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12.1 Conceptos fundamentales del Materialismo Político (I)

Por Mariano Utín


Resumen: El Materialismo Político (MatPol) es un sistema filosófico en construcción propiciado por el politólogo Santiago Armesilla, que consiste en la concepción materialista de la vida política. Resultante del entretejimiento y fusión del Materialismo Histórico de Marx y el Materialismo filosófico de Bueno, su objetivo es la comprensión material, plural, concreta, dialéctica, histórica y política de la realidad, para, a través de su implantación política en sentido fuerte, en un Estado-nación de escala civilizatoria o imperio generador, transformarla en sentido radical a la mayor escala zootrópica-antrópica posible. Marx construyó su crítica y su sistema filosófico invirtiendo a Hegel y Bueno hizo lo mismo con Marx para purgar del marxismo lo que todavía, según él, arrastraba de idealismo. Armesilla, por su parte, propone una lectura de Marx desde Bueno para, mediante la fusión de ambos sistemas, recuperar el nervio revolucionario del marxismo. Para ello, en su libro “La Vuelta del revés de Marx”, se lanza a la construcción de una nueva ontología. En este artículo se pretende sintetizar dicha ontología.


Palabras clave: Materialismo Histórico, Materialismo Filosófico, Materialismo Político, Ontología, Materia, Dialéctica, Marxismo.




I. Introducción


Cuando hablamos de Materialismo político hablamos de filosofía, pero ¿qué es la filosofía?


La filosofía es un saber crítico, sistemático, metódico que se pregunta por lo que existe y por el fundamento de lo que existe. En el caso del Materialismo Político, se va constituyendo como una concepción antropológica del mundo, como la construcción de un mapamundi, un GPS que nos ayude a entender de manera crítica la realidad, para la elaboración de una teoría que nos sirva como una guía para la acción.


Entonces ¿Cómo pensar la filosofía?


1) ¿Cómo una disciplina que estudia los entes teoréticamente?, es decir ¿Cómo una actividad reflexiva gnóstica puramente teórica de los entes y los fenómenos que acontecen con la sola finalidad de conocerlos y clasificarlos?


O por el contrario,


2) Como una actividad crítico-reflexiva sobre la realidad material, plural, histórica y dialéctica del ser y de los fenómenos históricos de la praxis humana con el objetivo de modificar y transformarla.


La opción 1 nos lleva a entender a la filosofía como una actividad contemplativa y pasiva en la que se pretende conocer la realidad como fin en sí mismo, es decir, “conocer por el solo hecho de conocer”, y en esto está “la academia” y sus academicistas. En cambio, en la opción 2 la actividad de la reflexión filosófica esta en conocer la realidad y su devenir para comprenderla con el objetivo de usar dicho conocimiento para que, como sujetos corpóreos de la praxis, seres humanos, en definitiva, podamos transformarla.


Desde el Marxismo, como concepción materialista de la historia, del quehacer humano, en sentido histórico-político, y desde el Materialismo Político, nos decantamos por la segunda opción. Concebimos a la filosofía como un saber (de 2do grado) cuya razón de ser no es el conocimiento en sí mismo sin otra utilidad que ser conocimiento (es decir, un gnosticismo), sino, como conocimiento que sirva como herramienta para, a través de su implantación política, transformar la realidad.


La idea de una filosofía crítica y materialista debe estar inmersa e implantada en el aquí y ahora, y necesariamente mantenerse en contacto con las ciencias positivas del presente. A su vez ha de reclamar un lugar importante en la educación para los hombres. Tal filosofía crítica trataría de implantarse en ciencias particulares, en partidos políticos, en sindicatos, en el ejército e incluso en grupos religiosos. Debería tener una implantación social tal que su continuidad pudiera quedar asegurada en su desarrollo histórico.


La concepción política de la filosofía crítica mostraría al filósofo, también como miembro de una sociedad política, como ciudadano de una Polis, como miembro de una clase social, como alguien inserto en el Universo-Mundo y que, al mismo tiempo, trata de comprenderlo y de transformarlo. Si bien todos los hombres son a su manera filósofos y hacen filosofía, no todos pueden ser filósofos académicos. Pero, aun así, la concepción política de la filosofía debe elevar a los hombres en sus capacidades operatorias con el Universo-Mundo, sin destruir la filosofía popular, al contrario, nutriéndose de ella, pero sin confundirse con los mitos oscuros y confusos del pensar silvestre.


Gustavo Bueno (filósofo español) en su ensayo “¿Qué es la Filosofía?” llega a afirmar que dentro del eje circular del espacio antropológico (que ya veremos y explicaremos más adelante) de su ontología, ambos materialismos – el histórico y el filosófico - se aproximan tanto hasta confundirse en uno solo. (el eje circular del espacio antropológico donde los hombres se relacionan entre sí a través de las cosas que ellos producen, son las relaciones de producción en Marx)


Sin ser monista (monismo: postura que afirma que “todo está conectado con todo” y que existiría solo un género de materia), tanto el materialismo filosófico de Bueno, como el histórico de Marx y el político de Armesilla, postulan la inagotabilidad de la materia y su pluralidad. Es decir, todo lo material es real y todo lo real es material. Y esa realidad material es infinita y plural.


II. ¿Por qué Materialismo? ¿Por qué Político? ¿Qué es el Materialismo Político?


El Materialismo Político es la concepción materialista de la vida política propuesta por el politólogo Santiago Armesilla, producto de entretejer y combinar en una fusión nuclear los dos átomos ligeros consistentes en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno (reforzado en su conexión con el materialismo histórico y purgado de sus elementos nihilistas, gnósticos y teoreticistas) con el materialismo histórico de Karl Marx (purgado del materialismo dialéctico soviético). Es decir, fusionar los sistemas filosóficos de Bueno y Marx para alumbrar una nueva filosofía que actualice, sistematice y revitalice la potencia revolucionaria y transformadora del marxismo despojándolo de los elementos deterministas, teleologicistas, naturalistas, economicistas y monistas del Diamat soviético, de los elementos idealistas e hipercríticos de los marxismos occidentales y de los neomarxismos y postmarxistas contemporáneos.


Materialismo: porque niega la posibilidad de entes inmateriales y conciencias incorpóreas.


Político: porque la racionalidad humana es producto de la vida política. Es imposible el desarrollo de los saberes de 1er grado (técnicos, tecnológicos, científicos, antropológicos, políticos, matemáticos, físicos, biológicos, etc) como así los de 2do grado (la filosofía) fuera del marco de las sociedades políticas. Pero además porque su objetivo, al contrario de todo tipo de gnosticismo, es su implantación política para transformar la realidad.


Nuestra concepción materialista de la vida política (materialismo político) se opone frontalmente tanto al espiritualismo mundano que estudian los antropólogos o los sociólogos (el oscurantismo plebeyo, el “misterio” popular, las “ciencias” ocultas, el tarot, la superchería en general, etc), como al espiritualismo académico, filosófico (idealismo-metafísica) o teológico. Y decimos que se opone a todo tipo de espiritualismo porque el sustancialismo metafísico es imposible por contradictorio, ya que eterniza, absolutiza e inmoviliza determinadas morfologías del Universo, separándolas del entramado estructural o causal en que necesariamente están insertas, dándole una contradictoria e imposible autonomía. No puede tener autonomía la conciencia al margen del cuerpo. Las ideas sustancializadas, no dialécticas, hipostasiadas metafísicamente, sólo son ideas filosóficas llevadas al límite en totalidades imposibles, con una racionalidad metafísica que se revela como una pseudo-racionalidad corrupta que se da de bruces con la realidad efectiva. Así ocurre con la idea de Dios, espíritu, fantasma o utilidad marginal.


El materialismo será toda corriente que niegue la posibilidad de conciencias incorpóreas. Para el materialismo la conciencia no solo implica corporeidad, sino también vida con un sistema nervioso desarrollado en un organismo que sea capaz de percibir y operar sobre el Universo-Mundo.


Rechazará por lo tanto, el idealismo en general, el subjetivismo, el individualismo y el solipsismo.

Nuestro materialismo político afirma a nivel ontológico que el Cosmos, en su totalidad, ha sido, es y será material. Pero en dicho Cosmos no solo existe la materia corpórea fisicalista, sino que se encuentran otras dimensiones ontológicas de materialidad.


¿Pero cuando hablamos de “nivel ontológico” a qué nos referimos?


¿Qué es la Ontología? Recurriendo al filósofo argentino Adolfo Carpio podemos decir que: La Ontología es la disciplina que estudia a los entes, es decir a “lo que es”, a lo que existe y lo que hace que los entes sean: el Ser.


Esta disciplina enuncia una serie de principios a través de la Lógica Formal que se denominan “principios ontológicos” que aplican a todos los entes y estos son:


1-El principio de Identidad: Todo ente es idéntico a sí mismo. (A es A)

2-El principio de (no) contradicción: Ningún ente puede ser y no ser el mismo al mismo tiempo (A es A y no puede dejar de ser A)

3-El principio del tercero excluido: Todo ente tiene que ser idéntico a sí mismo y no puede ser otro al mismo tiempo. (A es A y no puede ser B)

4-El principio de Razón suficiente o Fundamento: (Principio de Leibniz) Todo tiene su razón de ser.


Entonces, cuando nos referimos a la Ontología, nos referimos a estudiar “lo que es”, lo que existe, es decir a la realidad en desarrollo y a su fundamento.


¿Pero cuando decimos “a lo que existe” a qué nos referimos?


Nos referimos a todas las cosas que existen, es decir a las cosas físicas como a una silla, un árbol, una casa; como así también a las cosas que no tienen cuerpos pero que también existen como a los sentimientos de amor, de tristeza, de alegría, a los sueños que son de la dimensión psicológica; como así también a las ideas, a los números, a los teoremas que ya son de una dimensión lógico-abstracta.


