7.6- Reseña del libro "La vuelta del revés de Marx" de Santiago Armesilla

por José Manuel Guirado Piñero


Resumen: A raíz de las polémicas suscitadas en torno al materialismo filosófico y al marxismo en los últimos tiempos, en las que diversos agentes y ponentes de la Fundación Gustavo Bueno, como pueden ser los nombres de Luis Carlos Martín Jiménez (que afirma la agonía del marxismo y defiende el actualismo), Tomás García López (sus charlas sobre materialismo filosófico y materialismo histórico), José Luis Pozo Fajarnés (tachando a Marx de negrolegendario) o el propio Vicente Chuliá, quien afirmó en “Teatro Crítico” que los dos enemigos actuales del materialismo filosófico son el positivismo y el marxismo, la presente obra tiene como objetivo el entretejimiento de ambos sistemas: el materialismo filosófico y el marxismo, partiendo de una fusión nuclear para converger en la doctrina del materialismo político. Así lo explica Andrés González: “el materialismo histórico y el materialismo filosófico son como dos átomos ligeros que se fusionan en un núcleo atómico más pesado y liberador de una energía crítica demoledora” (A. González, 2017). Por ello, La vuelta del revés de Marx comienza con el Post-Facio a la Segunda edición del Capital (Londres, 24 de enero de 1873) en el que Marx lleva a cabo la vuelta del revés (Umstülpung) de Hegel. Referimos el extracto: “Hace cerca de treinta años, en una época en que todavía estaba de moda aquella filosofía, tuve ya ocasión de criticar todo lo que había de mistificación en la dialéctica hegeliana. Pero, coincidiendo precisamente con los días en que escribía el primer volumen del Capital, esos gruñones, petulantes y mediocres epígonos que hoy ponen cátedra en la Alemania culta, dieron en arremeter contra Hegel al modo como el bueno de Moses Mendelssohn arremetía contra Spinoza en tiempo de Lessing: tratándolo como a perro muerto”. “Esto fue lo que me decidió declararme abiertamente discípulo de aquel gran pensador, y hasta llegué a coquetear de vez en cuando, por ejemplo en el capítulo consagrado a la teoría del valor, con su lenguaje peculiar… Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional” (K. Marx, 1873).


Palabras claves: Dialéctica, vuelta del revés, materialismo político, Karl Marx, Gustavo Bueno.



I. Introducción.


El propio Engels en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana lleva a cabo una distinción entre el materialismo e idealismo en torno de la dicotomía entre el pensar y el ser (igual que parte el propio L. Feuerbach en Tesis provisionales para una reforma de la filosofía analizando las figuras de Hegel y B. Spinoza). Hegel, cuyo sistema podríamos definir como una especie de panlogismo teológico (“todo lo real es racional”) había hipostasiado el pensar, el pensar como sujeto, el ser como predicado, como último eslabón de la teología en esa inversión teológica en la que la Lógica Hegeliana es uno de sus máximos exponentes, pues “la metafísica se convierte al mundo” (Bueno, 1970). La distinción entre pensar y ser había sido suprimida (solo en apariencia). Así nos dice el propio L. Feuerbach: “El pensamiento es para Hegel, el ser –el pensamiento es el sujeto, el ser es el predicado” (Feuerbach, 1842).


De la misma manera encuentra Marx estos postulados, pues concibe la hipótesis de dar una vuelta del revés de 180 grados para poner en recto las premisas objetivas y verdaderas del sistema hegeliano contra todos esos epígonos que tomaban a Hegel como “perro muerto”. Hegel, en ese dualismo naturaleza / espíritu de corte idealista (naturaleza-cultura, naturaleza-libertad, naturaleza-historia), había puesto al espíritu previo a la naturaleza, un espíritu (subjetivo, objetivo y absoluto) que será fundamental para entender esta obra, y sobre todo la idea de producción en los Grundrisse (espíritu objetivo). Mientras que para Hegel la naturaleza es pura negatividad, será en el espíritu objetivo donde se desarrolle la historia y la construcción del hombre, así como la dialéctica histórica (afirmación, negación, negación de la negación y unión de contrarios, y el lugar donde se produce el encuentro entre la naturaleza y la cultura), pues la naturaleza solo puede ser comprendida, analizada, desde la propia cultura como transmisión de conocimientos de unos sujetos a otros, o ese todo complejo que decía Tylor (Bueno, 1996).


De la misma manera, en el año 2008, Gustavo Bueno publica en la revista El Catoblepas un artículo titulado “La vuelta del revés de Marx”. En ella lleva a cabo la vuelta del revés a partir de las capas del poder político (basal, cortical y conjuntiva) que se relacionan con los ejes del espacio antropológico (radial, circular y angular). Esta “vuelta del revés” no supone la vuelta de la totalidad del sistema, sino la vuelta de unas partes, de la misma manera que Marx no rompe con el sistema Hegeliano, y que, por ejemplo la distinción naturaleza/espíritu de Hegel troque en Marx en naturaleza / historia, o incluso el concepto de proletariado universal como clase atributiva. Mientras Hegel ponía en el funcionariado la clase universal, Marx en el proletariado. El propio autor sostiene que va a ser el propio Marx el que se dé la vuelta a sí mismo en sus postulados conforme pasa el tiempo, y que el propio G. Bueno lo que haría realmente sería cambiar el lenguaje utilizado para referirse a conceptos o ideas, o también la conexión con otras filosofías (a las que el materialismo filosófico trata de reducir, abordar, de triturar, en el sentido del nervio dialéctico).


