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12.1 Conceptos fundamentales del Materialismo Político (I)

Por Mariano Utín


Resumen: El Materialismo Político (MatPol) es un sistema filosófico en construcción propiciado por el politólogo Santiago Armesilla, que consiste en la concepción materialista de la vida política. Resultante del entretejimiento y fusión del Materialismo Histórico de Marx y el Materialismo filosófico de Bueno, su objetivo es la comprensión material, plural, concreta, dialéctica, histórica y política de la realidad, para, a través de su implantación política en sentido fuerte, en un Estado-nación de escala civilizatoria o imperio generador, transformarla en sentido radical a la mayor escala zootrópica-antrópica posible. Marx construyó su crítica y su sistema filosófico invirtiendo a Hegel y Bueno hizo lo mismo con Marx para purgar del marxismo lo que todavía, según él, arrastraba de idealismo. Armesilla, por su parte, propone una lectura de Marx desde Bueno para, mediante la fusión de ambos sistemas, recuperar el nervio revolucionario del marxismo. Para ello, en su libro “La Vuelta del revés de Marx”, se lanza a la construcción de una nueva ontología. En este artículo se pretende sintetizar dicha ontología.


Palabras clave: Materialismo Histórico, Materialismo Filosófico, Materialismo Político, Ontología, Materia, Dialéctica, Marxismo.




I. Introducción


Cuando hablamos de Materialismo político hablamos de filosofía, pero ¿qué es la filosofía?


La filosofía es un saber crítico, sistemático, metódico que se pregunta por lo que existe y por el fundamento de lo que existe. En el caso del Materialismo Político, se va constituyendo como una concepción antropológica del mundo, como la construcción de un mapamundi, un GPS que nos ayude a entender de manera crítica la realidad, para la elaboración de una teoría que nos sirva como una guía para la acción.


Entonces ¿Cómo pensar la filosofía?


1) ¿Cómo una disciplina que estudia los entes teoréticamente?, es decir ¿Cómo una actividad reflexiva gnóstica puramente teórica de los entes y los fenómenos que acontecen con la sola finalidad de conocerlos y clasificarlos?


O por el contrario,


2) Como una actividad crítico-reflexiva sobre la realidad material, plural, histórica y dialéctica del ser y de los fenómenos históricos de la praxis humana con el objetivo de modificar y transformarla.


La opción 1 nos lleva a entender a la filosofía como una actividad contemplativa y pasiva en la que se pretende conocer la realidad como fin en sí mismo, es decir, “conocer por el solo hecho de conocer”, y en esto está “la academia” y sus academicistas. En cambio, en la opción 2 la actividad de la reflexión filosófica esta en conocer la realidad y su devenir para comprenderla con el objetivo de usar dicho conocimiento para que, como sujetos corpóreos de la praxis, seres humanos, en definitiva, podamos transformarla.


Desde el Marxismo, como concepción materialista de la historia, del quehacer humano, en sentido histórico-político, y desde el Materialismo Político, nos decantamos por la segunda opción. Concebimos a la filosofía como un saber (de 2do grado) cuya razón de ser no es el conocimiento en sí mismo sin otra utilidad que ser conocimiento (es decir, un gnosticismo), sino, como conocimiento que sirva como herramienta para, a través de su implantación política, transformar la realidad.


La idea de una filosofía crítica y materialista debe estar inmersa e implantada en el aquí y ahora, y necesariamente mantenerse en contacto con las ciencias positivas del presente. A su vez ha de reclamar un lugar importante en la educación para los hombres. Tal filosofía crítica trataría de implantarse en ciencias particulares, en partidos políticos, en sindicatos, en el ejército e incluso en grupos religiosos. Debería tener una implantación social tal que su continuidad pudiera quedar asegurada en su desarrollo histórico.


La concepción política de la filosofía crítica mostraría al filósofo, también como miembro de una sociedad política, como ciudadano de una Polis, como miembro de una clase social, como alguien inserto en el Universo-Mundo y que, al mismo tiempo, trata de comprenderlo y de transformarlo. Si bien todos los hombres son a su manera filósofos y hacen filosofía, no todos pueden ser filósofos académicos. Pero, aun así, la concepción política de la filosofía debe elevar a los hombres en sus capacidades operatorias con el Universo-Mundo, sin destruir la filosofía popular, al contrario, nutriéndose de ella, pero sin confundirse con los mitos oscuros y confusos del pensar silvestre.