III. Ontología del Materialismo Político


El Cosmos (La Realidad en sentido lato) es una pluralidad infinita real material de contenidos, de entes, co-determinados en Symploke donde algunas cosas están conectadas entre sí y otras no.

Nuestro materialismo afirma que el Cosmos en su totalidad ha sido, es y será material. Pero que en dicho Cosmos no solo existe la materia corpórea, es decir, no se reduce a mero “corporeísmo fisicalista”. O sea, no solo existe un género de materialidad sino múltiples géneros.


La parte del Cosmos en la que y sobre la que nosotros como sujetos corpóreos cognoscentes prácticos operamos la llamamos Universo-Mundo. Es “el mundo conocido”. (en terminología de Gustavo Bueno sería “Materia Ontológica Especial” (Ms) )


La parte del Cosmos que está en el límite del Universo-Mundo, es decir, la parte del Cosmos que no conocemos (y que podremos conocer conforme avance nuestro bagaje científico tecnológico pero que al ser infinita jamás podremos conocer en su totalidad) la llamamos Ser Material Trascendental. Es “el mundo desconocido o por conocer”.


El materialismo de Gustavo Bueno se dice pluralista y postula la unicidad del Universo (Cosmos) como el desarrollo de la materia denominada por él como “Materia Ontológica General” (Mi). En el Materialismo Político Armesilla la llama Ser material Trascendental, que es la materialidad existente, el ser (que se opone a la nada), que trasciende al Universo-Mundo, que no conocemos (en los términos en que “conocimiento” significa capacidad para operar, capacidad de realizar operaciones con el o los elementos).


En resumen, tenemos una totalidad plural material real infinita llamada Cosmos que a su vez contiene una parte “desconocida” llamada Ser Material Trascendental (S) y otra parte “conocida” donde nosotros como sujetos operamos que llamamos Universo-Mundo (U).


Entre estas dos partes de La Realidad nos situamos nosotros (como sujetos corpóreos vivos cognoscentes-prácticos) como el eslabón de unión, como nexo entre (S) Y (U): el Ego Trascendental (E).


Por lo tanto, la ontología del materialismo político comprende una realidad material plural que denomina Cosmos que engloba y está constituida, a su vez, de 3 partes interconectadas en Symploké dentro de la misma y que se necesitan unas a otras para entender dicho cosmos, a saber:


1-El Universo-Mundo (U) o “mundo conocido”

2-El Ser Material Trascendental (S) o “mundo desconocido”

3-El Ego Trascendental (E) o “el hombre” en términos históricos, políticos y colectivos, y su capacidad operatoria, cognoscente-práctica.


Éste último, el Ego trascendental, es la conciencia demiúrgica del Universo-mundo. Pero ¿qué queremos decir cuando decimos “demiurgo”? El demiurgo (que significa “creador”) es el sujeto de la praxis que con sus capacidades operatorias transforma la realidad y le da forma al Universo-mundo.


Pero esa “conciencia demiúrgica” NO es una conciencia metafísica, sino, material, compuesta por: a) un sujeto corpóreo cognoscente-práctico, colectivo, social vivo y b) el conjunto de disciplinas categoriales de conocimiento elaborados en el marco de las sociedades políticas por esos mismos sujetos.


Éste Ego Trascendental es homologable al sujeto corpóreo de la praxis de Marx y en la construcción del Universo-mundo por parte de ése sujeto a través de las operaciones con los elementos de la naturaleza tendremos su núcleo ontológico. Esa operación, a través del trabajo (manual e intelectual) humano es: la producción (elemento ontólogico central en Marx). El Ego Trascendental es ése ser viviente-cognoscente colectivo que funciona como “eslabón” entre el Ser Material Trascendental (al que nunca llegará a totalizar por ser éste infinito y el Ego, por el contrario, finito), y el Universo-Mundo al que aprehende, comprende, categoriza y transforma.


En Marx ése Ego Trascendental se agrupa y clasifica según su relación con la propiedad de los medios de producción y sus relaciones de producción en clases sociales.


Dentro del Universo-Mundo, dónde opera, se desenvuelve y se desarrolla el Ego Trascendental, existen 3 dimensiones de materia:


1) DU1 = Dimensión Ontológico- Material Física-corpórea sería “todo lo que esta fuera de la conciencia”, los fenómenos del mundo físico, corpóreo. ej: la casa, la silla, el sol, los virus, las ondas electromagnéticas, los sonidos, etc. Estos se caracterizan por ocupar espacio y tiempo. (es la dimensión equiparable al género de M1 de Gustavo Bueno)


2) DU2 = Dimensión Ontológico- Material Psicológica sería la dimensión donde se constituyen los procesos reales in-espaciales pero sí temporales, lo que esta “dentro de la conciencia”, los fenómenos del mundo psicológico, internos a nuestra psique. ej: las emociones, los sueños, las ideologías, etc. (es la dimensión equiparable a M2 de G. Bueno) y por último…


3) DU3 = Dimensión Ontológico- Material Lógico-Abstracta donde se agruparían los entes in-espaciales e intemporales como por ej: las ideas filosóficas, los conceptos científico-categoriales, los números, los teoremas, que si bien son abstractos necesitan de una materialidad pensante para ser constituidos, para ser “pensados” (es la dimensión equiparable a M3 de G. Bueno).


Descriptas estas 3 dimensiones ontológicas de la materia cabría preguntarse si existe la posibilidad de una 4ta dimensión de la materia, espacial e intemporal, o acaso más dimensiones de materialidad. Desde el Materialismo Político sostenemos que a causa de la multiplicidad infecta, infinita e inacabada de la materia (como todo lo que es, fue y será) se podrían contemplar más dimensiones ontológico-materiales que las descriptas.


Estas 3 dimensiones óntico-materiales existen en nuestro mapamundi materialista en tanto podemos operar sobre los fenómenos y estructuras que en ellos se encuentran y además se entretejen dialécticamente entre sí en Symploké. Y además las 3 dimensiones óntico-materiales son racionales en tanto podemos operar sobre ellas (la racionalidad materialista implica operaciones, y percibir estos fenómenos y estructuras es de por sí una operación racional)


Ahora bien, deberíamos aclarar la idea de Symploké que venimos utilizando, y que para el Materialismo Político es fundamental para entender cómo se relacionan las partes de materialidad dentro de su ontología.


Platón en su obra El Sofista, define la idea de Symploké como el entretejimiento, enfrentamiento y/u oposición de las ideas, las cuales son los elementos de análisis propios de la filosofía. La idea de Symploké, por tanto, se opondría al monismo (“todo está conectado con todo”), como al pluralismo radical (“nada está conectado con nada”), afirmando que no todo está conectado con todo, pues unas cosas están conectadas con unas cosas y otras cosas no están conectadas con otras cosas.


También Platón en la misma línea establece la relación entre Symploké y las ideas filosóficas de reposo y movimiento, ya que si nada estuviese conectado con nada no habría ni reposo ni movimiento y si todo estuviese conectado con todo el reposo y el movimiento serían lo mismo, con lo cual ninguno de los dos sería nada.


Solo la idea de Symploké permite, a nivel ontológico-filosófico, entender las situaciones de reposo y de movimiento que, conjugadamente, pueden experimentar los fenómenos que se dan en el Cosmos.


Marx construye su ontología contra el sistema filosófico hegeliano (y el idealismo alemán en general) teniendo rupturas – es materialista en contraposición al idealismo hegeliano- y continuidades en caso de la Dialéctica hegeliana. Gustavo Bueno, a su vez, construye su sistema filosófico contra el Diamat soviético, filosofía oficial de la extinta URSS, (monista, teleológica, determinista, economicista, naturalista y gnóstico) siendo pluralista, no determinista; y además contra el idealismo y contra el espiritualismo teológico siendo materialista y dialéctico.


Bueno ofrece una ontología materialista construida geométricamente, por medio del análisis regresivo de las conciencias científicas, políticas y mundanas del aquí y ahora, dadas como hechos históricos y en continua reformulación (dado el carácter inacabado e infecto de la realidad) y en las que se realiza la idea objetiva de materia de diversas maneras hacia los componentes trascendentales de todas las conciencias (los saberes) de 1er grado (como sistemas conformados por ideas y teoremas que están por encima o segregados de la voluntad de quienes los utilizan).


Ese aquí y ahora, donde se sitúa la filosofía materialista, debe ser analizado, triturado, para ser transformado, para realizar la filosofía materialista a nivel político.


El criterio de potencialidad de la ontología materialista y por lo tanto del Materialismo Político, estará, en buena medida, dado por la capacidad de ésta ontología de incorporar conceptos científicos-categoriales de las ciencias naturales, como de las formales o de las sociales más avanzadas del momento, como así también, incorporar críticamente ideas de otros sistemas filosóficos (partes materialistas de los gnósticos, como así también idealistas dándoles la vuelta del revés como a la dialéctica hegeliana).


El Materialismo Político – la concepción materialista de la vida política – será revolucionario en tanto que la acción derivada de los propios sujetos operatorios (Ego Trascendental) se dirija a las conciencias de los sujetos y a la transformación de su entendimiento, como así también situados en el aquí y ahora del Universo-Mundo interviniendo en él para transformarlo.


Nuestra ontología materialista se puede interpretar como un mapamundi, una representación cartográfica racional del Cosmos y sus partes dadas a nuestra escala zootropica-antrópica. Un mapamundi construido sobre otros mapamundi anteriores también míticos, pero luminosos y racionales, y críticos. Ese mapamundi se va ampliando al tiempo y a medida que el Ego Trascendental (el sujeto de la praxis de Marx) amplía la escala zootrópica-antrópica de Universo transformándose, al mismo tiempo, a sí mismo. Es decir, a medida que el ser humano, dotado de su capacidad de producción material y de conocimiento, avanza en su actividad de producción, va ampliando el horizonte conocido y, también, va ampliando su mapamundi a la vez que lo transforma y se transforma a sí mismo.


III.1. Ego Trascendental. Su importancia.


