9.10- La cuestión nacional y la Leyenda Negra en México: Vicente Lombardo Toledano y José Revueltas

Por Juan Rodríguez Cuellar (1)


Resumen: La cuestión nacional, teorizada por Marx, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburg, asumida como un problema relevante desde la generación de izquierda comunista ha sido un tema central para entender tanto las interpretaciones históricas como las estrategias y tácticas llevadas a cabo por dichos partidos y movimientos. En esta serie de artículos nos centramos en una serie de autores que escriben desde México y sobre la cuestión nacional en un periodo histórico de suma importancia que abarcaría desde los años treinta y hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial y que, creemos, va a determinar hacia el futuro las lecturas teóricas y posiciones tomadas al respecto. En esta determinación histórica debemos incluir la involucración que existe entre la posición asumida sobre la cuestión nacional y la leyenda negra antiespañola más o menos interiorizado y asumida explícita o implícitamente que constatamos sigue muy presente en estos autores que vamos a estudiar, principalmente por la gran influencia que ha ejercido la esfera angloamericana como principal actor imperial y propagandístico negrolegendario a lo largo del siglo XX.


Palabras clave: Cuestión nacional, marxismo-leninismo, bolchevismo oriental, bolchevismo occidental, leyenda negra, México.




I. Introducción.


El problema de la cuestión nacional dentro del marxismo-leninismo es fundamental para entender su interpretación de los estados-nación y la solución dada por estos al problema de las nacionalidades. Su resolución suponía entender la supuesta alienación de la humanidad debido a su fractura y desarrollo en múltiples culturas cuya unidad venía siendo más o menos inestable. De aquí se dedujo que sería obligatorio que cada unidad cultural fuese atravesada por una Revolución cultural a través de la cual se lograría alcanzar en un horizonte futuro la unidad de la Humanidad. La dificultad salió al paso cuando se trataba de establecer la relación que estas esferas culturales nacionales debían de tener respecto de un proyecto universal del género humano que tenía -en el caso aquí tratado- al proletariado como horizonte en un contexto en el que cada vez era menos dado el aislacionismo internacional de las sociedades humanas.


La complejidad de dicha cuestión se hacía más patente en aquellos países donde convivían multitud de minorías nacionales (étnicas), como era el caso de la Unión Soviética y como también lo era el caso de México, ¿cómo debía entenderse la relación entre estas culturas minoritarias y la cultura universal?, ¿la estructura de México era la de una nación política originada de una revolución burguesa o la de un Estado multinacional como lo era Rusia donde no se había producido dicha revolución? De esta pregunta se seguía la siguiente, ¿era la Unión Soviética de Stalin un ejemplo a seguir en la cuestión de las nacionalidades?


Tres acontecimientos internacionales marcarían decisivamente el periodo que recorre la presidencia de los gobiernos de Lázaro Cárdenas (1934-1940) y de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) respecto del debate suscitado en torno a la cuestión nacional desde el marxismo-leninismo mexicano.


En primer lugar, el tratamiento dado por Stalin al problema de las nacionalidades en la conformación de la Unión Soviética que dio lugar a una época de gran desarrollismo industrial que terminaría consolidándola en un breve plazo como una gran potencia mundial con la vista puesta en la contención y victoria sobre la amenazante Alemania nazi. Desde el comunismo soviético de Stalin convertido en materialismo dialéctico (Diamat) se rechazó toda postura liquidacionista, es decir, todo tipo de reivindicaciones secesionistas, normalmente provenientes de las filas socialdemócratas o anarquistas que tendían a sustantivar el carácter psicológico o el deseo de la comunidad como aspecto autofundante de la misma nacionalidad. Como freno a estas disidencias, la estrategia empleada fue la autonomía regional alternada con fuertes inversiones extranjeras que supuso una rápida elevación cultural de las poblaciones anteriormente estancadas y aisladas. Estos avances sociales y económicos tuvieron una gran resonancia mundial como consecuencia de la grave crisis económica desencadenada en los Estados Unidos con el crac de 1929, la Unión Soviética fue elevada a la categoría de modelo-guía ante el aparente desmoronamiento del capitalismo.


En segundo lugar, la Guerra Civil española y el desenlace a favor del bando franquista generó una gran expectación mundial sobre todo en México a donde terminarían siendo acogidos una numerosa población exiliada española del bando perdedor. El acercamiento de Franco a la Alemania nazi, en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, debido a su vocación germanófila -moderada a partir de 1945-, y la propaganda de cruzada nacional frente al comunismo, fue lo que reavivó la propaganda de odio hacía una España peninsular que ya desde el siglo XIX venía siento etiquetada desde la propaganda negrolegendaria protestante como atrasada, decadente y ahora también fascista. Esta peculiaridad sumada a diversos proyectos promovidos por la Iglesia católica y la Falange destinados a estrechar lazos con las repúblicas americanas hizo saltar las alarmas de la propaganda panamericanista en un momento en el que el espionaje nazi estaba a la orden del día en México de manera que los partidos y organizaciones de derecha socialista y de derecha no alineada como la Unión Nacional Sinarquista, la Acción Revolucionaria Mexicanista, el Partido de Acción Nacional y el Partido Autonomista Mexicano eran vistos como quintacolumnistas desde la plataforma de la izquierda comunista. Sin embargo, no deja de ser interesante constatar que, ante el nuevo ciclo de guerra imperial, los grupos marxistas en México utilizasen el caso español como arma propagandística para alentar un frente popular para estrechar la solidaridad no sólo a nivel nacional sino también con la intención de crear un bloque imperial continental liderado por los Estados Unidos que pudiera hacer frente a las amenazas alemanas y llegado el caso a las españolas.


