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16.1- Materialismo histórico & Materialismo filosófico (Parte I: 12 Tesis Sobre Gustavo Bueno)


por Andrés González Gómez.

 

Resumen: Materialismo histórico & Materialismo filosófico es un “experimento teórico” puesto en “práctica” con el propósito de comprobar, mediante la confrontación dialéctica con los miembros de la «Escuela de Filosofía de Oviedo», en qué medida es viable que, desde dentro de dicha «Escuela» misma, se abra paso la posibilidad de un proyecto de fusión o coordinación parataxica conjuntiva entre las filosofías «de Marx» y «de Gustavo Bueno». El resultado del “experimento”, puesto en práctica in situ, en la «Escuela de Filosofía de Oviedo» misma, es que la viabilidad de dicho proyecto es nula.


Palabras clave: Materialismo histórico, materialismo filosófico, Marx, Gustavo Bueno, marxismo.


Immanuel Kant, Karl Marx y Gustavo Bueno


[Nota de redacción por parte de La Razón Comunista: Este texto tiene ya casi cinco años de existencia. Fue originalmente publicado en el nº 1 de la revista Parerga, de la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante (SPFA), pero solo en papel, por lo que no ha tenido apenas difusión salvo en círculos muy cerrados. Este artículo continua la polémica que sostenían el autor y Tomás García López, que se explica en la nota aclaratoria que sigue a continuación. Debido a la extensión de la misma, prácticamente un libro, La Razón Comunista dividirá la publicación del texto de Andrés González Gómez en tres partes, y se publicará, por tanto en tres números sucesivos. Publicamos el texto con el permiso expreso de su autor. Consideramos que se trata de un escrito fundamental en el proceso de construcción del materialismo político, en tanto que doctrina filosófica que sí propone la "fusión nuclear", desde fuera, de la filosofía de Marx con la filosofía de Gustavo Bueno. A continuación pueden leer la Parte I del texto de Andrés González Gómez, al que hemos subtitulado por nuestra parte "12 tesis sobre Gustavo Bueno"].


§0. Nota aclaratoria sobre la publicación de este escrito en la revista Parerga.

Va a cumplirse un año desde que Materialismo histórico & Materialismo Filosófico fuera escrito. Lo escribí en el proceso de preparación de una “lección” (lectura) que tenía que dar en la denominada «Escuela de Filosofía de Oviedo», una «escuela» de “filosofía materialista”, como todo el mundo sabe. La “charla” en la que Materialismo histórico & Materialismo Filosófico fue leído (solo en parte) tuve que darla para responder a Tomás García López, amigo y discípulo de Gustavo Bueno. Tomás García había escrito un artículo (bas48b.pdf: El materialismo histórico contra el cientificismo de Andrés González Gómez visto desde el materialismo filosófico) acompañado de una “lección” dada en su «Escuela» (http://www.fgbueno.es/act/efo151.htm: Confrontación de cinco tesis del materialismo histórico con las correspondientes tesis del materialismo filosófico), cuya finalidad era criticar un artículo mío, publicado en la Revista de “materialismo filosófico” El Basilisco, titulado El materialismo histórico contra el cientificismo (bas48a.pdf); un artículo cuyo tema había sido objeto de exposición de una “charla” anterior dada por mí en la misma «Escuela de Filosofía de Oviedo» (http://www.fgbueno.es/act/efo140.htm). Tomás García López tuvo pues la oportunidad de responder “por escrito” a El materialismo histórico contra el cientificismo, pero yo fui privado del “derecho” a réplica por escrito, porque la Revista de “materialismo filosófico” El Basilisco decidió que no era oportuno publicar Materialismo histórico & Materialismo Filosófico, que “sale” ahora “a la luz” publicado por la Revista Parerga de la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante (http://sfpa.es/) en su primer número. En cualquier caso, Materialismo histórico & Materialismo Filosófico sí fue objeto de una “polémica” mantenida entre Tomás García y yo mismo la «Escuela de Filosofía de Oviedo» ( https://www.youtube.com/watch?v=oXQwwLhx_aI).

Tengo que decir que, al igual que ocurrió con El materialismo histórico contra el cientificismo, Materialismo histórico & Materialismo Filosófico fue enviado por mí a la Revista de “materialismo filosófico” El Basilisco a petición de Gustavo Bueno Sánchez, filósofo, e hijo del también filósofo, ya fallecido, Gustavo Bueno Martínez. El materialismo histórico contra el cientificismo se publicó por escrito. Materialismo histórico & Materialismo Filosófico no se publicó por escrito.


En resumidas cuentas: en el próximo mes de marzo del año 2019 se cumplirán dos años del inicio de una “polémica” que la propia «Escuela de Filosofía de Oviedo», a través del Consejo de Redacción de su Revista, decidió dar por terminada “a su modo”. 


El lector de Parerga tiene ahora la oportunidad de retomar la “polémica” y participar en ella, si así lo estima oportuno, en los próximos números de la Revista, que espero que sean muchos. 

Por mi parte, transcurrido ya un año desde que Materialismo histórico & Materialismo Filosófico fue expuesto en la «Escuela de Filosofía de Oviedo», tengo que decir que la “polémica” sigue abierta: «la filosofía de Gustavo Bueno», el denominado “materialismo filosófico”, no es “materialismo histórico” en el sentido estricto o histórico restringido de la expresión, el referido al sintagma «la filosofía de Carlos Marx» en su significado genitivo. Y el denominado “materialismo filosóficono es “materialismo histórico” en ese sentido, porque «la filosofía de Gustavo Bueno» despliega un «curso» en el que el movimiento de su «cuerpo» traza en círculo (“vicioso”, a mi juicio) un giro antropológico contrarrevolucionario, de sentido contrario al “giro copernicano” de Kant, pero que marcha en su misma dirección ontológico-ambital. Las filosofías «de Gustavo Bueno» y «de Marx» son esencialmente incompatibles, porque no comparten la misma “regla” o norma fundamental de construcción de la figura que debe tener “la filosofía” misma. Y porque las filosofías «de Gustavo Bueno» y «de Marx» son esencialmente incompatibles, los miembros de la «Escuela de Filosofía de Oviedo» tenían necesariamente que reaccionar, frente a mi presencia en ella, como de hecho lo hicieron: deteniendo enérgicamente mi “propuesta” de fusionar ambas filosofías, en el núcleo de una “nueva” filosofía materialista cuyo presente estaría por venir todavía. La “propuesta” es imposible llevarla a cabo, “desde dentro” de la «Escuela de Filosofía de Oviedo» misma, porque si una “nueva” filosofía materialista tiene porvenir en España, lo tendrá en la medida en que «la filosofía de Carlos Marx» sea liberada del “yugo kantiano” al que «la filosofía de Gustavo Bueno» la tiene sometida. El materialismo filosófico no es materialismo histórico, porque «la filosofía de Gustavo Bueno» es, a “su modo”, único e irrepetible, un humanismo, esto es: una cosmovisión televisada para ofrecernos un peculiar modo, entre otros, de poner al hombre abstracto en el lugar que le corresponde ocupar en el mundo otorgándole, a su “capacidad de operar”, una forma de conciencia cuya figura brota de una racionalidad desconocida, que ya está dada con anterioridad a la escisión por la que se separan, a partir de ella, en dualidad irreductible, la racionalidad de las ciencias, por un lado, y la racionalidad de las artes (“productivas” y “prácticas”) por otro. Ya sabemos, desde Aristóteles, que es común a las figuras de esta forma de conciencia humana, el que su “capacidad de operar racionalmente” se detenga ante la “irracionalidad” de la forma “precio de los esclavos”. El “precio de los esclavos” es la única forma del mundo que debe haber brotado de la “irracionalidad” de una forma de conciencia que no es humana, sino divina. El materialismo filosófico no es materialismo histórico, porque su forma de conciencia social es una inhumana forma irracional de concebir lo que es la racionalidad humana. Esta inhumana forma irracional de concebir lo que es la racionalidad humana, se llena de racionalidad desarrollando una línea fundamental de desarrollo doctrinal en la que “toma cuerpo”, “se encarna”, la lógica de la razón pura del hombre abstracto: la Antropología filosófica. La Antropología filosófica es la línea de desarrollo doctrinal que envuelve globalmente, “en círculo”, el «cuerpo» entero del “materialismo filosófico”. La «Antropología» del “materialismo filosófico” es la «línea de desarrollo» de su «cuerpo doctrinal» que es hilo trascendental del entretejimiento de las partes de dicho «cuerpo». El “materialismo filosóficono es, en este sentido, “materialismo histórico” en el sentido estricto o histórico restringido de la expresión, porque el “materialismo filosóficosí es un humanismo pletórico de basura metafísica (“terciogenérica”), cuyo sabor teológico nos hace recordar, reconocer, que el “materialismo filosófico” se conoce verdaderamente a sí mismo cuando, retirando la mediación lógica de la lógica de la falsa conciencia de Marx, se pone en paralelo frente al Idealismo Trascendental de Kant y, mediando entre Kant y Gustavo Bueno un vacío de fundamentos (de racionalidad), Gustavo Bueno establece una relación de correspondencia biunívoca entre tesis del Idealismo Trascendental y las correspondientes tesis paralelas de su “materialismo filosófico”. El “materialismo filosófico” no puede auto-concebirse a sí mismo sin oscurecer la presencia de falsa conciencia objetiva en su propio «cuerpo doctrinal».


La “propuesta” de fusionar las filosofías «de Gustavo Bueno» y «de Marx» que Materialismo histórico & Materialismo Filosófico contiene, fue llevada a cabo a modo de puesta en práctica de un “experimento” teórico. La reacción de los miembros de la «Escuela de Filosofía de Oviedo» frente a mi “propuesta” probó la imposibilidad de la misma. Una vez probada la imposibilidad de la “propuesta”, la polémica con la «Escuela de Filosofía de Oviedo» no queda, sin embargo, cancelada, al menos por mi parte. Se abre ahora, a partir de los resultados obtenidos por la puesta en “práctica” de mi experimento “teórico”, una nueva fase en la que el objetivo debe ser “liberar” a Marx del “secuestro” al que el denominado “materialismo filosófico” «de Gustavo Bueno» lo somete. La norma fundamental pragmática con arreglo a cuyo finis operis Marx conforma la figura institucional del ego filosófico, no es la misma norma con arreglo a cuyo finis operis Gustavo Bueno diseña y construye el «edificio» del denominado «sistema» del “materialismo filosófico”. La norma con arreglo a cuyo finis operis Marx conforma la figura institucional del ego filosófico, es incompatible con el movimiento de repliegue del ego filosófico sobre sí mismo que lo instala en el «reino mitológico» de las representaciones del “mundo”. El ego trascendental del “materialismo filosófico” hace este movimiento de auto-fundamentación gnóstica de la conciencia filosófica, deteniendo el proceso, por anástasis, antes de llegar a un punto en el que el “materialismo filosófico” se «confundiría» con el “materialismo histórico”. De producirse dicha “fusión” de lo mismo (el “materialismo filosófico”) “con” lo otro que no es (“materialismo histórico”), el proyecto mismo de construcción de un «mapamundi mitológico» “materialista” revelaría su imposibilidad. La posibilidad de dicho proyecto se abre, en dirección hacia su realización, sobre la «base» de la rectificación de la dirección que la conciencia filosófica toma, cuando orienta su actividad hacia la destrucción de las condiciones histórico-materiales que determinan la imposibilidad de su verdadera forma originaria de implantación institucional en el Estado: la implantación política.