La concepción materialista de la vida política es uno de los múltiples itinerarios abiertos a los hombres, una posibilidad entre tantas. Pero además es un itinerario en sí, no para ensimismarse en él, sino sobre todo para, partiendo de su cartografía, transformarla, transformando el itinerario que representa.


El Ego Trascendental en nuestro materialismo político es la conciencia demiúrgica del Universo, no metafísica sino real, operatoria, positiva y derivada de los sujetos concretos. Es decir, el Ego Trascendental es, por un lado, el sujeto corpóreo cognoscente, “el hombre” (sujeto corpóreo finito operatorio racional dotado de un sistema nervioso desarrollado) y por otro lado, las disciplinas categoriales que ha logrado conformar históricamente partiendo de la vida política. Resumiendo: el Ego Trascendental es El Hombre y sus conocimientos, ambos situados y conformados históricamente en sociedades políticas.


Así el Ego Trascendental es el eslabón demiúrgico (el sujeto activo que conoce, que produce y crea) entre el Universo-Mundo (mundo conocido) y el Ser Material Trascendental (mundo desconocido-por conocer), al cual nunca llegará a totalizar y al mismo tiempo lo es del mapamundi que le ayuda a producir la ampliación de sus conocimientos.


La producción, por parte del Ego Trascendental, del Universo-Mundo produce nuestro mapamundi y la producción de nuestro mapamundi obliga a la transformación del Universo-Mundo y a su vez del Ego Trascendental.


Este Ego trascendental ha tenido representación en la Historia, desde el nous pathetikos de Aristóteles a la figura de Jesucristo en el cristianismo, pasando por su desarrollo en Santo Tomás, Hume, Berkeley, Fichte, Schopenhauer, Heiddegger, Husserl y por supuesto Kant, padre del término.


En Hegel el Ego Trascendental corresponde a su idea del Ser-en-sí-para-sí, que, en principio, en la naturaleza se encuentra fuera de sí, alienado. Con la llegada del Hombre y a través de la Historia se irá conformando, elevándose del ser-en-sí-para-sí a la idea de ser absoluto, en tanto que Dios, de manera más plena, yendo del esto, aquí y ahora al Saber absoluto, esto es, el Espíritu Absoluto hegeliano.


En Hegel, en tanto, el Ego Trascendental, no está dado, como en Kant, in illo tempore. Por el contrario, se va configurando como sujeto en un continuo proceso hacia la autoconciencia, hacia la idea en sentido pleno. Sin embargo en Hegel hay una identificación total entre el Ego Trascendental y el espíritu absoluto, lo que lo lleva a la situación de un hiper-idealismo metafísico.


Por el contrario, en Marx, con su vuelta del revés de Hegel, al renegar del idealismo e influido por los clásicos de la modernidad (Spinoza) y por el materialismo de Feuerbach, si bien no introduce un Ego Trascendental con esta terminología, sí podemos encontrar en él una figura análoga: El sujeto corpóreo de la praxis. Para Marx claramente el “Demiurgo” es el hombre y no Dios o la “Idea”.


Para Marx la materia existe desde la eternidad independientemente de todo sujeto corpóreo operatorio. Pero en el marxismo estos sujetos de la praxis no son pasivos, especulativos, limitados a recibir pasivamente los estímulos del mundo entorno exterior y objetivo. Por el contrario, son sujetos activos, dotados de sistema nervioso y eminentemente prácticos que realizan su esencia a través de la producción del Universo-Mundo y, de manera particular, a través del trabajo racionalizado e institucionalizado, producto de la vida política y su devenir histórico.


Como se dijo anteriormente, el marxismo agrupa a éstos sujetos históricamente por su relación con los medios de producción en clases sociales. En ésta relación, además de una multiplicidad de clases sociales muy heterogéneas, habrá clases explotadas y explotadoras en dialéctica mutua. Pero en el marxismo estos sujetos están produciendo, constituyendo continuamente su Mundo-entorno humano (Universo-Mundo) el cual es social e institucional en su estadío prepolítico y, con la aparición de los primeros Estados prístinos, ya fundamentalmente Políticos. Y el mundo-entorno político que produce el hombre es la base sobre la que se amplía la escala zootrópica-antrópica.


Si a escala de la dialéctica de clases el Ego Trascendental será ejercido por la clase obrera unida y dirigida por el Partido Político de Vanguardia, con éste en el poder del Estado Socialista, dicho Estado, sobre todo si adquiere características de Imperio generador para poder influir a escala universal (como lo hizo la URSS), será la organización totalizadora de la conciencia demiúrgica del Universo-Mundo a una escala dónde no queda claro que sea el comunismo el último estadío de la evolución humana, ya que si tomamos la escala de Kardashov, no sabríamos hoy a ciencia cierta qué tipo de sociedad tendría lugar. Lo cierto es que a fuerza de desarrollar y revolucionar constantemente las fuerzas productivas, las relaciones de producción y los modos de producción, escalaríamos a tipos de sociedades hoy inimaginables.


En todo caso el marxismo-leninismo tiene una idea del Ego Trascendental indisociable de Organizaciones Totalizadoras Categoriales del Universo-Mundo.


Un tipo de Organización Totalizadora Categorial existente que puede llevar al límite el Ego Trascendental es la realizada por los Imperios Generadores (en términos de Gustavo Bueno)


Por tanto, podríamos decir que la idea de Ego Trascendental es indisociable de la estructura de un Imperio Generador que, en esencia, es sinónimo de Civilización y modo de producción (el Imperio Británico asienta el modo de producción capitalista, tras la transición mercantilista que inició el Imperio Español; el Imperio Soviético trató de conformar los inicios de la transición socialista, algo que ahora planea continuar la República Popular China)


El sujeto de la praxis del Marxismo-Leninismo produce, comprende, aprehende, clasifica y transforma (opera) el Universo-Mundo a través del Trabajo humano dado en la Producción, como categoría económica fundamental y como idea filosófica esencial del materialismo. Es por tanto, posible coordinar la idea de Ego Trascendental en el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno con la praxis marxista a través de los hombres que transforman el Universo-Mundo a través del trabajo organizado e institucionalizado racionalmente, producto de la vida política. Porque para Marx el Trabajo y la Producción son trascendentes, comunes, a todos los sujetos antrópicos dados en la Historia (y en la pre-Historia como proto-trabajo). Y esto es compatible con el Materialismo de Bueno, y nosotros lo recogemos en tanto la figura de la producción, y el trabajo en el marxismo va ligada a los egos corpóreos categoriales del materialismo filosófico de Bueno, y son susceptibles de ser fundamento por recurrencia y desbordamiento de esos círculos categoriales concretos evitando el componente esencialista e idealista del término Ego Trascendental.


Por otra parte existe una fuerte conexión entre la racionalidad y el Ego Trascendental. Una racionalidad positiva, concreta, objetiva e histórica. Revolucionaria a escala racio-universalista. Es el Ego Trascendental el que hace posible nuestra comprensión del Cosmos, sin sustancializar ninguna de sus partes. No puede sustancializarse el Ego porque caeríamos en la metafísica idealista. No puede sustancializarse el Universo porque caeríamos en la sustancialización mundanista. No podemos sustancializar el Ser Material Trascendental porque caeríamos en la sustancialización espiritualista metafísica.


Ahora hablemos un poco de la Dialéctica


III.2. Dialéctica.


¿Qué es la Dialéctica?


La Dialéctica no es otra cosa que el movimiento lógico de la realidad en sentido fuerte, la verdadera realidad, nos dirá el filósofo Rubén Drí. Esa Realidad es movimiento puro y es la Razón la que capta el movimiento dialéctico.


Desde el marxismo la podemos definir como la doctrina del desarrollo (de lo real en movimiento y permanente cambio -agrego yo-) en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo (y movimiento).


En los Cuadernos filosóficos (1915), Lenin escribe:


“La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de aspectos siempre en aumento), de innumerables matices en el modo de abordar, de aproximarse a la realidad (con un sistema filosófico qué, de cada matiz, se desarrolla en un todo): he aquí el contenido inconmensurablemente rico, en comparación con el materialismo 'metafísico', cuya desgracia principal es la de no ser capaz de aplicar la dialéctica a la 'Teoría del Reflejo', al proceso y desarrollo del conocimiento”.

Ésta definición de Dialéctica viene heredada de la concepción hegeliana. Que a su vez Hegel retoma del filósofo presocrático Heráclito de Éfeso (Siglo V a.c.) Para Hegel, como para Heráclito, la realidad es puro devenir, incesante transformación. “Todo fluye”, “nada permanece”. Pero para Hegel la IDEA es la realidad y, a través de un proceso, un movimiento racional dialéctico, la idea se revela a sí misma como la totalidad de lo real, como el Espíritu Absoluto. En la lógica hegeliana el movimiento racional que acontece es dialéctico porque apenas afirma algo, tiende a negarlo y a contradecirlo y luego a superar esa contradicción. Esquemáticamente, para Hegel, ésta lógica idealista dialéctica tendría 3 tiempos: 1) Afirmación, 2) Negación de la Afirmación, y 3) Negación de la Negación.


Alexander Kojeve lo resume así: Tesis, Antítesis, Síntesis. El movimiento dialéctico del pensamiento sería infinito: toda Síntesis se convierte en una tesis pero a un nivel superior. Ésta a su vez es negada por una antítesis para a su vez ser negada y llegar a una nueva síntesis y así sucesivamente. Pero aún así, para Hegel habría una síntesis final: El Espíritu Absoluto, la totalidad final de la realidad. Dios. Pero nosotros, desde nuestra ontología, somos materialistas y negamos el idealismo absoluto de Hegel, aunque rescatamos su dialéctica.


Entonces ¿por qué es importante hablar de la dialéctica? Porque debemos dar cuenta, debemos explicar que la realidad que es material y plural, está en permanente cambio, en permanente movimiento y desarrollo. Debemos dar cuenta, además, de la articulación general entre la dialéctica materialista y las dimensiones óntico-materiales anteriormente descriptas en nuestra ontología del materialismo político.