Gustavo Bueno (filósofo español) en su ensayo “¿Qué es la Filosofía?” llega a afirmar que dentro del eje circular del espacio antropológico (que ya veremos y explicaremos más adelante) de su ontología, ambos materialismos – el histórico y el filosófico - se aproximan tanto hasta confundirse en uno solo. (el eje circular del espacio antropológico donde los hombres se relacionan entre sí a través de las cosas que ellos producen, son las relaciones de producción en Marx)


Sin ser monista (monismo: postura que afirma que “todo está conectado con todo” y que existiría solo un género de materia), tanto el materialismo filosófico de Bueno, como el histórico de Marx y el político de Armesilla, postulan la inagotabilidad de la materia y su pluralidad. Es decir, todo lo material es real y todo lo real es material. Y esa realidad material es infinita y plural.


II. ¿Por qué Materialismo? ¿Por qué Político? ¿Qué es el Materialismo Político?


El Materialismo Político es la concepción materialista de la vida política propuesta por el politólogo Santiago Armesilla, producto de entretejer y combinar en una fusión nuclear los dos átomos ligeros consistentes en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno (reforzado en su conexión con el materialismo histórico y purgado de sus elementos nihilistas, gnósticos y teoreticistas) con el materialismo histórico de Karl Marx (purgado del materialismo dialéctico soviético). Es decir, fusionar los sistemas filosóficos de Bueno y Marx para alumbrar una nueva filosofía que actualice, sistematice y revitalice la potencia revolucionaria y transformadora del marxismo despojándolo de los elementos deterministas, teleologicistas, naturalistas, economicistas y monistas del Diamat soviético, de los elementos idealistas e hipercríticos de los marxismos occidentales y de los neomarxismos y postmarxistas contemporáneos.


Materialismo: porque niega la posibilidad de entes inmateriales y conciencias incorpóreas.


Político: porque la racionalidad humana es producto de la vida política. Es imposible el desarrollo de los saberes de 1er grado (técnicos, tecnológicos, científicos, antropológicos, políticos, matemáticos, físicos, biológicos, etc) como así los de 2do grado (la filosofía) fuera del marco de las sociedades políticas. Pero además porque su objetivo, al contrario de todo tipo de gnosticismo, es su implantación política para transformar la realidad.


Nuestra concepción materialista de la vida política (materialismo político) se opone frontalmente tanto al espiritualismo mundano que estudian los antropólogos o los sociólogos (el oscurantismo plebeyo, el “misterio” popular, las “ciencias” ocultas, el tarot, la superchería en general, etc), como al espiritualismo académico, filosófico (idealismo-metafísica) o teológico. Y decimos que se opone a todo tipo de espiritualismo porque el sustancialismo metafísico es imposible por contradictorio, ya que eterniza, absolutiza e inmoviliza determinadas morfologías del Universo, separándolas del entramado estructural o causal en que necesariamente están insertas, dándole una contradictoria e imposible autonomía. No puede tener autonomía la conciencia al margen del cuerpo. Las ideas sustancializadas, no dialécticas, hipostasiadas metafísicamente, sólo son ideas filosóficas llevadas al límite en totalidades imposibles, con una racionalidad metafísica que se revela como una pseudo-racionalidad corrupta que se da de bruces con la realidad efectiva. Así ocurre con la idea de Dios, espíritu, fantasma o utilidad marginal.


El materialismo será toda corriente que niegue la posibilidad de conciencias incorpóreas. Para el materialismo la conciencia no solo implica corporeidad, sino también vida con un sistema nervioso desarrollado en un organismo que sea capaz de percibir y operar sobre el Universo-Mundo.


Rechazará por lo tanto, el idealismo en general, el subjetivismo, el individualismo y el solipsismo.

Nuestro materialismo político afirma a nivel ontológico que el Cosmos, en su totalidad, ha sido, es y será material. Pero en dicho Cosmos no solo existe la materia corpórea fisicalista, sino que se encuentran otras dimensiones ontológicas de materialidad.


