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16.7. La destrucción de la España que produce (del campo español)

Por José García


Resumen: Esta publicación viene motivada por el BOE del 12 de Mayo de 2023. Un documento que vuelve a demostrar la completa sumisión de España a los disparates de Bruselas, siendo el PSOE y el PP sus principales cómplices en la ejecución de su ignominiosa agenda. La destrucción de la capacidad productiva de España a través de los dos grandes partidos no es nada nuevo, Felipe González destruyó los monopolios públicos y el tejido productivo, Aznar siguió su estela a partir de la venta masiva de operaciones de venta pública. Primero la banca y cajas nacionales se aprovecharon de este proceso para ser rápidamente desplazadas por los fondos de inversión intenacionales, por tanto, esto supone una depredación del capital global internacional y un ataque a nuestra soberanía del que ambos partidos han sido cómplices y ejecutores directos. Ahora, el objetivo de los partidos destructores del tejido productivo español es el sector primario.


Palabras clave: Campo, Sector Primario, España, Unión Europea, mundo rural.



A continuación muestro el extracto del BOE:


Se modifica la letra a) del apartado 1 de la disposición adicional tercera de la Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto sobre Sociedades, que queda redactada de la siguiente forma:

«a) La percepción de las siguientes ayudas de la política agraria comunitaria:

1.ª Abandono definitivo del cultivo del viñedo.

2.ª Prima al arranque de plantaciones de manzanos.

3.ª Prima al arranque de plataneras.

4.ª Abandono definitivo de la producción lechera.

5.ª Abandono definitivo del cultivo de peras, melocotones y nectarinas.

6.ª Arranque de plantaciones de peras, melocotones y nectarinas.

7.ª Abandono definitivo del cultivo de la remolacha azucarera y de la caña de azúcar.

8.ª Ayudas a los regímenes en favor del clima y del medio ambiente (ecorregímenes).»

 

El abandono del mundo rural por parte del gobierno español es evidente. Bruselas premia la desarticulación del músculo productivo y la reducción de la producción enviando fondos. Evidentemente, confiar tu seguridad productiva a una organización extranjera de dudosa credibilidad es lo último que haría un estadista pero debemos recalcar de nuevo y a los cuatro vientos PP y PSOE son partidos criminales, contrarios a los intereses de los españoles, sus líderes deben ser juzgados y sus representantes y afiliados vetados de forma vitalicia para la función pública. Volviendo nuestra atención al campo. Los problemas son evidentes, el mundo rural sufre la falta del apoyo y promoción del Estado referentes a la modernización productiva, desarrollo de las comunicaciones, formación de capital humano, inacción frente a las industrias que fijan precios por debajo de la productividad. Además, el mundo rural español ha sido abandonado a su suerte frente a dinámicas sociodemográficas que agravan la crisis, principalmente, la despoblación y el envejecimiento poblacional.


En cuanto a la despoblación, la falta de inversión pública en cuanto a desarrollo de las comunicaciones y prestación de servicios básicos favorece el éxodo rural. Para tener conciencia de la magnitud de este proceso: en los municipios de menos de 5.000 habitantes hay 410.000 personas menos que hace una década. En 2019, El 48% de la superficie del país tenía una densidad de población inferior a 12,5 habitantes por km2, lo que se considera un riesgo demográfico. En 2020, el 90% de la población se concentraba en el 30% del territorio, ergo, el 10% de la población se esparce en el 70% restante. El 61% de los municipios españoles tienen menos de 1.000 habitantes, por lo que se encuentran en riesgo de desaparecer. Además 19 provincias españolas se encuentran entre las menos densas de Europa. Castilla- La Mancha está a la cabeza en cuanto a menor densidad poblacional (25,69 h/km2), seguida de cerca por Castilla y León (25,97 h/km2), Extremadura (26,13 h/km2) y Aragón (27,42).


