2.11- Artículo extra: homenaje a Martin Licata - El "Marxismo cultural"

Actualizado: mar 8

Martín Licata (1991-2018)



En La Razón Comunista publicaremos algunos de los artículos que Martín Licata (Martín D'Amico o IonaYakir) legó en redes sociales y en diversos medios de Internet.


De esta manera, homenajearemos, con una sección periódica fija, a una de las más prometedoras figuras del marxismo en español que existieron a comienzos del siglo XXI, arrebatado al movimiento comunista demasiado pronto.


Este primer texto versas sobre el llamado "marxismo cultural".


Para entender el origen de este término, transcribimos lo que sobre el mismo redactó Santiago Armesilla para su libro La política en 100 preguntas, que editará Nowtilus el próximo 2020:


Con “marxismo cultural” se refieren los grupos conservadores a la “infiltración” de las ideas de la Escuela de Frankfurt, institución marxista alemana de la década de 1920, en las universidades estadounidenses primero, y de todo el mundo occidental después, para acabar con las tradiciones y valores de dicha civilización y asentar un nuevo orden mundial en una sociedad política post-estatal absoluta, multicultural e igualitarista. En un inicio, filósofos de la Escuela de Frankfurt como Max Horkheimer (1895-1973) y Theodor Adorno (1903-1969) hicieron énfasis en el análisis de los elementos antropológicos y culturales de las sociedades políticas para ver su influencia sobre la base económica. Es decir, los llamados “estudios culturales” de la Escuela de Frankfurt, que ya habían surgido antes en el Reino Unido, se centraron en cómo la cultura era un instrumento de la clase dominante sobre el proletariado. Por tanto, la Escuela de Frankfurt, en los términos manejados por el marxismo, analizaría críticamente la corrección política de cada sociedad política concreta, en vez de fomentarla. Sin embargo, el filósofo, político y economista estadounidense Lyndon LaRouche (1922-2019), inicialmente trotskysta y precandidato a la presidencia de su país por el Partido Demócrata en siete ocasiones, fundó en 1973 el Partido Laborista de los Estados Unidos, alrededor del cual generó el llamado movimiento LaRouche, que inspiró la gestación del Instituto Schiller, un think tank que fue el primero en promover públicamente la idea de que la Escuela de Frankfurt pretendía, mediante la corrección política, destruir la civilización occidental a través de la hegemonía en los medios de comunicación de masas y en la Universidad. Los grupos de la izquierda política, definida e indefinida, fueron siempre blanco de los larouchistas, llegando a formar bandas callejeras que agredían a personas militantes del Partido Comunista de los Estados Unidos y del Partido Socialista de los Trabajadores. El FBI acusó al movimiento larouchista de estar involucrado en agresiones organizadas, secuestros, tráfico de drogas, lavado de cerebro, tiroteos, entrenamiento paramilitar, contactos con el Ku-Klux Klan, asesinatos, suicidios y otros delitos. Y la Liga Anti-Difamación, organización dedicada a combatir la judeofobia, acusó a LaRouche y sus seguidores de antisemitismo y de fascismo, además de comportamientos sectarios. El larouchismo utilizó peyorativamente el término “marxismo cultural” para asociarlo a la corrección política, siendo después utilizado por paleoconservadores, paleolibertarios, neoconservadores, neofascistas, neonazis, la llamada derecha cristiana evangélica estadounidense, el Tea Party, etc., quienes empezaron a asociar el “marxismo cultural” con una supuesta conspiración judeomasónica que pretende acabar con la civilización occidental y la raza blanca.
Todos estos grupos convergieron en una etiqueta-amalgama reciente, la derecha alternativa (alt-right en inglés), opuesta tanto al progresismo como a los conservadores que han abrazado ideas progresistas, así como a los neoconservadores. Sin embargo, los orígenes reales del término se encuentran en el peyorativo Kulturbolschewismus (bolchevismo cultural en alemán), término utilizado en la Alemania nazi para denunciar los movimientos modernistas en artes de la República de Weimar. Incluso en la época en que la Unión Soviética fomentó el realismo socialista, corriente artística que trataba de representar situaciones cotidianas de la vida de obreros y campesinos para, con ello, expandir la conciencia proletaria entre las masas, apartando el modernismo de las prioridades ideológicas soviéticas, se siguió utilizando el término contra este estilo artístico. El larouchismo también atacó las vanguardias artísticas por su supuesto “marxismo cultural”, reivindicando la cultura clásica frente a éste. Este es, al menos, el análisis de Jérôme Jamin (2014).
Lo cierto es que el progresismo, abanderado de la corrección política, y los nuevos movimientos conservadores, neoliberales y neofascistas (alt-right), abanderados de la incorrección política, han desarrollado lenguajes, comportamientos y acciones políticas coherentes con sus espectros ideológicos. La coherencia es lo opuesto a la incoherencia, sin duda. Ahora bien, la coherencia no es virtud. Y de hecho, la acusación por parte de los políticamente incorrectos a los políticamente correctos de “marxismo cultural” no se sostiene, en tanto que el progresismo, debido a la ecualización entre izquierdas y derecha que ya hemos tratado, sería más bien “liberalismo cultural” o simplemente “progresismo”, totalmente compatible con los planes y programas de las clases dominantes de las sociedades políticas democráticas del presente.

A continuación, el artículo de Martín Licata:


La derecha nos hace cargo a los comunistas de la desgracia posmoderna. Hasta inventaron el término "marxismo cultural", no hay peor insulto...