¿Pero cuando hablamos de “nivel ontológico” a qué nos referimos?


¿Qué es la Ontología? Recurriendo al filósofo argentino Adolfo Carpio podemos decir que: La Ontología es la disciplina que estudia a los entes, es decir a “lo que es”, a lo que existe y lo que hace que los entes sean: el Ser.


Esta disciplina enuncia una serie de principios a través de la Lógica Formal que se denominan “principios ontológicos” que aplican a todos los entes y estos son:


1-El principio de Identidad: Todo ente es idéntico a sí mismo. (A es A)

2-El principio de (no) contradicción: Ningún ente puede ser y no ser el mismo al mismo tiempo (A es A y no puede dejar de ser A)

3-El principio del tercero excluido: Todo ente tiene que ser idéntico a sí mismo y no puede ser otro al mismo tiempo. (A es A y no puede ser B)

4-El principio de Razón suficiente o Fundamento: (Principio de Leibniz) Todo tiene su razón de ser.


Entonces, cuando nos referimos a la Ontología, nos referimos a estudiar “lo que es”, lo que existe, es decir a la realidad en desarrollo y a su fundamento.


¿Pero cuando decimos “a lo que existe” a qué nos referimos?


Nos referimos a todas las cosas que existen, es decir a las cosas físicas como a una silla, un árbol, una casa; como así también a las cosas que no tienen cuerpos pero que también existen como a los sentimientos de amor, de tristeza, de alegría, a los sueños que son de la dimensión psicológica; como así también a las ideas, a los números, a los teoremas que ya son de una dimensión lógico-abstracta.


III. Ontología del Materialismo Político


El Cosmos (La Realidad en sentido lato) es una pluralidad infinita real material de contenidos, de entes, co-determinados en Symploke donde algunas cosas están conectadas entre sí y otras no.

Nuestro materialismo afirma que el Cosmos en su totalidad ha sido, es y será material. Pero que en dicho Cosmos no solo existe la materia corpórea, es decir, no se reduce a mero “corporeísmo fisicalista”. O sea, no solo existe un género de materialidad sino múltiples géneros.


La parte del Cosmos en la que y sobre la que nosotros como sujetos corpóreos cognoscentes prácticos operamos la llamamos Universo-Mundo. Es “el mundo conocido”. (en terminología de Gustavo Bueno sería “Materia Ontológica Especial” (Ms) )


La parte del Cosmos que está en el límite del Universo-Mundo, es decir, la parte del Cosmos que no conocemos (y que podremos conocer conforme avance nuestro bagaje científico tecnológico pero que al ser infinita jamás podremos conocer en su totalidad) la llamamos Ser Material Trascendental. Es “el mundo desconocido o por conocer”.


El materialismo de Gustavo Bueno se dice pluralista y postula la unicidad del Universo (Cosmos) como el desarrollo de la materia denominada por él como “Materia Ontológica General” (Mi). En el Materialismo Político Armesilla la llama Ser material Trascendental, que es la materialidad existente, el ser (que se opone a la nada), que trasciende al Universo-Mundo, que no conocemos (en los términos en que “conocimiento” significa capacidad para operar, capacidad de realizar operaciones con el o los elementos).


En resumen, tenemos una totalidad plural material real infinita llamada Cosmos que a su vez contiene una parte “desconocida” llamada Ser Material Trascendental (S) y otra parte “conocida” donde nosotros como sujetos operamos que llamamos Universo-Mundo (U).


Entre estas dos partes de La Realidad nos situamos nosotros (como sujetos corpóreos vivos cognoscentes-prácticos) como el eslabón de unión, como nexo entre (S) Y (U): el Ego Trascendental (E).


Por lo tanto, la ontología del materialismo político comprende una realidad material plural que denomina Cosmos que engloba y está constituida, a su vez, de 3 partes interconectadas en Symploké dentro de la misma y que se necesitan unas a otras para entender dicho cosmos, a saber:


1-El Universo-Mundo (U) o “mundo conocido”

2-El Ser Material Trascendental (S) o “mundo desconocido”

3-El Ego Trascendental (E) o “el hombre” en términos históricos, políticos y colectivos, y su capacidad operatoria, cognoscente-práctica.


