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ISSN 2695-5415

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3.5- Entrevista a Pedro Ínsua (1ª Parte)

Actualizado: mar 7

Por Santiago Armesilla & Pedro Ínsua


Resumen: La Razón Comunista consolida su sección de entrevistas con esta que realizamos al filósofo español Pedro Ínsua. Tras la entrevista del nº 1 de la revista a Alejandro Cao de Benós, en este nº 3 entrevistamos al, probablemente, más mediático y, por tanto, conocido de los discípulos de Gustavo Bueno, principal autor del sistema filosófico denominado por él materialismo filosófico. Nacido en Vigo, Galicia, en 1973, es profesor de filosofía e Historia en bachillerato, investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno, se licenció en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente se encuentra realizando su tesis doctoral sobre los proyectos de conquista de China por parte del emperador español Felipe II durante el último tercio del siglo XVI. Conferencista nacional e internacional, ha publicado en revistas como El Catoblepas, El Basilisco o Anábasis, ha participado en tertulias radiofónicas como Sin Complejos de esRadio o Julia en la Onda de Ondacero, así como en programas de televisión como Dando Caña o La Tuerka, entre otras. Es autor de ensayos de filosofía de la Historia relevantes como Hermes Católico (Pentalfa, 2013), Guerra y paz en El Quijote (2017), 1492: España contra sus fantasmas (Ariel, 2018) y El orbe a sus pies (Ariel, 2019). También es habitual columnista en los periódicos El Mundo y El Español. En este nº 3 presentamos la primera parte de la entrevista a este filósofo, centrada en temas de actualidad, en su propia definición política y filosófica y en cuestiones en torno a la izquierda política. La segunda parte, que se publicará en el nº 4, versará sobre su obra, y sobre cuestiones de Historia de España y del Imperio Español.

Palabras clave: Pedro Ínsua, materialismo filosófico, marxismo, izquierda política, postmodernidad.




1) Aunque tu producción filosófica, tanto en libros como en artículos, tiene ya bastante recorrido, el público generalista te conoce por tus intervenciones en televisión, en canales como Intereconomía, o en radio, en Onda Cero y en Es Radio. También por la entrevista que Cristian Campos te hizo en El Español el 24 de septiembre de 2017, que permitió a muchos conocer tu forma de enfocar los problemas políticos de la España actual.

En aquella entrevista te alineaste con la socialdemocracia. Mi primera pregunta es: ¿con qué socialdemocracia: con la de Lenin antes de las Tesis de Abril, con la de Kautsky, con la de Bernstein o con la de Tony Blair?


Mi alineamiento con la socialdemocracia, o con el jacobinismo, como he hecho otras veces (o con el comunismo, si fuera el caso), es un alineamiento más o menos de urgencia, ante la amenaza separatista de la nación.

Estas izquierdas, de un modo o de otro (recordemos el lema de la II Internacional: "por la patria y por el socialismo"), y aún sin ser composibles armónicamente entre sí (Lenin en "El socialismo y la guerra" llamó "socialchovinismo" a la postura de la socialdemocracia ante la Gran Guerra), contemplan el Estado, y por lo tanto su unidad, como sujeto de referencia política (sea para integrar al tercer estado, sea para favorecer al proletariado, sea para hacer la revolución socialista).

Dada la manada de descomposición de España, siendo además la nación política originariamente de izquierdas, me parece que es clave su reivindicación (frente a las izquierdas indefinidas actuales, y frente a las pretensiones de monopolio de la derecha sobre ella). En cualquier caso, las críticas de Bernstein a la idea de un kairós revolucionario me parecen bastante acertadas, leídas retrospectivamente (tras la caída de la URSS). La caída de la URSS representa una crítica brutal, decisiva, a las posturas de Rosa Luxemburgo ("¿Reforma o Revolución") o del propio Lenin ("Contra el revisionismo").



2) Entonces, entiendo que consideras que ante la disolución de la nación política española en Europa, la herramienta política adecuada sería una izquierda políticamente definida que defienda un fuerte Estado de bienestar, sin construcción del socialismo en sentido leninista, sino solo de una "economía social de mercado" a lo Bernstein o a lo demócrata-cristiano, que lo mismo nacionalice que privatice según convenga.