En tercer lugar, los acontecimientos desencadenados con la Segunda Guerra Mundial que permitirían un mayor control y dominio continental basal por parte de unos Estados Unidos necesitados de materias primas para su intervención bélica. En este contexto, el Instituto Indigenista Interamericano que había sido inaugurado en México al final de la presidencia de Lázaro Cárdenas (14 de abril de 1940, Pátzcuaro) como motivo de la celebración del cincuentenario de la creación de la Unión Panamericana, aprovechaba las celebraciones del día del indio (19 de abril) para apelar a través de la radioemisoras (Anuario Indigenista [AI], 1942) a la solidaridad pro estadounidense, agitando el fantasma del nazismo y el fascismo que se cernía sobre el continente americano en caso de que vencieran las potencias del eje. Desde su mismo origen dicha institución tenía como uno de sus objetivos promover el “espíritu panamericano” a través de las “ideas democráticas” (AI, 1943) opuestas a los regímenes autoritarios de la vieja Europa, al mismo tiempo, desde sus órganos editoriales, se dejaba en claro que sus integrantes se desligaban de ideologías tales como el “comunismo ortodoxo” de “genuinas fórmulas soviéticas” y del “nazi-fascismo” (AI, 1944).


Por último, debemos precisar, aunque sea brevemente, que desde nuestras coordenadas interpretamos a México como una nación política surgida a partir del Estado virreinal y constituida a través de tres revoluciones o transformaciones: 1) “Guerra de Independencia” (1810-1821), 2) Guerra de Reforma (1858-1861) y 3) Revolución Mexicana (1910-1917), a las cuales hoy habría que considerar una Cuarta Transformación que se pregona a modo de ideario y lema político desde el partido Morena vencedor en las últimas elecciones bajo la figura del actual presidente Andrés Manuel López Obrador. De estas tres transformaciones se puede decir que es la segunda, la revolución burguesa que enfrentó a la izquierda liberal de Benito Juárez frente a la derecha primaria, y que se extendería hasta la derrota final del Segundo Imperio mexicano de Maximiliano (1867), en la que México quedaría constituido y consolidado como nación política, si bien el proceso de racionalización holizadora había comenzado anteriormente y continuaría después profundizándose. Para esta segunda transformación podemos destacar los siguientes cambios sirviéndonos de las tres capas del poder político del Estado: en la capa conjuntiva, consolidando una República Federal presidencialista; en la capa basal, eliminando los fueros militares y mediante las Leyes de Reforma que nacionalizaron los bienes del clero, adoptaron la separación de la Iglesia y el Estado, suprimieron las órdenes religiosas (cofradías, congregaciones y hermandades), permitieron los matrimonios en registros civiles, la secularización de los cementerios y la aprobación de la libertad de cultos; y en la capa cortical, conteniendo y delimitando las fronteras tras la última invasión estadounidense y francesa.



II. Vicente Lombardo Toledano (1894-1968).


A Vicente Lombardo Toledano hay que situarlo como el máximo referente del comunismo mexicano de la primera mitad del siglo XX a pesar de no haber militado en el partido Comunista Mexicano. Nació en el seno de una familia de origen italiano enriquecida en México por la minería y venida a menos a partir de la Revolución. Perteneció al grupo de los llamados Siete Sabio (Manuel Gómez Morín, Alberto Vázquez del Mercado, Antonio Castro Leal, Alfonso Caso, Teófilo Lea y Leyva y Jesús Moreno Vaca) fundadores de la Sociedad de Conferencias y Conciertos en septiembre de 1916 con la intención de servir de difusión cultural. Se destacó sobre todo por su labor sindical tanto a nivel nacional como internacional, fundando el 26 de febrero de 1936 la Confederación de Trabajadores de México (C.T.M.) y unos años después, en 1938, la Confederación de Trabajadores de América Latina (C.T.A.L.) que tuvo un papel destacado durante el Gobierno del presidente Lázaro Cárdenas. Una de las características de su pensamiento que lo acompañó toda su vida fue su antiimperialismo, idea muy arraigada en diversas capas de la sociedad mexicana ya desde el siglo XIX, y que aparece explicitado tempranamente ya en su panfleto La Doctrina Monroe y el Movimiento Obrero (1927).