Éste último, el Ego trascendental, es la conciencia demiúrgica del Universo-mundo. Pero ¿qué queremos decir cuando decimos “demiurgo”? El demiurgo (que significa “creador”) es el sujeto de la praxis que con sus capacidades operatorias transforma la realidad y le da forma al Universo-mundo.


Pero esa “conciencia demiúrgica” NO es una conciencia metafísica, sino, material, compuesta por: a) un sujeto corpóreo cognoscente-práctico, colectivo, social vivo y b) el conjunto de disciplinas categoriales de conocimiento elaborados en el marco de las sociedades políticas por esos mismos sujetos.


Éste Ego Trascendental es homologable al sujeto corpóreo de la praxis de Marx y en la construcción del Universo-mundo por parte de ése sujeto a través de las operaciones con los elementos de la naturaleza tendremos su núcleo ontológico. Esa operación, a través del trabajo (manual e intelectual) humano es: la producción (elemento ontólogico central en Marx). El Ego Trascendental es ése ser viviente-cognoscente colectivo que funciona como “eslabón” entre el Ser Material Trascendental (al que nunca llegará a totalizar por ser éste infinito y el Ego, por el contrario, finito), y el Universo-Mundo al que aprehende, comprende, categoriza y transforma.


En Marx ése Ego Trascendental se agrupa y clasifica según su relación con la propiedad de los medios de producción y sus relaciones de producción en clases sociales.


Dentro del Universo-Mundo, dónde opera, se desenvuelve y se desarrolla el Ego Trascendental, existen 3 dimensiones de materia:


1) DU1 = Dimensión Ontológico- Material Física-corpórea sería “todo lo que esta fuera de la conciencia”, los fenómenos del mundo físico, corpóreo. ej: la casa, la silla, el sol, los virus, las ondas electromagnéticas, los sonidos, etc. Estos se caracterizan por ocupar espacio y tiempo. (es la dimensión equiparable al género de M1 de Gustavo Bueno)


2) DU2 = Dimensión Ontológico- Material Psicológica sería la dimensión donde se constituyen los procesos reales in-espaciales pero sí temporales, lo que esta “dentro de la conciencia”, los fenómenos del mundo psicológico, internos a nuestra psique. ej: las emociones, los sueños, las ideologías, etc. (es la dimensión equiparable a M2 de G. Bueno) y por último…


3) DU3 = Dimensión Ontológico- Material Lógico-Abstracta donde se agruparían los entes in-espaciales e intemporales como por ej: las ideas filosóficas, los conceptos científico-categoriales, los números, los teoremas, que si bien son abstractos necesitan de una materialidad pensante para ser constituidos, para ser “pensados” (es la dimensión equiparable a M3 de G. Bueno).


Descriptas estas 3 dimensiones ontológicas de la materia cabría preguntarse si existe la posibilidad de una 4ta dimensión de la materia, espacial e intemporal, o acaso más dimensiones de materialidad. Desde el Materialismo Político sostenemos que a causa de la multiplicidad infecta, infinita e inacabada de la materia (como todo lo que es, fue y será) se podrían contemplar más dimensiones ontológico-materiales que las descriptas.


Estas 3 dimensiones óntico-materiales existen en nuestro mapamundi materialista en tanto podemos operar sobre los fenómenos y estructuras que en ellos se encuentran y además se entretejen dialécticamente entre sí en Symploké. Y además las 3 dimensiones óntico-materiales son racionales en tanto podemos operar sobre ellas (la racionalidad materialista implica operaciones, y percibir estos fenómenos y estructuras es de por sí una operación racional)


Ahora bien, deberíamos aclarar la idea de Symploké que venimos utilizando, y que para el Materialismo Político es fundamental para entender cómo se relacionan las partes de materialidad dentro de su ontología.


Platón en su obra El Sofista, define la idea de Symploké como el entretejimiento, enfrentamiento y/u oposición de las ideas, las cuales son los elementos de análisis propios de la filosofía. La idea de Symploké, por tanto, se opondría al monismo (“todo está conectado con todo”), como al pluralismo radical (“nada está conectado con nada”), afirmando que no todo está conectado con todo, pues unas cosas están conectadas con unas cosas y otras cosas no están conectadas con otras cosas.


