3.9- Polémica en la construcción del socialismo en la URSS, 1920: debate Bujarin-Preobrazhenski

Actualizado: mar 7

Por Communist Mario


Resumen: Así como los nuevos fenómenos del mundo capitalista (monopolios, imperialismo) del siglo XX generaron amplias controversias entre los marxistas, no sucede algo equiparable con los problemas derivados de la primera experiencia del socialismo en la URSS. Es verdad que Karl Marx, siempre temeroso de incurrir en excesos de especulación utópica, dejó pocas indicaciones en este sentido, más allá de la hipotética desaparición del valor y las leyes de Economía política capitalista a partir de las primeras fases de la construcción de la sociedad comunista (véase Crítica al Programa de Gotha,1875). Pero también es cierto que Marx tampoco ofreció indicaciones sobre otros temas y eso no impidió que fueran abordados por sus seguidores. La explicación de este notorio vacío teórico hay que buscarla seguramente por otras vías, y relacionarla tal vez con la debilidad teórica general del marxismo en la Rusia post-revolucionaria. Hoy trataré sobre la polémica en relación al mercado y la planificación del naciente estado soviético entre dos grandes bolcheviques: Nikolái Ivánovich Bujarin y Yevgueni Alekséyevich Preobrazhenski.




I. Introducción a la polémica de Bujarin-Preobrazhenski


Bujarin ya había escrito en 1919 "La economía del período de transición" donde, en el duro contexto del comunismo de guerra, hablaba de la desaparición de la ley del valor y la sociedad mercantil. Luego pasaría a ser teórico y defensor de la NEP (Nueva Política Económica), y en ese momento se desencadenan sus polémicas con Preobrazhenski, adversario de esta política. Los puntos de discrepancia son fundamentalmente cuatro.


El primero versa sobre el método de estudio de la economía socialista. Preobrazhenski pretende hacer abstracción de la política del gobierno y estudiar en su aspecto puro el desarrollo de la acumulación socialista originaria, que define en estos términos:

Por acumulación socialista entendemos la adición al capital productivo fundamental del sobreproducto que no se destina a la distribución suplementaria entre los sujetos de la producción socialista y el Estado socialista, sino que sirve para la reproducción ampliada. Por acumulación primitiva socialista entendemos la acumulación en manos del Estado de recursos naturales procedentes de fuentes externas al complejo económico estatal. Esta forma de acumulación está destinada a desempeñar en un país agrícola atrasado una función excepcionalmente importante, en cuanto que permite llegar muy rápidamente a la fase en que da comienzo la transformación técnico-científica de la economía estatal y en la que ésta logrará por fin una supremacía puramente económica sobre el capitalismo (Preobrazhenski, 1970: La nueva economía, Caracas - Barcelona, Ariel.)

Por el contrario Bujarin, aunque reconocía en términos genéricos la primacía de lo económico sobre lo político, subrayaba la importancia de las decisiones políticas en la URSS, pues "nuestra política ya incluye una parte considerable de economía, dado que en la estructura de nuestro poder estatal están ya incluidos factores económicos esenciales, entre ellos los centros de mando".

La diferencia, en definitiva, se remonta al asunto de si el socialismo, que implica planificación y acción consciente, puede sujetarse a leyes de necesidad como las de la Economía política capitalista.


El segundo punto de debate versa sobre el conflicto entre el valor y el principio de planificación. Preobrazhenski habla de un sistema socialista mercantil de economía; el principio de planificación en la primera fase de industrialización aparece bajo la forma de ley de acumulación socialista originaria, y el desarrollo del sistema se caracteriza por la lucha por la hegemonía entre los sectores básicos (socialista y mercantil/privado), que en el terreno de la economía política se manifiesta en la forma de lucha entre las leyes que rigen cada uno de los sectores. En la URSS se daba, pues, una realidad sin precedentes, con coexistencia de dos tipos de economía distintos y antagónicos, con formas de regulación diferentes, que no sólo podían mantener una lucha sino también un cierto equilibrio.


