4.2- De la Peste Negra al Coronavirus: el Resurgimiento de China en la Segunda Guerra Fría

Actualizado: 11 de jun de 2020

Por Santiago Armesilla [1]


Resumen: En este artículo repasamos los acontecimientos que han dado lugar a la pandemia de la COVID-19, sus efectos sociales, políticos y económicos a escala global, y la analogía histórica que tiene con el desarrollo de la pandemia más devastadora de la Historia, la Peste Negra que, en el siglo XIV, arrasó con buena parte de la población de Afroeurasia. Asimismo, enmarcamos esta analogía histórica, muy tenida en cuenta desde la República Popular China, en un proceso en marcha que ya algunos analistas han denominado Segunda Guerra Fría. Más allá de conclusiones concretas de cara al futuro, lo que podemos apuntar, como hipótesis, es que la batalla ideológica, económica, (geo) política y cultural que se avecina será larga, más allá de la duración efectiva de la pandemia actual en caso de encontrarse una pronta vacuna (cosa que podría no suceder), y que su desenlace, al contrario del de la Primera Guerra Fría, con la derrota del Imperio Soviético frente al Estadounidense, podría no ser, ideológica, política, ni históricamente, el mismo debido a factores de partida que la Unión Soviética, en comparación con la República Popular China, jamás consiguió realizar. A pesar de todo, la pandemia de la COVID-19 podría no frenar los planes y programas del Imperio del Centro.


Palabras clave: China, EEUU, coronavirus, COVID-19, dialéctica de clases, Estados e Imperios.







I. Introducción: sobre el concepto de Segunda Guerra Fría.


El 13 de marzo de 2016, el diario español El País publicaba un artículo de la profesora de Relaciones Internacionales de la London School of Economics, Mary Kaldor, titulado “La Segunda Guerra Fría” (Kaldor, 2016). En este escrito, la académica británica sostenía la hipótesis de un regreso a la geopolítica posterior a la Segunda Guerra Mundial, en la que se establecieron las bases del enfrentamiento entre las dos grandes superpotencias surgidas de la derrota de la Alemania nazi en 1945: los Estados Unidos de América, que lideraron el bando capitalista, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que lideraron el bando socialista y marxista. Desde entonces, y hasta 1991, con la caída definitiva de la URSS, la Primera Guerra Fría se desarrolló no solo a través de batallas culturales, económicas, de espionaje, tecnológico-científicas (la carrera espacial fue el gran hito tecnológico-científico de aquella época, junto con el desarrollo de Internet en sus fases primitivas), económicas o diplomáticas, sino también a través de conflictos bélicos geográficamente localizados que nunca llegaron a desatar un conflicto de escala internacional similar a las dos Guerras Mundiales de la primera mitad del siglo XX. Para Kaldor, lo que en aquel año se entendía como “Segunda Guerra Fría” era una repetición “imaginaria” de la primera, en la que además los actores involucrados eran, prácticamente, los mismos, solo sustituyendo a la caída Unión Soviética por la Rusia liderada por Vladimir Putin.


Kaldor aseguraba en aquel artículo que durante la Primera Guerra Fría, Europa occidental, lo que fue luego la Comunidad Económica Europea (CEE) y luego Unión Europea (UE) desde 1992, y los Estados Unidos estaban prácticamente aislados de los conflictos bélicos de otras partes del globo. Dejando aparte la Guerra Civil Griega (1946-1950), la Revolución de los Claveles en Portugal de 1974 o, más prolongadamente, la acción de grupos terroristas separatistas como el IRA en Irlanda del Norte y el Reino Unido o de ETA en España, el conjunto de naciones políticas que conformaron la UE pudieron vivir una relativa tranquilidad y aislamiento respecto de otra serie de guerras que sí definieron claramente el escenario geopolítico de la Guerra Fría: Guerra de Corea (1950-1953), Guerra de Indochina (1946-1954), Guerra de Vietnam (1955-1975), Revolución Cubana (1953-1959) y Crisis de los Misiles de 1962 (que casi detonó una Tercera Guerra Mundial, que acabó resuelto tras desmontar los misiles soviéticos en Cuba que descubrieron los estadounidenses, a cambio de desmontar misiles estadounidenses en Turquía), la Guerra Civil Libanesa (1975-1990), Guerra de Afganistán (1978-1992), Guerra de Irán-Iraq (1980-1988), Guerra Civil Angoleña (1975-2002), Guerra Civil Salvadoreña (1979-1992), toda la serie de golpes de Estado militares desarrollados en Suramérica durante la llamada Operación Cóndor (1968-1990), por citar solo algunos escenarios bélicos, siempre se desarrollaron alejados de los epicentros de poder político, económico y militar del bando capitalista de la Guerra Fría, EEUU y la CEE, luego UE. Sin embargo, con la caída de la URSS y el inicio del proceso de Globalización impulsado por EEUU, que seguía teniendo a la UE como centro fundamental de operaciones de dicha Globalización (proceso de universalización de la democracia liberal burguesa, del libre comercio, del capital financiero y de la sociedad de consumo masivo, además de las telecomunicaciones instantáneas que, supuestamente, asegurarían la consolidación rápida de dicha Globalización), los nuevos conflictos bélicos también consiguieron llegar a los lugares que, durante toda la segunda mitad del siglo XX, se habían considerado seguros, a salvo de cruentas guerras. El atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 que derribó las Torres Gemelas de Nueva York, y que tuvo como consecuencia la invasión de Afganistán e Iraq por parte de tropas de los EEUU y otras naciones, fueron un indicativo de la nueva situación que se avecinaba, aunque su antecedente real fueron los grupos yijadistas que operaron en Bosnia-Herzegovina y en Kósovo durante las Guerras Balcánicas que entre 1991 y 2000 se desarrollaron, destruyendo con ellas la unidad de Yugoslavia. Después de la destrucción de Iraq en la invasión de la llamada Segunda Guerra del Golfo (2003-2011) por parte de las tropas estadounidenses, que acabaron con el gobierno de Saddam Hussein, y de los procesos políticos de las llamadas Primaveras Árabes (2010-2012) llegaría la Guerra Civil Siria, iniciada en 2011 y que todavía continúa, la expansión internacional del terrorismo de corte yijadista llegaría a naciones como Francia, España, Reino Unido, Alemania, EEUU, Holanda, etc. Es decir, la Globalización desde el centro capitalista a sus periferias mundiales conllevó no solo la llegada de fuerza de trabajo migrante masiva y de mercancías baratas producidas en las naciones subdesarrolladas fruto del proceso de Descolonización, sino también el fin de la seguridad y aislamiento de EEUU y la UE de los conflictos