En definitiva, y para decirlo con terminología kantiana, pero contra la dirección que la conciencia filosófica “moderna” toma a partir de Kant mismo, el “materialismo filosófico” «de Gustavo Bueno» tiene la necesidad de oscurecer, en la estructura constitutivamente mitológica de su propio «cuerpo doctrinal», la raíz común a partir de la que se escinden el “materialismo histórico” y el proyecto mismo de «edificación» del «sistema» del “materialismo filosófico”. En esa «escisión» está la génesis del «núcleo» generador del «cuerpo doctrinal» de dicho «sistema filosófico». El «núcleo» se incorpora al «cuerpo», pero la raíz común a partir de la que dicho «núcleo» se ha constituido, tiene que quedar necesariamente segregada de la «estructura dogmática» de dicho «cuerpo doctrinal». En el mismo momento en el que la «estructura dogmática» del «cuerpo doctrinal» del “materialismo filosófico” iluminara la presencia en él de dicha raíz común, su «cuerpo doctrinal» se nos aparecería confundiéndose con el «cuerpo doctrinal» del “materialismo histórico” «de Marx». Damos ya por supuesto que es imposible que el “materialismo filosóficoilumine la presencia de dicha raíz común en la «estructura constitutivamente mitológica» de su «cuerpo doctrinal». El mapamundi del “materialismo filosófico” es por ello un «mito del mundo» oscurantista. La raíz común originaria de la que el «núcleo» del “materialismo filosófico” se escinde, queda oculta en el reverso del «cuerpo doctrinal» generado por dicho «núcleo esencial». Dicho «cuerpo doctrinal» del “materialismo filosóficoenvuelve (involucra) en el despliegue de su «curso esencial» al «cuerpo doctrinal» del “materialismo histórico” «de Marx», y lo reduce absorbiendo sus fundamentos lógico-materiales, recortados a escala de morfológica, en un vacío de fundamentos que Gustavo Bueno llena con los fundamentos lógico-formales, recortados a escala lisológica, de su Antropología Filosófica, que es la línea fundamental de desarrollo doctrinal del «cuerpo» del “materialismo filosófico” desde la perspectiva del «eje circular» del espacio que abarca dicho «cuerpo doctrinal»: el «espacio antropológico». Este llenado de sentido antropológico de lo que es realmente materialidad histórica lo expresa, en el anverso “visible” de la teoría buenista sobre el «cuerpo» del Estado, el sentido de la operación «vuelta del revés de Marx». El sentido de esta operación no agota, por tanto, el sentido global de la operación de reducción /absorción que subsume realmente al “materialismo histórico” «de Marx» dentro del «cuerpo doctrinal» del “materialismo filosófico”. Dicha operación de «vuelta del revés de Marx» es el modo de expresarse, la forma de manifestarse, en una parte de la “superficie” del «cuerpo doctrinal» del “materialismo filosófico”, el sentido de la transformación global a la que el “materialismo filosófico” somete al esquema lógico-material de identidad sustancial del “materialismo histórico” «de Marx». La exposición reiterada del sentido de la operación de «vuelta del revés de Marx», es presencia falaz de lo que tiene que permanecer necesariamente ausente en el aspecto global de la «estructura dogmática» del «cuerpo doctrinal» del “materialismo filosófico”. Para exponer la operación de «vuelta del revés de Marx» poniendo y reponiendo, una y otra vez, los mismos ejemplos, no es preciso referirse a la verdad sobre el sentido de dicha operación. La exposición y reexposición del sentido de la operación de «vuelta del revés de Marx», poniendo y reponiendo, una y otra vez, los mismos ejemplos, es una apariencia configuradora de la presencia falaz del verdadero sentido real de la operación, que es lo que tiene que permanecer siempre ausente cuando ésta “se manifiesta” “tomando cuerpo” en el anverso del “cuerpo del Estado”.


El único modo posible de iluminar lo que el mapamundi del “materialismo filosófico” oscurece, consiste en “sacar a la luz” la presencia de un «cuerpo doctrinal» de verdadera filosofía materialista en la «estructura» de una «obra», El Capital de Marx, en la que la ausencia “visible” de dicho «cuerpo doctrinal» filosófico es una apariencia veraz de su “invisible” presencia inteligible. Este es el único modo posible de “arrojar luz” sobre el momento de escisión o de fisión, a partir del que el «núcleo» generador del “materialismo filosófico” se constituye.  La fusión del “materialismo filosófico” con el “materialismo histórico” destruye al “materialismo filosófico” mismo mostrando su imposibilidad. Es lógico, pues, que mi “propuesta” de fusión de ambos “sistemas” filosóficos fuera enérgicamente rechazada, por los miembros de la «Escuela de Filosofía de Oviedo», mediante enérgico ejercicio dialéctico implícito de anástasis; representar explícitamente dicho ejercicio de la dialéctica habría supuesto, para ellos, algo así como televisar al público su propio suicidio “colectivo”.


El escrito que el lector de Parerga tiene ahora en sus manos es el mismo que envié a la Revista El Basilisco tras la “charla” que di en la «Escuela de Filosofía de Oviedo», con la salvedad, claro está, de esta introductoria nota de aclaración sobre el porqué de su publicación ahora por esta Revista, Parerga, que comienza su andadura con la publicación de su primer número.


§1.― Planteamiento de la cuestión disputada.

La charla que voy a ofrecerles hoy se divide en dos partes: «A» y «B».


A.― En la primera parte («parte I»), titulada «§.2 Cuestiones egológicas de orden ontológico y gnoseológico», trataremos de cuestiones relativas a la relación que mantiene la figura del «Ego» institucional filosófico que ha tallado Marx, con las figuras de las Ideas de «Mundo» y de «Materia».


B.― En la segunda parte («parte II»), titulada «§.3 Cuestiones egológicas de orden histórico y antropológico», trataremos de cuestiones relativas a la relación que mantiene la figura del «Ego» institucional filosófico que ha tallado Marx, con la figura de la Idea de «Estado».


. ― El «orden de la exposición» de estas dos partes en las que he dividido la charla que voy a ofrecerles, no se corresponde con el «orden de la investigación» llevada a cabo por Marx mismo, de modo que esto puede producirles a ustedes la impresión de que estoy procediendo “a priori”. Pero no se engañen. Este tipo de efectos los produce objetivamente el uso de la dialéctica como método de investigación.


. ― Esto último lo digo para que ustedes tengan en cuenta, que la exposición crítica o propedéutica del Materialismo Histórico (en adelante «MH») por parte de Marx como una filosofía de la historia presupone, ordo rerum, en el orden de la investigación, el descubrimiento por parte de Marx de una nueva forma revolucionaria de hacer ontología que, ordo doctrinae, por razones de orden metodológico, Marx tenía que exponer dogmáticamente como crítica de la economía política. Esta exposición dogmática del «MH» como crítica de la economía política está, de cuerpo presente, en la obra de Marx titulada El Capital; una obra, El Capital, cuyo «fin último» es «sacar a la luz» la influencia material que ejerce, sobre la Producción del estado morfológico del “mundo”, la denominada por Marx «ley natural (económica) que rige (o preside) el movimiento de la sociedad moderna».


. ― Esto que les acabo de decir implica que, en Marx, las «Cuestiones egológicas de orden ontológico y gnoseológico» constituyen la parte dogmática de la parte crítica del «MH»; una parte crítica, como digo, expuesta por Marx, propedéuticamente, como filosofía de la historia y antropología filosófica (digamos, para entendernos, como filosofía del hacer o de la praxis). Ambas partes se acoplan o se ajustan en un único “bloque filosófico” al que, a mi juicio, no le vendría mal la denominación de materialismo metodológico, o bien, si así lo prefieren, materialismo operatorio; un materialismo operatorio en el que «la filosofía» que se está haciendo metodológicamente no está explícitamente representada como tal «filosofía», sino que está implícitamente ejercitada en la crítica demoledora de toda posible representación explícita de la “filosofía” que la presente, en el trámite interno de auto-representación de sus propios contenidos dogmáticos, como un “saber verdadero”. En este sentido, el materialismo operatorio de Marx está más próximo al escepticismo del saber que al dogmatismo escolástico, desde luego. Ahora bien: dicho materialismo operatorio marxista implica, a su vez, la puesta en práctica de un modo de hacer filosofía que se distancia críticamente de la hipercrítica aniquiladora de la conciencia filosófica de signo nihilista.


La primera parte («parte I») de mi exposición («§.2 Cuestiones egológicas de orden ontológico y gnoseológico») se divide, a su vez, en otras dos partes:


§.― En una primera parte («parte I.1») intentaré exponerles la desconexión crítica de la Idea de Materia respecto de la Idea de Mundo que habría llevado a cabo Marx, mediante la realización de una operación de lisado débil de la Idea de Mundo de significado a quo ontológico pero ad quem gnoseológico.


§.― En una segunda parte («parte I.2») intentaré exponerles la desconexión crítica de la Idea de Materia respecto de la Idea de Mundo que habría llevado a cabo Marx, mediante la realización de una operación de lisado fuerte de la Idea de Mundo de significado a quo gnoseológico pero ad quem ontológico.


. ― De nuevo aquí, el «orden de la exposición» de estas dos partes de la primera parte de mi exposición, no se corresponde con el orden de la investigación llevada a cabo por Marx mismo, de modo que ―como ya les dije anteriormente― esto puede producirles a ustedes la impresión de que estoy procediendo “a priori”. Pero ya saben. No se engañen. Como les acabo de decir, este tipo de efectos los produce objetivamente el uso mismo de la dialéctica como método de investigación.