Por el contrario, la opinión de Bujarin es que el asunto no hay que plantearlo en términos de leyes objetivas, sino de política económica. La relación entre el sector socialista y el privado se convierten en relaciones entre proletariado y (pequeña)burguesía, que pueden ser de represión, lucha o colaboración. El control de las palancas de mando es, en ese caso, fundamental.


El tercer punto de discrepancia trata de la ley de acumulación socialista originaria. Ni Preobrazhenski ni Bujarin negaban que hubiera una acumulación socialista. Preobrazhenski define la ley en estos términos:

Llamamos ley de la acumulación socialista originaria a la suma de todas las tendencias conscientes y semi-espontáneas de la economía estatal que están orientadas hacia la ampliación y fortalecimiento de la organización colectiva del trabajo en la economía soviética y que dictan al estado soviético, sobre la base de la necesidad:
1) proporciones determinadas de la distribución de las fuerzas productivas, proporciones que se establecen sobre la base de la lucha con la ley del valor en el interior y fuera de los límites del país, y que tienen como tarea objetiva alcanzar el nivel óptimo de la reproducción socialista ampliada en condiciones dadas, y el máximo del potencial defensivo en todo el sistema en lucha con la producción capitalista-mercantil;
2) proporciones determinadas de acumulación de recursos materiales con miras a la reproducción ampliada, principalmente a expensas de la economía privada, en la media en que un volumen determinado de esta acumulación es dictado con una fuerza coercitiva al Estado soviético, bajo la amenaza:
a) de la desproporción económica, b) del crecimiento del capital privado, c) del debilitamiento de los lazos de la economía estatal con la producción campesina, d) de la ruptura, en el curso de los años futuros, de las proporciones necesarias de la reproducción socialista ampliada, y del debilitamiento de todo el sistema en su lucha con la producción capitalista-mercantil en el interior y fuera de los límites del país (Preobrazhenski, 1970: La nueva economía, Caracas - Barcelona, Ariel.)

En todo caso Bujarin cuestiona que la expresión ley de acumulación socialista originaria sea la más correcta, y que tenga las características que Preobrazhenski plantea; concretamente, cree que éste lo ve desde una perspectiva estática y no dinámica, y que considera a la industria socialista separada y no ligada a la economía campesina. Realmente, Bujarin no plantea una visión alternativa y lo que hace es refugiarse en la política económica a corto plazo.


El cuarto punto de fricción versa sobre la disparidad de los intercambios entre la economía estatal y la privada. De acuerdo con el principio de la lucha entre sectores económicos, Preobrazhenski plantea institucionalizar el intercambio desigual, haciendo que el sector privado financie el estatal, y para ello juzga fundamental aumentar la productividad del trabajo.



II. Crítica de Bujarin a la acumulación socialista originaria y el intercambio desigual


En opinión de Bujarin (véase "Sobre la acumulación socialista", 1976) el programa de Preobrazhenski afectaría la smichka, o unión de la clase obrera con el campesino que era la base del poder soviético recién establecido, como había quedado demostrado durante la crisis de las tijeras de 1923. Y si el campesinado se negaba a entregar productos debido a lo desfavorable de los precios, habría que volver al programa del Comunismo de Guerra, es decir a la apropiación violenta del excedente campesino.


Pero ello implicaba un enfrentamiento abierto e insostenible con el campo; y romper la smichka como hemos visto significaría romper con el naciente socialismo en la URSS. Por otra parte, con la política recomendada por Preobrazhenski, arruinaría la economía campesina, no habría excedente para expropiar y se contraería el mercado interno, perjudicando también a la industria socializada. Además, los altos precios de los bienes industriales (debido a este intercambio desigual), establecidos por poder de monopolio, generarían ganancias extraordinarias sin incentivar a los directores de empresas estatales a mejorar la productividad. Por último, en el largo plazo, de aplicarse la propuesta de Preobrazhenski, el proletariado podía degenerar y transformarse en una nueva clase explotadora.