Así nos dice Santiago que “multitud de ideas de Marx quedan reconstruidas al modo de una transformación idéntica en el materialismo filosófico de Bueno” (Armesilla, 2020). Por ello, para emprender una lectura “potente” de Marx, es preciso partir del regressus desde Bueno a Marx (leer a Marx desde Bueno) para proceder posteriormente al progressus (en el que la antropología filosófica y la filosofía de la Historia llegan a confundirse en el materialismo filosófico y el materialismo histórico procediendo a su fusión) en ese curso operatorio circular. El propio Gustavo Bueno en Qué es la filosofía (1995) incide en que “desde la perspectiva del eje circular, el materialismo filosófico y el materialismo histórico se aproximan tanto hasta llegar a confundirse” (Bueno 1995: 83). A esta fusión introducida por Bueno Sánchez (2017) la denominará el autor como materialismo político o concepción materialista de la vida política, que tendrá sus principales fuentes o bases en Platón, Aristóteles y Marx.


Este materialismo político tiene como principal fundamento la consideración de afirmar que la vida política, así como el surgimiento y evolución de las sociedades políticas es el elemento, el marco fundamental y trascendental para la totalización trascendental del Universo, en el que los propios sujetos nos hallamos inmersos, y a la vez que estamos determinados por este Universo, también nosotros aprehendemos, categorizamos y transformamos dicho universo, y estamos en dialéctica con el Ser a nivel trascendental.


I.1. Implantación gnóstica y política de la filosofía.


A la hora de hablar de la idea de vuelta del revés de Marx, G. Bueno no ha sido el único filósofo o crítico que ha planteado dicha inversión, sino que otros como el propio F. Engels ya contribuyeron y aportaron elementos numerosos y novedosos con respecto de lo dicho por el filósofo de Tréveris, así como los teóricos de la escuela de Frankfurt (T. Adorno, M. Horkheimer, Hebert Marcuse), Sartre, Lenin o el propio Stalin también llevaron a cabo dicho proceso en torno a diversas partes y concepciones del marxismo; sin embargo, la vuelta del revés más importante fue la llevada a cabo por G. Bueno. En este sentido, el materialismo filosófico tendría, siguiendo el escrito de Lenin (Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo) como refirió el propio Pedro Ínsua, también tres fuentes principales, que serían la escolástica, sobre todo Tomás de Aquino (Suma Teológica), F. Suárez, Tomás Cayetano, el marxismo y la fenomenología, además de otros como Platón, Aristóteles o el materialismo neutro de B. Spinoza.


El propio G. Bueno en Ensayos materialistas (1972) refiere que el materialismo filosófico trata de articular esa geometría de las ideas (no solo de las ideas que conforman otras ideas), también a través del análisis regresivo de la práctica mundana. El materialismo filosófico concibe a la filosofía como saber de segundo grado que presupone saberes de primer grado. Sin embargo, no se reduce a los saberes de segundo grado, sino que está al día de los saberes de primer grado, tanto científicos (naturales, formales y sociales), como técnicos (psicología, derecho) y tecnológicos (política, economía). Por lo tanto la filosofía de G. Bueno es una filosofía académica, frente a la filosofía mundana (en el sentido del lema que figuraba en el friso de la academia de Platón: “que no entre nadie que no sepa geometría”. Esta filosofía (como una especie de mapamundi) es producto de la vida política, pues no hay filosofía en los neandertales, sino cuando existe una sociedad política con instituciones en común entre todos sus miembros.


Una de las múltiples tesis fuertes del libro será la del materialismo político que conlleva una implantación política de la filosofía frente a la implantación gnóstica (especulativa). Cuando nos referimos al concepto de implantación, tenemos que referir que este procede de la botánica. Implantar significa insertar un tejido u órgano, o incluso una prótesis en otro tejido u órgano. Por tanto, en este entretejimiento la implantación implicaría la aplicación de conceptos de otros campos o disciplinas en estructuras históricas y culturales como es la propia filosofía. Hemos de diferenciar a su vez la conciencia filosófica y la implantación política, pues la conciencia filosófica como determinación particular e histórica de la conciencia crítica (solidaria del materialismo) no podría ser implantada políticamente, mientras que la implantación política de la filosofía sí. Hemos de tener en cuenta que la filosofía si no está en dialéctica categorial quedaría reducida a la segregación de una conciencia pura, lo que sería pura metafísica (aislada del resto de saberes).


Para ello, Santiago Armesilla utiliza los criterios d