Sin embargo, en la socialdemocracia clásica todavía había ese kairós que atribuyes al comunismo leninista, solo que realizado desde la democracia liberal burguesa. Como pretendió Allende en Chile, o a su manera Chávez en Venezuela o Morales en Bolivia. La línea de Bernstein lleva al PSOE de Julián Besteiro, a mi juicio. Pero el PSOE está lejos de tener esa línea que defiendes.

¿Qué alternativas hay?


Bueno, realmente el modelo leninista (inspirado en los comuniards) y que proclamaba "todo el poder para los soviets" no creo que haya sido el canon revolucionario en Hispanoamérica. Chavez, según ha apuntado Víctor Farías, sigue el populismo de inspiración heideggeriana (del führerprinzip), y Morales tiene otras fuentes (menos anómalas en el socialismo). Amén de que la sociología de Bolivia no tiene nada que ver, creo yo, con Venezuela.

En cualquier caso, ambos siguen un poco la "vía democrática hacia el socialismo", tomando distancia de cualquier planteamiento que represente una "dictadura del proletariado" (en los términos definidos por el marxismo-leninismo). Ambos seguían la vía parlamentaria para acceder al poder político, y desde ahí sacar adelante sus programas. Nunca se planteó una vía extraparlamentaria ("soviets y electrificación", que decía Lenin eran las bases de la revolución en Rusia).

Ese kairós pudo tener su sentido -y lo tenía- en un contexto sociológico determinado, como era el de las bolsas de población muy deprimida, arrojadas de aluvión procedentes del campo, en el entorno de las grandes ciudades en proceso de industrialización.

Esa situación ya no existe, por lo menos no en unas condiciones tan precarias como las que describe Engels en Manchester. Ahora, el interés desde el punto de vista de la neutralización (eutáxica) de la miseria está, creo yo, en España, en mantener el Estado y la unidad de la nación, en riesgo serio de descomposición. Un suicidio que llevaría a una de menor prosperidad en el contexto de la dialéctica de los Estados (y, en particular, en la biocenosis europea).

Urge la defensa de la unidad de la nación. Todo lo demás está en función de esto.



3) De ahí que hables de política de urgencia antes, en referencia a conservar la unidad de la nación política española.

No obstante, una correcta posición respecto a lo que Stalin llamó "cuestión nacional" será condición necesaria pero no suficiente para realizar transformaciones políticas y sociales de calado en España.

Hay partidos como Vox que defienden la unidad de España, pero no son socialdemócratas, ni siquiera compatibles con el revisionismo de Bernstein, que en Alemania derivó a la "economía social de mercado", al progresismo y al consenso neoclásico-keynesiano del Estado de bienestar.

Entonces, si todo está en función de la unidad de la nación, ¿en qué se diferencia tu idea de España de la idea de España de Vox?


Ignacio de Loyola limpiaba su caballo a la mayor gloria de Dios; Don Quijote lo hacía porque estaba sucio. Pero el caso es que el caballo quedaba limpio. Pues algo así, mutatis mutandis, es la distancia con respecto a Vox en relación a la defensa de la unidad nacional. Y es una distancia importante porque Vox compromete esa defensa con unos "principios y valores" que, desde luego, yo no asumo en absoluto. Es más, unos "principios y valores" que, sin hacerse explícitos casi nunca, suponen unos compromisos que, creo, funcionan actualmente como separadores de la sociedad española: una interpretación maniquea de la izquierda, una concepción antiestatista del Estado (salvaguardando a la familia y al mercado como lugares impenetrables políticamente), una identificación entre España y el catolicismo excesiva (de tal modo que pareciera como si al margen del catolicismo, la esencia de España y el ser español se desnaturalizara, se pervirtiera)...

En fin, que no creo que con la patria haya que estar con razón o sin ella, como le gusta repetir a Abascal. Hay que estar con razón, sin ella es mejor no estar (no creo que se pueda justificar "todo por la patria"). Eso sí, si la patria no tiene razón, pues habrá que luchar para que entre en ella, para que entre en razón (tampoco hay por qué abandonarla, ni mucho menos).

En fin, que si bien en el terreno de lo que Bueno llamaba principia media podemos estar de acuerdo con Vox, no lo estamos en absoluto en el terreno de los primeros principios.



