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ISSN 2695-5415

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3.7- Hegel y Política: un acercamiento desde el amo y el esclavo.

Actualizado: mar 7

Por Augusto Villarreal Gregorio (1)


Resumen: Intentar resumir el pensamiento Hegeliano en este ensayo es una tarea, ya no difícil, sino imposible. Aun así, con este breve escrito pretendo problematizar la dialéctica amo-esclavo hegeliana, a la par que trato de darle contenido politológico con el cual adaptar categorías más modernas al pensamiento del que es un clásico en la filosofía.

Palabras clave: Hegel, Politica, Amo, Esclavo, Filosofía.


Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Hegel publica “Fenomenologia del Espíritu” en 1807, año de múltiples convulsiones en la vida política alemana, a la par de cambios radicales en la filosofía. En su tierra, Kant desarrolla la “Critica a la razón pura” que permea el pensamiento alemán, y establece una nueva corriente de pensadores: la llegada del objetivismo, el escepticismo radical, pero sobre todo el positivismo, marcan un antes y un después en la vida de Hegel, así como en toda la tradición filosófica europea.


En esta época de cambios, la filosofía política toma un rumbo diferente. El positivismo radical y la retoma de los postulados más antiguos de pensadores como Hobbes, en conjunto con los postulados del iluminismo alemán que toma un fuertísimo impulso, crean un ambiente político que lentamente se replantea la posición de la Monarquía absoluta como modelo de Estado, que con el advenimiento de los ejércitos permanentes (Napoleón llegaba a la máxima amplitud de su Imperio en 1810) y la creación de una cada vez más compleja burocracia que administrara el territorio europeo, la problemática política volvía una vez más a la escena.


Y con estos dos grandes ejes, Hegel crea un pensamiento original que lo llevarían a ser la figura que es hoy.



I.- El alemán continuó la tradición dialéctica.


Esto es sumamente importante, ya que supone una profunda ruptura con el pensamiento positivista que había propagado Kant en la escuela alemana. El positivismo entiende la realidad a través de la supremacía de la razón, los sentidos y la objetivación. Con las categorías Kantianas se marca un hito: el ser humano no puede participar de la realidad sino como interprete u observador. Las categorías son herramientas del ente humano, que solo puede participar desde su ser, pero apartado de la realidad. Esta realidad y el alma humana están ontológicamente separados: no comparten siquiera frontera. El mundo, al ser acomodado lógicamente a través de los fenómenos a priori y los principios ordenadores de Kant (idealismo trascendental, etc.) se mantiene estático en su molde de realidad mientras el humano apenas puede verlo o tratar de entenderlo. Un mundo quieto que la lógica formal solo puede ver a través del fenómeno.


Aquí es donde la tradición del filósofo griego Heráclito entra en juego: la dialéctica rompe con esta visión del mundo, y entiende la realidad procesual de las cosas. En la dialéctica Hegeliana la realidad está en constante cambio y movimiento, “la realidad es ya no barro, sino fuego que arde eternamente en el vaso de la existencia” como explicaba sorprendentemente claro el ya mencionado pensador griego. Hegel marca una ruptura con la lógica formal y crea una nueva lógica que es el corazón y el centro de su pensamiento. Esta lógica hegeliana no pretende fijar leyes intangibles que gobernarían el flujo de transformaciones, porque no hay ninguna ley, ningún principio, ningún ser pretendidamente fijo que no sea el mismo sometido al cambio o sujeto a la negación. Por esta atención a la libertad que se ejerce en cada transformación (libertad de negar, de superar, de renovar lo que se da como fijo), la lógica aparece poco a poco como la ciencia de la libertad. Es lo que Hegel llama su lado “subjetivo”, la “lógica subjetiva”. Esta lógica dialéctica entiende la realidad como el conflicto de opuestos o diferentes. A lucha con B. Y no necesariamente lucha, sino que se diferencias y con la diferencia del “espíritu subjetivo” (particularidad de las cosas) es suficiente para que el “espíritu objetivo” (totalidad de las cosas) entre en conflicto, creando el proceso dialéctico. A, una vez más, lucha o se diferencia de B. Aquí las ideas evolucionan, A cambia respecto a la lucha con B y ambos pueden convertirse en C, la superación, la diferencia, la síntesis. En el clásico cuadro dialéctico se puede entender mejor esta relación: tesis – antítesis – síntesis. La dialéctica trabajando.


Este pensamiento lleva a Hegel a desarrollar una cantidad asombrosa de postulados de todo tipo: filosóficos, políticos, económicos, hasta matemático-lógicos.

Lo importante, es entender que la dialéctica marca una ruptura, un cambio de paradigma. Y este cambio influirían en parte del pensamiento político hegeliano: el espíritu adopta otra forma, y, por lo tanto, las relaciones entre los hombres también.