También Platón en la misma línea establece la relación entre Symploké y las ideas filosóficas de reposo y movimiento, ya que si nada estuviese conectado con nada no habría ni reposo ni movimiento y si todo estuviese conectado con todo el reposo y el movimiento serían lo mismo, con lo cual ninguno de los dos sería nada.


Solo la idea de Symploké permite, a nivel ontológico-filosófico, entender las situaciones de reposo y de movimiento que, conjugadamente, pueden experimentar los fenómenos que se dan en el Cosmos.


Marx construye su ontología contra el sistema filosófico hegeliano (y el idealismo alemán en general) teniendo rupturas – es materialista en contraposición al idealismo hegeliano- y continuidades en caso de la Dialéctica hegeliana. Gustavo Bueno, a su vez, construye su sistema filosófico contra el Diamat soviético, filosofía oficial de la extinta URSS, (monista, teleológica, determinista, economicista, naturalista y gnóstico) siendo pluralista, no determinista; y además contra el idealismo y contra el espiritualismo teológico siendo materialista y dialéctico.


Bueno ofrece una ontología materialista construida geométricamente, por medio del análisis regresivo de las conciencias científicas, políticas y mundanas del aquí y ahora, dadas como hechos históricos y en continua reformulación (dado el carácter inacabado e infecto de la realidad) y en las que se realiza la idea objetiva de materia de diversas maneras hacia los componentes trascendentales de todas las conciencias (los saberes) de 1er grado (como sistemas conformados por ideas y teoremas que están por encima o segregados de la voluntad de quienes los utilizan).


Ese aquí y ahora, donde se sitúa la filosofía materialista, debe ser analizado, triturado, para ser transformado, para realizar la filosofía materialista a nivel político.


El criterio de potencialidad de la ontología materialista y por lo tanto del Materialismo Político, estará, en buena medida, dado por la capacidad de ésta ontología de incorporar conceptos científicos-categoriales de las ciencias naturales, como de las formales o de las sociales más avanzadas del momento, como así también, incorporar críticamente ideas de otros sistemas filosóficos (partes materialistas de los gnósticos, como así también idealistas dándoles la vuelta del revés como a la dialéctica hegeliana).


El Materialismo Político – la concepción materialista de la vida política – será revolucionario en tanto que la acción derivada de los propios sujetos operatorios (Ego Trascendental) se dirija a las conciencias de los sujetos y a la transformación de su entendimiento, como así también situados en el aquí y ahora del Universo-Mundo interviniendo en él para transformarlo.


Nuestra ontología materialista se puede interpretar como un mapamundi, una representación cartográfica racional del Cosmos y sus partes dadas a nuestra escala zootropica-antrópica. Un mapamundi construido sobre otros mapamundi anteriores también míticos, pero luminosos y racionales, y críticos. Ese mapamundi se va ampliando al tiempo y a medida que el Ego Trascendental (el sujeto de la praxis de Marx) amplía la escala zootrópica-antrópica de Universo transformándose, al mismo tiempo, a sí mismo. Es decir, a medida que el ser humano, dotado de su capacidad de producción material y de conocimiento, avanza en su actividad de producción, va ampliando el horizonte conocido y, también, va ampliando su mapamundi a la vez que lo transforma y se transforma a sí mismo.


III.1. Ego Trascendental. Su importancia.


La concepción materialista de la vida política es uno de los múltiples itinerarios abiertos a los hombres, una posibilidad entre tantas. Pero además es un itinerario en sí, no para ensimismarse en él, sino sobre todo para, partiendo de su cartografía, transformarla, transformando el itinerario que representa.


El Ego Trascendental en nuestro materialismo político es la conciencia demiúrgica del Universo, no metafísica sino real, operatoria, positiva y derivada de los sujetos concretos. Es decir, el Ego Trascendental es, por un lado, el sujeto corpóreo cognoscente, “el hombre” (sujeto corpóreo finito operatorio racional dotado de un sistema nervioso desarrollado) y por otro lado, las disciplinas categoriales que ha logrado conformar históricamente partiendo de la vida política. Resumiendo: el Ego Trascendental es El Hombre y sus conocimientos, ambos situados y conformados históricamente en sociedades políticas.


