7.2- La antropogénesis y la falsa disyunción naturaleza / cultura

Por Santiago Armesilla


Resumen: En El origen de las especies, Darwin evitó el extender su teoría de la evolución al hombre, aunque, hacia el final del libro, hizo notar que los estudios evolutivos darían “mucha luz sobre el origen del hombre y su historia”. Darwin se resistió a discutir entonces la evolución del hombre para no dar bases adicionales desde las que se pudiera atacar su teoría. Se enfrentó con la cuestión del origen evolutivo del hombre unos años más tarde en El origen del hombre. La idea de que el hombre desciende de antepasados no humanos contradecía doctrinas filosóficas y religiosas generalmente aceptadas. No es, pues, sorprendente que la publicación de El origen del hombre provocara una cascada de ataques en contra de la teoría de la evolución.

En el primer capítulo de El origen del hombre, Darwin afirma, entre otras cosas, que el hombre puede recibir ciertas enfermedades de los animales inferiores, y a su vez puede transmitírselas a ellos, y que este hecho demuestra la afinidad de sus tejidos y de su sangre –tanto en su diminuta estructura como en su composición- mucho mejor que una comparación a través del microscopio, o del más minucioso análisis químico. Muchas especies de monos experimentan un gran placer bebiendo té, café, o bebidas alcohólicas o fumando tabaco. En resumen, sería imposible exagerar la estricta correspondencia en la estructura general, en la estructura íntima de los tejidos, en la composición química y en la sangre, que existe entre el hombre y los animales superiores, y en especial los monos antropomorfos. Es decir, el hombre y todos los animales vertebrados fueron construidos según el mismo modelo general, pasan a través de los mismos estadios primitivos de desarrollo y conservan ciertos rasgos en común. Por consiguiente, hemos de admitir con franqueza su origen común. Darwin indica que solo nuestro prejuicio natural y aquella soberbia que llevó a nuestros antepasados a declararse descendientes de semidioses, nos inducen a dudar de tal conclusión. Sin embargo, no está lejos el día en que parecerá extraño que los naturalistas hayan creído que el hombre y el resto de los mamíferos sea el resultado de un diferente acto de creación.


Palabras clave: Antropogénesis, naturaleza, cultura, evolución, biología.



En el capítulo 3 de la misma obra (Sentido moral), Darwin proclama que coincide plenamente con el juicio de aquellos escritores que sostienen que el sentido moral o ciencia es la diferencia más importante que existe entre el hombre y los animales inferiores a él. Y después Darwin sostiene que creer que el hombre fuese originalmente civilizado y que padeció una absoluta degradación en tantas regiones de la tierra, implica tener una opinión lamentablemente baja de la naturaleza humana. Piensa que resulta verídica la opinión que afirma que el progreso ha sido mucho mayor que el retroceso; que el hombre se ha elevado, aunque con paso lento e inseguro, desde una condición ínfima hasta el nivel más alto que se haya alcanzado jamás en el campo del conocimiento, de la moral y de la religión. El origen evolutivo de los seres vivientes, incluyendo la especie humana, está hoy en día más allá de toda duda razonable. Existen personas que niegan la realidad de la evolución biológica, y en particular, de la evolución humana, pero tales personas, o desconocen la evidencia, o han prejuzgado a priori la cuestión hasta el punto de que ninguna evidencia les convence. La negación de la evolución está, a veces, basada en convicciones religiosas, tales como la creencia literal en la verdad de la Biblia. Sin embargo, existen teólogos que sostienen que la evolución de la vida no es incompatible con el cristianismo e, incluso, la Iglesia Católica ha adoptado ya oficialmente la teoría de la evolución.


I. Naturaleza y cultura en la historia de la filosofía.


I.1. La cultura.


Por cultura se entiende aquella información transmitida entre miembros de una misma especie por aprendizaje social, es decir, por imitación, por educación, enseñanza o por asimilación. Los rasgos culturales o memes son las unidades de transmisión cultural. El término cultura proviene del latín cultus, que inicialmente significaba “cultivar”. Cultus significaba el estado de un campo cultivado. En tanto que el cultivo de un campo precisa de un constante esfuerzo, el sustantivo cultus adquirió, por una nparte, el significado de “cuidado” y pasó a significar “culto” en el sentido religioso (por el “cuidado” o “culto” constante de los dioses realizado por los sacerdotes) y, por otra parte, pasó a considerarse “culto” todo ser humano que “cultivase” su espíritu. En este segundo sentido, se seguía la metáfora, ya existente en la Grecia de la época sofista, consistente en considerar el espíritu como un campo. El hombre “inculto” sería, pues, como un campo sin cultivar, mientras que el hombre “culto” sería aquél que tendría cuidado de su espíritu. En este sentido, el término cultura se entiende aplicado al ámbito del individuo, y en este ámbito mantiene una cierta relación con el término griego paideia. A partir de los siglos XVII y XVIII el término se amplía, entendiéndose por cultura aquello que el hombre añade a la naturaleza, sea en sí mismo (cultivo de su espíritu), sea en otros objetos, tales como utensilios, herramientas, procesos técnicos, etc., (de donde surge la idea de “bienes culturales” o de “cultura material”), de manera que la cultura se entiende como la intervención consciente del hombre frente a la naturaleza. Esta ampliación se efectúa, especialmente, durante la Ilustración y Kant la define como “la producción en un ser racional de la capacidad de escoger sus propios fines” (Crítica del juicio, § 83), en el