1.6- Elementos para romper con el discurso hegemónico: la Teoría Crítica

Actualizado: 8 de mar de 2020

Por Dr. Ernesto Chévere Hernández (PhD)





Los individuos vivimos sumidos en contextos particulares. Son estos contextos los que condicionan nuestra manera de pensar y cómo nos relacionamos con el mundo. Sin embargo, estos contextos no vienen de la nada, son construcciones diseñadas a priori. ¿Quién y cómo se diseñan estas construcciones? ¿Cómo llegan a nosotros? El discurso es uno de los elementos más efectivos para que esto se lleve a cabo, y suelen ser las clases dominantes las que cuentan con la capacidad de diseñar los contextos que confeccionan nuestras realidades. En este sentido, ¿cuán reales son estas construcciones? ¿Existe alguna posibilidad para subvertir estas construcciones y diseñar otras desde las realidades materiales de los grupos subalternos? En este artículo observaremos de donde parte el diseño de nuestras realidades materiales, y analizaremos la Teoría Critica de la Escuela de Frankfurt como posible elemento para romper con las construcciones desplegadas por las clases dominantes.



I. Introducción


Existen discursos que buscan homogeneizar las diferencias a nivel interno de los Estados. Esto es, la búsqueda de totalizaciones parciales que permitan que los elementos equivalenciales adoptados por las clases dominantes, desde sus particularidades, se transfieran a la totalidad de la población. Esto no solo suprime las diferencias a nivel interno de los Estados e intenta invisibilizar en cierta manera a las clases dominadas, sino que además acrecienta los elementos diferenciales con otros pueblos, etnias, razas, o grupos fuera de los propios.


Existe una importante quiebra entre las clases dominantes y las subalternas dentro del sistema capitalista y neoliberal que reviste las relaciones políticas y comerciales del mundo. Sin embargo, la función de encubrimiento y homogeneización que ejecutan las clases dominantes a nivel discursivo, y que permea prácticamente la totalidad de nuestras relaciones sociales, ha sido considerablemente asertiva en su ejecución.


La consecuencia de la extrapolación de los estándares de las clases dominantes a las dominadas hace ver que estas últimas son subalternas porque están inadaptadas o simplemente escogen serlo, es decir, es su propia culpa. Así, cualquier cosa que no se parezca a los estándares establecidos por los grupos dominantes se percibe como disfuncional y tiene que ser cambiado, modificado o "normalizado". Esta estrategia suele justificar, dentro de la retórica del orden capitalista y neoliberal imperante, la represión contra quienes se enfrenten al sistema establecido y, en ocasiones, el desprecio por parte de otros grupos sociales similares, además de que puede potenciar enfrentamientos entre las mismas clases dominadas, a quienes se les inculca a través de varios medios (educación, medios de comunicación, propaganda, etcétera) que sus equivalencias se articulan con las clases dominantes. Esta estrategia también se interpone en que dichas clases subalternas se entiendan como homólogas entre sí a nivel local y global. En otras palabras, se ejecuta el llamado "divide y vencerás". Esta es una de las tareas más efectivas que han utilizado las clases dominantes para mantener su hegemonía y evitar cualquier tipo de subversión por parte de las sociedades que domina. Como parte de esta estrategia, estas clases dominantes utilizan el discurso y la manipulación del derecho como herramienta. Dice Gramsci (Sacristán, 2013):


Si cada Estado tiende a crear y mantener cierto tipo de civilización y ciudadano (y, por tanto, de convivencia y de ilaciones individuales), y tiende a provocar la desaparición de ciertas costumbres y actitudes y a difundir otras, entonces el derecho será el instrumento de esa finalidad (junto con las escuelas y otras instituciones y actividades) y tendrá que ser elaborado para que sea conforme a ese fin [...]. (p.357)

Desde este punto de vista, se legitiman las acciones del Estado contra quienes atenten contra sus principios, y discursivamente no castiga, sino que lucha en contra de los elementos que entiende son de peligrosidad en las sociedades.

Esta hegemonía discursiva ha creado subjetividades que han contribuido en la catalogación de sentido común a elementos igualmente subjetivos y que han pasado a entenderse como normas universales incuestionables. Por ejemplo, las presunciones de lo que significa el trabajo y sus significantes, al igual que el uso paradójico de nociones como "emprendedor" o "flexiguridad", y la significación que le otorgan los grupos dominantes, trabajan sobre la psiquis del trabajador. En estos casos, más que apelar a su autonomía, libertad o independencia, los trabajadores son manipulados de manera subconsciente a moverse en favor de su propia subordinación, sujeción y competencia (Serrano, 2016, p. 111). Los discursos que se desprenden de las construcciones de las clases dominantes inciden directamente en la conducta de los trabajadores para convertirles en agentes que compiten entre sí antes que cooperar. Este espíritu de competitividad, que es uno de los pilares del capitalismo –en la práctica y en el discurso–, pasa a entenderse como un elemento normal y orgánico sin cuestionamiento alguno, arraigándose incluso en nuestros elementos idiosincráticos, como si biológicamente estuviéramos diseñados para competir entre nosotros.


II. Economicismo


El neoliberalismo como base ideológica parte de los aspectos básicos de la visión política del economicismo, donde se utiliza la perspectiva analítica de la economía y la administración de empresas como enfoque prevalente de las relaciones sociales.

La sociedad actual se caracteriza, entre otras cosas, por la creciente extensión y aplicación de criterios y principios propios de la economía y la administración de empresas (competencia, competitividad, productividad, eficiencia, eficacia, capitalización rentabilidad, gestión de riesgo) a esferas de la vida social e individual que, en principio, no tendrían nada que ver con ellos. (Marsi, 2007, p.175)


Así, nos hallamos ante una visión neoliberal marcadamente economicista, donde prácticamente se fusionan ambos conceptos (neoliberalismo y economicismo). Esta sinergia constituye un fenómeno ideológico que, al transmitir su ideología a esferas más allá de sus propios entornos, transforma en gran medida los referentes sociales.


El neoliberalismo –en sinergia con el economicismo– no solo incide en los aspectos económicos y políticos de las relaciones internacionales, sino que además tiene la capacidad de transmutar a elementos no económicos ni políticos, como lo son los procesos cognitivos del propio individuo y la sociedad en general. Desde 1987, Th