Y ya para finalizar con este planteamiento de la cuestión disputada, y por cortesía dialéctica con ustedes orientada a guiarles en el orden mi exposición de hoy, les ofrezco ya, “a priori”, los resultados de la investigación que he venido a exponerles.


Expondré “a priori” estos resultados enumerando lo que ustedes pueden recibir como «12 tesis», para que sean una más de las «11 tesis» que escribió Marx «sobre Feuerbach»:


«1ª Tesis»: Que la operación «vuelta del revés» realizada por Gustavo Bueno sobre el MH de Marx es una operación de transformación idéntica del «esquema material de identidad» que Marx ha tallado dialécticamente, para compactar o conformar la forma de la figura institucional del Ego filosófico. Y que en virtud de los efectos producidos por esta transformación idéntica, no es posible ecualización alguna homologadora del MH de Marx con el MF de Gustavo Bueno. La transformación, como es lógico, produce sus efectos, y de éstos derivan innegables diferencias entre uno y otro sistema filosófico. Pero estas diferencias únicamente son apreciables cuando se captura dialécticamente el sentido o el significado de la transformación que las ha producido. Si no se capta dialécticamente el sentido de la transformación que ha producido estas diferencias como efectos suyos, las diferencias introducidas “ad hoc” entre uno y otro sistema son, a mi juicio, gratuitas. Tanto más gratuitas cuanto más se las utilice para hacer desde ellas una justificación “etic” del MH desde las coordenadas del MF.


No se niegan, pues, las diferencias por las que ambos sistemas no resultan ser homologables. Lo que se niega es que estas diferencias puedan ser introducidas “ad hoc”, es decir: sin haberlas extraído internamente, “desde dentro” del MF mismo, como efectos producidos por causa de la operación «vuelta del revés de Marx» llevada a cabo por Gustavo Bueno.


En el reconocimiento por mi parte de las diferencias entre el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno en el sentido indicado hay, sin duda, una justificación ―por mi parte, como digo― del modo de apropiación y producción del MH de Marx operado por Gustavo Bueno. Por mi parte, el modo de apropiación y producción del MH de Marx operado por Gustavo Bueno es justificable, porque no implica la negación de la «verdad» por la que el MH de Marx es justificable como una verdadera filosofía ontológica materialista, en el sentido platónico de la expresión «verdadera filosofía».


Por tanto, lo que hay en mi exposición de hoy no es una justificación “etic” del MH de Marx desde las coordenadas del MF de Gustavo Bueno (de hacer eso ya se ocuparon “los filósofos” que representan a la «Escuela de Filosofía de Oviedo»). Es al revés: lo que hay en mi exposición de hoy, en todo caso, es una justificación del modo de apropiación y producción del MH de Marx como Materialismo Filosófico; un modus operandi en el que tiene sentido o significado la «vuelta del revés de Marx» operada por Gustavo Bueno. Esta justificación no es, en modo alguno, una justificación “etic” del MF de Gustavo Bueno desde las coordenadas del MH de Marx. La justificación del modus operandi de la «vuelta del revés de Marx» es un trámite interno al propio MF de Gustavo Bueno, concretamente un trámite interno de auto-concepción; un trámite interno de auto-concepción que el propio MF no puede llevar a cabo, sin asumir la necesidad de las razones por las que su propia conciencia filosófica, estaría siendo objetivamente segregada como un producto histórico de falsa conciencia filosófica o conciencia filosófica gnósticamente implantada.


En este trámite interno de auto-concepción, por el que la «vuelta del revés de Marx» se justifica como modus operandi, el MF de Gustavo Bueno está obligado a ser coherente consigo mismo, asumiendo la necesidad de tener que correr el riesgo de poner su propia cabeza bajo el hacha con la que Marx cortó el “tronco” por el que circula encauzada la “sabia” de la que se alimenta todo el “ramaje” del árbol de la filosofía occidental cristiana.


En la «Escuela de Filosofía de Oviedo» están dispuestos a destruir (literalmente, llegando incluso al “acoso y derribo”) a cualquiera que se asome por ella mostrando a Marx portando un hacha en sus manos. Prefieren eso a tener que asumir esa especial meditatio mortis que implicaría el agarrar el hacha y llevarla en las suyas. Y encima tienen la desvergüenza de “argumentar” (por decir algo), contra la «tesis 11 sobre Feuerbach», y sin llevar hacha alguna en sus manos, que el MF de Gustavo Bueno es un “instrumento” para “transformar el mundo”. Y esto último lo digo con conocimiento de causa.


«2ª Tesis»: Que las permutas o inversiones que esta transformación idéntica implican producen objetivamente una verdadera apariencia falaz de contradicción entre el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno; que esta verdadera apariencia falaz de contradicción entre el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno sea algo que se produce objetivamente, significa que es un resultado objetivo obtenido de la «exposición filosófica» misma de la «verdad» que adjetiva metodológicamente al MH de Marx como «verdadera» filosofía, en forma de «verdad» que adjetiva dogmáticamente, «ordo idearum», a las doctrinas sistemáticas de un sistema de materialismo filosófico «verdadero» diseñado como sistema absoluto.


Si esta verdadera apariencia falaz de contradicción objetiva no es cancelada dialécticamente, con platónica disciplina, entonces el contenido semántico de la «verdad» que adjetiva al MF de Gustavo Bueno como un sistema absoluto de MF «verdadero» pierde, ordo rerum, la referencia positiva de su verdadero valor institucional de significado pragmático “personal” de importancia a la vez tecnológica y nematológica.


Que desde la «Escuela de Filosofía de Oviedo» se pretenda llevar a cabo ―por parte de algunos de sus integrantes― una justificación “etic” del MH de Marx desde las coordenadas sistemáticas del MF prueba que, para los miembros de esta «Escuela de Filosofía», el MH de Marx tiene para ellos, “en primera persona”, un verdadero valor institucional de significado pragmático en el “presente en marcha”. Sin embargo, esta justificación “etic” del MH de Marx desde las coordenadas sistemáticas del MF por su valor institucional de significado pragmático, es llevada a cabo sistemáticamente, desde la «Escuela de Filosofía de Oviedo», mediante la sistemática reducción del valor ontológico que tiene el contenido semántico de la doctrina que se desprende del uso que Marx hace, ordo rerum, de la dialéctica como «método de investigación» filosófica. Dicha doctrina (propiedad del MH de Marx) es lo que se conoce como «Teoría del Valor»; una «Teoría» ya expuesta filosóficamente por Marx en El Capital, y que no requiere de justificación “etic” alguna de su «verdad» desde las coordenadas de otro sistema filosófico que no sea el propio MH de Marx, considerado en el momento mismo de su «construcción geométrica» por parte del sujeto operatorio demiurgo del sistema filosófico, es decir: Carlos Marx. Esa «obra» ―me refiero a El Capital, Libro I, sobre todo― está ahí, y la «verdad» de la doctrina filosófica expuesta en ella, la «Teoría del Valor», la justifican, ordo rerum, en el presente «en marcha», las democracias capitalistas realmente existentes que se rigen por ella incorporándola a sus «cuerpos políticos» como ortograma de los itinerarios históricos que siguen en su «triunfal marcha política» por todo el globo terráqueo.


De modo que, en la media en que el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno no resultan ser sistemas filosóficos homólogos metaméricamente considerados, tampoco cabe reducción mutua entre ellos; y como no cabe en ese sentido reducción mutua entre ellos, la justificación “etic” del MH de Marx desde las coordenadas sistemáticas del MF de Gustavo Bueno, únicamente puede ser llevada a cabo desde la consideración del MF de Gustavo Bueno como un sistema absoluto de filosofía metaméricamente implantado, ordo doctrinae, en el «reino mitológico de las representaciones cartográficas del mundo». Pero si ese proyecto se lleva adelante, entonces desde la «Escuela de Filosofía de Oviedo» se estará reconociendo que el sistema filosófico que la sustenta, a pesar de su reconocimiento “emic” desde la «Escuela» misma como sistema filosófico absoluto, carece en el presente «en marcha» de implantación diamérica política alguna.


En definitiva: no hay en el «orden de mi exposición» de hoy:


.― ni justificación “etic” del MH de Marx desde las coordenadas del sistema del MF de Gustavo Bueno, considerado como sistema filosófico absoluto metaméricamente implantado en la «materialidad espectral terciogenérica» del «reino esencial transhistórico» en el que la «conciencia filosófica» se repliega gnósticamente sobre sí misma;


. ― ni justificación del modo en el que la «marcha triunfal» de las democracias capitalistas realmente existentes hacen verdadera a la «Teoría del Valor» de Marx, contenido doctrinal mismo del MH construido «geométricamente» por Marx como sistema de verdadera filosofía materialista.


Lo que hay en el «orden de mi exposición» de hoy, es una justificación de la disciplina platónica con la que yo he tratado de resolver una disputa que yo mismo no había planteado como cuestión a resolver. La disputa la planteó Tomás García como cuestión a resolver, desde el momento en el que decidió atribuirme, gratuitamente, un “ataque” por mi parte al MF de Gustavo Bueno que jamás he llevado a cabo. De modo que, si se me mete en una “disputa”, no me queda más remedio que afrontarla y defenderme personalmente “a mi modo”, intentando con todas mis fuerzas que la disputa se celebre lo más amistosamente posible sin entrar en el terreno de la descalificación personal. Pero eso en la «Escuela de Filosofía de Oviedo» está visto que es imposible. El que entre por allí mostrándoles a Marx portando un hacha en la mano, resultará “acosado y derribado” por “batallones” al mando de algún “general”.


Al igual que el sacerdote, que al perder de vista la «fe» pierde también la razón de ser de su oficio y, por ello, puede incluso llegar a transformarse en un filósofo ateo, también el filósofo ateo, al perder de vista la «verdad», puede perder la razón de ser de su oficio y, por ello, llegar a transformarse en un fideísta que no ve «verdad» más que en lo que le ha sido revelado en forma de «dogmas» de razón inamovibles. Gustavo Bueno no ha revelado la referencia positiva del sentido de la operación «vuelta del revés de Marx». Más todavía: dejó escrito que no hacía falta referirse a la «verdad» para apreciar, en todo su alcance, el sentido global del proyecto de la «vuelta del revés de Marx». Expuso (y reexpuso) el sentido de la operación «vuelta del revés de Marx» ofreciendo «ejemplos» que, al parecer, debíamos tomar sin más, dogmáticamente, como «ejemplos» que nos estaban “revelando” la «verdad» del sentido o significado de dicha operación transformativa. Sin embargo, yo no he querido perder la razón de ser de mi oficio y, por ello, he tenido siempre a la vista esa «verdad» del MH de Marx (en tanto que «verdadera» ontología dialéctica) como referencia positiva del sentido o significado de la operación «vuelta del revés de Marx» operada por Gustavo Bueno.