Así el Ego Trascendental es el eslabón demiúrgico (el sujeto activo que conoce, que produce y crea) entre el Universo-Mundo (mundo conocido) y el Ser Material Trascendental (mundo desconocido-por conocer), al cual nunca llegará a totalizar y al mismo tiempo lo es del mapamundi que le ayuda a producir la ampliación de sus conocimientos.


La producción, por parte del Ego Trascendental, del Universo-Mundo produce nuestro mapamundi y la producción de nuestro mapamundi obliga a la transformación del Universo-Mundo y a su vez del Ego Trascendental.


Este Ego trascendental ha tenido representación en la Historia, desde el nous pathetikos de Aristóteles a la figura de Jesucristo en el cristianismo, pasando por su desarrollo en Santo Tomás, Hume, Berkeley, Fichte, Schopenhauer, Heiddegger, Husserl y por supuesto Kant, padre del término.


En Hegel el Ego Trascendental corresponde a su idea del Ser-en-sí-para-sí, que, en principio, en la naturaleza se encuentra fuera de sí, alienado. Con la llegada del Hombre y a través de la Historia se irá conformando, elevándose del ser-en-sí-para-sí a la idea de ser absoluto, en tanto que Dios, de manera más plena, yendo del esto, aquí y ahora al Saber absoluto, esto es, el Espíritu Absoluto hegeliano.


En Hegel, en tanto, el Ego Trascendental, no está dado, como en Kant, in illo tempore. Por el contrario, se va configurando como sujeto en un continuo proceso hacia la autoconciencia, hacia la idea en sentido pleno. Sin embargo en Hegel hay una identificación total entre el Ego Trascendental y el espíritu absoluto, lo que lo lleva a la situación de un hiper-idealismo metafísico.


Por el contrario, en Marx, con su vuelta del revés de Hegel, al renegar del idealismo e influido por los clásicos de la modernidad (Spinoza) y por el materialismo de Feuerbach, si bien no introduce un Ego Trascendental con esta terminología, sí podemos encontrar en él una figura análoga: El sujeto corpóreo de la praxis. Para Marx claramente el “Demiurgo” es el hombre y no Dios o la “Idea”.


Para Marx la materia existe desde la eternidad independientemente de todo sujeto corpóreo operatorio. Pero en el marxismo estos sujetos de la praxis no son pasivos, especulativos, limitados a recibir pasivamente los estímulos del mundo entorno exterior y objetivo. Por el contrario, son sujetos activos, dotados de sistema nervioso y eminentemente prácticos que realizan su esencia a través de la producción del Universo-Mundo y, de manera particular, a través del trabajo racionalizado e institucionalizado, producto de la vida política y su devenir histórico.


Como se dijo anteriormente, el marxismo agrupa a éstos sujetos históricamente por su relación con los medios de producción en clases sociales. En ésta relación, además de una multiplicidad de clases sociales muy heterogéneas, habrá clases explotadas y explotadoras en dialéctica mutua. Pero en el marxismo estos sujetos están produciendo, constituyendo continuamente su Mundo-entorno humano (Universo-Mundo) el cual es social e institucional en su estadío prepolítico y, con la aparición de los primeros Estados prístinos, ya fundamentalmente Políticos. Y el mundo-entorno político que produce el hombre es la base sobre la que se amplía la escala zootrópica-antrópica.


Si a escala de la dialéctica de clases el Ego Trascendental será ejercido por la clase obrera unida y dirigida por el Partido Político de Vanguardia, con éste en el poder del Estado Socialista, dicho Estado, sobre todo si adquiere características de Imperio generador para poder influir a escala universal (como lo hizo la URSS), será la organización totalizadora de la conciencia demiúrgica del Universo-Mundo a una escala dónde no queda claro que sea el comunismo el último estadío de la evolución humana, ya que si tomamos la escala de Kardashov, no sabríamos hoy a ciencia cierta qué tipo de sociedad tendría lugar. Lo cierto es que a fuerza de desarrollar y revolucionar constantemente las fuerzas productivas, las relaciones de producción y los modos de producción, escalaríamos a tipos de sociedades hoy inimaginables.