La dialéctica materialista aparece en el momento de la producción de la Symploké (realizada por el Ego Trascendental) de las dimensiones óntico-materiales en mediación, también, con el Ser Material Trascendental.


El núcleo fuerte de la dialéctica es el de la contradicción, la contradicción como ley general del movimiento y del cambio.


Engels escribió su Dialéctica de la Naturaleza (1875-76), tratando constantemente la idea de contradicción. A éste respecto Gustavo Bueno se pregunta si es posible mantener una dialéctica de la naturaleza sin caer en un panlogismo, es decir, en pensar que todo lo racional es real.


El Cosmos presenta contradicciones que parecen tener sentido solo a nivel lógico. Sin embargo en la realidad no es así. Podemos decir que las contradicciones dialécticas se formulan en las diferentes dimensiones óntico-materiales de Universo-mundo.


Las contradicciones entre ideas (DU3) suelen designar rectificaciones de su curso real de pensamiento (lógica dialéctica), y en el caso que se den contradicciones formales (lógica formal) lo serán en la medida en que una secuencia de ideas, representadas en símbolos lógicos se oponga a otra previamente establecida, por lo que el efecto de dicha oposición será la eliminación en la dimensión física de una de las secuencias incompatibles. A su vez las contradicciones entre objetos físicos (DU1) carecen de sentido sin la dimensión psicológica (DU2) o la dimensión lógico-abstracta (DU3). Sin éstas dos últimas, las contradicciones entre objetos físicos serían meros procesos de aproximación o distanciación de partículas. Pero, en el Materialismo Político, dichas contradicciones se configuran en todas las dimensiones por la mediación mutua entre todas ellas. Por ejemplo: dos rocas que chocan (contradicción en la dimensión física) solo pueden percibirse, hacerse conscientes en la mente humana, cuando interviene la dimensión lógica-abstracta, es decir, cuando interviene “La Razón”. Otro ejemplo: las contradicciones en la dimensión psicológica como ocurre al final del sueño con el despertar incluye la dimensión física del movimiento del sujeto al despertar y del soporte material del cerebro que sueña, como así también la dimensión lógico-abstracta en la que se puede categorizar el concepto de sueño.


Resumiendo, el principal error es concebir a la dialéctica como contradicción en una sola dimensión material. Este error condujo al existencialismo a ser una crítica idealista del marxismo y al Diamat soviético a excluir la dimensión lógico-abstracta de su análisis como campo de contradicciones. Tanto unos como otros soslayaron el hecho de que todo es materia, pero materia con carácter plural (por sus múltiples dimensiones).


Todo es material, y por lo tanto, la oposición materia/forma (lo existente y su representación abstracta) solo es un caso especial de oposición entre contenidos materiales diversos.


Así, “la inagotabilidad de la materia en profundidad” que decía Lenin, vuelve a ejercer su papel de idea fundamental filosófica, en tanto que la materia siempre está activa, mientras que la forma se reduce a una representación que subsiste sólo desde una actividad interindividual (en la dimensión psicológica o en la lógico-formal), desde el ejercicio racio-universalista del Ego Trascendental.


Sin duda, el factor psicológico deberá estar presente a la hora de comprobar las contradicciones. Pero también lo han de estar los factores objetivos y las fuerzas de la dimensión física, y las leyes de la mecánica clásica, cuyo lugar es la dimensión lógica-abstracta (que son leyes tan objetivas como los objetos físicos del sistema dado).


Los juicios sintéticos, operatorios-corpóreos serán los que nos permitan construir los objetos del campo donde se observan las contradicciones. No lo serán los juicios analíticos, en los cuales, como ya dijimos, no hay dialéctica (rechazada por la filosofía analítica, así como por el marxismo analítico)


Pero tenemos que tener en cuenta que hay un punto en que la dialéctica en Symploké entre los entes de las dimensiones óntico-materiales del Universo llevaría a la desaparición de dichos entes, por la ley interna de su propia constitución, esto es por la 2da ley de la Termodinámica: la entropía. Esta conclusión ontológica, en relación con las conclusiones de cierre gnoseológico de la Termodinámica, equivale a la idea general de materia como Ser Material Trascendental. La consideración dialéctica del Cosmos aparece en la intersección del Universo-Mundo con el Ser Material Trascendental. El Ser Material Trascendental nos presenta toda determinación cósmica del Universo como efímera, móvil, pasajera. El Universo formaliza así la movilidad y la inagotabilidad de la materia en profundidad como una contradicción. Todo proceso o sistema real es contradictorio. Pero no es suficiente enunciarlo. Es necesario determinar los mecanismos, las circunstancias, los momentos que permiten determinar que un proceso, un sistema o un ente van a desaparecer.


Una vez admitidas las configuraciones en juego mutuo en el Universo, y de cada una de las dimensiones óntico-materiales, no es racional rechazar las posibilidades de contradicción objetiva entre ellas. Contradicción dialéctica es incompatibilidad, y la estrategia ante dichas situaciones dialécticas es siempre la de cancelar dicha contradicción.

Existen 2 modos de resolución de las contradicciones dialécticas:


1-El modo estructural: cuando los términos se nos presentan frente a frente con abstracción de su génesis como dilemas o antinomias (antinomias kantianas)


2-El modo Procesual o de sucesividad: cuando los términos contradictorios se nos presentan según su trayectoria de origen procediendo unos como desarrollo de otros.


En el marco de ésta última, la dialéctica procesual, Gustavo Bueno, desde su Materialismo Filosófico nos propone 4 estrategias de cancelación de las contradicciones.


I- Metábasis: se corresponde con la idea de cómo se va desarrollando una configuración según la ley de sus contradicciones internas en algo nuevo distinto al original, pero conservando partes de la misma. Sería un "Progressus" donde encontramos rupturas y continuidades. Esta figura de cancelación se podría homologar a la Ley de los cambios cuantitativos en cualitativos de Engels en su Dialéctica de la Naturaleza.


II- Anástasis: la Anástasis sería el contrario de la Metábasis, es decir, la configuración del ente va progresando por sus contradicciones, pero en un momento algo lo obliga a detenerse o retroceder antes de llegar a la diferenciación, antes de llegar a su límite, mediante una retirada total o parcial por “Regressus” a fases intermedias del proceso.


III- Catábasis: es cuando 2 o más configuraciones o entes van confluyendo en un proceso dialéctico hacia la constitución de una configuración única cuya identidad nueva es distinta a las originales (lo distinto se convierte en lo mismo). Ej: una mercancía, que luego de la elaboración de los distintos materiales que la componen se transforma en un producto.


IV- Catástasis: sería un devenir regresivo de involución del ente que obligaría a la detención del mismo para no llegar a su negación. Por ejemplo: cuando Stalin paró la NEP ante el cerco geopolítico e inició los planes quinquenales para el desarrollo acelerado de la URSS para evitar que pereciera el sistema soviético.


En el Diamat (materialismo dialéctico de la academia soviética), en su versión pluralista, la Dialéctica es la ciencia del movimiento donde realidad y posibilidad se conjugan. Existir es pasar de lo posible a lo real, y no solo coexistir o conectar con otras cosas. Sin embargo no toda posibilidad se transforma en realidad, no todo lo posible se realiza, con lo que no cabe teleologismos aquí, sino, pluralidad de posibilidades (por ejemplo: tanto la realización del comunismo como su caída). El futuro no existe en el DIAMAT como algo paralelo a lo realmente existente, sino como posibilidad.


Para el Diamat la realidad es interconectividad y coexistencia de fenómenos plurales en constante cambio y desarrollo en los cuales se producen conexiones en el espacio-tiempo. El pasado influye en el aquí y ahora y, a su vez, en el presente se pueden vislumbrar las tendencias del futuro condicionadas por las realidades concretas del aquí y ahora. Esta concepción permitía una praxis política marxista-leninista pero siempre teniendo en cuenta las condiciones materiales, objetivas, concretas, históricas y espacio-temporales.


Desde un punto de vista gnoseológico (la Gnoseología es la parte de la filosofía que estudia los principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano), el marxismo no tiene una visión completa, totalizadora del Cosmos. Aquí es donde el materialismo filosófico de Bueno lo complementa. Pero de todas maneras, esto no disminuye el carácter totalizador de la praxis humana y del conocimiento desplegado históricamente, estableciendo nexos cada vez más profundos, a través del Ego Trascendental, en el Universo que le rodea, del que forma parte y que él clasifica. Ahora bien, éstos nexos tienen un límite, y ése límite es el Ser Material Trascendental.

Para terminar ésta parte expondremos las leyes de la Dialéctica del materialismo histórico teorizadas por Engels en el Anti-Düring y desarrolladas posteriormente por el materialismo dialéctico soviético.


1-Ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos: (cantidad a calidad) se refiere a la sumatorio de pequeños cambios que al pasar por un umbral generan una diferenciación de calidad. Un ejemplo en la biología lo encontramos en la generación de un potencial de acción en la despolarización eléctrica de la neurona para generar un impulso nervioso. Otro ejemplo podría ser en la evolución de las especies donde la sumatoria de pequeños cambios en la evolución genética a partir de un umbral darían como resultado otra especie diferenciada de la anterior de la que parte. Otro ejemplo sería cuando calentamos agua y llegamos al umbral de los 100 °C donde el agua pasaría de líquida a gaseosa.


2-Ley de la Unidad y Lucha de los contrarios: La unidad de los plurales en dialéctica entre sí, constituyen una nueva unidad. Por ejemplo, en el mismo proceso de creación de la vida se encuentra la unidad de los contrarios que generan a través de su oposición/unión una nueva unidad: la fusión de un espermatozoide con un óvulo. Dos células con distinto material genético se convierten en una unidad distinta a las dos originales que le dieron comienzo pero conteniendo la información genética de ambos. Es coordinable con la Catábasis de Bueno, es decir, el Progressus convergente.