He tenido siempre a la vista esa «verdad» para poder dejar de ver a ambos sistemas filosóficos metaméricamente conectados, y poder verlos conectados diaméricamente en puntos de fusión o intersección entre ellos que, por otro lado, no confunden totalmente a ambos sistemas borrando las diferencias entre ellos. Estos puntos de fusión, que son puntos hacia los que el MF de Gustavo Bueno se aproxima para fusionarse en ellos con el MH de Marx, son puntos de apropiación. En esos puntos de apropiación-fusión la «rotación lógica» del MH de Marx en la que consiste su «vuelta del revés» por «transformación idéntica» se para, finaliza. Son puntos, por tanto, de «fusión nuclear» constitutivos del «cuerpo dogmático» del MF de Gustavo Bueno como sistema de sistemas doctrinales centrados. De estos puntos de «fusión nuclear» nada quiere saberse en la «Escuela de Filosofía de Oviedo». A lo sumo están dispuestos a entrar a discutir sobre el «cuerpo dogmático» del MF, que es donde se ven las diferencias. Pero en cuanto se les argumenta que las diferencias que se ven en el «cuerpo» son momentos de la producción de lo apropiado mediante la operación de su transformación idéntica, entonces segregan la génesis de la estructura del «cuerpo» y te presentan a éste como un «cuerpo» filosófico «puro», “descontaminado” (o que hay que “descontaminar”) de MH de “linaje marxista”. Trampa. ¿Por qué? Porque no es el «marx-ismo» (en sus diferentes modalidades o variedades) aquello de lo que se apropió Gustavo Bueno. Gustavo Bueno se apropió del modus operandi de Marx en el ejercicio que éste hace, ordo rerum, del «método dialéctico» como «método de investigación» filosófica.


Por tanto, los momentos de la producción del «cuerpo» (momentos en los que Tomás García pretendió mantenerme “agarrado” durante el debate sin éxito por su parte) son momentos de producción de «verdadera filosofía» que, en ningún caso, pueden transformarse, por “arte de hechicería”, en momentos de producción de una «filosofía verdadera» desconectada del momento de su génesis apropiativa, que es el momento de la fusión del MF de Gustavo Bueno con el MH de Marx.


Hay en esos momentos de producción del «cuerpo» producción de una verdadera filosofía de la ciencia, de una verdadera filosofía de la historia, y de una verdadera filosofía de la religión. Y si desconectamos esos momentos de la producción del «cuerpo» del momento nuclear de la génesis apropiativa que los genera, entonces el «cuerpo dogmático del MF de Gustavo Bueno» no resiste comparación «dogmática» alguna, ordo rerum, con el «cuerpo dogmático» de la «filosofía de Kant».


Porque si hay, ordo rerum, en nuestro presente «en marcha», una «filosofía de la ciencia verdadera», ésta es la «filosofía de la ciencia de Kant» realizada, ordo rerum, por la dogmática naturalista del fundamentalismo científico inter-categorial expansivo de signo imperialista; porque si hay, ordo rerum, en nuestro presente «en marcha», una «filosofía de la historia verdadera», ésta es la «filosofía de la historia de Kant» realizada, ordo rerum, por la dogmática humanista del fundamentalismo democrático; y porque si hay, ordo rerum, en nuestro presente «en marcha», una «filosofía de la religión verdadera», ésta es la «filosofía de la religión de Kant» realizada, ordo rerum, por la dogmática fideísta del iluminismo de la razón filosófica (“transformadora del mundo” mediante la “educación de la ciudadanía”).


En este punto del debate mantenido por mí con el “general” Tomás García, éste no pudo “agarrarme” con los cinco dedos (cinco eran sus «Tesis» contra mí) de su mano. Y no pudo porque era yo el que lo tenía agarrado con los diez dedos de las mías. Y así quedó reflejado mediando “texto” de por medio entre yo y él; un “texto” ―el de la confrontación de las doce tesis del MF con las correspondientes tesis del Idealismo Trascendental de Kant― que Tomás García interpretaba tratando de llevárselo a su terreno, pero que se quedó en el mío “agarrado” por mis dos manos: la de la apropiación y la de la producción.


Si yo hubiera estado planteando mis investigaciones desde la «confusión total» que se me atribuye, entonces no podría haber escrito lo que ha quedado plasmado en la anterior «tesis1ª» sobre la cuestión disputada.


Si yo he hecho más hincapié en los puntos de fusión del MF con el MH, es porque uno de los puntos de fusión que, a mi juicio, son más relevantes para la práctica filosófica en nuestro presente «en marcha», es el punto en el que, en la profundidad de la «estructura real» misma del «cuerpo» de las «ciencias categoriales», intersectan el «análisis gnoseológico de las ciencias» y el «análisis institucional de las ciencias». Mi «batalla» contra el «cientificismo», presentada por mí en la anterior charla que di desde la «Escuela de Filosofía de Oviedo», estaba planteada teniendo a la vista este punto de fusión o intersección diamérica entre el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno.


Sin embargo, mi «batalla» contra el «cientificismo», planteada por mí desde este punto de vista, fue transformada por Tomás García y sus figurantes «soldados», con “arte de hechicería”, en una «batalla» dada por mí, desde la «Escuela de Filosofía de Oviedo», contra el MF de Gustavo Bueno. Y esa transformación (que solo estaba en sus cabezas) debiera reconocerse como un «error». Cosa que dudo mucho que se haga. Seguirán acusándome de “confundirlo” todo y de pretender estar realizando la filosofía mediante la supresión de la «filosofía de Gustavo Bueno». Sin embargo, no hay tal “confusión” por mi parte ni semejante pretensión absurda. Entre otras cosas porque soy plenamente consciente de las razones por las que la «filosofía de Gustavo Bueno» está superada en nuestro presente «en marcha» por la «filosofía de Kant», el “Aristóteles” de nuestro tiempo.


Y son las razones por las que la «filosofía de Gustavo Bueno» está superada en nuestro presente «en marcha» por la «filosofía de Kant», el “Aristóteles” de nuestro tiempo, aquello que obliga al MF a detener, por catástasis, su movimiento de fusión por catábasis con el MH, produciendo con ello en su cuerpo dogmático un momento de fisión, escisión o ruptura con él.

Este punto de fisión o escisión es el punto en el que ambos sistemas se enfrentan a la crítica de la democracia realmente existente. En este punto ambos sistemas se escinden porque la crítica a la democracia realmente existente del MF no es, ordo rerum, por razones de orden ontológico, una crítica a la realidad de la democracia, sino una crítica, ordo cognoscendi, a la Idea fuerza aureolar de democracia desde la que se interpreta su realidad. Y esto es así porque la crítica a la democracia, hecha por razones de orden ontológico, la hace Marx mediante la «Idea de Dictadura del Proletariado»; una Idea cuya realización en nuestro presente es imposible por causa de la «eternización» de la «forma burguesa de democracia»; «eternización» que es, precisamente, aquello que Marx pretende evitar mediante la «Idea de Dictadura del Proletariado» y la extinción del «Proletariado» mismo como «clase universal» en el Estado comunista del futuro; un futuro infecto visto, ordo cognoscendi, desde la perspectiva del Ego Trascendental desarrollado hasta un límite crítico-negativo. En ese Estado comunista del futuro ―por mucho que se empeñen los “buenistas” que “contemplan”, ordo doctrinae, una «filosofía de la historia verdadera» “brillando iluminada” en el cuerpo del MF― Marx no postula dogmáticamente ni la extinción del Estado ni la muerte de la filosofía. Lo que Marx contempla, ordo cognoscendi, desde el horizonte gnoseológico puramente negativo de ese infecto Estado comunista del futuro, es la extinción de la democracia por causa de la supresión del Proletariado como «clase complementaria» de la Burguesía:


«La filosofía no se puede realizar sin suprimir el proletariado; el proletariado no se puede suprimir sin realizar la filosofía»

Si se arroja luz sobre el «método de exposición» usado para llevar a cabo la operación «vuelta del revés de Marx», la verdadera apariencia falaz de contradicción entre el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno se cancela y, al cancelarla, se puede ver lo que hay detrás de ella, a saber: el punto de referencia o eje en torno al cual adquiere sentido la «rotación lógica» de las figuras talladas por Marx en su «construcción geométrica» de «Ideas». Es entonces cuando se pueden ver las permutas o inversiones en las que la «vuelta del revés de Marx» consiste en tanto que transformación idéntica. Dicho punto de referencia o eje en torno al cual gira el sentido de la transformación «vuelta del revés de Marx» es el siguiente: la «verdad» misma que adjetiva a la «filosofía de Marx», por el uso que Marx mismo hace de la «dialéctica», ordo rerum, como «método de investigación»; es decir: la «verdad» misma que adjetiva a la «filosofía de Marx» como una verdadera filosofía ontológica,  como una verdadera filosofía crítica ejercitada con disciplina platónica, esto es, académica en el sentido estricto de la expresión «filosofía académica».


He tratado de no perder de vista esta «verdad» en el desarrollo de mi investigación; una «verdad» que el propio «método de exposición» usado por Marx para mostrar literariamente el sentido positivo de la «vuelta del revés de Hegel», operada por él mismo, ya ponía al descubierto. Gustavo Bueno, en su programa de investigación filológica sobre los textos de Marx (los Grundrisse y El Capital principalmente), nos señaló con el dedo esa «verdad»; lo hizo al poner como referencia positiva suya a la figura literaria de «los quiasmos», una figura literaria usada por Marx como «método de exposición» de los resultados obtenidos por él, ordo rerum, en el uso de la «dialéctica» como «método de investigación».


