7.9- El comunismo argentino y el peronismo

Por Lucas Nigoevic.


Resumen: La relación entre el Peronismo y el Comunismo ha sido históricamente compleja. Desde un primer encuentro conflictivo hasta la construcción política en unidad. El fenómeno netamente argentino del Peronismo ha despertado debates en el movimiento Comunista de varios países, muchas veces llegando a conclusiones diametralmente opuestas. Un velo de ignorancia recubre la relación que tuvo el movimiento Peronista y su líder con el Partido Comunista de la Argentina, y cómo hoy esas dos tradiciones políticas criollas se encuentran y relacionan en el siglo XXI. El primer encuentro entre ambas se dio en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Argentina salía de uno de sus períodos más oscuros. El primer momento fue de desencuentro, pero durante los primeros dos gobiernos peronistas el PCA hizo una correcta lectura de la situación, adoptando un apoyo crítico al gobierno. Tras el derrocamiento de Perón se da la mayor unidad entre el PCA y el peronismo del siglo XX. Tras la gran crisis interna del PCA en los ’90 la relación se enfrió hasta la llegada de los gobiernos Kirchneristas y la nueva organización de los comunistas argentinos.


Palabras clave: Comunismo, Peronismo, Perón, Argentina, Historia y actualidad.



I. Primer contacto. Contexto y confrontación.


El Comunismo en Argentina es una tradición política que ya ha superado el siglo de existencia. Fundado en 1918, el Partido Comunista de la Argentina (PCA) es uno de los más antiguos del mundo. Fue en 1928, en el VIII Congreso, que el PCA adoptó la ideología Marxista Leninista con un enfoque nacional, recuperando la Línea de Mayo y estableciendo el camino argentino al Socialismo a través de la Revolución Democrática, Agraria y Antiimperialista con vistas al Socialismo. No obstante, esta maduración del comunismo criollo llegó un poco tarde a comprender la realidad política nacional, ya que en aquel entonces aún era opositor al gobierno de Hipólito Yrigoyen, dos veces presidente por la Unión Cívica Radical (UCR). Su gobierno se caracterizó por el nacionalismo económico y su sujeto social fue una clase media ascendente. En 1930 el gobierno radical sufriría el primer golpe de Estado del siglo XX en Argentina, inaugurando así una lamentable y repetida tradición en las Fuerzas Armadas de intervenir en la política nacional. Hecho que terminaría el siglo XX con un saldo de 6 golpes de Estado, 19 años de dictaduras interrumpidos por breves períodos de “democracias” con proscripciones y casi 20 años de ilegalización del peronismo. Aunque el PCA se opuso al Golpe, reconoció luego no haberlo combatido con la vehemencia que la situación ameritaba.


El golpe de 1930 abrió una etapa oscura de la Argentina conocida como la “Década Infame”. A la profunda crisis económica de la Gran Depresión, que tuvo repercusiones en el mundo entero, se le sumó una crisis de representatividad política-institucional. La Década Infame (que transcurre entre 1930-1943) se caracterizó por una llamada “restauración conservadora” tras las experiencias de ampliación democrática en tiempos de Yirigoyen. Una alianza liberal-conservadora se instauró en el poder y se mantuvo en el mismo con un fraude alevoso. Al mismo tiempo que las instituciones estatales perdían toda legitimidad ante la población, se afianzaba aún más el carácter dependiente del capitalismo argentino. La corrupción se había vuelto moneda corriente y la explosión de los índices de desigualdad social y pobreza económica llevó al país al borde del colapso. En ese contexto, el PCA se había robustecido a su máximo tamaño histórico. Llegando a las varias decenas de miles de afiliados, conduciendo buena parte del movimiento obrero y afianzando su rol como Partido Comunista hegemónico del continente americano (por el rol destacado y constante de sus dirigentes en la Internacional Comunista), el PCA era un verdadero polo de poder en el país.


Desde los primeros momentos de la dictadura, el PCA buscó aliarse a las fuerzas democrático-populares que se oponían al gobierno y buscaban la restauración institucional en el país para avanzar en el objetivo de construir una democracia popular. Desde entonces se buscaron alianzas con el Partido Demócrata Progresista (PDP), el sector de la UCR que se había opuesto al golpe contra Yirigoyen y el viejo Partido Socialista (PS). No obstante los esfuerzos, la unidad concreta de estas fuerzas no se concretaría hasta varios años después.


La década infame culminaría con el golpe de Estado del 4 de junio de 1943 contra el gobierno semilegal de Ramón Castillo, del Partido Demócrata Nacional (liberal conservador). Esta movida sería dirigida por la logia militar GOU (Grupo de Oficiales Unidos), donde luego se destacaría un joven Coronel Perón. Esta logia carecía de ideología definida, pero a grandes rasgos era nacionalista, anticomunista, neutral ante la guerra y sumamente preocupada por terminar con los actos de corrupción de los gobiernos conservadores. No obstante, una de las primeras medidas del nuevo gobierno militar fue la nueva ilegalización del PCA (que había sido recientemente legalizado tras pasar varios años de la década infame en la clandestinidad). A esto se le sumo la persecución y detención de sus dirigentes que terminaron distribuidos en varias cárceles de la Patagonia, y con su máximo dirigente, Victorio Codovilla, exiliado en Chile. A pesar que el nuevo gobierno militar mantenía la neutralidad argentina en la Guerra, ahora tomaba tintes germanófilos. Mientras la neutralidad de Castillo se sustentaba por la protección de los buques argentinos que exportaban materias primas a Reino Unido (teniendo así una inclinación aliadófila), la neutralidad del gobierno militar se daba en contexto de ciertas victorias militares alemanas. Para de esa forma, si Alemania ganaba la guerra, la neutralidad argentina no sería mal vista como sí el posicionamiento junto a los Aliados. Esta postura también era coherente con la histórica tradición de las FFAA argentinas que desde la década de 1890 habían tenido admiración por la disciplina militar germánico-prusiana.


