2.10- Psicología de masas en el siglo XXI

Actualizado: 8 de mar de 2020

Por Pedro Hoyos González



La parábola de los ciegos (1568) Brueghel el Viejo, P.

I. INTRODUCCIÓN


El sistema de producción, por su propia lógica de crecimiento, va llenando con productos todos los huecos que angustian al ser humano. ¿Te angustia envejecer? Te ofrecemos cirugía. ¿Te angustia no tener éxito social? Te ofrecemos un coche. ¿Te angustia no pertenecer? Te ofrecemos diferentes ideologías identitarias. Y si no te angustias, te intentamos angustiar. ¿Cómo? Instaurando un Ideal inalcanzable, obligándote a ser feliz.


La caída de las grandes doctrinas universales ha dado paso al auge de ideologías sectarias.

“Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción” (Hernández, 2018).

La ideología es un discurso que sostiene el síntoma (entendiendo por síntoma aquel efecto visible que remite a una posición inconsciente) y cierra la pregunta que abre todos los interrogantes angustiosos, la pregunta por la responsabilidad personal: ¿qué me pasa y qué puedo hacer con lo que me pasa?


“La identidad en el contexto de la posmodernidad es la retórica del gremio… La identidad es el síntoma que singulariza a un gremio, y lo singulariza bien para enfrentarlo contra individuos que no forman parte de él, o que incluso se le oponen, bien contra Estados…
Los gremios posmodernos así configurados son insolidarios por naturaleza y a-estatales por necesidad… Son insolidarios, y por lo tanto incompatibles con una izquierda marxista, porque rechazan a los individuos que disienten de los fundamentos del gremio… Sólo una izquierda indefinida puede ser soluble en un gremio insolidario; y son a-estatales porque consideran al Estado [político] su principal enemigo… [El Estado] regula y normaliza la vida pública mediante el establecimiento de leyes que, al menos teóricamente, son iguales para todos, leyes que por lo tanto clausuran cualquier pretensión foral o diferente, de la que el gremio pretenda apropiarse…
[El gremio es] el analgésico del que disponen sus miembros frente a una sociedad política que les disgusta o incomoda, y fuera de la cual el gremio es por completo imposible… No hay gremios sin Estado… El gremio es sin duda el mejor sucedáneo de la sociedad. El individuo se siente allí dentro psicológicamente protegido a cambio de entregar su libertad, su personalidad y su persona, a las disposiciones y estructuras del grupo. El gremio es siempre un refugio para quienes profesan un fundamentalismo, una excentricidad, una anomia, una diferencia que ninguna sociedad tolera a menos que el gremio se imponga en el seno mismo de esa sociedad… Así se explica el poder de las minorías en el seno de la posmodernidad…
La única identidad de la que dispone el gremio es la identidad formal, retórica, sofística… Esa es la materialidad de la identidad posmoderna, un puro formalismo. Los miembros del gremio disfrutan de cuanto les ofrece el Estado…, pero simultáneamente se enfrentan al Estado y pretenden sentirse diferentes de los individuos no alineados, o no alienados, en su gremio. De este modo la identidad se convierte en una cuestión de sentimientos. Así uno puede sentirse Napoleón sin dejar de ser funcionario del Estado”. (Maestro, 2018).

En la sociedad política capitalista han persistido gremios, o lobbies de presión, que han empujado contra la autoridad para aflojar, derribar, o controlar instituciones que ponían límites a su ganancia, explotación o dominio. Por eso a veces se ha considerado que estas fuerzas de empuje han sido revolucionarias, y en otras ocasiones reaccionarias, según el contexto histórico, o según el juicio de quien las tuviera en cuenta.


Vamos a tratar de desentrañar hacia donde se dirige en el momento actual esta presión,

y qué resultados está obteniendo.


II. LA CAÍDA DEL NOMBRE DEL PADRE


En psicoanálisis, por caída del Nombre del Padre (NP) entendemos el ocaso de la autoridad simbólica del padre (o de la figura, masculina o femenina, que hiciese las veces del mismo), en la familia.


Hay una crisis de autoridad en las familias y el padre no sabe, o no puede, ocupar su rol