Pero es de justicia reconocer que Gustavo Bueno no ha sido el único filósofo profesional español que, desde el rigor filológico, supo ver reflejado en las obras de Marx el ejercicio de una disciplina filosófica de la que estaba resultando un “nuevo” modo de hacer ontología. Gustavo Bueno fue el primero. Sin duda. Pero no el único. Con mucho más rigor filológico que filosófico, sin duda, ese logro también cabe atribuírselo a Felipe Martínez Marzoa. Precisamente por su excesivo celo en el rigor filológico, Felipe Martínez Marzoa nunca trató de apropiarse de la obra de Marx para producirla, mediante su transformación, como un Materialismo Filosófico explícitamente representado como tal. Felipe Martínez Marzoa se ha limitado a señalar con el dedo el significado ontológico de la «Teoría del Valor» expuesta por Marx en El Capital, considerando a dicha «teoría» como el contenido doctrinal mismo de la «filosofía de Marx» expuesto, ordo doctrinae, en El Capital. Gustavo Bueno no se limitó a hacer esto. Gustavo Bueno se apropió de la disciplina platónica plasmada por Marx en su obra para posteriormente producirla, mediante su transformación, en un Materialismo Filosófico «académico» en el sentido kantiano de la expresión «filosofía académica». Pero mientras Gustavo Bueno trabajaba dando “brillo y esplendor” al MH de Marx produciendo su transformación idéntica en forma de un MF «académico», en la repugnante filosofía universitaria española “los filósofos” que trabajaban ―y trabajan― en ella, seguían dándole “brillo y esplendor” al Idealismo Trascendental de Kant. Entre ellos Manuel Sacristán. Y así estamos todavía. Con Kant «reinando» en el «reino mitológico» en el que se «repliega» sobre sí mismo el «Ego Trascendental» mediante su «involucración» explícita con la producción de un «mapamundi filosófico». Ni siquiera hace falta explicar las razones por las que Marx no «involucró» al «Ego institucional filosófico» en esa «labor institucional». Pero Gustavo Bueno sí lo hizo. Y ahora en su «Escuela de Filosofía» se niegan en rotundo a asumir las consecuencias que se derivan de ello. Y esta negativa, por las razones ya expuestas, es una falta total de coherencia del MF consigo mismo. Es lógico. La coherencia no es ninguna virtud práctica y, en la práctica, a nadie le gusta que le digan que tiene que someterse al trámite de que le corten la cabeza por falta de coherencia consigo mismo.


«3ª Tesis»: Que es preciso cancelar esta apariencia falaz de contradicción objetiva para poder capturar dialécticamente ―con las dos manos, como diría Platón― el movimiento dialéctico de progressus que el MF hace, desde la perspectiva del eje circular del «espacio antropológico», para aproximarse en dirección hacia MH y llegar a un punto en el que se fusiona con él. Este movimiento dialéctico de catábasis lo desarrolla el MF en relación al MH, porque es el MF el que «involucra» (del latín involūcrum, “envoltura”) al MH en el momento nuclear de su génesis, y envuelve a su cuerpo dogmático con la energía crítica liberada por dicha “fusión nuclear” con el MH. De este modo, el cuerpo dogmático del MF queda envuelto por una armadura apotropaica que lo protege de los ataques dirigidos contra él con el propósito de destruirlo.


Por tanto, ningún “peligro” ha corrido el MF de Gustavo Bueno en ninguna de mis intervenciones en la «Escuela de Filosofía de Oviedo». Este supuesto “peligro” o “amenaza” solo está, “etic”, en “las cabezas” de los miembros de dicha «Escuela». Por mi parte, “emic”, lo que yo hago personalmente, desde un punto de vista pragmático, en primera persona”, es defender al MF de Gustavo Bueno justificándolo como un modo de apropiación y producción del MH de Marx como un Materialismo Filosófico.


«4ª Tesis»: Que esta fusión es constitutiva del MF porque en ella se encuentra la constitución misma del núcleo generador originario del despliegue sistemático del MF como cuerpo dogmático de sistemas de doctrinas y, por tanto, pretender que alguien pueda estar atacando al MF desde el MH, es algo que solo puede caber en la cabeza de quien no se ha enterado bien del significado de la siguiente tesis, en la que Gustavo Bueno expone las principales líneas de desarrollo doctrinal del MF:


«Las líneas más importantes del materialismo filosófico, determinadas en función del espacio antropológico (en tanto este espacio abarca al «mundo íntegramente conceptualizado» de nuestro presente, al que nos venimos refiriendo) pueden trazarse siguiendo los tres ejes que organizan ese espacio, a saber, el eje radial (en torno al cual inscribimos todo tipo de entidades impersonales debidamente conceptualizadas), el eje circular (en el que disponemos principalmente a los sujetos humanos y a los instrumentos mediante los cuales estos sujetos se relacionan) y el eje angular (en el que figurarán los sujetos dotados de apetición y de conocimiento, pero que sin embargo no son humanos, aunque forman parte real del mundo del presente).
I. Considerado desde el eje radial el materialismo filosófico se nos presenta como un materialismo cosmológico, en tanto que él constituye la crítica (principalmente) a la visión del mundo en cuanto efecto contingente de un Dios creador que poseyera a su vez la providencia y el gobierno del mundo (el materialismo cósmico incluye también una concepción materialista de las ciencias categoriales, es decir, un materialismo gnoseológico).
II. Desde la perspectiva del eje circular, el materialismo filosófico se aproxima, hasta confundirse con él, con el materialismo histórico, al menos en la medida en que este materialismo constituye la crítica de todo idealismo histórico y de su intento de explicar la historia humana en función de una «conciencia autónoma» desde la cual estuviese planeándose el curso global de la humanidad.
III. Desde el punto de vista del eje angular, el materialismo filosófico toma la forma de un materialismo religioso que se enfrenta críticamente con el espiritualismo (que concibe a los dioses, a los espíritus, a las almas y a los númenes, en general, como incorpóreos), propugnando la naturaleza corpórea y real (no alucinatoria o mental) de los sujetos numinosos que han rodeado a los hombres durante milenios (el materialismo religioso identifica esos sujetos numinosos corpóreos con los animales, que desde el paleolítico están representados en las cavernas magdalenienses, por ejemplo, y se guía por el siguiente principio: «el hombre no hizo a los dioses a imagen y semejanza de los hombres, sino a imagen y semejanza de los animales»).
El materialismo filosófico incluye también la crítica a la identificación del espacio antropológico con la omnitudo rerum, y esta crítica abre el camino de regressus hacia la materia ontológico general.}» Gustavo Bueno (1995): ¿Qué es la filosofía?, pág. 83.

«5ª Tesis»: Que además de cancelar la apariencia falaz de contradicción objetiva entre el MH y el MF que la «vuelta del revés de Marx» produce, en tanto que operación de transformación idéntica, se puede hacer otra cosa, a saber: transformar (con “arte de hechicería”) esta verdadera apariencia objetivamente falaz de contradicción entre el MH y el MF, en una falsa apariencia o pseudo-apariencia de contradicción real entre un sistema y el otro, mediante el procedimiento de reducir sistemáticamente el MH de Marx a las coordenadas sistemáticas del MF de Gustavo Bueno. Pero ni esta reducción es posible, ni es posible tampoco la reducción inversa. Al reducir el MH a las coordenadas sistemáticas del MF, lo que en realidad se hace ―si es que acaso se sabe lo que se está haciendo― es ofrecer una justificación, no ya del MH, sino una justificación del propio MF en tanto que verdadera «filosofía crítica» disponible entre las diferentes alternativas de «filosofía crítica», si es que las hay, claro. Y como no las hay, porque lo único que hay son las filosofías mundanas que brotan espontáneamente de los contextos determinantes de la «Producción» del «estado morfológico» de nuestro mundo «en marcha», pues entonces el MF de Gustavo Bueno ni siquiera es, ordo rerum, una alternativa más entre otras alternativas de verdadera filosofía crítica sistemática. Y esta es la razón por la que el MF trata de justificarse a sí mismo, ordo doctrinae, mediante el trámite de su auto-concepción hecho a través de la confrontación con el Idealismo Trascendental de Kant. Y esto, por las razones que ya expuse anteriormente, es algo así como “hacerse trampas en el solitario”. El enclaustramiento gnóstico es total.


«6ª Tesis»: Que dicha reducción sistemática del MH de Marx a las coordenadas sistemáticas del MF de Gustavo Bueno es llevada a cabo, desde un punto de vista “etic”, mediante el ejercicio implícito de un falso procedimiento dialéctico de metábasis, orientado a la representación explícita del MF como un nuevo “género puro” de filosofía materialista que, según esta estrategia, habría “evolucionado” históricamente de forma “natural” a partir del MH como “especie” precursora suya que habría quedado “históricamente desfasada”. A partir de esta estrategia se está considerando a Marx “perro muerto”. Lo que pasa es que la expresión “perro muerto” a veces se suaviza, para “tapar vergüenzas originarias”, con expresiones tales como “un compañero de viaje abandonado a mitad del trayecto” o cosas así de extravagantes. Con semejantes expresiones, a mi juicio, se está cooperando ―es posible que sin darse cuenta de ello― con todos aquellos que tratan de fomentar el «mito de los dos Gustavo Bueno»: el Gustavo Bueno “marxista” y de “izquierdas” y el Gustavo Bueno “post-marxista” y de “derechas”.


Mi propuesta de análisis del significado o sentido de la operación «vuelta del revés de Marx», permite pasar “olímpicamente” de chorradas como estas del «mito de los dos Gustavo Bueno». Gustavo Bueno se apropió de la disciplina platónica de Marx y está justificado que lo hiciera porque esa disciplina es de todo el mundo. Se apropia de ella el que sabe usarla. Legítima es pues su apropiación. Lo que no es legítimo, a mi juicio, es ocultarla. No es legítimo ocultar el momento de la apropiación originaria durante el desarrollo del proceso de producción que se hace gracias a ella. Lo producido, como es lógico, no sale de «la nada». Por ejemplo: el «modo de producción capitalista» brota de un momento de apropiación originaria ―no capitalista todavía como tal momento en el sentido estricto de la expresión capitalismo― que lleva siempre incorporado a su estructura, por mucho que los contextos filosófico mundanos determinantes de su «Producción» como «estado morfológico» de nuestro mundo «en marcha», “sepulten” nematológicamente dicho momento originario de apropiación para que no se vea en la superficie de la estructura de lo producido. Pero está ahí: “sepultado” en la “profundidad” de la misma. Estos contextos filosófico mundanos determinantes de la «Producción» de la estructura le dan kantiano “brillo y esplender” para que reluzca iluminada por la Razón Pura, pero por debajo de ellos está la ontología profunda que refracta esa luz en forma de ontología apariencial suya. Y este es el gran descubrimiento de Marx. Un descubrimiento del que se apropió Gustavo Bueno. Legítimo es que dicho descubrimiento sea justificado viéndolo reflejado en la estructura del mapamundi mitológico del Materialismo Filosófico. De este modo, cuando Kant se mire en el espejo del MF verá reflejada en él su falsa conciencia filosófica gnósticamente implantada. De otro modo, muy poca luz va a poder arrojar el mapamundi mitológico del Materialismo Filosófico sobre el «estado morfológico» del mundo «en marcha» que el mapamundi mismo de dicha filosofía pretende reflejar en su estructura.