Es en este contexto que Perón asume al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde empieza a otorgar concesiones gremiales a sindicatos paralelos de los ya instituidos en el país, disputando así la representatividad política del movimiento obrero. La confrontación sindical con el Comunismo fue reconocida por el propio Perón:

"Algunos, cuando yo pronuncié los primeros discursos en la Secretaría de Trabajo y Previsión, dijeron: “Este es un comunista”. Y yo les hablaba un poco en comunismo. ¿Por qué? Porque si les hubiera hablado otro idioma en el primer discurso me hubieran tirado el primer naranjazo. Porque ellos eran hombres que llegaban con cuarenta años de marxismo y con dirigentes comunistas. Lo que yo quería era agradarles un poco a ellos, pero los que me interesaban eran los otros, los que estaban enfrente, los que yo deseaba sacarles. Los dirigentes comunistas me traían a la gente para hacerme ver a mí que estaban respaldados por una masa. Yo los recibía y les hacía creer que creía eso. Pero lo que yo quería era sacarles la masa y dejarlos sin masa. Es el juego político natural; es lógico. Cuando les hablaba a los hombres, les decía primero y mezcladito lo que había que hacer, lo que yo creía y que quizá ellos no creían. Pero cuando yo les decía la segunda parte, que era lo que ellos querían, entonces creían todos, y se iban con sus ideas y con mis ideas, y las desparramaban por todas partes”.

Siendo parte de un nuevo golpe de Estado militar germanófilo (en el contexto de la 2GM), propiciado por una logia militar nacionalista y anticomunista que reprimió, persiguió e ilegalizó al Partido y, personalmente, disputando a su principal sujeto político-social, era lógico que las primeras impresiones de Perón fueran negativas en el Partido Comunista. Pasados los eventos del 17 de octubre de 1945, con la detención de Perón y la posterior movilización masiva de sectores de la clase obrera exigiendo su inmediata liberación, se hace evidente la candidatura de este a la Presidencia de la Nación. Es en ese contexto, que preocupados por la continuidad de las políticas del golpe militar del ’43, el PCA termina de afianzar su alianza, que venía construyendo con fuerzas democráticas y progresistas desde los primeros años de resistencia a la Década Infame. Es entonces que junto al PDP, el PS y la UCR se conforma el frente Unión Democrática.


II. La Unión Democrática, el XI Congreso y los dos primeros gobiernos peronistas.


La Unión Democrática (UD) fue un intento de conformar una suerte de Frente Popular Antifascista, al estilo europeo, pero aggiornado a la realidad material de la Argentina. El temor por el advenimiento de un gobierno abiertamente profascista, la definitiva clausura de los derechos constitucionales, el estado de excepción continuo y la convicción de la lucha por la restauración democrática en el país fueron las ideas impulsoras de la UD. Su propaganda y agitación fue constantemente marcada por un discurso de tinte antifascista, incluso en su propaganda gráfica con referencia a la esvástica nazi, asimilando ésta a la candidatura de Perón. La clasificación de Perón como nazi-fascista, aunque errónea, no era infundada. A los motivos antes mencionados, se le suma que Perón había sido asistente del agregado militar de la embajada de Argentina en Roma en tiempos de Mussolini. Había expresado admiración por la oratoria y el sistema social del Duce, reconocido su gobierno como “de masas” y muchos elementos de la doctrina ideológica peronista guardan sospechosa similitud con el Manifiesto de Verona, del Partido Fascista italiano de Mussolini. Es en este contexto que el principal dirigente del PCA, Victorio Codovilla, redacta un informe que será utilizado por décadas para sostener una supuesta eterna oposición del comunismo argentino a Perón: Batir al Nazi-Peronismo para abrir una era de libertad y progreso (diciembre, 1945).