3-Ley de la negación de la negación: Proceso de reconstrucción de lo concreto mediante superaciones o negaciones de entidades, conceptos o abstracciones anteriores. Pensemos en el ejemplo anterior. Está el óvulo alojado en el tercio superior de la trompa de Falopio en el momento de la ovulación. Se produce el coito y el espermatozoide viaja a través de la trompa al encuentro del óvulo. El espermatozoide se enfrenta al óvulo, lo niega, pero al negarlo también se niega a sí mismo dando por resultado un tercer elemento que es la concepción. Aquí tenemos los 3 momentos dialécticos: Afirmación (óvulo)-negación (espermatozoide)- negación de la negación. (concepción). Pensemos en un ejemplo en la mecánica cuántica: un electrón (carga negativa) se enfrenta a un Protón (carga positiva). El Protón negará al electrón, éste se desvanece pero, a su vez, el Protón será negado ya que continuará con carga neutra. Ya no será un Protón, ahora será un Neutrón (carga neutra). Armesilla homologa a ésta tercera ley con la Anástasis (por Regressus divergente) y la Catástasis (por Regressus convergente).


4-Ley de la conexión universal de los fenómenos: Esta ley no fue teorizada por Engels sino por Stalin (en 1938), y afirma que ningún fenómeno de la naturaleza puede ser comprendido si se lo enfoca aisladamente sin conexión con los fenómenos que la rodean. Es decir, todo fenómeno puede ser comprendido y explicado solamente si se lo examinan en su conexión indisoluble con los fenómenos circundantes y condicionado por ellos. Ningún ente puede existir, ningún fenómeno puede acontecer, fuera de un contexto determinado y sin interacción con el mismo.


Toda esta exposición sobre la dialéctica, y antes sobre la ontología pluralista del materialismo filosófico y el materialismo político, nos permiten comprobar que éste pluralismo ya está presente en la tradición clásica marxista, tanto en Marx como de las tendencias pluralistas del Diamat soviético.


Por lo tanto, estas líneas generales de una ontología materialista pluralista que implique romper con el monismo y el teleologismo del Diamat , el gnosticismo, el nihilismo, y el teoreticismo del materialismo filosófico, como así también el hipercristicismo de los marxistas occidentales, nos permitirían, partiendo de ellas, ir hacia una concepción materialista de la vida política que tome partido por una concepción fuerte de la filosofía, en lo que a su implantación política se refiere, desde el poder político con pretensiones totalizadoras, trascendentales, de transformación crítica de la realidad a la máxima escala posible.


Por ello, nos interesa ahora tratar algunas cuestiones sobre antropología filosófica y sobre filosofía de la historia, cruciales para entender el materialismo histórico de Marx en las que se centró Gustavo Bueno en su “vuelta del revés de Marx”, o su lectura crítica del mismo.


IV. La cuestión de la alienación


La idea de la alienación en Marx trata del estado de enajenación mental y social y de la falsa conciencia en que las personas quedarían como consecuencia de la organización del trabajo en el capitalismo. Esto se puede ver de manera paródica en el personaje de Chaplin en la película “Tiempos Modernos” y esto está directamente relacionado con el fetichismo de la mercancía, en dónde la mercancía como producto de la mano del hombre adquiriría como por arte de magia una personalidad, una subjetividad, se convierte en “fetiche”, al mismo tiempo que rebajaría a “cosa” al hombre que la produjo, que la creó. El hombre se “cosifica” y la cosa (la mercancía) se “subjetiviza”. Aquí los trabajadores se convierten en apéndices de las máquinas productoras de mercancías (cosas). Se trataría de una idea de cuño psicológico cercana a la descripción de un delirio, es decir, la falsa conciencia como una alteración de la percepción de la realidad.


Para Marx la clase trabajadora debe superar esa enajenación para, toma de conciencia mediante, convertirse en una clase destinada a derrocar a la burguesía, en una perspectiva ascendente del poder político. En este punto Marx da la vuelta del revés a Hegel (su maestro) en su idea de que la Historia la hacen las clases superiores o las élites (idea, ésta, heredada de la ilustración). Hegel creía que la “clase social universal” que hace la Historia es la clase de los funcionarios (clase en la capa conjuntiva del poder político en el esquema de Gustavo Bueno). Frente a Hegel, Marx trasladó la función de clase revolucionaria, es decir, la “clase social universal” que hace la Historia, al Proletariado.


La inversión que proponemos desde el Materialismo Político a esto, que Marx postula, no implica volver a Hegel. La concepción materialista de la vida política va directamente a demoler la idea misma de “clase social universal”. Para nosotros, para el materialismo político, no existe una clase universal atributiva (atributiva en el sentido que todas sus partes se corresponden como iguales, como un todo) como sería “la clase obrera internacional” o la “burguesía”, conceptos vinculados éstos a la idea de género humano como totalidad también atributiva. Es decir, no hay UNA clase universal atributiva con capacidad para asumir una perspectiva racional del género humano. La humanidad solo tiene entidad como totalidad desde una perspectiva biológica, pero no existe como totalidad política, económica, religiosa, etc. La Humanidad solo existe como totalidad distributiva, mixta y esto se debe a que existen Estados, sociedades políticas, que separan esa totalidad en partes desiguales entre sí (en pueblos, naciones) y en competencia, y desde el punto de vista económico en clases sociales. Por lo tanto, no ha existido, ni existe el funcionariado de Hegel como clase universal ni tampoco el Proletariado ni la Burguesía universales. Existen funcionarios nacionales, proletarios nacionales y burgueses nacionales, entre otras clases sociales.


Entonces, si la humanidad nunca fue una totalidad atributiva homogénea ¿qué parte racional podría tener la idea de alienación?


1-En primer lugar tendría un sentido en tanto categoría psicológica-psiquiatrica (persona que ha perdido noción de la realidad)


2-En segundo lugar tendría sentido como alienación en sentido filosófico-ideológico: personas que aparentemente llevan una vida normal pero que, en relación con la idea marxista de falsa conciencia, podrían estar viviendo en un estado de inconsciencia social, autismo social, como sujetos revestidos de una personalidad presuntamente “impermeable” a la influencia de los demás y a la de su entorno que los lleva a la atomización social y al solipsismo. Esta idea de alienación se podría aplicar no solo a individuos sino también a grupos intelectuales endogámicos, gnósticos, religiosos, profesionales, étnicos, etc. mutuamente incompatibles entre sí. Una alienación genérica que puede aplicarse, además, a sujetos que viven en el maregmágnum de la turbulenta confluencia entre estas esferas diferentes, no pudiéndose identificarse con ninguna de ellas y permaneciendo por tanto alienado. Es lo que Gustavo Bueno llama individuos flotantes relacionados con el fenómeno del fetichismo de la mercancía, siendo dicho fenómeno el fundamento de la existencia alienada de los individuos flotantes. Pues como náufragos a la deriva, los sujetos flotantes en el modo de producción capitalista, se aferran a la mercancía para poder “salvarse” a través del desconocimiento del proceso de explotación que lleva a la producción de dichas mercancías.


3-En último lugar habría un tercer tipo de alienación, la alienación forzosa del Individuo hundido, y es en la que el sujeto aún consciente de su situación viviría una situación personal y social de absoluta incapacidad para rebasar las limitaciones que le obligan a vivir entre sus pares de la sociedad política, aceptando la alienación personal o colectiva, como si de un secuestro se tratase. Es la situación de una alienación forzosa. Ejemplos: niños soldados o niños obligados a realizar trabajos, mujeres bajo opresión machista (prostitución, malos tratos, opresión religiosa), grupos étnicos-sociales o religiosos de minorías, pobres, indigentes, perseguidos políticos, etc.


4-Cabría aún un cuarto tipo de alienación, como casi un subtipo resultante de la unión de individuo flotante con individuo hundido: El Sujeto Hidropónico. Alicia Melchor Herrera acuña el término de “Sujetos hidropónicos” a un tipo de alienación de los sujetos en estas sociedades políticas contemporáneas de mercado pletórico de mercancías. El Sujeto hidropónico, serían aquel que, como plantas que son regadas artificialmente en suspensión en agua, no tiene enraizamiento con la tierra, con su nación, con su grupo social, con su sexo, con su religión o clase de pertenencia. Es un sujeto líquido en una sociedad líquida, como diría Zygmut Bauman, que está a la deriva, dando vueltas por el mundo, acumulando un trabajo precario tras otro, produciendo plusvalor para el Capital, en donde las relaciones laborales se han transformado, ya que el trabajador se convierte en un “emprendedor” de sí mismo, donde no reconoce la patronal que lo explota, no goza de contrato legal, ni vacaciones ni derecho laboral consagrado, teniendo una completa precarización e incluso poniendo él sus propias herramientas o elementos de trabajo, cuyo modelo laboral son las nuevas plataformas digitales tipo Uber, Pedido Ya, Rapi, etc. El Sujeto hidropónico, al no tener raíces en “tierra”, no está enrraizado en la comunidad, en la moral, en la ética, en la familia, en la nación, en la familia ni en el Estado, por lo tanto, no tiene pertenencia ni solidaridad. No tiene identidad ni entidad.


Estos tipos de alienación son tratados individualmente en el aquí y ahora como formas distintas de alienación con relación al fetichismo de la mercancía. Sin embargo, desde el aquí y ahora es posible utilizar el conjunto de saberes categoriales que permitan mejorar la situación de los sujetos que sufren estas formas de alienación, tanto mediante acciones y tratamientos individualizados, como mediante planes y programas sociopolíticos de recuperación de estas personas contando también con la voluntad y capacidad de dichas personas.


Esto tiene que ver con la ontología transformadora presentada anteriormente, y con el papel que nuestra concepción materialista de la vida política deberá jugar en el futuro si mantiene su acepción fuerte de implantación política.


