8.8- Revoluciones con sujeto

Por Christopher Manuel Ferreira Escobar



Resumen: En rigor, toda acción está mediada, emprendida y soportada por sus materialidades varias. A raíz de 18 de Octubre en Chile, y a más de un año de ello, preguntarse por el sujeto de la revolución resulta pertinente y medular. Ante esta aclaración, ¿cómo observar que la acción no responde a más de lo mismo? ¿Qué tipo de sujeto es el sujeto de las revoluciones? Este ensayo busca evidenciar una lectura que problematiza cuestiones relacionadas al sujeto, a su estructura y funcionamiento, permitiendo así, dar otro pensar para una imaginación política distinta. Para ello, este escrito tiene como objetivo capital evidenciar los límites del texto “Revoluciones sin sujeto” de Santiago Castro-Gómez referido a las conceptualizaciones y condiciones de emergencia del sujeto en Žižek. Con esto pretendemos plantear una salida al problema que observamos en la interpretación de Santiago Castro-Gómez, cual es, la de entender la negación de la negación como reconocimiento por parte del sujeto de su carácter escindido como cuestión ontológica. El ensayo se presenta en una sola pieza, Qué sujeto.


Palabras clave: Negación de la negación, sujeto, revolución.



I. Qué Sujeto


La estabilización conceptual que hace Santiago Castro-Gómez de Žižek tiene como objetivo problematizar sus sentidos, pero en particular, evidenciar las consecuencias políticas y problemáticas que ellas vehiculizan, como también la deficiencia de la interpretación foucaultiana que hace el esloveno(Castro-Gómez, 2015). Más allá de los diferenciados aquietamientos conceptuales que despliega sobre Žižek, me aboco a su interpretación del sujeto de la doble negación, donde muestro una serie de límites siguiendo los propios textos de Žižek como de Ricardo Espinoza Lolas, los cuales veremos a continuación.


La posición que representa el sujeto de Žižek para el colombiano es la que “emerge del fracaso del orden Simbólico”(Castro-Gómez, 2015, pág. 41). En efecto, para Castro-Gómez, si éste surge, sólo es en cuanto resultado del fracaso del orden simbólico. De esta manera, la relación sujeto-orden simbólico es clara, pero no es mutua, sino de dependencia, en tanto que acaece primero el orden simbólico como hecho primigenio de la emergencia del sujeto. La posición del sujeto, por lo tanto, no responde a un orden sino a una crisis, es decir, a una disfunción de lo que antes era rutinario. En otras palabras, la presencia del sujeto, su aparecer, es, sin más, dependiente del fracaso del orden simbólico.


Este fracaso del orden simbólico es posible porque el mundo es de manera ontológica incompleto (Castro-Gómez, 2015). Lo que hay, al ser incompleto a nivel ontológico es el devenir de la caída, de la fractura del mismo orden. Es por esto que “el mundo no es sustancial”(Castro-Gómez, 2015, pág. 40). Somos instinto de muerte, o en palabras de Freud, pulsión de muerte.


Ahora bien, al existir una elisión inmanente a lo ontológico no solamente se infiere una inconsistencia en este plano, sino una caída del mundo, del orden del mundo como se explicito anteriormente proveniente de otro lugar como dato primero y gestante. Aquí observamos un problema, puesto que la relación parece ser invertida, como el fracaso es ontológicamente a ella, la cuestión del orden simbólico ahora se pone como efecto. Esto no queda claro en la condición de emergencia del sujeto expuesta en el segundo párrafo.


Tenemos entonces, que Castro-Gómez evidencia que el surgimiento del sujeto responde al fracaso del orden simbólico. Pese a esto, hemos visto que posteriormente hay una lectura que da cuenta del fracaso como cuestión inmanente a lo ontológico. Como podemos apreciar, tenemos dos lecturas del surgimiento explicativas de la caída, de la disrupción.


Dicho todo esto, al indicar que lo ontológico es incompleto, Castro-Gómez no lleva esta indicación hasta sus últimas consecuencias, la cuales abordaré más adelante. Es por ello que insistiendo en la primera relación —donde el sujeto es efecto del derrumbe del orden simbólico, y aludiendo a Foucault, le es posible indicar que, según Žižek, cualquier estructura de poder está dividida.


El ejemplo que refleja la insistencia del derrumbe del orden simbólico como dato primero, puesto que la estructura está dividida, es una interpretación que se podría desprender del la crítica del esloveno hacia Foucault en la circulación del poder y la resistencia de la misma, ya que la resistencia al poder se sitúa en la misma red “del poder que procura socavar”(Castro-Gómez, 2015, pág. 39). Mencionada critica de Žižek hacia Foucault se presenta también en otro texto: “Creo que —y él lo admitió [se refiere a Foucault] en una entrevista tardía— él sostiene allí una suerte de cierre total del círculo de la resistencia del poder. Toda resistencia es previamente suscitada por el poder; precisamente, cuando resistimos, de hecho ya estamos…, así que es un cierre total”(Lolas & Barroso, 2018, pág. 371). De esta manera, la crisis, y por ello la ruptura en Foucault es por la resistencia del mismo poder. Entonces, para solucionar el problema del cierre total que expone Žižek en Foucault —el cual sí comparto como hecho existente en la obra del esloveno en cuanto crítica—, parece pertinente sostener, para Castro-Gómez, que la propia estructura, siguiendo una línea argumental Žižekiana, el propio dispositivo, cae porque está dividido y no porque el mismo poder genera su resistencia. En este sentido se refuerza la tesis del colombiano en que en el esloveno la estructura está dividida.


No obstante, para mí la cuestión es al revés, en Foucault es posible observar una lectura de la estructura y su división como hecho posible de separación entre un orden y el surgimiento del sujeto o, mejor dicho, del efecto de des-subjetivacion. De todas maneras, se trata de una cuestión estructural per se, en sí misma. Esta lectura nos lleva al Foucault estructuralista, en donde la arqueología expresa con fuerza la hipótesis. Si hay algo que caracteriza al movimiento que se despliega en la arqueología es justamente una estructura subyacente a los discursos; las cosas son producto de un orden:

Las formas góticas subsisten aún por un tiempo, pero poco a poco se vuelven silenciosas, cesan de decir, de recordar y de enseñar, y sólo manifiestan indescriptible para el lenguaje, pero familiar a la vista, que es su propia presencia fantástica. Liberada [destaco] del texto que la ordenaba, la imagen comienza a gravitar alrededor de su propia locura (Foucault, 1990, pág. 34).

En Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas es nítida la cuestión estructural que da emergencia a las diferenciadas discursividades y explicaciones de los distintos periodos aquí tratados. Por otra parte, la metáfora de la revista el dorsal, sobre los dorsales, muestran esta misma condición estructural (Ciencuenta años de las palabras y las cosas, 2016). También lo indica Juan Pablo Arancibia respecto a la arqueología, en donde el discurso es expresión del orden (Arancibia, 2010). Al contrario de lo que expresa Castro-Gómez, en Žižek no se puede sostener esto de que la estructura está dividida como explicación de la emergencia del sujeto como ya pronto veremos.


Retomando la concepción del sujeto que es el efecto del fracaso del orden simbólico, el problema crucial es tratar por separado aquello que es intrínseco, pero inverso, —el sujeto primero, lo simbólico después— de acuerdo al primer ejemplo como lo entiende Castro-Gómez. Ya retomaré esto.