4) Lo que estás planteando es la conjugación entre unidad e identidad. Ésta, en Vox, es distinta a la tuya o a la mía y tiene sus peligros, pues como dices es separadora sin que ellos se den cuenta. ¿Puede que, en realidad, busquen dicha identidad separadora, como una suerte de arcana imperii, para apropiarse de la idea de España de manera similar a como lo hizo el franquismo en el siglo pasado?


Yo no creo que quieran finis operantis "apropiarse" de nada. Supongo que buscan que dicha idea sea compartida. Pero la coloración teológico-politica de su discurso, para empezar por el propio nombre del partido, es evidente ("vox populi, vox Dei"). El resultado (finis operis) es que su defensa de la unidad nacional está ligada a unas ruedas de molino, insisto, teológico-políticas, que no hay por qué tragarse.



5) En su Manifiesto Fundacional, Vox defiende, y cito textualmente, lo siguiente: "Un Estado unitario puede ser tan democrático como un Estado compuesto y la federalización nunca ha de ser una amenaza a la unidad nacional y a la igualdad de derechos y libertades de todos los ciudadanos. Un Estado rígidamente homogéneo es tan inadecuado para España como un Estado en proceso de desintegración.

Vox propugna un Estado fuerte y eficiente, administrativamente descentralizado y capaz de acomodar y reconocer la pluralidad histórica y cultural de nuestra Nación". Parece que abren las puertas a un modelo federal de Estado, con una suerte de descentralización provincial e insular que, unidas a la "Liberalización de todo el suelo de España que no esté necesariamente protegido por motivos de interés público justificados", que defienden en sus "100 Medidas para la España Viva", no les aleja mucho de otros partidos cuyos programas critican.

¿Hasta qué punto esto que Vox defiende permite, a tu juicio, defender la soberanía nacional de España?


Yo creo que la idea de "centralismo" y "centralización" están muy oscurecidas por la ideología, de distinto tipo. El hecho es que la idea de "descentralización" ha terminado significando fragmentación y aislamiento social por las aspiraciones separatistas.

Yo no sé muy bien qué es lo que busca Vox insistiendo en la idea de "descentralización". Se supone que la multiplicación de "centros" administrativos, además de Madrid, buscaba el "acercamiento" de la administración al ciudadano. Sin embargo, lo que realmente se ha producido es, más bien, un "alejamiento", volviéndose cada autonomía en un fortín al que es muy difícil acceder desde fuera, sobre todo si, además, se le echa el cerrojo idiomático.


En ninguna parte de Alemania te exigen un idioma regional para trabajar allí, lo mismo que en Francia o en Italia. En esta circunstancia española, en que sí se exige una lengua regional para trabajar en algunas partes de España, no sé qué virtudes tiene una "descentralización". Es que ni idea.



6) De hecho, el marxismo siempre abogó por la centralización administrativa en el Estado obrero, la dictadura revolucionaria del proletariado que Marx argumentaba en su "Crítica del programa de Gotha". Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo siguen esta tendencia. Incluso la China popular, en la que hay regiones autónomas y otras de fiscalidad especial ("un país, dos sistemas"), pero se trata de un Estado centralizado en el que se combina la holización atómica (ciudadanía china para todos) con la anatómica.

¿Por qué estas ideas marxistas, a tu modo de ver, no penetraron en España, y la mayoria de "marxistas" españoles apuestan por el federalismo o, peor, la autodeterminación de nuestras regiones?


Pues a mí me parece que el equívoco en las izquierdas surge de haber convertido a la "causa nacional", así, sin más parámetros, en una "causa social", cuando no tiene sentido abordar esos asuntos sin parámetros. La "cuestión nacional", tal como lo trató el marxismo, no estaba enfocada a partir de un abstracto "derecho de autodeterminación de los pueblos" aplicado en cualquier caso, incondicionalmente (como un derecho universal).

Tanto Lenin como Stalin, ya no digamos Rosa Luxemburgo, defienden, en efecto, la acción holizadora del Estado burgués (destructor del Estado feudal y del privilegio del Antiguo Régimen), solo haciendo causa común con aquellas "naciones" que, en razón de su condición nacional, hubieran quedado fuera (discriminados, "oprimidos") de ese proceso de holización.