En todo caso el marxismo-leninismo tiene una idea del Ego Trascendental indisociable de Organizaciones Totalizadoras Categoriales del Universo-Mundo.


Un tipo de Organización Totalizadora Categorial existente que puede llevar al límite el Ego Trascendental es la realizada por los Imperios Generadores (en términos de Gustavo Bueno)


Por tanto, podríamos decir que la idea de Ego Trascendental es indisociable de la estructura de un Imperio Generador que, en esencia, es sinónimo de Civilización y modo de producción (el Imperio Británico asienta el modo de producción capitalista, tras la transición mercantilista que inició el Imperio Español; el Imperio Soviético trató de conformar los inicios de la transición socialista, algo que ahora planea continuar la República Popular China)


El sujeto de la praxis del Marxismo-Leninismo produce, comprende, aprehende, clasifica y transforma (opera) el Universo-Mundo a través del Trabajo humano dado en la Producción, como categoría económica fundamental y como idea filosófica esencial del materialismo. Es por tanto, posible coordinar la idea de Ego Trascendental en el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno con la praxis marxista a través de los hombres que transforman el Universo-Mundo a través del trabajo organizado e institucionalizado racionalmente, producto de la vida política. Porque para Marx el Trabajo y la Producción son trascendentes, comunes, a todos los sujetos antrópicos dados en la Historia (y en la pre-Historia como proto-trabajo). Y esto es compatible con el Materialismo de Bueno, y nosotros lo recogemos en tanto la figura de la producción, y el trabajo en el marxismo va ligada a los egos corpóreos categoriales del materialismo filosófico de Bueno, y son susceptibles de ser fundamento por recurrencia y desbordamiento de esos círculos categoriales concretos evitando el componente esencialista e idealista del término Ego Trascendental.


Por otra parte existe una fuerte conexión entre la racionalidad y el Ego Trascendental. Una racionalidad positiva, concreta, objetiva e histórica. Revolucionaria a escala racio-universalista. Es el Ego Trascendental el que hace posible nuestra comprensión del Cosmos, sin sustancializar ninguna de sus partes. No puede sustancializarse el Ego porque caeríamos en la metafísica idealista. No puede sustancializarse el Universo porque caeríamos en la sustancialización mundanista. No podemos sustancializar el Ser Material Trascendental porque caeríamos en la sustancialización espiritualista metafísica.


Ahora hablemos un poco de la Dialéctica


III.2. Dialéctica.


¿Qué es la Dialéctica?


La Dialéctica no es otra cosa que el movimiento lógico de la realidad en sentido fuerte, la verdadera realidad, nos dirá el filósofo Rubén Drí. Esa Realidad es movimiento puro y es la Razón la que capta el movimiento dialéctico.


Desde el marxismo la podemos definir como la doctrina del desarrollo (de lo real en movimiento y permanente cambio -agrego yo-) en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo (y movimiento).


En los Cuadernos filosóficos (1915), Lenin escribe:


“La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de aspectos siempre en aumento), de innumerables matices en el modo de abordar, de aproximarse a la realidad (con un sistema filosófico qué, de cada matiz, se desarrolla en un todo): he aquí el contenido inconmensurablemente rico, en comparación con el materialismo 'metafísico', cuya desgracia principal es la de no ser capaz de aplicar la dialéctica a la 'Teoría del Reflejo', al proceso y desarrollo del conocimiento”.

Ésta definición de Dialéctica viene heredada de la concepción hegeliana. Que a su vez Hegel retoma del filósofo presocrático Heráclito de Éfeso (Siglo V a.c.) Para Hegel, como para Heráclito, la realidad es puro devenir, incesante transformación. “Todo fluye”, “nada permanece”. Pero para Hegel la IDEA es la realidad y, a través de un proceso, un movimiento racional dialéctico, la idea se revela a sí misma como la totalidad de lo real, como el Espíritu Absoluto. En la lógica hegeliana el movimiento racional que acontece es dialéctico porque apenas afirma algo, tiende a negarlo y a contradecirlo y luego a superar esa contradicción. Esquemáticamente, para Hegel, ésta lógica idealista dialéctica tendría 3 tiempos: 1) Afirmación, 2) Negación de la Afirmación, y 3) Negación de la Negación.