V. La cuestión marxista de la base y la superestructura


Cuando Marx en enero de 1859 escribió su famoso prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, jamás imaginó que en su intento didáctico de homologar el funcionamiento de la sociedad capitalista a una estructura arquitectónica constituida por una “base”, donde concurrieran las relaciones sociales de producción (vulgarmente llamadas relaciones económicas), y una “Superestructura” constituida por las instituciones e ideologías resultantes de esa “base”, llevaran a tanto equívoco reduccionista y confusión entre sus intérpretes y continuadores.


Veamos, brevemente, qué escribió Marx en dicho prólogo:


“La primera tarea que emprendí con el objeto de resolver las dudas que me asediaban fue una revisión crítica de la filosofía del Derecho de Hegel”…”Mi investigación desembocó en el resultado de que tanto las condiciones jurídicas como las formas políticas no podían comprenderse por sí mismas ni a partir de lo que ha dado en llamarse el desarrollo general del espíritu humano, sino que por el contrario, radica en las condiciones materiales de vida cuya totalidad agrupa Hegel, según el procedimiento de los ingleses y los franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de “sociedad civil”, pero que era menester buscar la anatomía (y su fisiología, agregaríamos nosotros) de la “sociedad civil” en la economía política”.

Y más adelante prosigue:


“El resultado general que obtuve y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor de mis estudios, puede formularse, brevemente, de la siguiente manera. En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio (Uberbau - superestructura) jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia”

Marx desde coordenadas materialistas, no explicitadas en un sistema, intenta darnos una explicación sintetizada de su concepción materialista de la Historia y cómo la materialidad, y la praxis humana resultante y concomitante a ésta, son las que condicionan y determinan –como fundamento - las configuraciones sociales, jurídicas, políticas, económicas, religiosas, etc, de una sociedad política determinada.


Aquí es donde el Diamat ha hecho una interpretación lineal y literal de la metáfora arquitectónica de Marx.


Cuando se habla en el materialismo dialéctico (Diamat) de la relación Base/Superestructura, se habla o bien de esta relación como categoría filosófica generalísima (base como fundamento de una realidad y superestructura como lo que depende de ese fundamento) o bien como categoría especial del materialismo histórico que remarcaría el vínculo producido por diversas formaciones socio-económicas entre las relaciones de producción, y su “resultado” la superestructura.


Asi, este par de conceptos relativos (Base/Superestructura) denotaría, además, vínculos que también servirían para explicar los cambios sociales de las diversas formaciones socio-económicas al nivel de los distintos modos de producción. Es decir, los cambios en la “base” explicarían los cambios en la “superestructura”. Un proceso que realmente no es tan simple como aparenta.


El único modo de no caer en los análisis simplistas y mecanicistas, propios del marxismo vulgar, sobre la relación Base/Superestructura, es desde una doctrina materialista de la actividad humana como productora y producto de la vida política: el Materialismo Político.


Cuando para el Diamat la racionalidad humana es un producto de la actividad humana (praxis) desarrollada a lo largo del curso de la Historia y de la cultura universal como resultado del concurso de las diversas generaciones de “la Humanidad”, se pasa por alto el detalle del hecho de que no existe dicha “Humanidad” como totalidad atributiva homogénea, sino que, dichas generaciones humanas pretéritas siempre se desarrollaron en sociedades políticas determinadas y por ende su racionalidad siempre fue producto de la dialéctica de clases y de Estados.


Frente a la deriva vulgar, monista, simplista y mecanicista del Diamat, nuestra concepción materialista presenta una morfología de la vida política y del campo económico en analogía con la teoría del cierre categorial, en dónde los sujetos en sus actividades operatorias van conformando un núcleo, un cuerpo, un curso de la sociedad y unas capas y ramas del poder político. Y esto lo hacen por medio de operaciones en y entre los campos antropológicos, sociológicos, económicos y políticos dentro de cada sociedad política determinada que permiten la recurrencia y permanencia de los mismos, es decir, su buen orden, su eutaxia. En estos campos se conforman las instituciones con independencia de la conciencia de los sujetos que las ponen en funcionamiento, y entretejidas en Symploké con el resto de las instituciones de la sociedad política, tanto las instituciones de la “base” como las de la “superestructura” en el mismo proceso económico-político. Es decir, no hay separación dual o antinómicas entre “Base” y Superestructura”, ni preeminencia de una sobre la otra. Lo que hay es una conformación de un espacio antropológico económico-político producto de las relaciones circulares de los sujetos operatorios que conforman y habitan dichas sociedades políticas.


Mientras en el Diamat la base de la sociedad política es eminentemente económica, en la concepción materialista de la vida política las relaciones económico-políticas, netamente circulares, pero también radiales, constituyen un núcleo de la sociedad política netamente conjuntivo donde habitan los poderes políticos formales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y tiene como su punto de eje económico-político las relaciones radiales que, con la capa basal de la sociedad política donde actúan los poderes gestor, planificador y redistribuidor, hace que se constituyan éstos en el objeto primordial (la base) de los planes y programas de dicha sociedad. Y en esos planes entra el Estado como una categoría económica-política de primer orden, con todas sus capas y ramas y con el territorio que lo constituye. El Estado así dejaría de ser visto como una mera superestructura (como lo vería el Diamat) y pasaría a ser el presupuesto conjuntivo y cortical necesario para que las relaciones basales de producción puedan existir, ser recurrentes y reproducirse de manera continua.


Para aclarar un poco los tantos adelantaremos (aunque lo vamos a ver con más detalle más adelante) que en la estructuración de la sociedad política, inspirados en el esquema de Gustavo Bueno, concebimos a dicha sociedad conformada por 3 capas con sus respectivos poderes a saber:


1) Capa basal: donde se dan los procesos económicos-políticos y está constituida por los poderes: a) Gestor, b) Planificador, c) Redistribuidor

2) Capa conjuntiva: con sus poderes del Estado: a) Ejecutivo, b) Legislativo, y c) Judicial.

3) Capa cortical: con sus poderes, también del Estado: a) Militar, b) Federativo y c) Diplomático.


Por lo tanto, podríamos afirmar que el par Base/Superestructura son conceptos conjugados diaméricamente en donde se infiltra la base en partes de la superestructura y a la vez, la superestructura en partes de la base. Se trataría de una articulación o inserción, de la misma manera en que se conjugan huesos y tejidos (ligamentos, músculos, nervios) en un organismo animal. O sea, a la metáfora arquitectónica de Marx y del Diamat le oponemos aquí la metáfora orgánica-biológica en dónde la actividad y el desarrollo dentro de una sociedad política se da con todos los elementos conjugándose y determinándose a la vez en un mismo proceso.


Pero en verdad esto ya lo tuvieron en cuenta Marx y Engels cuando advirtieron el peligro del reduccionismo de sus tesis. Al respecto escribía Engels en 1890: “Según la concepción materialista de la Historia, el factor que en última instancia determina la Historia es la Producción y la Reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levantan…ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores…” (las negritas son nuestras).


VI. De la lucha de clases como motor de la Historia a la dialéctic de clases y Estados. El Estado como sujeto revolucionario


La idea de Lucha de clases desarrollada por Marx como motor de la Historia, es revisada por Gustavo Bueno en varios escritos. Para Bueno, la “vuelta del revés” de la idea marxista de Lucha de clases es, sobre todo, subversiva, en tanto subvierte la teoría del materialismo histórico expuesta por Engels sin renegar completamente de la misma.


Contra ésta idea de Lucha de clases, que se daría en una humanidad homogénea atributiva, que funcionaría como motor de la Historia en tanto que explicaría la transformación de un modo de producción a otro modo de producción más avanzado (del esclavista al feudal, del feudal al capitalista y éste al comunismo) de manera lineal, progresiva y teleológica, Bueno le superpone una dialéctica de 3 momentos de un mismo movimiento: 1) Dialéctica de clases, 2) Dialéctica de Estados y 3) Dialéctica de Imperios.


Como ya argumentamos en el apartado anterior sobre la conformación de las sociedades políticas, no es posible separar de manera sustancial la dialéctica de clases, interna a las sociedades políticas, de la dialéctica de Estados entre esas mismas sociedades políticas. Es decir, hay tanto lucha de clases dentro del Estado como lucha entre Estados, y estas luchas dialécticas se influyen y determinan al mismo tiempo.


De tal modo que, la Dialéctica de clases y de Estados suprime todo sentido a la idea de que a partir de la lucha de clases surgirá el Estado, pues en realidad, no podrá entenderse el Estado (en sus relaciones dialécticas con las clases sociales) al margen de su dialéctica con otros Estados u otras sociedades políticas (por ejemplo colonias o imperios) en función de las cuales se constituye, a su vez, como Estado.


Como diría Gustavo Bueno: “No hay una disyuntiva entre Lucha de clases (y subordinada a ella la de los Estados) y la lucha de Estados (y subordinada a ella la de clases): lo que hay es una co-determinación de ambos momentos en una dialéctica única”


Cada Estado se constituye siempre en función de la apropiación del espacio territorial en el que actúa, excluyendo de ese territorio, y de lo que en él contiene, al resto de sujetos o de Estados.


La lucha entre Estados habrá de considerarse como un momento de la dialéctica de clases misma, determinada por la apropiación de los medios de producción (esto es: territorio, sus recursos, sus aguas, sus minerales, recursos energéticos como petróleo, gas, carbón, etc.) por un grupo de sujetos o por determinadas sociedades humanas (Estados o Imperios), excluyendo así de los mismos a otros sujetos o sociedades humanas. En donde los ejecutores directos de dichos actos suelen ser los mismos “expropiados” del Estado apropiador (sus clases subalternas en términos de Gramsci, usadas como soldados o fuerzas de choque para la invasión) los que expropian a su vez, de sus territorios, bienes y recursos a los sujetos de otros Estados.