El lisado débil de la «Producción», del que resulta la «estructura trascendental enclasada» del «estado morfológico» de nuestro mundo «en marcha», no puede “sepultarla” en ella “oscureciéndola” con la Doctrina de los Tres Géneros de Materialidad. Esta Doctrina tiene que “arrojar luz” sobre ella. Una luz procedente de Marx. La luz con la que Marx iluminó la estructura de la «Producción» para que se viera la falsa conciencia objetiva que la envuelve.

Si no se le reconoce a Marx el mérito de este descubrimiento, y si no se reconoce que la técnica apropiativa usada por Gustavo Bueno para hacerlo suyo es la dialéctica, entonces no hay nada de lo que discutir. Al menos por mi parte.


«7ª Tesis»: Que con el ejercicio implícito de la falsa estrategia dialéctica de metábasis a la que me acabo de referir en el punto anterior, se está incurriendo en esa forma de argumentación falaz a la que Gustavo Bueno mismo definió como lisologismo; falacia consistente en anegar una supuesta “especie” que no es tal, con un supuesto “género” que tampoco lo es realmente. Lo que sorprende es que quienes están incurriendo sistemáticamente en esta grosera falacia, se la atribuyan a los demás para que no se les vean las “vergüenzas apropiativas” al descubierto. Enturbian y oscurecen todo con “charlatán arte de hechicería” orientado por el único propósito de presentar, “depurado” de “marxismo”, a un Materialismo Filosófico “puro” que ha instaurado un nuevo “género” de ontología materialista que es otro género diferente del género de ontología instaurado por Marx; un “nuevo género” de ontología, el instaurado por Marx, que el propio Gustavo Bueno considera, en los Ensayos Materialistas, como el género de ontología que abre para la filosofía materialista la posibilidad de emprender en el futuro sus tareas analíticas.

Por lo visto ese futuro está ya agotado íntegramente, y se abre ante nosotros uno nuevo en el que la «Idea de Producción» de Marx ha quedado ya desbordada y superada por la Idea (lisológica) de «Ego Trascendental» del Materialismo Filosófico: el «Ego» productor de mapamundis que reflejan en su estructura constitutivamente mitológica la realidad del «estado morfológico» del mundo en marcha “producido”, al parecer, por ese mismo «Ego» en funciones de «ego gnoseológico» “productor” de las “benditas” (Tomás García dixit) verdades apodícticas de las ciencias. Como Juan Palomo, “yo me lo guiso y yo me lo como”. Un “nuevo género” de Materialismo Filosófico «verdadero» que sale así, por puro “arte de hechicera charlatanería”, de la chistera de no se sabe muy bien quién.


Sin embargo, no son el «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico y el «ego gnoseológico» “productor” de las “benditas” verdades apodícticas de las ciencias los que constituyen, por sí solos, la «estructura dual dialéctica» de la «forma» que adopta la «figura institucional» del «Ego filosófico». Para completar el tallado de la «figura institucional» del «Ego filosófico», es preciso introducir la perspectiva ordo essendi del «Ego Categorial» circunscrito («virtualmente trascendental» desde la perspectiva ordo cognoscendi del «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico) o, si se prefiere, ceñido a los límites del «estado morfológico» del «mundo» que se refleja en el mapamundi. La introducción de la perspectiva ordo essendi del «Ego Categorial» circunscrito, obliga a intersectar al «espacio gnoseológico» de las ciencias con el «espacio real» que abarca al «mundo» dentro de cuya concavidad las ciencias están dadas, ordo rerum, como «cuerpos reales». Y el «espacio real» que abarca al «mundo» es el «espacio antropológico». De modo que, para que el «cuerpo real» de las ciencias se nos aparezca en el «espacio antropológico» desempeñando en él la función de «fábricas» de la «Producción» del «estado morfológico del mundo» que dicho «espacio real» abarca, es preciso ver como intersectan, en la profundidad de la estructura real del cuerpo de las ciencias, al «análisis gnoseológico» de las ciencias con el «análisis institucional» de las ciencias.


Sin esta intersección del «análisis gnoseológico» con el «análisis institucional» de las ciencias, presente en la profundidad de la «estructura real» misma del «cuerpo» de las ciencias cuando dicho  «cuerpo» es visto desde la perspectiva ordo essendi del «Ego Categorial» circunscrito, el «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico reflejaría, en la «estructura tridimensional» del «cuerpo» de su “obra”, la desmesurada proporción que en su propio «cuerpo institucional» tendría su «dimensión angular-terciogenérica» de «hombre divinizado»; y el «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico reflejaría en su “obra” esta desmesurada proporción de su «dimensión esencial divinizada», en detrimento de su dimensión «circular-segundogenérica», que es la dimensión que tiene en tanto que Ego «virtualmente trascendental» circunscrito o ceñido a los límites del mundo determinados por el horizonte ordo essendi del «eje circular» del «espacio antropológico».


Este error en la fabricación de su propia “obra” lo estaría cometiendo el «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico, por causa de la desmesurada dimensión que se le estaría otorgando, desde el «ego gnoseológico», al valor ontológico «absoluto» de las verdades científicas.


De modo que, a mi juicio, la hipóstasis del «espacio gnoseológico» de las ciencias respecto del «espacio antropológico» en el que las ciencias mismas funcionan, de hecho, como instituciones complejas o complejos de instituciones, produce la apariencia falaz configurativa de la ausencia de lo que está presente en ellas, manifestándose como “esencia” neutral que nos proporciona, supuestamente, un conocimiento evidente de la realidad de la Materia que está «filtrando organolépticamente» nuestro cerebro. Y lo que está presente en ellas (en las verdades científicas), manifestándose a través de una apariencia falaz configurativa de su ausencia, es el fin material o el telos institucional α-operatorio por el que las capas (básica y metodológica) del «cuerpo real» de las ciencias se ajustan o acoplan formando un único «bloque institucional» científico-tecnológico. De este modo, el «cuerpo real» de las ciencias ya puede ser visto, desde la perspectiva ordo essendi del «Ego Categorial» circunscrito, como «cuerpos» dotados de la «fuerza productiva» necesaria para “fabricar” el «estado morfológico» del mundo «en marcha» que el «Ego Trascendental» refleja en su “obra”: el mapamundi filosófico. Y de este modo, se corrige el error anterior, reflejando ahora el «Ego Trascendental» en su “obra” la desmesurada dimensión que en su «cuerpo institucional» tiene su «dimensión circular-segundogenérica».

Cuando el «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico se nos presenta con un «cuerpo institucional» de «hombre divinizado», en el que su «dimensión angular-terciogenérica» está proporcionalmente desmesurada en relación a la medida de su «dimensión circular-segundogenérica», entonces es que en la “obra” del «Ego Trascendental» hay un error de perspectiva; un error en la perspectiva desde la que el «Ego Trascendental» contempla la realidad del estado morfológico del mundo que pretende reflejar en su “obra”; un error de perspectiva, porque el «Ego Trascendental» está contemplando la realidad del «estado morfológico» del «mundo» que pretende ver reflejado en su “obra” desde el punto de vista de dios.


Este error de perspectiva se corrige tras detener por anástasis el paso al límite de la «divinización» del «Ego Trascendental», y poniendo al «Ego Trascendental» desarrollado al límite en movimiento de progressus en dirección hacia su conexión dialéctica (fusión) por catábasis con el «Ego Categorial» circunscrito.


El «metafórico filtrado» de la Materia, por el que el «Ego Trascendental» “productor” del mapamundi filosófico hace la función de “puente lógico” entre la «Materia» y el «Mundo» tiene pues, como referencia positiva de su significado, no al «filtrado organoléptico» de nuestro cerebro, sino a los «procesos operatorios de fabricación y adquisición» de objetos institucionalizados (enclasados) como «trabajo» en la «división del trabajo que es socialmente necesaria» para la recurrencia cíclico-repetitiva de la «estructura material intra-histórica» del «cuerpo» del Estado; una «estructura material intra-histórica» del «cuerpo» del Estado (eso que Marx llamó “base” para hacerse entender mediante el uso de una metáfora arquitectónica), que la «estructura formal» de dicho «cuerpo político» (eso que Marx llamó “superestructura” para hacerse entender mediante el uso de una metáfora arquitectónica) produce para obtener de ella las fuerzas o energías sociales que necesita para “sostenerse” en el despliegue de las sucesivas fases de su curso histórico-lineal irrepetible.


El error de perspectiva en la “obra” del «Ego Trascendental» del que he hablado antes se corrige, por tanto, introduciendo entre las perspectivas ordo essendi (Ego ontológico Categorial) y ordo cognoscendi (Ego ontológico Trascendental) del Ego institucional filosófico la «Idea de Producción» de Marx.


Por tanto: las dos «capas» del «cuerpo» de las ciencias y las dos «estructuras» del «cuerpo» del Estado (su «estructura formal» y su «estructura material»), se compactan por causa del ajuste o acoplamiento producido por la influencia material de un mismo «ortograma fundamental»: el ortograma que regula los itinerarios históricos de los agentes causantes de la «Producción» del «estado morfológico» del «mundo» «en marcha», a saber: los Estados, a cuyos «cuerpos» los «cuerpos» de las ciencias sirven de asiento. Ese ortograma fundamental es aquello que Marx ha puesto al descubierto en El Capital formulándolo como «ley natural con arreglo a la cual se mueven las sociedades modernas». Descubrir esta «ley natural», sacarla a la luz, es la «finalidad última» de la obra. Una obra, El Capital, cuya «clave de bóveda» sigue siendo la «Idea de Producción» con la que Marx ha instaurado un “nuevo género” de ontología.


Sin esta «clave de bóveda», el «puente lógico» establecido por «E» entre «Mi» y «M» se queda vacío de fundamento material. Se viene abajo. Y con él toda la «Teoría filosófica de la Historia filosófica de la Filosofía» del MF de Gustavo Bueno. Sería algo así como un modelo puramente formal de combinatorias algebraicas.