Cabe destacar que la hegemonía de la UD era claramente de la UCR. Tanto que el binomio presentado por el frente, para presidente y vicepresidente, eran ambos de la UCR. La realidad, es que, a diferencia del PDP, los radicales y los socialistas no demostraban entusiasmo alguno por la presencia del PCA en el frente. El programa comunista para la UD era un programa que contemplaba la realización de reivindicaciones inmediatas de la línea general de la Revolución Democrática, Agraria y Antimperialista. Programa que ciertamente no era compartido en su totalidad por la UCR, conductora del frente. Las diferencias internas llevaron a que el PCA, en muchos distritos, presentara sus candidatos en frentes legislativos aparte, como en el caso de la ciudad de Buenos Aires, donde se presentaron sólo con el PDP a la legislatura porteña. Casos similares sucedían en diversas provincias, donde el Partido llamaba a votar a los candidatos presidenciales de la UD (Tamborini y Mosca) pero para legisladores presentaba listas propias. La Unión Democrática fue la alianza que coherentemente el comunismo argentino podía integrar dadas las circunstancias de la época. Lejos de ser un armado ideal, éste respondía a la conclusión de varios años de trabajo frentista contra la coalición liberal-conservadora gobernante de la Década Infame y contra la nueva dictadura nacida del golpe del ’43. Hay que resaltar, sin embargo, que a pesar del contundente programa presentado por los candidatos comunistas, la UD tuvo un lastre del que no se pudo recuperar: el apoyo abierto del embajador estadounidense Spruille Braden. Las relaciones de Argentina con EEUU desde finales del siglo XIX nunca fueron óptimas. Y el carácter antifascista, y abiertamente aliadófilo de la UD se ganó la simpatía de todo el bloque de países Aliados, Estados Unidos incluido. El apoyo al bando aliado era coherente con los comunistas, por la pertenencia de la URSS a este, pero la presencia de iconografía norteamericana e inglesa (sumada a la soviética) fue un peso muerto que la UD no pudo levantar en materia de imagen pública. Perón, conocedor del rechazo popular argentino hacia EEUU, aprovechó este hecho para su slogan de campaña: “Braden o Perón”. Luego de las elecciones, la fórmula Perón-Quijano ganaría por 1.487.866 votos (52,84%) contra los 1.207.080 (42,87%) del binomio Tamborini-Mosca de la UD. Una diferencia real de 280.786 votos.


El 4 de junio de 1946, Perón asume su primera presidencia. Tan solo dos meses después, en agosto del ’46, el Partido Comunista realiza su XI Congreso. Este Congreso es considerado como uno de los que desarrollan la “línea histórica” comprendida por los Congresos VIII (1928), XI (1946), XII (1963) y XVI (1986). Con dos meses de gestión peronista, el XI Congreso del PCA analiza detalladamente al nuevo gobierno y realiza una profunda autocrítica de la primera caracterización que hizo del peronismo como el “capítulo argentino del nazi-fascismo”. Las ideas generales del XI Congreso se pueden resumir:

“1) Los que habían votado por una u otra coalición lo habían hecho con la esperanza de que se abrieran paso las transformaciones de la Revolución Democrática, Agraria y Antiimperialista: las condiciones estaban maduras para iniciar el camino. (…) La coyuntura interior también abría más perspectivas de liquidar la gran propiedad terrateniente y la dominación de los monopolios imperialistas.
2) Al categorizar al gobierno de Perón, señaló que el mismo era heterogéneo y al mismo tiempo incluía, visto políticamente, desde sectores democráticos y progresistas hasta grupos profascistas de la entonces llamada Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) y sectores reaccionarios del Ejército, la policía y el clero. Desde el punto de vista económico-social englobaba también a diversas clases y capas que iban desde ciertos sectores de terratenientes hasta importantes grupos de la burguesía nacional: contaba –sobre todo- con un considerable apoyo entre las masas obreras y populares. (…) Estos sectores (la nueva gran burguesía industrial, agraria, comercial y financiera tras la 2GM) no tenían interés en realizar cambios profundos en la estructura económico-social que abarcaran la reforma agraria, la nacionalización de las empresas imperialistas, etc. En cambio sí pujaban por la ampliación del mercado interno y, en ese sentido, había un toque reformista y nacionalista en sus reclamos.
3) De esta manera, se perfilaban dos perspectivas: medidas económicas, políticas y sociales que abrieran el camino hacia cambios de fondo en la estructura latifundista y dependiente que era lo que querían las masas populares que votaron por ambas coaliciones, o paliativos que reconocían sus posibilidades transitorias en la coyuntura económica pero que no afectaban sensiblemente los intereses de esos terratenientes y de los monopolios imperialistas, principales obstáculos de nuestro progreso. Se trataba de definir bajo la dirección de quién se desenvolverían los acontecimientos. Si la gran burguesía copaba una porción importante del poder, teniendo en cuenta las características económicas señaladas, los anhelos populares no iban a transformarse en realidad. En cambio, si el proletariado, en alianza con los campesinos (…), tomaban en sus manos la conducción, indudablemente se podía abrir una nueva era.
4) Ante estas dos perspectivas y teniendo en cuenta sobre todo el estado de ánimo revolucionarizado de las masas que habían votado por una u otra coalición, los círculos reaccionarios del gobierno como también algunos que formaron parte de la UD se esforzaron por crear un clima en el cual la línea divisoria parecía pasar por la adhesión incondicional al gobierno electo y en especial a Perón o por la oposición sistemática a las nuevas autoridades y el golpe de Estado. El PCA señaló que la línea divisoria que se quería trazar entre peronistas y antiperonistas era artificial y hacía el juego a aquellos que buscaban desencadenar el golpe de Estado y provocar la guerra civil. Se dijo que el contenido de las fuerzas sociales que se enfrentaban no estaba determinado, esencialmente, por tal o cual simpatía política sino entre los que querían cambios profundos en la sociedad con vistas a que se la arrancara del poder de la oligarquía terrateniente y el imperialismo y los que querían que, modificando algunos aspectos de la fachada, se siguiera manteniendo la dominación latifundista y los monopolios extranjeros.
5) La posición del PCA fue la de no dejarse arrastrar a una actitud de oposición sistemática –y lo mismo aconsejó a las demás fuerzas políticas que participaron en la UD. Por el contrario, planteó la necesidad de apoyar todo lo que fuera positivo y criticar y oponerse a las medidas económicas y políticas que no fueran en beneficio del pueblo. En ese proceso debía ir forjándose la unidad de la clase obrera y del pueblo, por sobre las circunstanciales posiciones políticas, alrededor de un programa que iniciara la relación de cambios en la estructura económico-social. La presión de las masas –de una u otra coalición- unidas y organizadas iría cristalizando en el Frente de Liberación Nacional y Social (FLNS), cuyos cimientos serían los comités unitarios, que llegarían a ser así la base de sustentación de un gobierno plenamente democrático y popular. Caso contrario, la presión reaccionaria iría limitando las concesiones y se iniciaría el camino de la vuelta al pasado. (…) Codovilla en su informe al Congreso expuso: “(…) incurren en un grave error los que creen que una oposición de carácter sistemático a un gobierno que cuenta con el apoyo de gran parte de las masas populares sirve para despertar la conciencia política de estas últimas. Los obreros, los campesinos, el pueblo en general, no adquieren su conciencia política de golpe ni a través de frases altisonantes, sino a través de sus experiencias propias vividas. La historia de todos los movimientos revolucionarios demuestra que la clase obrera y las masas populares antes de obtener plena conciencia de la necesidad de deshacerse de tutelas de hombres, grupos o partidos que se sirven de ellas para beneficio propio, pasan por una serie de procesos más o menos rápidos que van desde la confianza ciega en ellos, hasta su repudio y la plena comprensión de que en la lucha por obtener sus objetivos, sólo deben confiar en su propia organización y en su propia fuerza”. Justamente para contribuir al avance de estas experiencia es que el PCA no se propuso, en modo alguno, ser un espectador pasivo.
6) Maduras las condiciones para transformaciones económicas, políticas y sociales de contenido antioligárquico y antiimperialista estas perspectivas se presentaban en el marco de una lucha en el interior del propio peronismo que debía, por un lado, canalizar la presión de las masas obreras y populares que reclamaba al gobierno medidas progresistas y, por otro lado, satisfacer su propia esencia de clase que ponía escollos y obstáculos a estos reclamos. (…)
7) Al analizar los cambios que se habían producido en la situación internacional como resultado del desenlace de la 2GM se señaló que el centro de la agresión mundial se había trasladado a Washington, donde el poder estaba y está en manos de gigantescos monopolios imperialistas los cuales, no acallado aún el tronar de la contienda bélica, se preparaban y buscaban articular un dispositivo militar con vistas a una tercera vuelta. El imperialismo yanqui se afirmó como gendarme de los pueblos que luchaban por su independencia y soberanía nacional. La lucha por la paz se comprobó como una tarea esencial impostergable de los pueblos y por lo tanto de los comunistas.
En el informe de Codovilla se alerta contra el peligro de golpe de Estado convocando a la unidad de los sectores que, dentro y fuera del gobierno quisieran impedir que nuevamente se cierre la legalidad constitucional que, aunque precaria y relativa, se había conquistado. Se trataba de aislar a los grupos reaccionarios y profascistas.”

Desde entonces, el PCA adopta respecto al gobierno peronista un apoyo crítico, bajo la famosa fórmula de “apoyar lo positivo, criticar y oponerse a lo negativo”. Esta postura será la sostenida por el PCA a lo largo de los dos primeros gobiernos peronistas (1946-1955). En cuanto las principales medidas apoyadas, aunque siempre con críticas y observaciones, podemos destacar:

El apoyo al Primer Plan Quinquenal de gobierno, presentado en 1946. Al respecto cabe resaltar que el análisis más profundo y detallado de dicho plan fue realizado por el PCA en un documento titulado Posición de los Comunistas ante el Plan Quinquenal del gobierno (diciembre, 1946). Este documento de 116 páginas detalla los alcances y posibles resultados de las 76.000 obras contempladas en el Plan.


La propuesta de reforma constitucional de 1949. Aunque el Partido guardó importantes críticas al respecto de la orientación social-cristiana que los funcionarios peronistas querían, apoyó y fue parte de la Asamblea Constituyente.


La lucha contra la carestía de vida. Y las diversas transferencias de recursos del agro a la pequeña y mediana industria de consumo final.


En cuanto a las políticas que el PCA criticó y se opuso se encuentran principalmente:


La no realización de la reforma agraria, prometida por Perón en campaña. Lejos de liquidar el latifundio, el gobierno peronista realizó reformas menores, apuntando a una colonización de las tierras ociosas e improductivas. Congeló alquileres y publicó el Estatuto del Peón de Campo, primera Ley integral de protección gremial de este sector.