Así, la cuestión irlandesa, polaca, etc., incluso la cuestión judía, recibirá su foco de atención, pero no con la idea de constituir el Estado correspondiente a cada nación, sino con la idea de que la condición nacional no tiene que influir al adquirir los derechos políticos.

Hay una película soviética, "El Circo", del año 1936, que pone de manifiesto este ideal multinacional del Estado socialista (frente al racismo WASP norteamericano).



7) Bueno, en el caso español el federalismo adquirió un prestigio social notable durante la Iª República, con los republicanos intransigentes. La mayoría de defensores del federalismo en España no saben qué es el federalismo, y entienden que es la solución a la supuesta problemática territorial.

La IIª República no fue federal, pero bastó con que el franquismo fuese, supuestamente, centralista para que el federalismo se viese como una opción de "izquierdas".

¿Existe un fundamentalismo federal hoy día? ¿Qué piensas al respecto?


Pues yo creo que sí.

Se ve al federalismo como un "deus ex machina" que nos sacaría de este callejón sin salida en el que nos hemos metido con el separatismo. Pero el federalismo es absurdo. Ya los críticos de Pi y Margall, como Manuel de la Revilla, Pardo Bazán, el propio Unamuno lo dijeron claramente: federar supone unir, y no tiene sentido tratar de unir lo que ya está unido, como es el caso de España. A menos que antes lo separes, claro; pero si lo separas pensando en su ulterior reunión, ¿para que lo separas? Y teniendo en cuenta que las partes federadas tienen que tener las mismas condiciones para entrar en una federación, que es precisamente lo que el nazionalseparatismo no quiere, tampoco tiene ningún sentido para neutralizar sus aspiraciones.

En fin, ya decía Revilla, objetando a Pi y Margall, que “la federación nunca ha sido otra cosa que un medio para llegar a la unidad, pero jamás se ha aplicado a la organización de naciones ya constituidas”.

La idea de federación, por cierto, procedía de Proudhon (Pi y Margall precisamente lo tradujo al español), nunca de Marx ni de Engels, como prueba claramente Lenin en "Estado y revolución".



8) Entonces, ¿a qué se refiere el PSOE cuando habla de una "España federal dentro de una Europa federal"? Si acaso, a la disolución de España en una suerte de proyecto (geo) político que mezcle lo peor de la organización del "Sacro Imperio Romano Germánico" con lo peor del neoliberalismo.

La distopía paleolibertaria de Hans-Herman Höppe, pero sexualmente diversa (de género), ecofeminista y relativista cultural.

¿La derecha disuelta en la izquierda?


Pues pudiera ser.

Yo creo que no hay una visión sistemática, sino que por la naturaleza demagógica de la acción derivada de este partido, la doctrina que les mueve es una papilla ideológico, un batiburrillo oligofrénico compuesto de ideologemas "políticamente correctos", en el fondo muy rígidos y acríticos, formados de retales de distintas doctrinas y dispuestos y al tran tran, según soplen los vientos de la opinión pública (en general).

Que hay que defender la tauromaquia en Sevilla porque forma parte de la "cultura andaluza", pues se defiende; que hay que prohibirla en Cataluña, porque es ajena, propia de la imposición "española", pues se prohíbe. Que las decisiones del poder judicial nos favorecen, pues se defiende la "separación de poderes"; que nos perjudica, pues hay que evitar la "judialización" de la vida política... Y todo así.

No hay una concepción sistemática de la sociedad ni de la política. Es, pues, estrategia ad hoc, saliendo al paso tratando de buscar siempre lo que más agrade a los más. Abstracción e ideas, cero.



9) Tu respuesta me permite formularte la última pregunta de esta parte de la entrevista, centrada en temas de actualidad.

La segunda, que versará sobre tu libros de filosofía de la Historia, será la continuación de ésta.

Ese oportunismo demagógico del PSOE, típico de los llamados "partidos atrapalotodo", quizás tiene que ver con la descomposición particular de la izquierda socialdemócrata en España y en Europa occidental, por extensión, y en general con el naufragio de las generaciones de las izquierdas políticamente definidas liberal, anarquista, socialdemócrata y comunista (la de la Tercera Internacional) hacia ese cajón-desastre de lo que Zapatero llamó, para referirse al PSOE en su día, como "socialismo liberal y libertario", que no es nada, y que Bueno llamó izquierda indefinida.