II.- La famosa analogía hegeliana: el amo y el esclavo.


Para empezar, esclareciendo algunos términos, esta analogía nunca trato de explicar una realidad temporalmente ubicable, más bien, Hegel usa esta abstracción absoluta para explicar un proceso, la dialéctica del reconocimiento, pero no en un sentido histórico-ubicable, sino más bien como explicación conceptual. Marx, que independientemente de la discusión de si su pensamiento implica una ruptura o continuidad de Hegel, es quien luego con el materialismo dialéctico y la lucha de clases, esquematizaría temporal-históricamente el devenir humano. El propósito del alemán, era más bien poder mostrar una analogía de todo el proceso civilizatorio humano encapsulado, que llevaría a lo que el llamaría “la total realización del devenir histórico”: para Hegel ya estaba todo hecho, y todo pensamiento ulterior era volver sobre los propios pasos de la humanidad.


Para llegar a “el amo y el esclavo”, aparte de lo anterior dicho, también hay que comprender cuál es una de las principales vicisitudes filosóficas que atravesaban la época, el problema del objeto y el sujeto.


Me saltare todo el proceso que empieza con Descartes y que nos trae aquí, pero resumiendo lo más posible, este es el problema de la distinción entre el ser humano y la realidad total, entre el uno y el todo, tema que tocamos anteriormente con Kant y la dialéctica.


Sobre esta cuestión, y aplicando parte de su propio pensamiento, Hegel trata de explicarlo desde lo absoluto (el todo) y la identidad (parte del entendimiento del todo). Schelling, el principal discípulo de Hegel, había dicho que lo Absoluto es la identidad entre sujeto y objeto, Hegel estaba de acuerdo con eso, pero no en postularlo así, sino que planteaba la necesidad de llegar a esa identidad. Para llegar a esa identidad, tanto del lado del sujeto como del objeto a través de un movimiento dialéctico de auto superación mutua, hay que eliminar de uno y de otro todo aquello que aparece como ajeno a la reflexión, ajeno al pensamiento. Por eso, el Saber Absoluto con el cual culmina la Fenomenología del Espíritu, es la absoluta transparencia del objeto y también del sujeto, porque una no se logra sin la otra; no una fusión indiscriminada entre el sujeto y el objeto. Mediante esta absoluta transparencia del objeto, éste puede ser puesto paradójicamente como independiente del sujeto. Pero ese objeto no es más que una sucesión de momentos racionales, es decir, que el sujeto no encuentra en ese objeto otra cosa que a sí mismo. Y Hegel continua este razonamiento sobre la idea de libertad: esta es entonces encontrarse como si mismo en el otro.


Es vital este concepto de libertad, ya que se denota su fuente relacional, que ya de por si escapa de la concepción liberal de libertad: esta no es individual ni es una “cosa”, es un proceso conceptual que requiere de la ulterior y ultima realización del humano y de cualquier cosa. Las cosas más libres, son las más desarrolladas. La liberta es así un proceso, tal cual la dialéctica lo es.


Como pausa a todo esto, me gustaría decir que es claro que entender todo esto es todo menos fácil, la complejidad del pensamiento hegeliano me supera ampliamente y el tratar de resumir todo lo más simple posible es una tarea titánica, así que siempre invito a, primero, releer constantemente todo, y tratar de entenderlo lo mejor posible, y segundo, leer la propia fuente, el puño y letra de Hegel. Animo a cualquier entusiasta de su filosofía, a trabajar arduamente para entenderlo y no frustrarse al leer mi transcripción, ya que la filosofía, es un camino que no tiene atajos, no porque no existan, sino porque van en contra de sí misma.


Continuando, aquí llega el amo y el esclavo: supongamos que existen 2 elementos, A y B. A desea que B desee a A, mientras que B desea que A desee a B. Estos dos “deseos” son incompatibles porque son opuestos, por lo tanto, uno debe ser asimilado si se quiere que se cumpla el otro, aquí comienza la “lucha”. La base de esta lucha, su fundamento, es el espíritu humano, ya que, para Hegel, los humanos nos diferenciamos de los animales, por ejemplo, porque ellos desean objetos, cosas, mientras que nosotros (y en parte, por lo que dijimos antes de la libertad) deseamos deseos.


En esta lucha, supongamos que la vida de los dos peligra, y por eso, B decide someterse a A, porque pone el deseo a la vida sobre el deseo de reconocimiento. Así, B se convierte en el esclavo y A en el señor, el amo.