Por eso, Bujarin planteaba que debía promoverse una relación con el campesinado sobre una base cooperativa, bajo dirección del Estado proletario. Su idea rectora era avanzar en la transformación de la economía privada campesina a través del desarrollo económico y el mercado. Para eso se apoyaba en la autoridad de Vladimir Lenin y en los últimos escritos del líder bolchevique, aunque poniendo el énfasis en el comercio: en lugar de las cooperativas de producción, había que fomentar las de consumo, comercio y crédito, que se integrarían, en el largo plazo, al socialismo. Sostenía que podía llegarse al socialismo a través del mercado, y que la lucha de clases en la URSS pasaba por la competencia económica pacífica.


Con este enfoque, desestimó la intervención estatal en la agricultura y en la producción artesanal, no otorgó importancia al plan económico, ni puso la prioridad en la industria pesada. Para industrializar a la URSS había que alentar el consumo, en primer lugar de los campesinos medios y acomodados. Para ello era necesario bajar los precios para satisfacer a las masas. Así se alentaría la demanda, que arrastraría a la industria ligera, y esta a la industria pesada. La industria soviética debía adecuarse al mercado campesino; la industria y el agro serían interdependientes, alimentando mutuamente la oferta y la demanda. Los fondos para la industrialización provendrían de los impuestos obtenidos mediante una tributación racional al campesino, o con el ahorro voluntario de los productores independientes y las cooperativas.

Por lo tanto había que fomentar el comercio (donde el estado soviético intervendría lo menos posible) y la libertad de acumular generaría un mayor desarrollo de las fuerzas productivas. El sector estatal terminaría venciendo al privado mediante la competencia en el mercado. Bujarin planteaba que el aparato burocrático estaba asfixiando a toda la economía. Por eso, si la clase obrera no se elevaba a las tareas de control y organización de la economía como proponía Lenin en "El Estado y la Revolución", los funcionarios podían constituir el embrión de una nueva clase dirigente basada en el monopolio de la autoridad y el privilegio (véase Cohen, 1976).


Destaquemos que en el esquema de Bujarin era clave que los campesinos medios y los kulaks acumularan. En 1925 lanzó una proclama que cobró fama: A todos los campesinos globalmente, a todas las capas de campesinos, debemos decirles: enriquecéos, acumulad, desarrollad vuestras haciendas (citada por Cohen, también Trotsky, 1973). Claramente parecía minusvalorar las tendencias pro-capitalistas que generarían el mercado y la acumulación de capital; por eso no daba importancia a la influencia kulak en el campo, ni ponía el acento en la necesidad de transformar las relaciones de producción pequeñoburguesas. Cuando se refería a la estructura social de la URSS, Bujarin hablaba de dos clases sociales, el proletariado y el campesinado, como si este último fuera un todo homogéneo, compuesto casi exclusivamente por campesinos medios. Tampoco tuvo en cuenta los peligros de restauración termidoriana, que podía ser vehiculizada por los kulaks y los hombres de la NEP, y que denunciaba la Oposición de Izquierda (entre ellos Preobrazhenski).



III. Dilema de Preobrazhenski sobre la industrialización


Haciendo un balance del debate, en un muy citado trabajo de 1950, Alexander Erlich planteó que la posición de Preobrazhenski encerraba un dilema. Es que el intercambio desfavorable para el campesinado abría la posibilidad de una huelga de ventas campesinas a la vista del retraso de la industria. Los campesinos se retirarían del mercado, como había ocurrido en la Crisis de 1923, y esto bloquearía la industrialización soviética, ya que la privaría del suministro de comida e, indirectamente, de bienes de producción extranjeros, por la caída de las exportaciones agrícolas.


Pero por otro lado, si los campesinos forzaban al estado soviético a capitular, habría alza en los precios alimenticios, lo que iniciaría la inflación como había sucedido a principios de la década de 1920.