Los mismos que tras la caída de la URSS anunciaron el “fin de las ideologías”, ahora tienen que explicar el resurgir del debate de ideas, en un presente donde no solo no hubo ningún fin de las ideologías (esto hubiera sido antidialéctico), sino que hay más ideologías que antes.


Como materialista la explicación la encuentro en la base, la ideología está en el proceso de producción. Por ejemplo, la posmodernidad se caracteriza por esa crisis de valores, donde uno cree un día en una cosa para después dejarla por otra, en un círculo de ideas superadas y abandonadas, donde la norma es la novedad que envejece y es cambiada inmediatamente por una novedad más nueva. El mismo caso encontramos en el modo de producción, ahí donde todo es convertido en mercancía, trascendiendo la individualidad en cosas abstractas, impersonales, donde se pierde la esencia con la misma velocidad con la que se gana y se pierden los objetos materiales, las posesiones.


Esa correlación del dinero como reflejo del sistema, es plausible que cree en las personas una subjetivación ante la sociedad de consumo, donde uno siente con mucha inseguridad que la esencia y el sentido de las cosas se le escapan de las manos. La absorción de la realidad por ese subjetivismo es una proposición donde se esconden los aspectos políticos de la anatomía burguesa para responder a exigencias de coyuntura. Tal vez eso explique el éxito de las retóricas desconstructivistas donde se plantea vivir sin verdad, sin culpa, sin origen.


Existe una imbricación y una interrelación entre el proceso de producción y las ideologías, donde estas últimas intervienen movidas por la base material; las nuevas preguntas y sus problemáticas, la reformulación de los planteos, la adopción de teorías y metodologías inéditas, la reorganización del sistema educativo, etc. son novedades que en calidad de valores, están insertas no solo dentro de la nueva izquierda sino también dentro de las instituciones burguesas, donde se impone el sistema como un todo, junto a los bienes y servicios que produce, los medios de comunicación de masas, se moldean nuevos hábitos y comportamientos prescritos, algunas predisposiciones emocionales que vinculan de forma satisfactoria a los consumidores con los productores y a través de éstos a la totalidad de un sistema, que se organiza en torno a la necesidad de ampliar el capital. Este aspecto es el que está detrás de toda esa división y polarización cultural cada vez mayor, tanto dentro como entre las sociedades en permanente y creciente alienación.


Martín Licata.




Sobre el autor:

Pequeña biografía de Martín Licata, por Joel Rodríguez, militante de Vanguardia - Escuela de Formación Marxista-Leninista y amigo personal de Martín:


Martín nació el 12 de junio de 1991, en un sanatorio de Recoleta, pero creció en Flores.

Hijo de estudiantes universitarios, siempre interesados en política, que  fue un tema de conversación habitual en su hogar. Además, había una biblioteca surtida a la que Martín accedió siempre, según su edad e intereses.

A Martín, desde muy chico, le encantaba dibujar. Hacía de todo: historietas, cartas, juegos de mesa (inventados por él, claro.) Recuerdo que en 2001 (19 y 20 de Diciembre) con su hermana, dibujaron escenas de la represión que vieron en la televisión.

Cuando un tema le interesaba, lo profundizaba al extremo, desde siempre. Así que conocía todos los dinosaurios, todas las razas de perros, los distintos tipos de arañas (podías encontrar un frasco con alguna araña en cualquier lugar de la casa) y participaba de los torneos de ajedrez que los sábados se organizaban en distintas escuelas públicas.

Le gustaban los libros de animales y el Atlas.Se pasaba horas con el Atlas de casa, así que conocía todos los países, podía ubicarlos en el continente correspondiente y reconocía sus banderas. 

Preguntaba de todo, siempre. A los 9/10 años quiso hacer una historieta especial. Creó una civilización americana, los tenestes. Y con cada cosa que me preguntaba enriquecía el argumento definiendo geografía,  organización política social, religión, tradiciones, guerras de conquista, dinastías y llenó varios cuadernos con la historia de este pueblo imaginario.

Ya adolescente un día pidió a su madre una recomendación para leer una novela  y ella le sugirió a Jack London, y le gustó tanto que leyó todo lo que había en la casa y todo lo que consiguió de London. Y siguieron Melville, Conrad, Viñas, Dostoievsky... y de pronto empezó a leer al Che, a Marx, Maquiavelo, von Clausewitz , Lenin, así, todo mezclado, desorganizadamente.

Empezó a intervenir en varios foros, y a organizar y profundizar sus lecturas. En el Foro comunista y en otros empezó a participar y aprendió a argumentar por escrito.

En esos años comenzó a militar organizadamente, puesto que había asumido el marxismo-leninismo. Era un militante que se destacaba por su disciplina y por tomarse en serio la cuestión del decir lo que uno piensa y llevarlo a la practica.

Esa disciplina que Martín supo tener en el estudio y en la producción de ideas, en el debate generoso y amplio con otras corrientes ideológicas lo fueron poniendo en el lugar de un marxista consecuente, sin temor a nada. Elaboro una cantidad de escritos cuyo eje fue la critica profunda al posmodernismo, mediante los cuales nos advirtió con suma eficacia de las desviaciones en en que incurríamos y que es motivo principal por la que hoy estamos en este proyecto de razón comunista continuando su huella ideológica.

En el último año comenzaron a llegarle invitaciones para dar alguna charla en una Universidad del Litoral , participar de un seminario de extensión y de un proyecto de la carrera de Edición en Filo  y editar un e-book. Nada de todo esto se pudo concretar. Ese domingo (o el siguiente, no recuerdo bien) tenía un asado con la gente de Edición para avanzar con los proyectos. Fue asesinado antes de concretar dichos proyectos, en un crimen cuyo juicio se desarrollará en 2020.








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