La continuidad en la persecución a la militancia comunista. Cabe resaltar que durante la Década Infame se crea la Sección Especial de Represión al Comunismo de la Policía. Esta Sección Especial fue profesionalizada por Perón en el Gobierno. A su vez, el grupo de choque filo-falangista de la ALN, brazo de ultra derecha que apoyaba a Perón, tuvo repetidos encuentros violentos y armados contra el PCA.


Quizás la acción opositora a Perón de mayor relevancia, por un trágico hecho, fue la postura del PCA de oponerse tajantemente al envío de tropas argentinas a la Guerra de Corea a luchar junto al bando de EEUU. En 1950, el gobierno peronista enfrentaba una complicada situación. La bonanza económica empezaba a decaer y la diplomacia internacional argentina flaqueaba. En ese contexto, el gobierno intentó tener un mayor acercamiento a EEUU, con quien negociaba un paquete de asistencia financiera que se materializaría en un empréstito por 125 millones de dólares del Eximbank (equivalente a unos 1400 millones de hoy). Ese intento sería demostrado con el envío de tropas de las FFAA argentinas a luchar contra la Revolución Popular de Corea, conducida por el Partido del Trabajo de Corea, liderado por Kim Il-sung. El PCA desplegó una campaña sin cuartel contra esta iniciativa. Fue en esta campaña, que el 4 de agosto de 1950 un grupo armado de la Sección Especial Anticomunista de la Policía irrumpió en una reunión que se realizaba en el local partidario de la ciudad de Quilmes, asesinando a Jorge Calvo, Secretario General de la Juventud Comunista, a Ángel Pedro Zelli e hiriendo gravemente a otros dos camaradas.


Con altibajos, la posición del PCA fue inconmovible hasta la llegada del golpe de Estado de 1955, que derrocaría al Gral. Perón. A pesar de las profundas diferencias con su líder, el PCA había comprendido desde el XI Congreso la necesidad de la labor unitaria y frentista con las masas peronistas. Y comprendía que las fuerzas que propulsaban el golpe abogaban abiertamente por la profundización del capitalismo dependiente, la sumisión al imperialismo y la supresión de las conquistas sociales obtenidas durante los gobiernos peronistas. Es así que el PCA reclama al gobierno armar a la Confederación General del Trabajo (CGT, la central obrera argentina con clara hegemonía peronista) para defender al gobierno legítimo. Perón rechaza esta idea, y el golpe de Estado se concreta, resultando con el exilio de Perón, la proscripción del peronismo y el inicio de la era de mayor represión y violencia durante el siglo XX.


II. Los años de la Resistencia, el regreso y muerte de Perón y el gobierno de María Estela Martínez.


Luego del golpe de Estado “gorila” (expresión argentina que refiere a lo antipopular y elitista) de 1955, el peronismo es proscripto, Perón es exiliado del país y se abre un período de casi dos décadas donde se suceden democracias amordazadas y dictaduras militares. Con su líder en el exilio, el movimiento peronista inicia un paulatino proceso de radicalización política que no reparará en medios, incluso la violencia armada, para conseguir el retorno de Perón al país. Un sector del peronismo no sólo anhela esa victoria, sino que la considera como un paso esencial y estratégico para un proceso de liberación nacional en busca de la construcción del Socialismo en la Argentina. Es en la década del ’60 que el PCA analizará un proceso que quedará plasmado en el gran escrito de Victorio Codovilla titulado “El significado del giro a la izquierda del Peronismo” (1962). En el mismo, Codovilla postula que las bases militantes, tanto territoriales, sindicales como estudiantiles del peronismo, están realizando un proceso de radicalización que superaba ideológicamente a las burocracias dirigentes del movimiento en el país que habían quedado tras el exilio del líder. En este mismo sentido, en 1963 se lleva acabo el XII Congreso del PCA que elaborará la consigna de "Por la acción de masas, hacia la conquista del Poder". En este Congreso se profundizará la línea de acción frentista con el Peronismo y hasta se esbozará la posibilidad de confluencia de las distintas tradiciones políticas revolucionarias del país en la conformación de un gran Partido Unificado de la clase obrera y el pueblo que “asegurará la victoria sobre la oligarquía terrateniente, los grandes monopolios imperialistas y los capitalistas intermediarios, resolverá los problemas de la Revolución Agraria y Antiimperialista y pondrá proa firme hacia el Socialismo”. Sobre la unidad con el peronismo, Codovilla afirmó: "Los Comunistas marchamos codo a codo con los trabajadores peronistas, y con sus dirigentes honrados para conquistar los sindicatos para los trabajadores y para establecer la acción común y producir cambios profundos en la vida económica y política del país. (…) La perspectiva es la de marchar en común, no solo en las luchas por las reivindicaciones inmediatas, económicas, sociales y políticas, sino marchar en común hasta formar el gran movimiento patriótico y popular, cuya envergadura y cuya acción obliguen a los círculos dirigentes de la política nacional a cambiar de rumbo o a ser desplazados para dar paso a la Revolución Agraria y Antimperialista por vía pacífica o por la no pacífica si es que se oponen con la violencia a la acción popular tendiente a conseguir ese objetivo". Esta unidad frentista se agudizará en el ámbito sindical, donde peronistas revolucionarios y comunistas confluirán en la lucha contra las burocracias sindicales peronistas y no-peronistas que, en uno y otro momento, pactarán con los gobiernos ilegítimos y dictatoriales. Finalmente, en 1972, con la victoria del Frente Justicialista de Liberación Nacional, se firma el decreto mediante el cual Perón puede regresar de su exilio, concretando este hecho el 20 de junio de 1973. Nuevas elecciones son celebradas, la fórmula, Juan Domingo Perón-María Estela Martínez de Perón ganan con amplia mayoría, el PCA saluda al General al asumir su tercera presidencia y desde entonces se produce el mayor acercamiento entre el líder nacionalista y el comunismo argentino. En este tiempo, Perón y miembros del CC del PCA mantendrán diversas entrevistas privadas, donde diversos tópicos, tanto ideológicos como coyunturales, son tratados con amplitud. Los Comunistas definen, nuevamente, aportar al gobierno con un “apoyo crítico”, pero no sería el único apoyo. En su tercer mandato, el Ministro de Economía de Perón fue el empresario José Ber Gelbard. Gelbard había sido durante muchos años afiliado al PCA y de hecho llegó a participar en las finanzas del Partido. A pesar que públicamente jamás lo admitió, era harto conocido por círculos íntimos que, aún durante su gestión como Ministro, Gelbard era un afiliado secreto al PCA.