De las tres corrientes de dicha izquierda indefinida (extravagante, ONGs, movimientos sociales, etc.; divagante, intelectuales y artistas; y fundamentalista, una fusión escatológica de las otras dos, basada en los Derechos Humanos, el agnosticismo, el espiritualismo New Age y los modos de vida alternativos), la fundamentalista se ha podido encuadrar en partidos políticos, uno es Unidas Podemos, cuyo nombre es pura indefinición, y el PSOE, partido ya asentado hace décadas pero cuya degeneración es innegable en este sentido.

El propio Bueno, del cual eres uno de sus discípulos más conocido, aseguró en El mito de la izquierda (2002), que si se podía hablar de porvernir de las izquierdas, eran las izquierdas indefinidas las que mayor porvenir a corto-medio plazo iban a tener. Y dieciocho años después de aquella sentencia, habría que darle la razón, sobre todo teniendo en cuenta la relación que hay entre estas izquierdas indefinidas con el ecologismo, el feminismo y la filosofía postmoderna, tan hegemónica en las academias formales universitarias en filosofía y ciencias sociales sobre todo.


Los conservadores y la alt-right tratan de relacionar estos fenómenos con el "comunismo" y el "marxismo", de ahí la teoría del "marxismo cultural", que surge a través del grupo de Lyndon Larouche en Estados Unidos y que achaca a la Escuela de Frankfurt el querer acabar con la Civilización Occidental. Pero nada de esto tiene que ver ni con el comunismo clásico ni con el materialismo histórico de Marx.

No obstante, y dada la envergadura universal del problema, pues el PSOE se ha comido entero estos planteamientos, sin dejar de realizar política real liberal en su accionar gubernativo, ¿qué hacer? ¿Cómo responder, a tu juicio, ante la izquierda indefinida y el postmodernismo filosófico? ¿Consideras que el materialismo filosófico puede ser un antídoto, o un bloque de contención contra la hegemonía postmoderna?


Pues sí; el materialismo filosófico no sé si es tanto como un antídoto, pero, cuanto menos, pone un pie en pared ante el desparrame disolvente de la sofística contemporánea conocida como "posmodernidad".

Y es que prácticamente, desde Husserl, Russell, Adorno y Sartre, las derivas de las distintas tradiciones filosóficas (desde la fenomenología hasta el pragmatismo, pasando por el estructuralismo, la analítica, etc) han embarrancado en posiciones completamente "débiles", pero no porque la realidad sea débil, sino porque dichas tradiciones se han precipitado por un sumidero que terminan en el mismo pozo negro relativista.

Se han convertido en una cháchara asistemática de lo más gratuita, aunque con unos humos "críticos" de lo más pretenciosos. Todo se les ha vuelto un "relato", cuya imposición se resuelve por motivos pragmáticos, sin ningún amarre semántico, por así decir. El anarquismo del "método" de Feyerabend; Hans Albert, con su llamado racionalismo crítico; Nozick y Rorty, y el "gran conversador" como ideal filosófico; Habermas y la "acción comunicativa" del consenso, sometida siempre a "intereses"; toda la filosofía de la "sospecha", con Deleuze, Foucault y Derrida (por no hablar de los "Gender Studies")...

En fin, por cualquier vía se ha dejado la literatura filosófica hecha unos zorros, en un rígido relativismo, lleno de trampas retóricas. Pura incontinencia verbal, intelectualmente "impostora" (como probaron Sokal y Bricmont en su momento), y que surge como resultado de la "renuncia" al sistema y a la razón "moderna" (ilustrada), pero después de hacer de ella un "hombre de paja". El hecho de las ciencias modernas (el Faktum de las ciencias), con toda su potencia gnseológica como organizadoras del mundo, se vuelve opaco para esta sofística contemporánea, en la que ha derivado la "filosofía" posmoderna, incapaz de hacerse cargo de ellas (considerándolas como un género literario más). Igualmente es impotente para generar un programa político que ponga orden en el Estado (como sí hizo, por ejemplo, el marxismo leninismo).

"Podemos" es un partido político tan indefinido, a la hora de elaborar un programa político, como paradójico en su propio nombre: es pura impotencia labrada en los seminarios de las facultades de filosofía y de políticas.