Hegel nos plantea esto para entender dos grandes cosas: primero, la lucha se da en base al deseo de reconocimiento, deseo vital en el desarrollo humano, pero el resultado, B siendo esclavizado por A, no nos hablar de un fin último de las relaciones humanas, nos habla de cómo en esta situación, A encuentra espacio y posibilidad para una autoconciencia, un ser por ser mismo, y se realiza en B (esto es relacionado a la noción de libertad), lo que da lugar a por ejemplo el ocio. Mientras que B, al encontrarse doblegado, pierde la capacidad de autoconciencia, la capacidad de realizarse sino es en base a deseos ajenas, lo que lo lleva a la enajenación, termino igual de importante, que es el estado donde se separa de sí mismo y su conciencia, B pierde su totalidad y su posibilidad de ser realizado.


Hasta aquí la analogía, que sin dudas deja miles de dudas y posibles interpretaciones al lector, el cual no me sorprendería que no haya entendido nada. Tratare de darle un sentido menos literal.


Empezar diciendo que el sentido que trata de darle Hegel a esta analogía es casi en su totalidad abstracto, el no trata de explicar la historia ni mucho menos, pero es totalmente entendible desde esa visión, que luego estos textos sean el punto de partida del pensamiento Marxista.


Luego, decir que no existe una finalidad clara a este texto, se puede usar desde para entender el proceso hermenéutico hasta para entender la dialéctica, por lo que siempre conviene entenderlo en sí mismo y luego ver que puede aportar cada autor distinto sobre esto, que como ya dije, puede ir de los más variados sentidos.



III.- ¿Existe algún parámetro de práctica o teoría política en este texto?


Nos detendremos en esta pregunta, a lo que un rápido vistazo puede llevar a pensar que la respuesta es no, pero trataremos de que así no sea.


Hegel nos plantea una realidad total para las relaciones humanas, cuya base responde a parámetros estrictos: el humano se guía por deseos, la autoconciencia es indispensable para la libertad, etc. Pero donde exista relación humana, existe en menor o mayor grado, sentido político, y es por esto que se puede darle otra forma a toda la analogía en sí.


El primer enclave aparece en la disputa, la pelea, la pugna entre A y B. Si bien está justificada en la naturaleza humana, esta pugna es propiamente social, y es por el reconocimiento, categoría que eventualmente evoluciona en la descripción de Poder. El reconocimiento es precondición de poder, y el poder requiere fuerza sostenida en el tiempo. Evitaremos la fácil identificación del amo como el Estado y el esclavo como persona, porque es demasiado simplista y toma una concepción de Estado que desde la politología nos parece sencillamente errado.


Retomaremos de un propio concepto de Hegel: una vez terminada la lucha, el reconocimiento adopta una característica más, está justificado. La justificación es tan importante como el reconocimiento en sí, da un valor que puede ser sostenido en el tiempo, y da continuidad a lo que de otra forma seria solo una eterna lucha entra A y B. La justificación, da pie a una forma, una estructura que vaya más allá de la situación particular de la pugna propia de A y B, el poder se manifiesta ahora en su forma pasiva, el reconocimiento es ahora sostenido. La justificación es ahora eje central, y se nos muestra como herramienta del ejercicio del poder, de la dominación. Lejos de cualquier categoría liberal-contractualista, aquí no hay “contrato social” o un desarrollo libre y premeditado: es la relación, en si dialéctica, de la dominación de A sobre B la que establece el principio de continuidad, que podemos extrapolar, como la comunidad humana en sí.


¿Hegel quería decirnos que la política es dominación a la fuerza, entonces? No, claro que no. Y podemos saberlo, una vez más, por la definición que el mismo da de libertad. Esta es vital en tanto es el principio base de la comunidad política moderna (la de nuestros días) y que es vista por el en su aspecto más relacional: soy libre mientras soy con los otros. En lenguaje más político, podemos entenderlo como que Hegel aceptara el concepto Aristotélico de total dependencia de la Polis (Me refiero, a Aristóteles diciéndonos que el humano no es nada fuera de la Polis, de la sociedad) a la vez que agrega su naturaleza pugnante, relacionada al deseo como motor, y que habla de la naturaleza propia del espíritu, la voluntad como fuerza que impulsa la propia realidad humana, política, pero existencial también. Tratare de no extenderme más, ya que para continuar debería ir a la que creo es la mejor continuidad metodológica de Hegel, que es Marx. Pero eso es otra historia.


En definitiva, nadie no gana algo después de este texto. Ya sea como texto filosófico que nos habla de la propia forma de nuestro ser, como texto sociológico que trate de dar una hipótesis sobre la formación de la sociedad o la valoración politológica que traté de darle, Hegel y su pluma continúan deslumbrándonos y dándonos herramientas para entender mejor la realidad que nos rodea. Es nuestra intención continuar, muy humildemente, esa labor.


Sobre el autor:

(1) (Estudiante de Ciencias Politicas en la UNVM, residente en Córdoba, Argentina. Formado en el CEFMA (Centro de Estudios de Formacion Marxista Argentino). Militante del Partido Comunista Argentino.

FB: Augusto Villarreal Gregorio / TW: @lapanteraaugust

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