No obstante, las tensiones al interior del movimiento peronista se exacerbaron. Las guerrillas filo-marxistas y las burocracias sindicales ortodoxas confrontaron por la hegemonía del movimiento mediante violencia armada. Se llegó a conformar la infame Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), organización filo-fascista estructurada transversalmente a elementos sindicales, policiales y mediáticos del país con el objetivo de extirpar del pueblo a dirigentes y militantes cuidadosamente seleccionados para amputar al movimiento popular de elementos de avanzada. Esta organización, ejecutora de Terrorismo de Estado, estaba sensiblemente relacionada al Ministerio de Bienestar Social, gestionado por el infame “brujo”, José López Rega. La Triple A, con sus más de 1100 víctimas llevó a cabo lo que se denominó como un “genocidio quirúrgico”. Las tensiones del PCA con el peronismo no tardaron en aparecer, puesto que los comunistas también fuimos blanco del terrorismo de Estado de la Triple A.


Con la muerte de Perón, el 1 de julio de 1974, y la asunción de María Estela Martínez de Perón, “Isabelita”, mucho más cercana a López Rega, la Triple A y la burocracia sindical peronista, el PCA y el gobierno rompen definitivamente relaciones. La escalada de violencia, caos y crisis económica fue preparando el golpe de Estado de 1976. Que abriría la noche más oscura de la Argentina, siendo una de las dictaduras más sanguinarias de la historia americana. 30.000 argentinos no sobrevivirían al terror que estaba por llegar.


III. Dictadura de la Junta Miliar, Retorno de la democracia y el XVI Congreso del PCA.


La dictadura militar, autoproclamada como “Proceso de Reorganización Nacional”, fue el período más oscuro de nuestro país que comprendió los años 1976-1983. Durante el mismo se llevó a cabo el mayor genocidio que la Argentina conociera. Y con un método particularmente siniestro: la desaparición forzada de personas. Las cifras (discutidas por los negacionistas del genocidio) ascienden al macabro número de 30.000 detenidos-desaparecidos. Durante este período, el PCA sufriría centenares afectados por la dictadura, entre detenidos, torturados, asesinados y/o desparecidos. No obstante, una gran polémica sucedió en el seno del PCA. En las vísperas del golpe, el PCA había realizado una lectura errónea sobre las fuerzas internas en el seno de las FFAA. Caracterizando que había dos tendencias generales en puja por la hegemonía de las FFAA. Estas eran, por un lado, un ala “pinochetista” (de carácter filo-fascista que sería el correlato de la genocida dictadura de Augusto Pinochet en Chile) y otra “no-pinochetista”, que en teoría sería la que comandaría a la Junta Militar. Cabe destacar que esta caracterización, aunque errada, tenía su grado de verdad. Aún hoy, ex miembros de las fuerzas represivas de la dictadura, como el candidato de ultra-derecha, Gómez Centurión, reconocen que existían dos facciones claramente enfrentadas en las FFAA. No obstante, el Partido reconoció que fue un error no condenar el golpe durante sus momentos iniciales, como también fue un error el llamado a una “convergencia cívico-militar” para sortear el desastre económico-social dejado por el errático y represor gobierno de Isabel Perón. Cabe resaltar que el PCA no apoyó la dictadura, como los servicios de inteligencia y colaboracionistas reales intentan aún hoy hacer creer. Pero sí es verdad, que al menos en principio, no hubo una actitud combativa contra el golpe, aunque los militantes comunistas lucharon en sus distintos ámbitos para poder lograr el retorno a la democracia. Y cuando quedó claro el carácter continental (Plan Cóndor), represivo y neoliberal de la dictadura, el PCA se sumó a sectores peronistas y radicales (UCR) para batir a la Junta Militar, como la Multipartidaria y el Convenio Nacional Democrático.


