la condición de clase nacional. Su apoyo a la Revolución de Octubre de 1934, que trató de impedir una dictadura derechista encabezada por la CEDA y Gil Robles, desbaratada por la imprudencia y estupidez de Esquerra Republicana de Catalunya, liderada entonces por Luis Companys, nada tiene que ver con el proyecto federalista, europeísta y capitalista que Felipe González y Alfonso Guerra comenzaron a capitanear antes de la Transición española del franquismo a la democracia monárquica liberal actual. Las siglas del PSOE deben leerse de esa manera: Partido del Sometimiento a la Oligarquía Extranjera.

 

Este Partido del Sometimiento a la Oligarquía Extranjera ha sometido a España a la subordinación perfecta, a nivel ideológico, político, cultural, económico y geopolítico. Y se trata de una subordinación triple. En primer lugar, a la oligarquía gran burguesa anglosajona de Washington y Wall Street, cuya fuerza política fundamental es el Partido Demócrata, del cual el PSOE es solo su filial española. En segundo lugar, y vía socialdemocracia alemana, al IV Reich de la Unión Europea, todavía hoy bajo batuta estadounidense, pero que aspira a ser un contrapeso capitalista al liderado por los anglosajones. La Fundación Friedrich Ebert, institución que orientó al PSOE en su construcción tras 1974, lleva el nombre del socialdemócrata que mandó fusilar a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Por eso, el Partido del Sometimiento a la Oligarquía Europea es el principal obstáculo a la elevación de los obreros españoles a la condición de clase nacional.

 

Y en tercer lugar a la oligarquía islamista de Rabat, a Marruecos. El PSOE es el mayor lobby pro-marroquí de España. Felipe González tiene casas en Marruecos, así como José Bono. José Luis Rodríguez Zapatero debe mucho a Marruecos. Y su ex ministra de vivienda, María AntoniaTrujillo, viuda de un dirigente socialdemócrata marroquí, está totalmente entregada a la causa irredentista del Gran Marruecos, que defiende ceder Ceuta, Melilla y Canarias a Mohammed VI. Marruecos consiguió el reconocimiento estadounidense de su usurpación del Sáhara Occidental, territorio todavía, formalmente, dependiente de soberanía española. Y tiene también el apoyo de Francia, nación que no tiene ningún interés en que España pueda recuperar su soberanía política y su independencia económica.

 

El Partido del Sometimiento a la Oligarquía Extranjera (PSOE) es un instrumento oligárquico extranjero y (anti) nacional. Su única preocupación es permanecer en el poder caiga quien caiga. Por ello, es el partido hegemónico en España, y logra que el resto de fuerzas políticas, parlamentarias y extraparlamentarias, definan sus posiciones alrededor de las que él establece como correctas o no. Su hegemonía política, económica, administrativa, territorial, educativa, mediática, académica y cultural es casi total desde hace casi medio siglo. Y cuenta con importantes soportes externos. Por eso, acabar con el PSOE es condición sine qua non para que España pueda ser políticamente soberana, económicamente independiente y verdaderamente socialista. Pero la destrucción del PSOE requiere la superación del modo de producción capitalista implantado por los Imperios anglogermánicos protestantes de Europa y América, y también con la amenaza islámica marroquí, que avanza gracias al capitalismo euroyanki. Una amenaza islámica que, si no estuviese Mohammed VI en el poder, podría ser peor, podría ser islamista o yijadista. Por lo que la guerra con España sería inevitable.

 

La lucha contra el PSOE, contra el Partido del Sometimiento a la Oligarquía Extranjera es una lucha de clases, de Estados y de Imperios. Por ello, la lucha contra el PSOE es una lucha no solo nacional española, sino también iberófona y socialista. Por ello, todas las réplicas del PSOE que existan en las naciones iberófonas de los cinco continentes, que son sucursales, también, del Partido Demócrata estadounidense, deben ser destruidas. Se trata de una batalla epocal, histórica, trascendental. O la Iberofonía Socialista o el socialdemocratismo capitalista anglófilo.