Como ya dije en alguna de las anteriores tesis, Gustavo Bueno detiene el movimiento de catábasis en dirección hacia la fusión del MF con el MH de Marx, en el punto en el que Marx afronta la crítica a la democracia realmente existente. Una detención por catástasis que se produce por razones bastante obvias, a saber: la imposibilidad en nuestro presente de poder afrontar la demolición de la democracia realmente existente del mismo modo que la afrontó Marx en su presente práctico. Marx afrontó la demolición de la democracia realmente existente en su presente práctico, mediante la planificación y la programación del establecimiento de un «vínculo fuerte» entre la «práctica filosófica» y la «práctica política». A este «vínculo fuerte», que compacta en una única forma de «experiencia práctica» operatoria a la «práctica filosófica» y la «práctica política», se refiere el significado de la «Tesis 11 sobre Feuerbach».


El establecimiento de este «vínculo fuerte» entre la «práctica filosófica» y la «práctica política» mediante la puesta en marcha de planes y programas, implica una «especial meditatio mortis» que es preciso no correr el riesgo de llevar a cabo, cuando las circunstancias histórico-políticas del momento no son propicias para ello. Se entienden pues las razones de la catástasis de Gustavo Bueno en este punto. Son las razones por las que la crítica a la democracia, hecha desde el MF, no es una crítica a la democracia por razones de orden ontológico, sino una crítica, ordo idearum, a la Idea fuerza aureolar de democracia desde la que la realidad de la democracia se interpreta desde el futuro infecto de una supuesta «democracia real verdadera». De modo que la democracia realmente existente, en tanto que verdadera democracia, es la «forma política» en la que el MF de Gustavo Bueno busca su implantación política, porque dicha «forma política» es concebida, por razones de orden pragmático, como aquella «forma política que hay que poner a la base de la conciencia filosófica».


Por tanto, desde el MF es preciso justificar estas razones de orden pragmático mediante el distanciamiento del MH de Marx por razones de orden semántico. Un distanciamiento del MH de Marx por razones de orden semántico, que solo podía cobrar fuerza teórica a partir del momento en el que, por razones históricas, la dimensión pragmática del MH de Marx se viniera abajo con el hundimiento del Imperio Soviético. A partir de ese momento, Gustavo Bueno coge en sus manos la figura del «cuerpo» del Estado que Marx había tallado, y opera sobre ella la «vuelta del revés de Marx». Veremos como en la «12ª Tesis».


«8ª Tesis»: Que las diferencias que obviamente hay ―como ya dije anteriormente― entre el MH y el MF, no son líneas de frontera insalvables que marquen los distintos territorios de ambos sistemas filosóficos, como si éstos sistemas (el MH de Marx y el MF de Gustavo Bueno) fuesen dos “fortalezas” edificadas para ser defendidas por sendos “ejércitos” que pudieran entrar en una batalla, ordo doctrinae, por la conquista de la «verdad». Esa supuesta “batalla” que Tomás García “ideó” en su cabeza, y que después trató de meter en la cabeza de los demás para que se me viera a mí como “el  enemigo” que viene “de fuera” a atacar a las oleadas del MF, es una “batalla” que tiene ganada la “fortaleza filosófica” edificada por el gran filósofo aristotélico-averroísta de nuestro presente: Kant. Y por las razones que ya expuse en la charla y aquí he dejado de nuevo reflejadas.


De modo que las supuestas líneas de frontera entre las supuestas “fortalezas” del MH y del MF “ideadas” por Tomás García no han sido para mí, ni muchísimo menos, líneas de discontinuidad real insalvables por las que podía despeñarme hacia el discurso hueco y vacío, o meramente “logomáquico”, como dicen otros. Muy al contrario: las diferencias entre un sistema y otro ―por las razones que ya expliqué anteriormente― han sido para mí cauces de transición por los que me he paseado tranquilamente, en viajes “dialécticos” de ida y vuelta, sin que las legionarias falanges del MF puestas ante mí por Tomás García (a modo de líneas imaginarias) hayan sido para mis apacibles viajes dialécticos impedimento alguno.


Los viajes de ida y vuelta los he hecho con disciplina platónica, ayudándome de las figuras de la dialéctica excepto de una, la metábasis; figura dialéctica que he rechazado por las razones ya esgrimidas (porque no hay, a mi juicio, paso a otro “género” diferente de ontología). Pero he usado la anástasis (para frenar la falsa estrategia de metábasis de mis adversarios), la catábasis (para iluminar desde ella el movimiento progresivo de aproximación del MF al MH hasta llegar a fusionarse con él) y la catástasis (para explicar la detención del movimiento progresivo de catábasis, en el punto en el que el MH de Marx se posiciona como una crítica a la democracia, ordo rerum, por razones de orden ontológico; posición ésta que, ni por asomo adopta o puede adoptar el MF, cuya crítica a la democracia realmente existente no es crítica a su realidad, sino a la Idea metafísica desde la que se la interpreta erróneamente).


No he escuchado de mis oponentes ni un solo argumento en el que salieran a relucir las figuras de la dialéctica. Sí argumentos llenos de impertinencias que he aguantado estoicamente (siempre que he sido capaz), y también otros argumentos ―por llamarlos de algún modo― llenos de insultos y menosprecios que ―estos sí― resultan inaguantables incluso para el más paciente de los estoicos.


«9ª Tesis»: Que el MH de Marx no es un humanismo. Desde luego. Pero el MF, en tanto que obra producida, ordo idearum, edificando el mapamundi Mi sobre M desde la perspectiva ordo cognoscendi de un Ego Trascendental, explícitamente representado como tal Ego Trascendental (desarrollado al límite de su “pureza” filosófica), sí conserva, ordo doctrinae, un residuo humanista; un residuo humanista no diré que metafísico, pero sí detectable desde la perspectiva ordo essendi del Ego ontológico Categorial circunscrito, que es la perspectiva de la que parte Marx, ordo rerum, como término a quo en el orden de sus investigaciones. Por tanto, el proyecto de “depurar” al MH de Marx de componentes metafísicos humanistas para hacerlo “presentable” “etic”, desde el MF, como una «verdadera» filosofía es, como dije antes, más de lo mismo, a saber: puro falaz lisologismo que no hay quien se lo trague a poco que no se deje uno llevar por la retórica.


La edificación del mapamundi «Mi» sobre «M» por par parte de «E» requiere de la «metáfora arquitectónica» del «filtrado de M» a través de «E»; un «filtrado metafórico» que, sin el modelo positivo o paradigma institucionalizado que sirve de referencia a su significado formal (los procesos de «fabricación» institucionalizados como «formas de trabajo social»), no pasaría de ser un postulado antropomórfico sobre la «forma estructural» de la «figura» de la «Idea de Mundo». ¿Por qué? Porque la «forma» de la «figura» de nuestro «Universo finito» no es «esférica» porque la haya tallado a su “imagen y semejanza” el Ego Trascendental “productor” del mapamundi filosófico. El Ego Trascendental “productor” del mapamundi filosófico talla su “obra”: el mapamundi filosófico. No talla la «forma» de la «figura» de nuestro «Universo finito», porque no es la «Conciencia de la «Producción» del Mundo». Por tanto, si la «figura» de nuestro «Universo finito» tiene la «forma» de una «esfera», dicha «esfera» es una «esfera anantrópica», porque de su «Producción» no hay forma alguna de conciencia institucionalizada que no sea una forma de falsa conciencia objetiva de su realidad.


«10ª Tesis»: Que lo dicho anteriormente en la «tesis 9ª» es así porque la obra producida, ordo idearum, edificando el mapamundi «Mi» sobre “la base” de «M» desde la perspectiva ordo cognoscendi del «Ego Trascendental» es también, ordo rerum, un estroma más del «estado morfológico» de «nuestro mundo «en marcha» que, en el obligado trámite interno de auto-concebirse a sí mismo, tiene que pasar necesariamente por el trance de tener que mirarse en un espejo, y ver en él reflejado el rostro sonriente de Carlos Marx mostrando un hacha con la que poder cortarle la cabeza a todo Ego filosófico que, desarrollado al límite de su “pureza” filosófica, intente sacar la cabeza fuera de la concavidad esférica de la platónica caverna en la que vivimos los mortales a los que no nos van, ni las humanizaciones de dioses, ni menos todavía las divinizaciones de hombres. Lo que el MH de Marx representa por el alcance de su potencia crítico-filosófica, es el ser la consumación o plenitud del proyecto kantiano de la «crítica de la razón pura». O el MF proyecta sobre «nuestro mundo», desde su mapamundi «Mi» edificado sobre «M», la luz clarificadora que procede de la mirada crítica de Marx, o al confrontarse el MF con el Idealismo Trascendental de Kant, éste verá reflejada en el mapamundi del MF su verdadera conciencia filosófica políticamente implantada en nuestro mundo. Y esto sí que sería ya toda una completa paradoja: que en el mapamundi del MF de Gustavo Bueno, Kant viera reflejada su cabeza envuelta en la aureola nematológica del MF. Pero bueno. El «mundo» está lleno de «paradojas». Y parece que finalmente Juan Bautista Fuentes Ortega va a terminar teniendo razón, cuando afirma que el MF de Gustavo Bueno es un kantismo hegelianizante o un hegelianismo kantianizado. Yo no estaba por la labor de dársela. Pero parece que, visto lo visto, no me va a quedar más remedio que dársela.


«11ª Tesis»: Que sin la “fusión nuclear” (apropiativa) del MF con el MH de Marx en movimiento dialéctico progresivo de catábasis, dirigido estratégicamente en dirección hacia el eje circular del «espacio antropológico» ―o si se prefiere, «capa conjuntiva» del «cuerpo» del Estado―, la perspectiva ordo cognoscendi del Ego trascendental del MF, desarrollada al límite de su “pureza” trascendental “puramente” filosófica, permanecería replegada sobre sí misma ensimismada en la atmósfera esencial transhistórica que “envuelve” a la «materialidad espectral» del «reino mitológico de las representaciones cartográficas del mundo»; un «reino» cuyo territorio es el «campo gnoseológico» del que se ha apropiado la «filosofía académica universitaria» (de linaje germánico-protestante), para engolfarse en el «cultivo» de la historia del arte de la producción de «estromas» en forma de «sistemas filosóficos» de estructura constitutivamente mitológica. Este movimiento dialéctico progresivo de catábasis, realizado con la mirada puesta en la fusión con el MH, obliga al MF a reconocer, por razones de perspectiva propias del MH, la desmesurada proporción que el género de materialidad M2 tiene en el diseño y posterior edificación sobre M del mapamundi filosófico Mi.


Por tanto, el movimiento dialéctico progresivo de catábasis dirigido estratégicamente en dirección hacia el eje circular del «espacio antropológico», es el progressus de «vuelta a la caverna» para el MF.