Alexander Kojeve lo resume así: Tesis, Antítesis, Síntesis. El movimiento dialéctico del pensamiento sería infinito: toda Síntesis se convierte en una tesis pero a un nivel superior. Ésta a su vez es negada por una antítesis para a su vez ser negada y llegar a una nueva síntesis y así sucesivamente. Pero aún así, para Hegel habría una síntesis final: El Espíritu Absoluto, la totalidad final de la realidad. Dios. Pero nosotros, desde nuestra ontología, somos materialistas y negamos el idealismo absoluto de Hegel, aunque rescatamos su dialéctica.


Entonces ¿por qué es importante hablar de la dialéctica? Porque debemos dar cuenta, debemos explicar que la realidad que es material y plural, está en permanente cambio, en permanente movimiento y desarrollo. Debemos dar cuenta, además, de la articulación general entre la dialéctica materialista y las dimensiones óntico-materiales anteriormente descriptas en nuestra ontología del materialismo político.


La dialéctica materialista aparece en el momento de la producción de la Symploké (realizada por el Ego Trascendental) de las dimensiones óntico-materiales en mediación, también, con el Ser Material Trascendental.


El núcleo fuerte de la dialéctica es el de la contradicción, la contradicción como ley general del movimiento y del cambio.


Engels escribió su Dialéctica de la Naturaleza (1875-76), tratando constantemente la idea de contradicción. A éste respecto Gustavo Bueno se pregunta si es posible mantener una dialéctica de la naturaleza sin caer en un panlogismo, es decir, en pensar que todo lo racional es real.


El Cosmos presenta contradicciones que parecen tener sentido solo a nivel lógico. Sin embargo en la realidad no es así. Podemos decir que las contradicciones dialécticas se formulan en las diferentes dimensiones óntico-materiales de Universo-mundo.


Las contradicciones entre ideas (DU3) suelen designar rectificaciones de su curso real de pensamiento (lógica dialéctica), y en el caso que se den contradicciones formales (lógica formal) lo serán en la medida en que una secuencia de ideas, representadas en símbolos lógicos se oponga a otra previamente establecida, por lo que el efecto de dicha oposición será la eliminación en la dimensión física de una de las secuencias incompatibles. A su vez las contradicciones entre objetos físicos (DU1) carecen de sentido sin la dimensión psicológica (DU2) o la dimensión lógico-abstracta (DU3). Sin éstas dos últimas, las contradicciones entre objetos físicos serían meros procesos de aproximación o distanciación de partículas. Pero, en el Materialismo Político, dichas contradicciones se configuran en todas las dimensiones por la mediación mutua entre todas ellas. Por ejemplo: dos rocas que chocan (contradicción en la dimensión física) solo pueden percibirse, hacerse conscientes en la mente humana, cuando interviene la dimensión lógica-abstracta, es decir, cuando interviene “La Razón”. Otro ejemplo: las contradicciones en la dimensión psicológica como ocurre al final del sueño con el despertar incluye la dimensión física del movimiento del sujeto al despertar y del soporte material del cerebro que sueña, como así también la dimensión lógico-abstracta en la que se puede categorizar el concepto de sueño.


Resumiendo, el principal error es concebir a la dialéctica como contradicción en una sola dimensión material. Este error condujo al existencialismo a ser una crítica idealista del marxismo y al Diamat soviético a excluir la dimensión lógico-abstracta de su análisis como campo de contradicciones. Tanto unos como otros soslayaron el hecho de que todo es materia, pero materia con carácter plural (por sus múltiples dimensiones).


Todo es material, y por lo tanto, la oposición materia/forma (lo existente y su representación abstracta) solo es un caso especial de oposición entre contenidos materiales diversos.


Así, “la inagotabilidad de la materia en profundidad” que decía Lenin, vuelve a ejercer su papel de idea fundamental filosófica, en tanto que la materia siempre está activa, mientras que la forma se reduc