9.6- Notas etnográficas: entre producción y reproducción

Por Artur J. Llinares Pacia


Resumen: En las próximas líneas nos hemos propuesto reflexionar, al amparo de lo planteado, entorno a la reproducción y su vinculación con el trabajo moderno. Primero abordando la cuestión del surgimiento del mundo de la disciplina industriosa, para luego introducirnos en la actual organización de la “vida cotidiana”. Finalmente nos preguntaremos por algunos de los límites y potencias que desvela este campo.


Palabras clave: Tiempo, disciplina, sociedad, producción, reproducción.





I. Introducción.


Gustavo Bueno (2018) (1) en una charla –entre clásica y polémica– hizo notar sobre parte de lo que nos congrega hoy aquí:


La reproducción es un concepto industrial, donde los granjeros reproducen, si pueden ser clónicos, las ovejas y los caballos y el ganado para ajustarse a las demandas del mercado. Pero la reproducción es una metáfora tomada de la cultura precisamente, no al revés. La reproducción es, por ejemplo, la reproducción de una moneda a partir de un molde que se establece, o del troquel. Y así la forma es el troquel y cada moneda va reproduciendo, a ser posible, de un modo casi clónico, por lo menos a la escala que interesa, pero siempre con características de cada moneda que permitan que no se cuente dos o tres veces la misma moneda porque si no habría comercio. Es decir, incluso en el caso más claro de la reproducción, hay una reproducción clónica. Es imposible que hayan dos cosas idénticas.


Así pues el concepto de reproducción aplicado sistemáticamente a la biología es falso porque si hubiera reproducción no habría evolución, en cada caso de “reproducción” hay una diferencia esencial de los hijos a los padres, más o menos pronunciada. Esta diferencia obliga a, en vez de hablar de reproducción hablar de multiplicación, o transformación multiplicativa. […] Esto permite que se llegue a puntos donde surgen nuevas especies.


De este texto nos interesan las dos dimensiones que tan brevemente retomó el filósofo riojano. Por un lado, la reproducción como vinculada al surgimiento de la industria moderna, si bien con antecedentes. Por otro lado, la relación que se establece con la “vida”, que parece irresolublemente dividida entre la vida biológica (ζωή [Zoé]) y la cultural (βίος [Bios]).


En las próximas líneas nos hemos propuesto reflexionar, al amparo de lo planteado, entorno a la reproducción y su vinculación con el trabajo moderno. Primero abordando la cuestión del surgimiento del mundo de la disciplina industriosa, para luego introducirnos en la actual organización de la “vida cotidiana”. Finalmente nos preguntaremos por algunos de los límites y potencias que desvela este campo.



II. Tiempo, disciplina y sociedad.


El trabajo se ha organizado de modos muy diversos a lo largo del tiempo y del espacio. Ambos aspectos han estado fuertemente vinculados a la antropología: nos es imposible pensar en los cazadores recolectores sin pensar en su movilidad (Binford, 1980) (2), al igual que es ineludible al pensar en los maring estudiados por Rapapport pensar en esos amplios procesos de 20 años que transcurre entre guerra y guerra mientras van alimentándose a los cerdos (Rapapport, 1975) (3).


La moderna sociedad industrial, igual que otras formas de trabajo, presenta sus propias exigencias, si bien siempre con un margen para la diversidad de procederes.


Thompson (2019, 472) (4) en un artículo ya clásico se preguntó por:


–nuevas disciplinas, nuevos incentivos y nueva naturaleza humana sobre la que pudieran actuar estos incentivos de manera efectiva-, ¿hasta qué punto está todo esto en relación con los cambios en la representación interna del tiempo?


Su conclusión era clara, el tiempo había pasado de adaptarse a las circunstancias humanas a ser el hombre el que se adaptara a él. Así pues, desde el siglo XIV se erigen relojes públicos, y se instaura el toque de campanas mediante donaciones caritativas, emergiendo el hábito del convento a las ciudades (Munford, 2010) (5). Las escuelas se despliegan como un dispositivo para garantizar la «industriosidad» desde bien chico a las personas, las hojas de horas se perpetúan en las fábricas y el escamoteo por horas extra será la nota final con la que abrazamos en nuestros siglos –uno también nació en el pasado siglo– la disciplina laboral:


[Antes de la guerra] el «hacer horas extra», como ahora se dice, era un acto de insolidaridad, algo peligroso para el obrero. Hoy la obsesión es hacer «horas extraordinarias». Conservar las tareas propias como sea y no ocuparse demasiado del vecino.


Caro Baroja; 1972: 143 (6)


No obstante, como bien advierte Elias (2010) (7) en un ensayo ya clásico sobre el tema, no debemos someter a la dicotomía entre tiempo natural/tiempo social a este proceso. Así, sin negar el trabajo de Thompson, podemos proponer la siguiente relación recíproca entre tiempo y trabajo:




Ilustración 1. Esquema de la relación de codeterminación entre Trabajo y Tiempo.



III. Producir y reproducir.


Estas relaciones recíprocas nos permiten comprender aspectos como que en la actualidad aun existan grupos relativamente regidos por otros órdenes cronológicos más “anárquicos” como los estudiantes o la gente con alto poder adquisitivo que se dedican a “nadear”. Pero también ello da razón –a diferencia del concepto de «orientación al quehacer» del historiador británico- de que esta disciplina también se encontraba en periodos previos, tan antiguos como el Egipto del siglo XXI A. de J. C. (Baer; 1963) (8). Por otro lado, este tiempo no afecta solo al trabajo, como bien ha estudiado Ekirch (2001) (9) por ejemplo, sino que termina por afectar a ma