En la medida en que cada sociedad política se constituya desarrollando sus fuerzas productivas en el mismo proceso de co-determinación con otras sociedades políticas competidoras, (incluyendo en esa competición los intercambios comerciales, como así también las guerras y disputas.) la apropiación de medios de producción dentro de los límites territoriales de cada sociedad política solo se consumará tras la constitución de la sociedad política misma, cuyo buen orden y recurrencia en el tiempo ha de contar con el consenso espontáneo u obligado de los expropiados que viven en el territorio. Con lo que se concluirá que la división de la sociedad en clases sociales es paralela al surgimiento de las sociedades políticas. Es decir, las sociedades políticas, los Estados, se constituyen por una doble dialéctica en sujetos históricos. Una dialéctica interna: la dialéctica de clases, y otra externa: la dialéctica de Estados, y estas dos a su vez se influyen y determinan.


La dinámica de las clases sociales en la Historia, como clases definidas en función de su relación con respecto a la propiedad o gestión de los medios de producción, actúa solo a través de la dinámica de las sociedades políticas entre sí, es decir, hoy a través de la dialéctica de Estados. Y con mayor intensidad si esos estados son imperialistas.


Solo desde una plataforma estatal, desde la plataforma de poder de una sociedad política ya constituida, es posible toda acción de clase que no sea utópica.


Así, dicho en términos ontológicos, la clase obrera como totalidad mixta distributiva universal, sólo podrá actuar organizada en la construcción del socialismo y del comunismo, cuando exista una organización totalizadora de esa misma clase en sentido atributivo en una sociedad política lo suficientemente extensa y poblada como para, desde el poder político, tener capacidad totalizadora del Universo-mundo entero. Es decir, solo podrá actuar a escala universal cuando el Partido de vanguardia domine efectivamente esa sociedad política, ese Estado, con fuerza suficiente como para generar, dentro y fuera de sus fronteras, instituciones coherentes con una concepción materialista de la vida política. Algo que Bueno llamó Imperio Generador y que es totalmente coherente tanto con el marxismo-leninismo, como con nuestra idea de Ego Trascendental.


Para reforzar éste importante concepto reiteramos: La clase obrera como totalidad mixta universal solo podrá realizarse como Ego Trascendental, en sentido marxista-leninista, cuando, en un Estado de la extensión y población de un Estado-Nación como Rusia, China o Estados Unidos de Norteamérica, el Partido de Vanguardia de esa clase obrera nacional pueda tomar el poder político y ejercerlo de manera efectiva convirtiendo el Estado imperialista en Sujeto Revolucionario (Imperio Generador Socialista) totalizador del Universo.


Pero también, podría darse el caso de organizar un Estado revolucionario civilizatorio-comunista no a partir de Estados grandes ya constituidos, sino desde agrupaciones geopolíticas heterogéneamente totalizadas hasta su homogenización en plataformas continentales cuyas configuraciones antropológico-político-culturales permitieran articular sociedades políticas homologables a las tres arriba mencionadas, en tanto compartan una lengua mayoritaria común, una religión mayoritaria común, un pasado político (imperial) común, una conjunción entre ellos en extensión de más de 10 millones de , un sistema político mayoritario en común, una población en común de más de 300 millones de personas y al menos habiendo dos Estados de esa plataforma que fueran fronterizos. Estados Unidos podría extender su radio de acción hacia el Universo desde una Plataforma Anglosajona, Rusia desde una plataforma paneslava, China desde su Estado-civilización y plataforma asiática, los países islámicos desde una plataforma islámica y nosotros desde una Plataforma Iberófona, donde tenemos 861 millones de personas que hablan español y portugués en el mundo, dos únicas lenguas universales y mutuamente comprensibles hasta en un 89%, población heredera de la acción imperial portuguesa y española, siendo Brasil y México los Estados con mayor capacidad para liderar dicha plataforma, aunque el eje se podría centrar en la Cuenca del Plata (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia) teniendo a la construcción de la Unión Suramericana como primer escalón en la construcción de dicha plataforma.


En conclusión, las clases sociales solamente cobrarán realidad política efectiva a través de las sociedades políticas, a través de los Estados, lo que a su vez implica que la dialéctica entre los Estados tenga que contar, para explicarse y entenderse, con la dialéctica de clases. Esto significa que la dialéctica de clases interna a un Estado depende de la dialéctica entre los Estados y de la dialéctica de clases de otros Estados. Esta es la idea de que se corresponde desde el Materialismo Político a la idea marxiana de “lucha de clases” como el verdadero motor de la Historia. Algo que ya dejaron claro Marx y Engels al iniciar el Manifiesto Comunista: “La Historia de todas las sociedades (nótese el plural) que han existido es la historia de la lucha de clases.” Traducción que no significa lo mismo si se sustituye “sociedades” por “humanidad”, adquiriendo esta última un sentido de totalidad atributiva universal propia del marxismo vulgar.


VII. Acerca del comunismo como el fin de la Historia. Comunismo y socialismo


En el marxismo vulgar, la idea de la sociedad comunista final es un horizonte, en realidad anarquista. Pero en el Materialismo Histórico de Marx, el Comunismo como ideología y movimiento político, no tienen nada que ver con el anarquismo. Marx escribe en la “Ideología Alemana” lo siguiente: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente”. (K. Marx y F. Engels (1845) La ideología alemana, 5. Desarrollo de las fuerzas productivas como premisa material del comunismo)


El comunismo supuso, en la teoría marxista más extendida, un tipo de sociedad humana (post-política), en la que supuestamente las leyes de la economía capitalistas desaparecerían, y así también el propio campo de la Economía Política, ya que, al desaparecer los Estados, desaparecerían con él los campos económicos en que son posibles las relaciones de producción y donde se conforman las categorías de la Economía Política. Pero si descartamos el futuro comunista anarquista y también el futuro hipotético de un Imperio Universal que totalice el planeta tierra sin dialéctica con otros Estados, el fin del campo económico no ocurriría jamás, y el modo de producción comunista podría ser compatible con una sociedad universal post-estatal (pero no post-política) en la que los Estados-Nación actuales podrían ser partes formales de unidades superiores. Todo esto es plausible, pues el desarrollo de las fuerzas productivas es dialéctico en todo modo de producción. Y esto es algo que siempre señaló Marx en su crítica de la Economía Política.


Entonces ¿cómo entender el Socialismo y el Comunismo desde nuestra propuesta de “la vuelta del revés de Marx”? ¿cómo entenderlos desde el Materialismo Político?


Para responder a estas cuestiones hay que remontarse a la conexión esencial entre filosofía y socialismo, entre filosofía y comunismo. Una de las primeras obras en mostrar esta conexión es La República, de Platón. Allí Platón concibe su República como una comunidad política de una única clase social: los Productores (geomoros-campesinos- y demiurgos-artesanos y obreros). De los productores se extraen sus mejores representantes, los sujetos que conformarán a los Guerreros Guardianes, los cuales viven en comunidad y no pueden tener propiedades ni familia. A su vez de ellos surgen los Gobernantes, que viven en el mismo régimen sin familias ni posesiones. Más que un corporativismo, La República de Platón es una sociedad comunista.


Esta intrincación entre filosofía y socialismo nos permite formular una idea del comunismo tanto popular como académica, y por tanto práctica. Nuestra apuesta fuerte es que ese nexo profundo entre filosofía y comunismo se vuelve más sólido, única y exclusivamente, en nuestra concepción materialista de la vida política, en su sentido tanto práctico como ético y moral, para enfocarse en la conservación y superación de nosotros mismos en tanto que sujetos corpóreos, como condición de racionalidad crítica, en un proceso en el que se consuma el hacerse constante, en acto y en potencia, en existencia y posibilidad (en reposo y en movimiento).


Ahora bien, hay que reconocer que en cualquier forma de socialismo las personas realizan tareas análogas a las que realizan en el capitalismo (trabajan, martillan, escriben, conducen vehículos, pelean, etc.). Lo que equivale a reconocer que de la misma manera en que en el capitalismo se conservan instituciones provenientes de modos de producción anteriores (esclavismo, feudalismo) debidamente transformadas, lo mismo ocurriría en el comunismo. Y además, siendo dialécticos, hay que reconocer que tanto el socialismo como el comunismo no serían situaciones perennes hasta la eternidad. Por eso, la realización de la concepción materialista de la vida política será reformar el entendimiento mismo de lo subjetual, es decir, transformar radicalmente, a la mayor escala posible, la clase de persona realmente existente que se es. El Ego Trascendental, al dejar de ser sustancia individual, se superará a sí mismo por medio de la identificación dialéctica en y con las realidades que lo envuelven y trascienden mediante su identificación con el logos universal estoico.


Esto quiere decir que el Ego Trascendental del Materialismo Político equivale a una conciencia crítica, esencialmente práctica y recurrente, transformadora del Universo-Mundo. Y el socialismo y el comunismo, en tanto que racio-universalismos en el Materialismo Político, serán la forma histórica efectiva por la que el proceso de regresión-progresión se realiza necesariamente de manera, no contingente ni individual o individualista, sino de manera Trascendental. El Ego Trascendental permite una preocupación por los demás que puede realizarse más allá de uno mismo, del grupo cercano, de la clase y del Estado de pertenencia. Esto es lo que permite, entre otras cosas, el paso del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, por la vía de “la vuelta del revés de Marx”, al Materialismo Político.


Para el Materialismo Político, la construcción del socialismo y el Comunismo será la condición de demostración práctica de sus evidencias más genuinas, demostración que no puede ser sino social, política, económica, pero también tecno-científica y filosófica e histórica. La política comunista será la condición de realización verdadera del Materialismo Político. De ahí que la concepción materialista de la vida política será indispensable y necesaria en el socialismo para realizar la ordenación, elaboración, trituración, asimilación de los materiales de esas superestructuras envolventes y deberá tener una sólida ontología que permita confrontar esquemas de interpretación de los materiales envolventes en constante renovación.