Con la derrota militar de la Guerra de Malvinas (1982), la dictadura agotó todas sus fuerzas y el retorno a la democracia era cuestión de tiempo. En 1983 se celebraron las primeras elecciones democráticas sin proscripciones en muchas décadas en la Argentina. El PCA, nuevamente se alió al peronismo para apoyar al candidato del Partido Justicialista (ex Partido Peronista), Ítalo Luder a la presidencia. Luder, que contó con 5.995.402 votos (40.16%) perdió por un 11% contra el candidato de la UCR, Raúl Alfonsín, con 7.724.559 votos (51.75%). Con Alfonsín se abre un gobierno socialdemócrata que entrará en una fuerte crisis económica hacia finales de su mandato, el cual no podrá terminar.


La derrota electoral del ’83, los cuestionamientos internos por la actitud durante la dictadura, la urgente necesidad de un recambio de dirigencia y dudas sobre la aplicación de la línea política histórica llevaron a que en 1986 se celebrara el XVI Congreso del PCA. Quizás el Congreso más importante de la historia del Partido, denominado como “el viraje” revolucionario. El XVI Congreso fue el mayor proceso de autocrítica que haya efectuado alguna fuerza política argentina en la historia. Se criticó duramente la posición durante la dictadura; se denunció una desviación socialdemócrata en el seno del Partido; una tendencia al seguidismo reformista y la necesidad de la “transformación leninista” del Partido. A pesar de la autocrítica, lejos de cambiar la línea política, el PCA reafirmó en el XVI Congreso la línea histórica de la Revolución Democrática, Agraria y Antiimperialista y el Frentismo de Liberación como estrategia política frentista. No obstante, a partir de finales de los 80 y principios de los 90, en el seno del Partido se empezará a dar una desviación electoralista, izquierdista y en algunos casos incluso liquidacionista. Con la caída de la URSS y la cooptación del movimiento peronista por una tendencia neoliberal (encabezada por el presidente Carlos Menem), el PCA empezará a llevar a cabo una práctica de “unidad de las izquierdas” con los frentes Izquierda Unida (que tendrán dos capítulos históricos). La relación con el peronismo jamás había sido más distante que durante esta etapa. Y en su lugar, la conducción del PCA prefirió priorizar la unidad con sectores trotskistas. Las formas leninistas de organización fueron completamente abandonadas, las células dejaron de funcionar como tales, los comités regionales eran cascarones vacíos y 1/3 del Comité Central directamente abandonó sus puestos, y los suplentes jamás los ocuparon. De 1989 a 1999, el país fue presidido por el neoliberal, pero “peronista”, Carlos Menem. Continuando así la política neoliberal instaurada por la dictadura, apenas rozada por el gobierno socialdemócrata de Alfonsín. Y profundizando un proceso de privatizaciones y prioridad del capital financiero que llevaría a la Argentina a la mayor crisis económica de su historia (2001).


IV. Crisis del PCA, el Congreso Extraordinario, 2001 y la asunción de Néstor Kirchner.


La crisis interna del PCA se había vuelto insostenible. Llegada hasta el punto de haber habido intentos por liquidar al Partido y volverlo alguna corriente interna de organizaciones reformistas. Ante la crítica situación, y el pedido insistente pero desoído de un importante número de afiliados es que en 1996, representantes de organizaciones Provinciales, Regionales, Municipales y Barriales de Buenos Aires (capital), Buenos Aires (provincia), Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Formosa, Chaco, Corrientes, San Juan, Salta y otras, realización el Congreso Extraordinario del Partido Comunista. Este Congreso tuvo por objetivo el debate de la situación del Partido, analizar las causas de la crisis y retomar la línea histórica del Frentismo de Liberación (y la Revolución Democrática), en oposición a la postura “oficial” del CC de la “Frente de izquierdas”. Esta línea también representaba el regreso de la construcción en unidad con las masas peronistas. Postura nada fácil de sostener cuando aún la conducción, sindical y política, del peronismo estaba en manos de sus expresiones más claramente neoliberales. Pero el Congreso Extraordinario entendía que las masas obreras y populares representadas por el peronismo, poco y nada tenían que ver con la presidencia de Menem y aún éstas podían ser un factor determinante (y central) para un proceso de liberación nacional en camino al Socialismo. Este Congreso dio vida al Partido Comunista Congreso Extraordinario (PCCE), corriente que retomaba la línea histórica del PCA, del Frentismo de Liberación y unidad con el peronismo. Desde ahora, la historia del Comunismo Argentino, al menos por un tiempo, se contaría a dos voces.


El PCCE no se estructuró como Partido Comunista “propiamente dicho” hasta varios años después de 1996, con la esperanza de retomar el debate interno para que sea el PCA quien retome la línea histórica. Agotada esta posibilidad, el PCCE se estructuró bajo el centralismo democrático, adoptando el rol de reconstructor del Comunismo como tradición política en la Argentina.


La gran crisis del 2001 golpeó a todas las fuerzas políticas del país. Es justo decir, que ningún partido tuvo la fuerza suficiente para poder imponerse en el momento del “argentinazo”, cuando el pueblo argentino, harto de la explosión de los índices de desigualdad, pobreza, desocupación y represión, salió a las calles hasta lograr la renuncia del entonces presidente radical, Fernando de la Rúa. La mayor crisis institucional del país sucedía, mientras 5 presidentes asumieron y renunciaron en el lapso de una semana. El “corralito”, de tan solo unos meses atrás, había borrado de la faz de la tierra los ahorros de millones de argentinos, dejando a la mitad del país en la pobreza.


