2.5- El Modelo Chino: ¿Una amenaza o una alternativa más justa al modelo hegemónico de cooperación?

Actualizado: 8 de mar de 2020

Por Pablo Martín Blanco


Resumen: La ayuda oficial al desarrollo (AOD) sigue siendo en la actualidad una de las formas de cooperación mas extendidas. El estudio de esta materia se ha venido centrando en las formas de cooperación vinculadas a los países occidentales, y mas concretamente a los estándares del CAD (Comité de Ayuda al Desarrollo) y de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Sin embargo, la irrupción de China como nueva potencia mundial emergente ha traído nuevas formas de llevar a cabo la cooperación. Una nueva forma de cooperación condicionada por el pasado del país asiático como antigua colonia y por la coherencia con su propia historia como país que ha sabido, de mejor o peor manera, imponerse en un escenario geopolítico que le era completamente desfavorable Este nuevo paradigma ha colisionado frontalmente con los paradigmas anteriormente considerados como “únicos” o “tradicionales” hasta tal punto que parece que en algunos aspectos están llegando a converger. Ante este nuevo escenario, cobra especial importancia el estudio de la base teórica de ambas formas de hacer cooperación y de los paradigmas que estas contemplan. A lo largo de este articulo intentaremos explicar las diferencias teóricas entre ambos paradigmas con el objetivo principal de profundizar en el estudio de formas de hacer cooperación cada vez más diversas y polarizadas.

Palabras clave: AOD, Hegemonía, China, Altruista, Realista.


El origen de este ensayo se puede situar en la curiosidad que ha desatado el modelo chino de cooperación al desarrollo, unido a las críticas que lleva recibiendo casi desde sus inicios el modelo “occidental” de cooperación, es decir, aquel estrechamente ligado al Comité de Ayuda al Desarrollo (a partir de ahora CAD) y más o menos ligado a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (a partir de ahora OCDE).


Echando la vista atrás hacia la historia de China debemos remontarnos a finales de los años '70. En aquel momento el pueblo chino aún se encontraba sufriendo las consecuencias del “Great Leap Foward”, también conocido como “El Gran salto Adelante”, intento de socialización de la economía por parte del líder revolucionario Mao Zedong que condujo a China a una crisis alimentaria sin precedentes. A partir de 1978 China dejaría atrás los modelos más ortodoxos del socialismo y se embarcaría en una transición hacia una economía de mercado, liderada por el nuevo presidente del Partido Comunista Chino (a partir de ahora PCCh) Deng Xiaoping, esta transición llevaría al país en unas décadas a ocupar el puesto de superpotencia económica y política que ostenta actualmente (Bracho, 2018).


Desde que se inició este proceso, en occidente se consideraba que China solo podría obtener unas cotas de desarrollo similares a las occidentales copiando el modelo occidental, es decir, imitando a occidente. Cuarenta años después estas teorías han caído por su propio peso y por la demostración, por parte de China, de que existe un modelo alternativo de desarrollo económico que da sus frutos (Bracho, 2018).


Desde que China, a principios del siglo XXI, empezara a incrementar su oferta de Ayuda Oficial al Desarrollo (a partir de ahora AOD), se esperaba que esta se situase y se amoldase a la filosofía y las prácticas de ayuda al desarrollo vinculadas al Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sin embargo, China se ha resistido a adoptar estas prácticas, lo que ha supuesto que gran parte de los miembros del CAD cuestionen su propio modus operandi y poco a poco adopten prácticas que, podríamos llamar, “chinas.” (Bracho, 2018) Esto, de una manera u otra ha roto la hegemonía que los países del CAD y de la OCDE ostentaban en los modelos de cooperación internacional al desarrollo. ¿A que nos referimos con esto?


Pues bien, desde una perspectiva neogramsciana aplicada al análisis de la cooperación internacional, la hegemonía del CAD y la OCDE seria la consideración de que las prácticas desarrolladas por estas dos organizaciones articulan y justifican unos intereses particulares (en este caso los de los países desarrollados) que son presentados al resto del planeta como unos intereses generales para toda la humanidad. (Lemus Delgado, 2018)


Esto es, partiendo de la base de que los países desarrollados son los que organizan y gestionan gran parte de la cooperación desde su papel como donantes, ostentan un rol de

poder frente a los países menos desarrollados, que se ven inmersos en una relación de dependencia de estos países. En otras palabras:

“A diferencia de la teoría realista, que reduce la hegemonía a una sola dimensión de la dominación sobre la base de las capacidades económicas y militares, la perspectiva neogramsciana amplía el campo de acción de la hegemonía, la cual es vista como la expresión del consentimiento que se proyecta mundialmente y se manifiesta en la aceptación de las ideas del hegemón apoyadas por recursos e instituciones internacionales” (Bieler, Andreas y Morton, Adam David., 2004)

De hecho, la AOD, dejando aparte las buenas intenciones que puede representar, es también un poderoso sector con sumas millonarias en juego. El flujo generado por esta AOD representa, a día de hoy, más de dos tercios del financiamiento que se ingresa de forma externa en los países menos desarrollados (Lemus Delgado, 2018) aparte, tenemos que recordar que gran parte de los observadores de (y en cierta medida controladores) de la AOD dentro de las prácticas del CAD y la OCDE son grandes bancos como el Banco Asiático de Desarrollo (ADB), el Banco Africano de Desarrollo (BAFD), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Banco Mundial (BM) (Lemus Delgado, 2018). Si a esto sumamos que la AOD (sin intentar responsabilizar a la gente que trabaja en ello y que, realmente, se dedica a la AOD con l