Nuestra sociedad poscapitalista, donde las bases del socialismo se cimentarán en sentido comunista (esto es: materialista, racionalista, universalista, trascendental), será aquella en donde resultará indispensable la formación en el Materialismo Político, no como ocio ni como ocupación anónima, ni como actividad minoritaria de un selecto club de sujetos, sino como una Política de Estado, como parte integrante de una educación ciudadana integral. No obstante, nuestra concepción materialista de la vida política tendrá que ejercerse y desarrollarse no solo en la revolución o después de ella, sino que tendrá que desplegarse ya en la actual sociedad capitalista, para, desde ella, realizar la revolución de los entendimientos de sus habitantes en perspectiva de construir dicha sociedad poscapitalista.


Tanto a nivel histórico como teórico, el comunismo se enfrenta frontalmente tanto al individualismo subjetivista como al subjetivismo colectivista, es decir, aquel en el que el grupo en cuestión, sea una secta gnóstica, o una comunidad humana más amplia y por motivos diversos, tienda al retraimiento, al encerrarse en sí mismo (lo que les ocurre a las izquierdas indefinidas posmodernas y en su defensa de las políticas de identidad de origen anglosajón) y a aislarse. El comunismo será la negación absoluta del gnosticismo, tanto individual como grupal, y será negación, así mismo, de todo tipo de particularismo (de clase, sexual, racial-étnico, religioso, lingüístico, profesional, filosófico, etc.)


El comunismo con pretensiones universalistas se concretaría siempre en una o varias formas de socialismo sociopolítico. No obstante, no todos los socialismos son compatibles con el comunismo, pudiendo haber socialismos universales irracionales (religiosos), socialismos particularistas irracionales (indigenismo socialista, derecha socialista, socialismo étnico, nacional-socialismo, nacionalsindicalismo, fascismo, nacional-bolchevismo, etc.), que además de mantenerse en aislamiento del resto de partes de la Humanidad mixta, se autodefinen como subordinante del resto de las partes. Estos socialismos, disociados de cualquier forma de racio-universalismo materialista, en el sentido de nuestra concepción materialista de la vida política, no tendrán ningún punto de contacto ni coincidencia con el comunismo del Materialismo Político.


La implantación política del Materialismo Político en sentido fuerte implica organizaciones totalizadoras con conexión política, esto es, conexiones con el poder político al nivel de la dialéctica de clases y de Estados, siendo la mayor conexión la toma del poder del Estado con la abolición del Estado burgués y la edificación de la Dictadura del Proletariado, y la expansión del Materialismo Político, desde ese poder, a nivel universalista. Solo esto podría ser considerado como comunismo y, por tanto, socialismo. De manera que los socialismos no comunistas, no racio-universalistas y no materialistas, debido a su particularismo, irracionalismo, y a su, en consecuencia, negación del Ego Trascendental, desde la concepción materialista de la vida política, no pueden considerarse ni siquiera socialismos, porque, precisamente, esta negación del Ego Trascendental es la negación del sujeto revolucionario (a saber: la Clase Obrera que, a través del Partido de Vanguardia se organiza y toma el poder del Estado, y le da una orientación racionalista y universalista como Imperio Generador Socialista, como civilización comunista), y los hace reaccionarios.


Por lo tanto, el Comunismo, desde la perspectiva del Materialismo Político, es el proceso que comienza al reconocer que la revolución proletaria supone la implantación fuerte de la conciencia filosófica materialista, y que esta solo es posible a partir de un grupo, clase o Estado, Imperio-Civilización, pero no a partir de la Humanidad atributiva (una Humanidad metafísica) con la que poder identificarse.


Además de La República de Platón, citada más arriba como un antecedente de la idea de comunismo, en su sentido de racional-universalismo, podemos rastrear las mismas también en La Política de Aristóteles (cuando define al hombre como “animal político” –zoon politikon- y también como “animal social y comunitario”-zoon koinonikon-, en la teoría sociológica de Auguste Comte que afecta a los tres estadios de la misma (lo que ha influido en formas específicas de socialismo), en el Universalismo procesual de la Iglesia Católica (descontando, por supuesto, las fuentes reveladas) y obviamente, en la determinación de la conciencia por el Ser social propia del materialismo histórico de Marx y en el DIAMAT soviético.


Sin embargo también tenemos que admitir que además de elementos filosóficos existen elementos institucionales técnicos-tecnológicos socialistas (en término genérico) en las sociedades esclavistas, feudales y capitalistas. Por ejemplo, el Derecho Romano es un elemento técnico que es utilizado hoy en día, incluso en sociedades políticas socialistas (China, Cuba e incluso fue usado en la URSS). Y también hay que admitir que si estas instituciones han funcionado en el tiempo y a la vez los modos de producción (en las que estas instituciones funcionaron) han sido recurrentes y duraderos, aunque contingentes, ha sido por sus elementos socialistas procesuales universalistas.


En palabras de Bueno:


“¿…cómo refutar la dimensión universalista procesual recurrente del capitalismo moderno de la Revolución científico-industrial, del comercio internacional? Desde nuestro punto de vista, el capitalismo se nos revela también como un socialismo genérico, es decir, como un gigantesco proyecto de socialización de las sociedades feudales de Antiguo Régimen a las que llegó a destruir”

En éste sentido Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, opinan lo mismo. Para ellos el capitalismo ha logrado proezas inimaginables hasta el momento. Ha logrado establecer el contacto entre pueblos lejanos, ha universalizado los mercados, los idiomas, ha desarrollado las ciencias y las tecnologías universalizándolas, ha transformado el paisaje natural, y ha universalizado también el sistema político democrático, al que, según Marx en La Crítica al Programa de Gotha, se va a reemplazar definitivamente por la fuerza de las armas en la lucha de clases. En definitiva, el capitalismo, con estos elementos socialistas (genéricos) inequívocos que pueden ser modificados, asumidos por sistemas socialistas, puede conectar con la idea de comunismo que nuestra concepción materialista de la vida política defiende como esencial.


Sin embargo, ¿en qué medida el capitalismo se desconecta de la idea de socialismo y deja de ser universalista? (convirtiéndose en una forma degenerada de socialismo particularista)


La degeneración capitalista se producirá, entre otros momentos, cuando adopte una versión gnóstica sobre las virtudes de su clase dirigente, aún universalizada, en la figura del emprendedor, a pensarse como los verdaderos motores de la riqueza social y que eso se deba a su “genialidad”, de pensarse como los creadores reales del trabajo y del “progreso” de la sociedad. La degeneración particularista reside en caer en la sustancialización del capitalismo mismo, de la figura del capitalista y de la propiedad privada de los medios de producción tomándola como la forma humana de la relación social más excelsa. Es decir, la asunción fundamentalista de la racionalidad económica como superior al resto de racionalidades, tomada incluso como un hecho “natural” e irrebasable.


Por último, todo proceso racionalista y universalista tiene que ser conducido por dispositivos y canales constituidos por personas. Las personas, los sujetos humanos, son los elementos vivos, creadores, activos y prácticos comunes, universales y trascendentes a todas las sociedades humanas y políticas, a todas las clases sociales, religiosas, étnicas, etc. Es precisamente, a través de estas personas que se triturarán las instituciones suprasubjetivas que haya que triturar porque sojuzguen, sometan y exploten a las personas, siguiendo determinados planes y programas. El comunismo en su versión de la concepción materialista de la vida política nunca podrá poner entre paréntesis a las personas ni utilizarlas como cosas. Tiene que contar con las personas si realmente quiere hacer una política materialista, y no mero moldeamiento mental, efímero y neutralizable por otros moldeamientos ideológicos opuestos al mismo.


Ahora bien, ¿cómo se llegará al modo de producción comunista y qué ocurrirá exactamente con el Estado en él? Lo ignoramos. El propio Marx es tajante en ello y lo dejó claro en la Crítica al Programa de Gotha:

“¿Qué transformación sufrirá el Estado en la sociedad comunista? O, en otros términos: ¿qué funciones sociales, análogas a las actuales funciones del Estado, subsistirán entonces? Esta pregunta solo puede ser contestada científicamente, y por más que acoplemos de mil maneras la palabra pueblo y la palabra Estado, no nos acercaremos ni un pelo a la solución del problema. Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado” (Marx 1875)

Aquí Marx echa por tierra con todo teleologicismo al igual que nosotros desde nuestra concepción materialista de la vida política.


Referencias


Adolfo Carpio, 1974 (2003) Principios de Filosofía. Glauco. (Buenos Aires)

Ana Balmoral Combarros, 2021, Reseña de “La vuelta del revés de Marx”, revista Parerga N° 3.

Gustavo Bueno, 1995, ¿Qué es la Filosofía?, Pentalfa. https://filosofia.org/aut/gbm/1995qf.htm

Gustavo Bueno, 1972, Ensayos Materialistas. Taurus. https://fgbueno.es/med/dig/gb1972em.pdf

Karl Marx, 1859 (2011), Contribución a la crítica de la Economía Política. Editorial Siglo XXI.

Karl Marx, 1875 (2012), Crítica al Programa de Gotha. Editorial Gredos.

Karl Marx-Frederich Engels, 1845-1846 (2020), La ideología Alemana. Akal.

Lenin, Vladimir Ilich, 1914-1915 (1963), Cuadernos filosóficos, Ediciones Estudio.

Rubén Dri, 2019, El Movimiento Dialéctico. Editorial Biblios.

Santiago Armesilla, 2020, La vuelta del revés de Marx, El Viejo Topo.

Video: Critica del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno – Encuentro con Andrés Gonzalez. https://www.youtube.com/watch?v=STg7dGLRWTg&t=1250s


Sobre el autor:


Mariano Utín es médico-anestesiólogo, músico e ilustrador de Rosario, Argentina. Antiguo militante de la Corriente Peronista Descamisados (La Desca), actualmente se encuentra trabajando en la divulgación de los fundamentos del materialismo político y sus conexiones con la teoría de la insubordinación fundante de Marcelo Gullo. El dibujo que ilustra este artículo está basado en una idea del propio Mariano Utín reelaborada por su hijo, Leonardo.


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