Es en este contexto, de catástrofe producida por casi 30 años de neoliberalismo, que el 25 de mayo de 2003 asume la presidencia el peronista Néstor Kirchner. Electo con tan sólo el 22,2% de los votos, y viniendo de sectores afines al neoliberalismo peronista, las expectativas eran bajas. Pero apenas asumió el mandato, Kirchner demostró un viraje radical en las políticas de los últimos años. Daría inicio al ciclo de gobiernos Kirchneristas que abandonarían las “relaciones carnales con los EEUU”, propias del neoliberalismo menemista, y en cambio optarían por la construcción de la unidad iberoamericana. Al mismo tiempo, las políticas neoliberales se abandonaron en pos de la construcción de un Estado de Bienestar aggioarnado a la realidad del siglo XXI. Las políticas de DDHH que llevaron a responsables del genocidio a prisión, incluyendo al ex dictador Jorge Rafael Videla, las reformas en las FFAA, la reestructuración de la Corte Suprema de Justicia, la mayor quita de deuda pública de la historia argentina, la recuperación de los fondos de pensiones, el proceso de industrialización, el aumento cuantitativo de la clase obrera sindicalizada y políticas sociales “progresistas” hicieron que el impacto de estos gobiernos se analizaran con profundidad. Mientras que el PCA se mantuvo escéptico al respecto de estos gobiernos hasta después del 2008, el PCCE adoptó inmediatamente en 2003 un apoyo al nuevo proyecto político.


V. Actualidad y perspectivas.

En la actualidad, la Argentina es gobernada por el Frente de Todos (FdT). Coalición amplia, con hegemonía y centralidad del peronismo como principal movimiento político nacional. Y por primera vez desde los ’90, casi toda la izquierda (no trotskista) o bien es parte del armado frentista o bien apoya al nuevo gobierno presidido por Alberto Fernández. El Comunismo Argentino retomó su histórica línea de unidad con el peronismo, pero en condiciones muy desmejoradas. En la actualidad, se plantea la necesidad de construir “el Partido Comunista que la Argentina necesita”. Reconociendo que la gran crisis sufrida por el PCA en los ’90 aún no fue del todo sanada. El PCCE ha tomado desde el 2003 una postura consecuente con esa línea histórica, formando parte de diversas experiencias frentistas con el peronismo. Como el Frente para la Victoria (FPV), Unidad Ciudadana (UC) en la provincia de Buenos Aires y hoy en día, el Frente de Todos (FdT). Adoptó, además, la tarea de “reconstruir” al Partido, hoy bajo el nombre de Partido Comunista Congreso Extraordinario. No obstante el PCCE reconoce que son una parte de los comunistas argentinos, y no abandona el diálogo con ningún espacio que pretenda el mismo objetivo estratégico. El PCA no se sumó al FPV hasta luego del 2008, considerando durante varios años que Kirchner era un continuador de las políticas de su “padrino” político, Eduardo Duhalde (presidente durante el período irregular de 2002-2003). No participó de UC, aunque sí llamó a votar por Cristina Kirchner (candidata a Senadora por dicho frente) y sí es parte hoy del FdT.


VI. Conclusión.


La línea histórica del Comunismo Argentino, contrario a lo que la propaganda conservadora y macartista ha hecho creer, siempre ha sido la unidad con el peronismo. Entendiendo a éste como un movimiento heterogéneo, amplio, complejo y netamente argentino. La unidad de estas históricas tradiciones políticas criollas es una pieza clave en cualquier proceso de liberación nacional y revolucionario que se pueda iniciar en el país sudamericano. Hoy en día, Comunistas y Peronistas celebran varios años ininterrumpidos de unidad política, teniendo en cuenta sus corrientes internas. Ambos, sin embargo, tienen dificultades. La extrema heterogeneidad peronista ha llevado que disputas internas influyeran en las elecciones presidenciales del 2015, perdiendo así frente al candidato neoliberal Mauricio Macri. Por otro lado, el Comunismo Argentino aún está en una etapa de reconstrucción. En palabras del Secretario General del PCCE, Pablo Pereyra, pronunciadas con motivos de una reunión del Comité Central en diciembre del 2019: “No podemos quedarnos con una foto. Ni la foto del Partido de hace 20 años (que ya no lo somos), ni la foto del Partido que tendríamos que ser. Porque ninguna de las dos es correcta (…) Con el Partido que tenemos, cómo llegamos al Partido que tenemos que ser. Y eso lo hacemos año a año. En esta reunión del Comité Central lo que hicimos fue un balance de cómo llegamos hasta acá y un plan de cómo proponemos acercarnos un paso más a ese Partido Comunista que nuestra Patria necesita”.


Para todo Marxista-Leninista argentino, que se precie de tal, hay que comprender que la unidad con el peronismo es un eje central de la política popular. Sin esa unidad, demostrada históricamente, defendida por los Congresos históricos, y argumentada por los históricos líderes del Partido, ningún cambio estructural ni revolucionario es posible en la República Argentina.



Bibliografía:


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