«12ª Tesis»: Y como resultado final a tener en cuenta en relación a la «parte II» del orden de mi exposición («§.3 Cuestiones egológicas de orden histórico y antropológico»), lo siguiente ya para terminar:


a.― que el modelo canónico del género «sociedad política» tallado por Gustavo Bueno como «cuerpo» del Estado diversificado en «capas», resulta de una operación de lisado débil de la figura que ha tallado Marx para compactar morfológicamente la Idea de Estado desde un punto de vista histórico-morfológico. Esta es la razón por la que el género «sociedad política» tallado por Gustavo Bueno, tiene una significación antropológica que abstrae el contenido morfológico de las concatenaciones institucionales histórico-lineales irrepetibles. Esta operación de lisado débil es llevada a cabo mediante la permuta del «formato lógico» de las Ideas usado por Marx para tallar la «materia» (la «estructura material intra-histórica) y la «forma» (la «estructura formal») de la figura de la Idea moderna de Estado. Para tallar la «forma» de la figura del «cuerpo» del Estado moderno, Marx usa el formato lógico de la «lógica de relaciones» debido a que Marx parte de un supuesto fundamental para el MH, a saber: que la «materia» del «cuerpo» del Estado (su «estructura material intra-histórica) tiene, ordo rerum, una estructura trascendental de enclasamientos reales constituidos en ella como partes formales determinantes de sus funciones básicas. Por tanto, el formato lógico usado por Marx para tallar la «materia» de la figura del «cuerpo» del Estado moderno es la «lógica de clases». Y la «lógica de clases» es el formato lógico usado por Gustavo Bueno para tallar su modelo canónico del género lisológico «sociedad política», dándole a dicho modelo genérico un significado antropológico que abstrae ―por así decir― las relaciones histórico-morfológicas entre las fuerzas políticas que fluyen vectorialmente, ordo rerum, por el cuerpo histórico del Estado en sentido descendente y ascendente.


Esta operación de «vuelta del revés de Marx» la ha llevado a cabo Gustavo Bueno desde la perspectiva gnoseológica del Ego Trascendental desarrollado al límite.


b.― que la figura del «cuerpo» del Estado que Gustavo Bueno ha tallado para darle a la figura tallada una significación histórico-morfológica, la ha tallado realizando una operación de lisado fuerte que “oscurece” el «cuerpo» del Estado estructurado en «capas» tallado con el formato lógico de la «lógica de clases». A dicha operación de lisado fuerte, le sigue una operación de compactado débil de la que resulta conformada una figura del «cuerpo» del Estado, tallada mediante el uso del formato lógico de la «lógica de relaciones», que es el formato lógico que ha usado Marx para tallar la «forma» (la «estructura formal») de la figura del «cuerpo» del Estado moderno.


Con esta operación de compactado débil, las «capas» del «cuerpo» del Estado correspondientes a los tres ejes del «espacio antropológico» quedan subsumidas, ordo rerum, en las dos armaduras histórico-morfológicas por causa de cuyo ajuste material (teleológico institucional) se compactan la «materia» y la «forma» del Estado concebido tal como lo concibe Marx, a saber: como un estroma o sustrato institucional hilemórfico actualista. Estas dos armaduras son, como ustedes saben:


.―la armadura básica (correspondiente a la «materia» del «cuerpo» del Estado) que agrupa atributivamente al conjunto de las relaciones políticas entre las fuerzas sociales enclasadas que fluyen en sentido ascendente en el «cuerpo» del Estado;


.―y la armadura reticular (correspondiente a la «forma» del «cuerpo» del Estado) en la que se parten atributivamente el conjunto de las relaciones políticas entre las fuerzas sociales enclasadas que fluyen en sentido descendente en el «cuerpo» del Estado.


De modo que, con esta operación de compactado débil que Gustavo Bueno ha llevado a cabo desde la perspectiva ordo essendi del Ego ontológico Categorial ―circunscrito a la desmesurada dimensión ontológica que tiene el eje circular del «espacio» al que se ciñen los límites de nuestro mundo―, el MF se aproxima al MH en la crítica demoledora a la democracia realmente existente, pues como veremos ―si hay tiempo―, lo que ha de tender a aniquilarse en la «materia» del «cuerpo» de un «Estado comunista» del futuro, cuando ésta materia se encontrara ya asentada sobre sus propias bases es, desde el punto de vista de Marx, la «democracia» en tanto que «forma» reticular-política que desciende sobre la «materia» básica-política  del «cuerpo» del Estado «actual realmente existente».


Y aquí, en este punto, digo que el MF “se aproxima” al MH de Marx en la crítica demoledora a la democracia realmente existente, pero que lo hace sin llegar a un punto en el que se confunde con él. ¿Por qué? Porque en virtud de la «vuelta del revés» de Marx, el MF de Gustavo Bueno contiene un proyecto de realización de la implantación política del Ego institucional filosófico que es una inversión o permuta del proyecto diseñado por Marx para eso mismo.


Como consecuencia de ello, el MF de Gustavo Bueno detiene la crítica a la democracia por razones de orden ontológico y desarrolla, por razones de orden gnoseológico, una crítica a la concepción de la democracia realmente existente como realización “deficitaria” de la Idea fuerza aureolar de democracia. Y esta detención por catástasis, que evita en este punto la fusión con el MH, se realiza porque el MF pone a la base de la conciencia filosófica a la democracia realmente existente, en tanto que la democracia realmente existente o democracia en su sentido estricto es, para el MF, aquella forma política en la que puede madurar el «juicio crítico» en «el pueblo», y no ya en minorías selectas o grupúsculos aristocráticos. De modo que en el futuro perfecto delimitado formalmente desde el presente práctico o egocéntrico, el MF busca una forma de implantación política del Ego institucional filosófico a través de un vínculo con la experiencia política democrática del «pueblo», aunque ese vínculo sea, efectivamente, un vínculo débil que no aspira a realizarse con «la mayoría», pero sí con una «minoría» suficiente, dispersa y profesionalmente indeterminada.


Sin embargo, esta forma de implantación política buscada por el MF está degenerando, a marchas forzadas, en un “concentrado gnóstico” protagonizado por el selecto grupo aristocrático de discípulos que, de un modo más o menos intenso, mantuvieron contacto directo con Don Gustavo Bueno. Es bastante difícil encontrar a gente interesada en el estudio de la obra de Don Gustavo Bueno, que no forme parte de alguna de las no sé ya cuántas “oleadas” concéntricas giratorias del MF.


Sin embargo desde el punto de vista de Marx, el vínculo débil entre la práctica filosófica y la práctica o experiencia política es cosa a proyectar, ordo cognoscendi, en el horizonte en el que se sitúa estratégicamente la perspectiva gnoseológica puramente negativa del Comunismo del futuro. Con la supresión del Proletariado como clase, una vez ya instaurada la República ―por decirlo en términos platónicos―, llega la fase de la realización de la filosofía desde la perspectiva del vínculo entre la filosofía y el socialismo genérico. Por tanto, la supresión del Proletariado como clase implica el distanciamiento crítico de la «práctica filosófica» respecto de la «práctica política»; un distanciamiento crítico que implica, a su vez, el debilitamiento del vínculo fuerte que, durante la fase de transición al Estado comunista, debe establecerse entre la «práctica filosófica» y la «práctica política».


En el presente práctico o formal desde el que se delimita el futuro perfecto desde la perspectiva ordo essendi del Ego ontológico categorial circunscrito, la práctica filosófica y la experiencia política deben establecer, desde el punto de vista del MH, un vínculo fuerte orientado a la progresiva demolición, ordo rerum, de la democracia realmente existente, en tanto que ésta es concebida, desde el MH, como una forma política del «cuerpo» del Estado que es incompatible con la posibilidad misma de una implantación política de la filosofía materialista en la materia política del «cuerpo» del Estado. Dicho de otro modo: la democracia realmente existente reduce a cero la posibilidad de realización de un vínculo, siquiera débil, entre la práctica de la filosofía y el socialismo en su sentido genérico; un vínculo entre la práctica de la filosofía y el socialismo en su sentido genérico, que solo podría alcanzarse, en un futuro infecto, sobre la base de una experiencia política comunista en un Estado en el que la democracia tienda  a extinguirse como forma o estructura formal de su «cuerpo político». Y esto es así porque, desde el punto de vista del MH de Marx, la forma y la materia del «cuerpo» del Estado son dos realizaciones isomorfas de una misma estructura real: la estructura real del «cuerpo» unitario del Estado. Es decir: desde el punto de vista del MH de Marx, democracia realmente existente y capitalismo histórico son dos formas inseparables de realización de la «forma estructural» que adopta la «figura real» (histórico-antropológica) del «cuerpo» “en marcha” del Estado.


Por tanto, el MF de Gustavo Bueno busca realizar, en el presente práctico en marcha, lo que desde la perspectiva del MH de Marx es imposible, a saber: la implantación política de la verdadera conciencia filosófica en condiciones capitalistas de Producción de la vida institucional humana.


Estas son las «12 tesis» que les ofrezco ahora, “a priori”, para exponerles compendiados los resultados obtenidos por mí en el «orden de mi investigación» en relación a la cuestión en disputa.


¡Claro! Y se preguntarán ustedes: ¿y por qué 12 y no 10, por ejemplo? Mi respuesta sería la siguiente: porque 10 serían los dedos que yo tendría que congregar para compactar mis manos en forma de puños con los que poder celebrar, ordo idearum, ese figurado “pugilato” al que Tomás García se ha referido alegóricamente en sus lecciones; un “pugilato” figurado, que no es más que una falacia con la que Tomás García ha pretendido presentarme, frente a las falangistas oleadas del MF que él tiene ―al parecer― a su mando, como un impresentable “hombre de paja”.


De modo que, en vez de usar mis dos manos para “pelear” con Tomás García ―una “pelea” que no he sido yo quién la ha planteado―, las usaré para capturar dialécticamente el modo de apropiación y producción del MH de Marx en forma de MF operado por Gustavo Bueno mediante la operación «vuelta del revés de Marx».


Fin de la Parte I. Parte II en el siguiente número de La Razón Comunista.

Sobre el autor:

Andrés González Gómez es Licenciado en Sociología por la Universidad de Alicante y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Murcia. Fue profesor asociado de Sociología de la Universidad de Alicante. Actualmente es Profesor de Filosofía de Enseñanza Secundaria. I.E.S San Vicente del Raspeig (Alicante).

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