Preobrazhenski luchó con este dilema, pero no logró resolverlo. Sostuvo que si los precios industriales eran bajos, eso tampoco ayudaba a los campesinos, ya que los intermediarios impondrían precios altos en el mercado. Sus críticos le respondieron que si esto era así, de todas maneras no ponía a salvo a la clase obrera de la inflación.


Por otra parte, la propuesta de aplicar impuestos a los campesinos ricos propuesta por Bujarin fue criticada porque reduciría aún más los excedentes que podían ir al mercado, en una coyuntura en la cual los campesinos medios o pobres no podían cubrir esa diferencia.

Preobrazhenski terminó respondiendo que la solución última de todos esos problemas era que Rusia saliera de su aislamiento, es decir la célebre Revolución Proletaria Mundial. Como dice Ehrlich, en su peor interpretación, esto equivalía a una admisión de que todo intento de encontrar una solución dentro de los límites de la economía soviética aislada era como intentar la cuadratura del círculo, simplemente imposible. Y en su interpretación más benigna, era un esfuerzo desesperado por lograr la estabilidad de mañana a expensas de tensiones enormemente incrementadas en el presente, sin saber bien cómo resistirlas.


Digamos también que la propuesta de Bujarin parecía evitar el peligro de la huelga campesina en el mercado. Además, subrayaba la necesidad de que la entrada de los campesinos a las cooperativas debía ser voluntaria, y debía cuidarse la alianza de la clase obrera con el campesino. Pero no daba respuesta al segundo cuerno del dilema de Preobrazhenski, el fortalecimiento de las tendencias mercantiles y pro-capitalistas, y su preeminencia sobre la industria, que generaría la mejora de los términos de intercambio para los campesinos, con lo que ni la propuesta Preobrazhenskista ni la Bujarinista sobre la industrialización del estado soviético eran viables y que tan solo existía una forma que es la que había concluido Preobrazhenski, solo la extensión del socialismo hacia los países capitalistas avanzados permitiría la consolidación del socialismo en la URSS.



IV. Conclusiones


Más allá de estas diferencias, Preobrazhenski se centra en la esfera de la producción y Bujarin en la de la circulación. El primero considera que el problema es la falta de un plan y el segundo, la relación entre las industrias del Estado y la agricultura. Pero el asunto desborda lo económico y tiene que ver con las posiciones entonces dominantes en el Comité Central (que son las de Bujarin) y las de Trotsky y sus partidarios (que en términos generales defiende Preobrazhenski), en torno a la NEP. Para Bujarin, las posiciones de su oponente suponían la ruptura del bloque entre obreros y campesinos y el aislamiento del proletariado. Para Preobrazhenski, las posturas de Bujarin y la política del Comité Central conducían a la liquidación de la hegemonía del proletariado y la supeditación de éste a la burguesía y, por tanto, abrían una vía que hacía peligrar el incipiente socialismo.

Referencias bibliográficas

  • Bujarin, N. (1973): Sobre la acumulación socialista, Buenos Aires, ed. Materiales Sociales.

  • Cohen, S. (1976): Bujarin y la revolución bolchevique. Biografía política 1888-1938, Madrid, Siglo XXI.

  • Deutscher, I. (1979): Trotsky. Le prophète désarmé 1921-1929, París, Christian Bourgois editeur.

  • Domar, E. (1957): Essays in the Theory of Economic Growth, Nueva York, Oxford University Press.

  • Erlich, A. (1950): “Preobrazhenski and the Economics of Soviet Industrialization”, Quarterly Journal of Economics, vol. 64, pp. 57-88.

  • Harrison, M. (1985): “The Primary Accumulation in the Soviet Transition”, Journal of Development Studies, vol. 22, pp. 81-103.

  • Lewis, W. A. (1959): “Desarrollo económico con recursos ilimitados de mano de obra”, Desarrollo económico, enero/abril, pp. 374.

  • Preobrazhenski, Y. (1970): La nueva economía, Caracas - Barcelona, Ariel.

  • Trotsky, L. (1973): La revolución traicionada, Buenos Aires, Yunque.

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