4.6- Entrevista a Anselmo Santos

Actualizado: 10 de jun de 2020


Por Francisco José Pérez Joya






Palabras clave: Anselmo Santos, Stalin, Segunda Guerra Mundial, URSS, Comunismo



Introducción

Es un auténtico privilegio poder entrevistar a Anselmo Santos, salmantino de origen, que a sus 90 años goza de una envidiable salud física y mental. Fue oficial de Artillería, pero dejó el Ejército por el mundo civil y se licenció en Ciencias Políticas con una tesis sobre la revolución portuguesa de 1974.

Es autor de Stalin El Grande (Edhasa, 2012), que tuvo una revisión y reedición el pasado abril, por lo que está de nuevo a la venta. Anselmo lleva 30 años estudiando a una de las figuras más polémicas del siglo XX: el georgiano Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Stalin. Fue en el ejército franquista, en el que Anselmo fue teniente, donde descubrió a Koba (otro de los nombres de Stalin) de pura casualidad, al ojear unas revistas norteamericanas donde hablaban sobre la reciente muerte de Stalin. Anselmo, que por aquel entonces era muy joven, se lo comentó a su coronel, que le respondió. “Fue un hijo de perra, pero era un genio”.



P1.-Siempre has contado cómo se despertó tu interés por Stalin pero nunca el material para su estudio disponible en aquella época. En tus comienzos ¿cómo lograste estudiar a Stalin y qué material usaste?


R1.-En aquellos tiempos era imposible encontrar información en España, pero dejé el ejército y pasé a la vida civil en 1960, lo cual me facilitó viajar al extranjero, por ejemplo a París, donde empecé a encontrar algunas cosas. De todas maneras no tuve nada importante sobre Stalin, salvo un par de libros, hasta 1991, que es cuando la URSS cayó y se abrieron los archivos. Fue entonces cuando me marché a Moscú, alquilé un apartamento y empecé a conocer a muchísima gente que sentía admiración por Stalin y que me proporcionaron toda clase de información. Además, mi segundo hijo está casado con una ucraniana. Todo lo que traía a España se lo mandaba a ella para que lo “limpiara”, descartando la información que no me era útil, y posteriormente me lo reenviara para poder seguir trabajando con ello. No te exagero si te digo que tengo material sobre Stalin como para escribir un libro de 4000 o 5000 páginas.


P2.-¿Has tenido alguna discusión acalorada por estudiar a una figura tan controvertida en estos tiempos que corren?


R2.-No. Ni siquiera en el ejército tuve ese tipo de discusiones. De hecho mis antiguos compañeros del ejército me llaman “Anselmo el Rojo”, pero nunca he tenido broncas con ellos sobre ese tema. Cuando he dado charlas sobre Stalin ha acudido muchísima gente de derechas y nunca me han recriminado nada.


P3.- ¿Qué razones crees que llevaron a Stalin a declararle una guerra, sin preparación alguna, a Finlandia? ¿Cuáles crees que fueron las causas de aquel desastre a pesar de que la guerra se ganó?


R3.- En primer lugar, ellos necesitaban los terrenos que reclamaban. Eran imprescindibles, ya que Finlandia, empezaba a coquetear con la Alemania Nazi y no podía tener la frontera a unos kilómetros de Leningrado.

Entonces Stalin decidió arrebatar esos territorios a Finlandia. ¿Qué sucedió? Que, efectivamente, el Ejército Rojo no estaba en condiciones de combatir. Hubo muchas discusiones sobre el papel del ejército, y quienes combatieron en la Guerra Civil, que en ese momento eran oficiales de alto rango (“africanistas”), se creían que con el sable y el caballo iban a vencer; y resulta que Mannerheim, mariscal finlandés, tenía un ejército preparado que sabía combatir infinitamente mejor en la nieve que los rusos. Entonces, los soviéticos llevaron a cabo el ataque a Finlandia con los viejos sistemas y teorías militares, y así salió lo que les salió. Finalmente, el ejército finés se tuvo que poner de rodillas y ceder más terreno de los que originalmente tenía planeado el gobierno soviético. Un año y medio más tarde, Mannerheim se detuvo frente a Leningrado, haciendo caso omiso de las órdenes alemanas, que pretendían la cuna de la Revolución.

Gracias a aquello Finlandia hoy día existe, ya que, en 1944, Stalin ordenó al grupo de ejércitos que se encargaba de atacar Finlandia que respetase dicho país.

Por raro que parezca, hubo un pacto entre caballeros.


P4.- Cuando alguien te habla del Holodomor ¿qué se te viene a la cabeza?


R4.- De alguna forma existió; pero hay que tener en cuenta que, para Stalin, era prioritario exportar trigo ya que no tenía otra cosa que exportar. En el caso de que no hubiera exportado trigo, no hubiera tenido divisas y, por consiguiente, no hubiera tenido maquinaria para modernizar toda la industria pesada, fabricar aviones, cañones, tanques, fusiles, etc.

Stalin se dio cuenta de que Alemania atacaría más pronto que tarde y esto le obligó a tener que industrializar el país a marchas forzadas. Por ello, no le quedó más remedio que exportar trigo.

En esa operación probablemente murieron millones de personas, pero para Stalin “el fin justificaba los medios”.

Otra anécdota es que, encontrándose con los estudiantes del Instituto de Profesores Rojos, que eran la élite del partido y los hijos de la Nomenklatura, les comentó lo que pretendía hacer con el campo, y un estudiante le preguntó: “Y si se opone el campesino, ¿que hará usted”? A lo que Stalin respondió: “La dictadura del proletariado se basa en la violencia”.

Pero también tenemos que entender que era vital llevar a cabo todas estas medidas para la supervivencia de la URSS y de ahí provinieron muchos problemas que aparecerieron más tarde, como la oposición de Bujarin.


P5.- ¿Crees que las purgas y los Juicios de Moscú están justificados y eran necesarios para la supervivencia de la URSS?


R5.- Están absolutamente justificados. Y además, es sobre lo que estoy trabajando actualmente.

Si Stalin no hubiese realizado las purgas, la guerra contra Alemania se hubiera perdido ¿Por qué? Porque, aparentemente, todas esas personas que se habían arrepentido y estaban con el gobierno, en el momento que hubieran surgido problemas en el país se hubieran levantado en armas y hubieran provocado disturbios. Stalin era consciente de ello y no podía permitirlo, ya que necesitaba la unión completa del pueblo y que todos los esfuerzos estuvieran encaminados a la derrota de Alemania

Hace poco monté un escándalo en una de mis conferencias porque reconocí y afirmé que estaba completamente a favor de las purgas. Eran inevitables.