Se trata de una situación crítica en la que no sólo se ve comprometida la producción agrícola y por extensión, la soberanía alimentaria del país, también supone una pérdida de nuestra idiosincrasia cultural en tanto que las zonas rurales, fuentes de identidad histórica y cultural, quedan en un segundo plano frente a los centros urbanos marcados por el desarraigo, el individualismo y la atomización social. En cuanto al envejecimiento poblacional, es un problema alarmante a nivel nacional en tanto que en 2019, 1 de cada 5 personas era mayor de 65 años, estimando las proyecciones del INE que, para 2050, esta proporción ascendería a 1 de cada 3. El caso es que este envejecimiento es más intenso en las zonas rurales, dado que en los municipios de menos de 5.000 habitantes, 1 de cada 4 personas ya tiene más de 65 años. A este respecto, en 2019, mientras que los mayores de 65 años representaban el 19% de la población, este porcentaje se dispara hasta el 29% en las zonas rurales, agravado por la migración de la población joven. En 2020, había más de mil municipios en los que no había ningún menor de 5 años registrado. La brecha entre el mundo urbano y rural también se manifiesta en un mayor nivel de exclusión social, mayores tasas de pobreza infantil  y falta de oportunidades laborales y de servicios públicosPara ejemplificar, en el año 2019, el 25,3% de la población española se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social. Dentro de este grupo, una de cada tres vive en una zona rural, es decir, que un tercio de las personas en riesgo de exlucisón social se concentra en tan sólo el 12% de habitantes del país.


¿Qué significa la correlación de ambos procesos  en las zonas rurales? Significa que no existe un reemplazo generacional para las actividades relacionadas con el sector primario. Las nuevas generaciones no tienen incentivos para seguir la estela de sus ascendientes y no podemos culparles, por ser actividades fundamentales pero abandonadas por los poderes públicos, que requieren una enorme dedicación y sacrificio y acosados constantemente por problemas de rentabilidad y competencia desleal frente a productos importados desde el extranjero y grandes empresas de distribución que utilizan su influencia para forzar la bajada de los precios. A esto se suma los nuevos estilos de vida promocionados desde el ámbito cultural y las TIC, que favorecen la socialización de los individuos como consumidores de bienes y servicios que jamás estarán tan presentes en las zonas rurales como en los núcleos metropolitanos. La población joven que apuesta por niveles de cualificación superior aspira a trabajos relacionados con el sector servicios o la función pública antes que a trabajos relacionados con el sector primario.


España se disputa junto con Francia el ser el país de la UE con mayor valor de Renta Agraria y es el cuarto país de la UE atendiendo a la producción de la rama agraria, sin embargo, nadie incide en nuestra importancia estratégica en este sentido ni denuncia las limitaciones productivas impuestas por la UE y la falta de apoyo a nivel nacional. De esta forma aunque, entre 2020 y 2021 la producción de la Rama Agraria aumentó (7,8%), el valo añadido bruto disminuyó (-6,9%), al tiempo que los costes aumentaron en mucho mayor medida (12,6%), especialmente en lo concerniente a costes energéticos (35,6%).  Además el nº de explotaciones agrícolas se redujo en un 7,6% en 2020 con respecto a 2009, al mismo tiempo que en ese periodo la mano de obra disminuyó en un 7,7%, además el nº de explotaciones ganaderas se redujo en un impresionante 30,1% (INE). La mano de obra del titular bajó un 3,7% y la referida a los familiares del titular un 49,8%, lo que ejemplifica los procesos de despoblación y falta de relevo generacional anteriormente mencionados.


La UE cuenta con un  supuesto programa de desarrollo rural financiado con los fondos FEADER, pero cuando analizamos su palabreria y contrastamos con sus acciones y marco teórico podremos observar que el campo está abandonado a su suerte. Las restricciones comunitarias disfrazadas de ecologismo obstaculizan la producción al mismo tiempo que se plantea firmar acuerdos con países que no tienen tales restricciones y que son mucho más contaminantes y mucho más irrespetuosos con los derechos de los trabajadores en un claro ejercicio de competencia desleal -por ejemplo, tenemos el caso de los productos importados de Marruecos o Túnez o la tentativa de los acuerdos con Mercosur- . Otra medida fue el establecimiento de zonas protegidas, actualmente un 30% de la superficie del país, que obliga a los ganaderos a abandonar sus zonas de pastoreo y aumentar costes por la necesidad de comprar piensos industriales. Al mismo tiempo estas "zonas protegidas" son simplemente una fachada para recibir subvenciones de la UE ya que nadie las gestiona.


No existe una verdadera estrategia para armonizar los intereses de soberanía alimentaria de los Estados con un modelo productivo que pone a los agricultores entre la espada y la pared: trabas burocráticas disfazadas de preocupaciones ecológicas por un lado y falta de de planificación y liderazgo estatal que sirva de puente entre productores y consumidores y de paso, privilegie el consumo local y de proximidad como se suponía que debía hacerse entre los socios comunitarios, no firmando acuerdos de libremercado con macrogranjas de países emergentes con los que resulta imposible competir. Nadie está contento con el devenir de las cosas y España sigue siendo un país sometido y destinado a ser simplemente un destino vacacional europeo, primero sin industria gracias al PPSOE y pronto también sin campo.










Fuentes:

 




 


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